sábado, 20 de junio de 2015

704. Domingo XII A - ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!



Homilía para el Domingo XII del tiempo ordinario, ciclo B,
 Mc 4,38-41


Texto evangélico
Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: “Vamos a la otra orilla”. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron diciéndole:
“Maestro, ¿no te importa que perezcamos?” Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio, enmudece!” El viento cesó y vino ua gran calma. Él les dijo: “¿Por qué tenéis medio? ¿Aún no tenéis fe?” Se llenaron de medio y se decían unos a otros: “¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!”.

Hermanos:
1. Cuando abordamos el santo Evangelio para recibirlo como palabra de vida, la primera reflexión que se impone de sí es esta: ¿Qué es lo que este pasaje está diciendo en sí mismo? ¿Qué dice el texto, contextualizado ciertamente en el seno de una comunidad donde ha nacido o ha sido transmitido? Se trata de un texto fijado, al final, por un autor sagrado, que lo ha colocado en determinado lugar, que acaso ha acentuado tal o cual toque del pasaje transmitido. En una palabra, la pregunta primera y primordial es ésta: Qué dice el texto.
Pero al punto surge una segunda pregunta, que resulta también esencial para una correcta asimilación de la Escritura: ¿Qué me dice este texto a mí? Al fin, yo soy el lector real y verdadero. Puede haber junto a mí un lector, una lectora, que al leer el pasaje, se haya fijado en una frase, en una palabra, bien diversa de la que a mí me había impactado.

2. Hago esta observación, hermanos, que se aplica a todos los Evangelios, muy impresionado por lo que aprendí de una religiosa, que el año pasado pronunciaba sus votos definitivos, lo que se llama “la profesión perpetua”. Esta religiosa había escogido para esa fecha importante y crucial de su vida la primera frase del Evangelio de hoy: Pasemos a la otra orilla. No era una frase bonita y sugestiva para una tarjeta de invitación, para adorno del folleto de la ceremonia. Según explicó ella, era una frase que la llevaba en el corazón desde hacía años. Era como una inspiración que Jesús había grabado en ella, sin llegar al grado de afirmar que fuera una locución interior. Pasemos a la otra rilla.
La frase le traía a ella dos mensajes, muy concretos y muy reveladores, y esto desde años atrás:
- El primero el de la otra orilla. Vamos a la otra orilla, pasemos a la otra orilla… En distintos momentos de la vida se nos presenta esta invitación, la de ir a la otra orilla. ¿Cuál será? Cada uno la ha de sentir. Hará falta mucha valentía, porque la otra orilla está por conocerse. Pero la vida es movimiento y exige riesgo: Pasemos a la otra orilla. Nosotros crecemos cada vez que afrontamos una dificultad que desconocíamos.
- Pero a esta valerosa mujer también le impresionaba otra cosa: el verbo puesto en plural: ¡Pasemos! ¿Quiénes vamos a pasar? Dos: tú y yo. Si no hubiera sido contigo, yo nunca habría pasado. Este es un pensamiento decisivo a la hora de dar el sí en la vida religiosa; que un matrimonio puede decir: a la hora de dar el sí para toda la vida en la alianza matrimonial.
Esta sencilla escena que cuento para mí fue muy rica; pude apreciar la sinceridad con que ella hablaba, como se habla de algo que se ha vivido con autenticidad. Y pude apreciar, al mismo tiempo, la fuerza ingénita de la Escritura que habla como el Señor quiere en este momento preciso de su vida.

3. De modo semejante, otra frase del Evangelio puede sugerir otras aplicaciones: Jesús dormía en la barca, meintras el viento y el mar se habían desatado. Jesús durmiendo en: la barca y despertado por sus discípulos aparece diversas veces en los escritos de santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz. Teresa de Lisieux recuerda a la vuelta de algunos años cómo fueron aquellos ejercicios para su profesión religiosa.
“Esos ejercicios, no sólo no me proporcionaron ningún consuelo, sino que en ellos la aridez más absoluta y casi casi el abandono fueron mis compañeros. Jesús dormía, como siempre, en mi navecilla.
¡Qué pena!, tengo la impresión de que las almas pocas veces le dejan dormir tranquilamente dentro de ellas. (…) No se despertará, seguramente, hasta mi gran retiro de la eternidad; pero esto, en lugar de afligirme, me produce una enorme alegría... (…)
Debería entristecerme por dormirme (¡después de siete años!) en la oración y durante la acción de gracias. Pues bien, no me entristezco... Pienso que los niños agradan tanto a sus padres mientras duermen como cuando están despiertos; pienso que los médicos, para hacer las operaciones, [76rº] duermen a los enfermos. En una palabra, pienso que el Señor conoce nuestra masa, se acuerda de que no somos más que polvo.
… Mis ejercicios para la profesión fueron, pues, como todos los que vinieron después, unos ejercicios de gran aridez. Sin embargo, Dios me mostró claramente, sin que yo me diera cuenta, la forma de agradarle y de practicar las más sublimes virtudes” (Santa Teresa de Lisieux, Manuscrito A 75-76).
Son lecturas del Evangelio, que nos viene muy bien el conocerlas, porque nos enseñan con ejemplos concretos cómo actúa Dios en el fondo de cada corazón.

4. Si dejamos hablar directamente al texto sagrado, advertimos que el punto principal es la revelación de la divinidad de Cristo, que los discípulos todavía no conocen.
“¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen! Es la pregunta final del episodio que queda flotando encima de los siglos, para que nosotros la respondamos. ¿Quién es este…? De pronto, los apóstoles no pudieron responderla. ¿Cómo la respondemos nosotros?
El que puede mandar sobre el mar y los abismos es Dios, solo Dios. Lo ha dicho el libro de Job en la primera lectura de hoy, cuando Dios habla a Job desde la tormenta (Job 38). Sólo Dios ha podido decir al mar: “hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas” (v. 11).

5. Solo Dios puede convertir la furia del mar en suave brisa. Lo recuerda un salmo rememorando las tribulaciones de Israel:
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres (Sal 107,29-31).

6. Hermanos, no quiero terminare esta homilía sin  mencionar un suceso eclesial de primera categoría acontecido esta semana: la encíclica del Papa Francisco, que está firmada el día de Pentecostés (24 de mayo de 2015) y hecha pública el jueves pasado (18 de junio): Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común. “Laudado sii, Loado seas, mi Señor”, el comienzo del Cántico de san Francisco alabando a Dios por todas sus criaturas.

7. Terminemos mirando a Jesús que ha reprochado a los apóstoles por su falta de fe. Concédeme, Señor, esta sublime gracia: que en todas las tormentas de la vida, aunque parezca que tú duermes, jamás pierda la confianza de saber que tú cuidas de mí, porque tú me amas. Amén.

Guadalajara, Jal., sábado, 20 junio 2015.

Cada Evangelio un poema

Domingo 12, ciclo B
Marcos 4,35-41

Estribillo
Pasemos a la otra orilla
sin miedo al viento y al mar,
que aquel que invita a pasar
será luz que siempre brilla.

Estrofas
1. La vida es otra ribera
y Dios sorpresa mayor,
y en cada nuevo dolor
su corazón nos espera.
Pasemos, juntos los dos,
mas él primero, adelante,
que el discípulo anhelante
será discípulo en pos.

2. Vendrá la borrasca fiera,
y acaso él calle, dormido;
no despierte mi gemido
a quien descansa a mi vera.
Tú cuidas y purificas
tú conoces el momento,
sea la fe mi sustento,
que tú todo dulcificas.

3. Cállate, mar monstruoso,
dijo Cristo Creador,
y el Monstruo devorador
murió sin fuerza y acoso.
Tu dulce voz creadora
de la nada me llamó,
y aquí me presento yo
a punto para tu hora.

4. Vino la tranquilidad,
la calma de Dios presente,
la que anuncia de repente
la paz de la eternidad.
Mi Jesús, mi Dios sereno,
sobre mi alma agitada,
timonel de mi jornada,
siempre Jesús Nazareno.

5. Ahora en la comunión
tu coloquio regalado
y tu rostro iluminado
son unidad y fusión.
Todo está bien, yo confieso,
antes de darme a la mar;
hazme en ti perseverar,
mientras la mar atravieso. Amén.

Guadalajara, miércoles antes del domingo XII, ciclo B, 17 junio 2015.

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