sábado, 11 de julio de 2015

714. Domingo XV B - Los apóstoles elegidos y enviados; yo, discípulo misionero



Homilía para el domingo XV del tiempo ordinario, ciclo B.
Mc 6,7-13


Texto evangélico:
Llamó a los doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.
Les encargó que llevasen para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y decía: “Quedaos en la casa donde entréis hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos”.
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a  muchos enfermos y los curaban.

Hermanos:
1. A la elección de los apóstoles sigue la misión de los apóstoles. Al leer estos textos uno comienza a sospechar que aquí se trata de una literatura muy especial. No es un pequeño episodio narrativo de lo que pasó, algo así como una crónica o acaso un acta que quede para recuerdo de la posteridad.
Por de pronto, es un relato sagrado, como relatos sagrados eran los relatos patriarcales que hemos ido escuchando estas semanas pasadas en una lectura continua del libro del Génesis, que, con todo el Pentateuco, es el cimiento de nuestra fe.

2. Jesús ha vivido la elección y misión de los apóstoles no como una estrategia organizativa y táctica que a él se le ocurre para planear una marcha programada y eficaz del Reino de Dios. Jesús no es un organizador ni un promotor en un sentido mercantil o político. Jesús es un profeta de Dios y actúa como profeta. Todo lo que hace, lo hace al dictado de Dios, bajo el influjo de una experiencia total del Espíritu. Eligió a los apóstoles después de una noche que pasó en la oración de Dios, como detallará san Lucas (6,12). No les hizo pasar pruebas, como hoy se hace para otorgar un título, siquiera sea una licencia de conducir un vehículo. Nada de eso; ser apóstol no es el resultado de una prueba pericial, sino pura y simplemente el efecto de una decisión divina. La elección es siempre gratuita con respecto a los merecimientos humanos; ningún apóstol ha hecho algo lo que merezca ser elegido, ni siquiera puede hacerlo.

3. Por otra parte, Jesús, en un momento sagrado, que no podemos describir, les otorga poderes divinos, que son tres: predicar, lanzar demonios, curar enfermos. San Mateo añadirá: resucitar muertos. Y todo ello como señal del advenimiento del Reino de Dios.
De todo esto se trata, hermanos: Dios quiere traer su propio Reino de la tierra, un Reino de amor, perdón y misericordia, que revuelve todas nuestras maneras de pensar.
Todo esto pide una correspondencia de parte del enviado: el abandono absoluto en las manos de Dios. Dios se responsabiliza del alimento, del vestido y del hospedaje.

4. Hermanos, esta forma vivencial e inmediata de entender el Evangelio, nos puede dejar paralizados: ¿Será de verdad así? No se trata de exageraciones para rebajar luego la cosa; se trata de la revelación del amor y poder de Dios para que cada uno, en su propio ámbito, se pregunte: ¿Cuál es el Dios de mi fe?
¿Es un Dios mágico, cuyas reacciones desconocemos? ¿Es un Dios útil y manipulable? ¿O es el Dios del amor gratuito e infinito, que me atrae irresistiblemente con un amor de abandono total, confiando a Dios, que es Padre, mi tiempo y eternidad?

5. La evangelización del mundo, que arranca del mandato de Jesús, desde hace unos decenios se llama la Nueva Evangelización. Se hizo famoso ele slogan de la nueva evangelización en una proclama solemne que hizo san Juan Pablo II en Haití 1983: “Nueva en su ardor, Nueva en sus métodos, Nueva en su expresión
Un aspecto esencial que se ha ido profundizando más y más estos últimos decenios es este: que la evangelización involucra a todos y cada uno de los cristianos: El que ha recibido el don infinito de la fe, sentirá la necesidad intrínseca de que al ser discípulo debe ser misionero. “Discípulo misionero” es la consigna lanzada a la Iglesia especialmente después de la reunión de obispos de Aparecida (Brasil) el año 2007.
6. Este Evangelio que hemos escuchado, hermanos, podríamos darle su peculair resonancia al e co de las palabras que el miércoles pasado pronunciaba el santo Padre Francisco en Ecuador en el Santuario nacional mariano de El Quinche, Quito. En esta ocasión el Papa dijo literalmente: “Hoy tengo que hablarles a los sacerdotes, a los seminaristas, las religiosas, a los religiosos y decirles algo. Tengo un discurso preparado, pero no tengo ganas de leer. Así que se lo doy al Presidente de la Conferencia de Religiosos para que lo haga público después”.
Seguramente que, en su rotunda improvisación y absoluta sencillez, es lo más conmocionador que el Papa ha dicho en Ecuador. A los sacerdotes, a las religiosas y religiosos, a los seminaristas, representando de alguna manera la misión de Jesús a los apóstoles, el Papa ha querido decirlos dos cosas: Gratuidad y memoria.
¿Qué significa gratuidad? Que ni la Virgen María ni nadie en absoluto ha hecho algo que no haya sido pura gratuidad de Dios. “María no protagonizó nada. Discipuleó toda su vida. La primera discípula de su Hijo. Y tenía conciencia de que todo lo que ella había traído era pura gratuidad de Dios. Conciencia de gratuidad. Por eso, “hágase”, “hagan”, que se manifieste la gratuidad de Dios. Religiosas, religiosos, sacerdotes, seminaristas, todos los días vuelvan, hagan ese camino de retorno hacia la gratuidad con que Dios los eligió. Ustedes no pagaron entrada para entrar al seminario, para entrar a la vida religiosa. No se lo merecieron. Si algún religioso, sacerdote o seminarista o monja que hay aquí cree que se lo mereció, que levante la mano. Todo gratuito. Y toda la vida de un religioso, de una religiosa, de un sacerdote y de un seminarista que va por ese camino –y bueno, ya que estamos, digamos: y de los obispos– tiene que ir por este camino de la gratuidad, volver todos los días: “Señor, hoy hice esto, me salió bien esto, tuve esta dificultad, todo esto pero… todo viene de Vos, todo es gratis”. Esa gratuidad. Somos objeto de gratuidad de Dios. Si olvidamos esto, lentamente, nos vamos haciendo importantes. “Y mirá vos, a este… qué obras que está haciendo y…” o “Mirá vos a este lo hicieron obispo de tal… qué importante, a este lo hicieron monseñor, o a este…”. Y ahí lentamente nos vamos apartando de esto que es la base, de lo que María nunca se apartó: la gratuidad de Dios. Un consejo de hermano: todos los días, a la noche quizás es lo mejor, antes de irse a dormir, una mirada a Jesús y decirle: “Todo me lo diste gratis”, y volverse a situar. Entonces cuando me cambian de destino o cuando hay una dificultad, no pataleo, porque todo es gratis, no merezco nada. Eso hizo María”. En este tono les fue hablando.
Junto a la gratuidad, la memoria. ¿Qué significa memoria? El lugar de donde fuimos sacados. Dios le sacó al gran rey David de detrás de las cabras y ovejas. Recordar de donde vinimos, recordar nuestra cultura; que si no, nos creemos importantes, y caemos enfermos de alzheimer espiritual.

6. De estos dos principios de la elección hay que sacar dos consecuencias: El servicio y la alegría.
“Primero, el servicio. Dios me eligió, me sacó ¿para qué? Para servir. Y el servicio que me es peculiar a mí. No, que tengo mi tiempo, que tengo mis cosas, que tengo esto, que no, que ya cierro el despacho, que esto, que si tendría que ir a bendecir las casas pero… no, estoy cansado o… hoy pasan una telenovela linda por televisión y entonces –para las monjitas–, y entonces: Servicio, servir, servir, y no hacer otra cosa, y servir cuando estamos cansados y servir cuando la gente nos harta”.

7. Hermanos, no podemos alargarnos más en este sabroso discurso del Papa. Jesús eligió a los apóstoles para que convivieran con él y para enviarlos a predicar. Y cuando los envió los puso totalmente bajo la soberanía de Dios.
Señor Jesús, gracias por habernos predicado el reino de tu Padre Dios, gracias por enviarnos a los apóstoles con los mismos poderes que tú tenías, con la misma misión; gracias pro haberme elegido a mí como discípulo y misionero. Amén.
Guadalajara, sábado 11 de julio de 2015.


Bastón, sandalias y túnica
Recitativo de comunión
sobre el Evangelio del domingo XV, ciclo B,
Mc 6,7-13


1. Bastón, sandalias y túnica
y el mandato del Señor:
el Evangelio camina
y yo soy su servidor.

2. Jesús pobre es quien envía
como el Padre le envió;
no traía otra riqueza
sino a Dios y todo Dios.

3. Traía el amor del Padre
gratis en su corazón;
con una túnica basta,
las sandalias y el bastón.

4. Ser un simple caminante
llevando el precioso don:
dar a Dios y darme entero
esa es, Jesús, mi misión.

5. La Eucaristía lo encarna,
que en ella Dios se entregó;
viva memoria que anuncia
a Jesús Resurrección.

6. La pobreza es transparencia
del Verbo que se encarnó,
es su vestido divino
la pobreza es filiación.

7. Es el amor consagrado
a Dios Padre Creador,
es la alabanza que sube,
es el beso al Redentor.

8. La pobreza es gratitud
y es humilde confesión,
es el vacío dispuesto
para Dios, que es posesión.

9. Por eso es pobre el apóstol,
porque Dios es donación,
y el Espíritu  rebosa,
porque Dios es comunión.

10. Aquí, mi Jesús, me entrego
a la voz que me llamó;
tú serás riqueza toda
yo seré tu resplandor. Amén.

Guadalajara, 5 julio 2015
 

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