sábado, 8 de agosto de 2015

720. Domingo XIX B – Jesús anuncia que la fe es dejarse atraer por el Padre Dios




Domingo XIX del tiempo ordinario, ciclo B
Jn 6,41-51


Texto evangélico
Los judíos murmuraban de él porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían: “¿No es este Jesús, e hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?” Jesús tomó la palabra y les dijo: “No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo”.

Hermanos:

1. Por tercera vez escuchamos a Jesús, que habla del Padre y nos habla de sí mismo, que es el pan de la vida bajado del cielo. Por tercera vez; pero todavía serán dos domingos más en los que seguiremos reflexionando sobre este misterio total, que es Jesús en la Encarnación, Jesús en la Eucaristía, Jesús hoy mismo que en el corazón del mundo y en mi corazón es la presencia de Dios.
Este lenguaje espiritual, con una densidad total en cada palabra, que vuelve y torna a Dios, cuya presencia llena al creyente, en un espíritu crítico puede levantar dudar y sospechas: ¿No será el lenguaje místico consolatorio de una secta esotérica que con evasivos pensamientos aleja a sus adeptos de la realidad viva y mordiente, de acá, de cada día, para hallar una falsa consolación de la nube?

2. Hermanos, les digo que hoy es 9 de agosto, y si hace unos días recordábamos el 70 aniversario de la bomba de Hiroshima, humillación y vergüenza de los poderosos humanos, un tiempo antes una mujer judía moría como millones de hermanos suyos en los hornos crematorios del nazismo: Edit Stein, en religión Benedicta de la Cruz, copatrona de Europa. Había pasado de la fe de Israel al ateísmo; del ateísmo al cristianismo, y en la fe cristiana buscó al Dios absoluto en un monasterio de carmelitas. Era filósofa; sus obras son más de 15 volúmenes. Fue une enamorada de la Cruz de Cristo. Y escribió cosas de alta sabiduría, que, visto el testimonio de su vida, para nada son elucubraciones abstractas, sino convicciones que dan sentido a la vida.
“Quien elige a Cristo ha muerto para el mundo y el mundo para él. Lleva en su cuerpo los estigmas de Cristo, se ve rodeado de flaquezas y despreciado por los hombres, pero, por este mismo motivo, se halla robusto y vigoroso, ya que la fuerza, sino que él mismo se crucifica en ella. Los que son de Jesucristo han crucificado la carne con sus vicios y concupiscencias. Combatieron un duro combate contra su naturaleza a fin de que la vida del pecado muriese en ellos y poder así dar amplia cabida a la vida en el Espíritu. Para esta pelea se precisa una singular fortaleza. Pero la Cruz no es el fin; la Cruz es la exaltación y mostrará el cielo. La Cruz no sólo es signo, sino también la invicta armadura de Cristo: báculo de pastor […]; báculo con el que Cristo pulsa enérgicamente la puerta del cielo y la abre. Cuando se cumplan todas estas cosas, la luz divina se difundirá y colmará a cuantos siguen al Crucificado”.
¿A qué suenan estas palabras en un campo de concentración? Seguir la Crucificado…
Todo esto es verdad porque, en el fondo. Es el relato de su vida.

3. De manera semejante cada una de las palabras del Evangelio podemos traerlas a nuestra vida y hacerlas vida.
Primera palabra: Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Aquí podemos ver la esencia de nuestra fe. ¿Qué es creer? Lo hemos dicho muchas veces: haberse encontrado con Jesucristo. ¿Qué es creer? Lo podemos decir con otras expresiones: Dejarse atraer por el Padre Dios y ser llevado a Jesús. Las normas son necesarias, pero no valen. Todas las  normas de la Iglesia Católica, todas juntas, por sí solas son incapaces de atraer suavemente el corazón y llevarnos a Jesús.
La religión verdadera es una misteriosa atracción de Dios al corazón. Ahí, en ese plano de intimidad, en ese tú a tú con Dios. Dios diviniza el mundo y eso lo hace por mí y a través de mí.

4. Serán todos discípulos de Dios, dice Jesús, citando al profeta Isaías, y él entonces se coloca en el lugar del maestro. Seremos discípulos de Dios si nos hacemos discípulos de Jesús.
Las enseñanzas de Jesús no van a ser una cartilla de conocimientos nuevos, añadidos a todo lo que nos habían enseñado Moisés y los profetas. Sí es verdad que él nos trae una sabiduría nueva, pero este Evangelio nos habla, más bien, de que el que llega a él, el único que ha visto a Dios, va a tener la misma vida de Dios, la vida eterna.
Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado volvamos otra vez a Hiroshima y a los campos de concentración.
Allí se acababa la vida, entre horrores espantosos; pero no se acababa, porque brillaba la luz de la vida eterna.

5. Las grandes verdades de esta sección el Evangelio queda coronadas por esta frase inmensa. este es el pan que baja del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo.
En la cruz nos dio este pan y en la Eucaristía también  Si tenemos esa vida de Dios en nosotros, ese pan para el camino como Elías, ese Espíritu de que nos habla san Pablo, entonces tendremos la clara experiencia que escuchamos en la segunda lectura en esta consigna que resume toda la vida cristiana: Sed imitadores de Dios como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó.

6. Señor Jesucristo, tú solo has contemplado el rostro del Padre; no dejes de enseñarnos lo que tú solo nos puedes enseñar: el camino del amor que viene de Dios y, por nuestros hermanos, retorna a Dios. Amén.

Desde el convento de Capuchinos de San Sebastián (España), sábado, 8 agosto 2015.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sea usted bienvenido a España, padre Rufino. Después de un periplo de tanto tiempo por allende los mares, vuelve a su casa, a su "Cafarnaúm".
Explica usted muy bien la fe en Jesucristo. La fe en Jesucristo es un don de Dios. Nadie va Jesucristo si no es por el don del Padre. Ese don trae al creyente a vida eterna. No vale decir que por el hecho de haber tomado el maná (se le llame como se quiera) se consigue la vida eterna. No. Es Jesucristo quien da la vida eterna y nadie más. Y la concede al creyente a través de su carne sacrificada y de su sangre derramada que toma cuando comulga.
La fe en Jesucristo es VIDA. Nada ni nadie puede dar la VIDA sino Jesucristo.
Saludos.
Juan José.

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