sábado, 27 de junio de 2015

706. Domingo XIII B – Talita qumi – La familiaridad de Dios entre nosotros



Homilía para el domingo XIII B
Mc 5,21-43


Texto evangélico (selección, vv. 35-43)
Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunión mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. Se acercó un jefe de la sinagoga que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva”. Se fue con él y le seguía mucha gente que lo apretujaba.
[…]
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro. Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga. “No temas: basta que tengas fe”.
No permitió que le acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo: “¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida”. Se reían de él. Pero él les echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talita qumi (que significa: Contigo hablo, niña, levántate). La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Hermanos:
1. El evangelio de hoy es largo; tiene dos escenas que están entrelazadas: La curación de la hemorroísa que tocó el manto de Jesús; y la resurrección de la niña, hija de Jairo, la cual tenía 12 años.
Hace tres años, siguiendo el ciclo trienal de lecturas dominicales (A, B, C), tocaba este mismo Evangelio, y permítanme decirles que en aquella ocasión yo prediqué sobre “La mujer que tocó el manto de Jesús”, centrándome en la primera parte. No sé por qué motivo este Evangelio con su homilía correspondiente ha sido visitado de continuo en estos tres años, de una forma totalmente extraordinaria que no ha ocurrido con ningún otro Evangelio predicado. (Diré en concreto: 5.804 visitas hasta el momento de esta grabación que lo escribo. Puede pulsar en esta dirección
Dejando de lado esta grata constatación, quiero centrarme en la segunda parte del relato.

2. El Evangelio de san Marcos parece de repente un Evangelio sencillo y elemental, y parecería el menos teológico de los cuatro, una comparación que para cualquier estudioso le resulta inoportuna y ofensiva. El Evangelio de Marcos es, desde la primera línea, el Evangelio de la divinidad de Cristo hombre. Y la escena en la que estamos entrando es una prueba palmaria. Evoquemos por partes el episodio.

3. Jairo es un judío, jefe de la sinagoga; cree en la bendición de Jesús como hombre santo de Dios. Ama con ternura a su niña – quizás su única niña. Sin duda que este hombre piadoso ha rezado a Dios por esta hija, y con él su esposa, que luego aparecerá como testigos del milagro. Se puede suponer que con el ritual judío ha dado bendiciones a su hija; la leído sobre ella la Escritura, pero la niña está muy malita y moribunda.
Entonces este hombre se fue al Rabino Jesús y se echó a sus pies, y cree firmemente que él puede bendecirla y sanarla: ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva.

4. Jesús acepta esta súplica humilde y desgarrada; Jesús quiere salvar a esta niña. Y lo quiere hacer según su estilo: desde el amor y sin publicidad; no quiere un espectáculo. Entre aquella multitud que le seguía, no permitió que le acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Estos son los tres que van a ser testigos de sus agonía en el Huerto. Ni siquiera los otros apóstoles lo van a acompañar en este momento intensísimo en que Jesús se va a sentir con el mismo poder del Padre.
Entretanto sucede lo peor: la niña agonizante muere. Y con la muerte todos se acaba. Los parientes o amigos de Jairo le traen este recado fatal. Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro.

5. Jesús ha escuchado este comentario y entra en acción: No temas, solo cree. Así de simple, cuatro palabras y ninguna más dice el texto original. No temas, solo cree. “No temas” es una palabra que aparece bastantes veces en la Biblia. Cuan Dios entra en acción, le dice al hombre. No temas. Es lo que el ángel de la anunciación dijo a María, que de pronto se turbó. No temas, María. Es lo que el ángel de la resurrección les dijo a las mujeres. Es la palabra que en este momento me está diciendo Dios a mí: No temas, solo cree.
Jesús habla con imperio divino, porque él sabe lo que va a hacer.

6. Llegan a la casa y encuentran el alboroto y los gritos de las plañideras que lloran por la muerte de esta niña en la flor de su edad. Imaginamos igualmente a la madre, deshecha y aplastada de dolor.
Jesús actúa con la energía y la autoridad de un hombre de Dios, que es más fuerte que cualquier vínculo familiar. “¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida”. Se reían de él.
Un cristiano que le estas palabras las entiende con un sentido que entonces no pudieron captarle; por eso se rieron de él. Jesucristo es señor de vivos y muertos; los muertos son los dormidos, y él tiene, como Hijo de Dios, poder de despertar a los dormidos, como nos ha de despertar un día a nosotros.
Observemos de nuevo que Jesús no busca espectáculo. El espectáculo mata el amor. Él les echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña.

7. Y entonces viene el acto creador. Cogió a la niña de la mano y con voz imperiosa dijo algo que nunca lo olvidaron. San marcos, que escribe en griego, guarda estas palabras en arameo tal como las pronunció Jesús: Talita qumi.
La niña se levantó y comenzó a andar. ¿Qué había ocurrido? Que la Vida vino a la vida; que la Vida de Dios, presente en Jesús, había venido a la vida de los hombres, a la vida de una familia.
Dios estaba en Jesús. Jesús era el verdadero Hijo de Dios. Yo soy la resurrección y la vida: ese es Jesús.
Pero hay un dato enternecedor. ¿Se han fijado, hermanos, cómo termina el relato? Y les dijo que dieran de comer a la niña. ¡Qué bonito! ¡Qué ternura!
¡Qué humano es el Dios poderoso que es Jesús…!

8. Jesús, Señor Jesucristo, mi corazón se queda conmovido al oírte: Que le den de comer a la niña. Y hasta me parece escucharte invitándome a ir a la Sagrada Comunión. Amén.

Guadalajara, Jalisco, sábado 27 junio 2015.

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