sábado, 22 de agosto de 2015

723. Domingo XX B – Señor, ¿a quién vamos a acudir?



Domingo XXI del tiempo ordinario, ciclo B,

Jn 6,60-69


Texto del Evangelio
Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: “¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida: la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo,  hay algunos entre vosotros que no creen”.  Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede. Desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres Santo de Dios”.

Hermanos:

1. Hemos llegado al quinto domingo en que hemos leído de manera continua, progresiva y dramática el episodio de la multiplicación de los panes con el discurso que lo sigue en la sinagoga de Cafarnaúm. Todo ello según el estilo y modo de san Juan, detrás del cual hay una comunidad, que se ha hecho unas preguntas que son las que nosotros nos queremos hacer. Más bien, es Jesús el que nos lanza la pregunta: ¿Os queréis marchar,  os quedáis? La respuesta la tenemos dada por san Pedro. Pero vayamos por partes, para apreciar la gravedad y la transcendencia de lo que aquí se trata.

2. El anciano Simeón, cuando María llevaba a  su hijo en brazos para presentarlo al Señor, le hizo una profecía: Este Hijo va a ser una señal de contradicción, que era decir: para unos “sí”, para otros “no”. Este Hijo va a ser causa de caída y ruina o causa de elevación, de resurgimiento, de resurrección. Así de estridente; así de claro y contundente. “A ti misma una espada te traspasara el alma”, continuó diciendo el anciano. Y terminó: “para que salgan a luz los pensamientos de muchos corazones”.
¿Cómo puede ser Jesús causa de ruina para muchos, si no ha venido a perder a nadie, sino a salvar a todos?
El santo Evangelio nos está desafiando. Nos está presentando a un Jesús ante el cual no cabe neutralidad:
- o lo aceptas de verdad
- o lo rechazas frontalmente.
Pero no se puede ser indiferente. Hay que pronunciarse.
Esta forma tan radical y tajante de plantear el asunto, es decir, de plantear la fe, no parece que se corresponda con lo que en realidad están viendo nuestros ojos. Y entonces uno puede pensar que el Evangelio nos está engañando y que las cosas no han que presentarlas así, como hemos iniciado este análisis.

3. Dice el texto sagrado: Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”. Los que hablaban así tomaron una decisión: Desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Esto nos parece correcto. Si no te convence, no vuelvas, date media vuelta y vete por otro camino.
Creo que todos estaremos más satisfechos cuando planteemos las cosas con esta claridad.
La fe no es una cosa de conveniencia, ni de salir del paso, ni de hacerlo así porque siempre se ha hecho así, ni de cultura, ni de rutina, sino de convicción, de entrega, de sacar las consecuencias.

4. El panorama espiritual de lo que vemos en torno, ¿qué nos dice? Nos está diciendo que no hay que dramatizar nada, que la fe no tiene que ver con la vida, que cada uno haga lo que quiera y que todos nos respetemos, que  no tenemos que meter a Dios en este  mundo. El que cree en Dios hace bien: ¡allá él! Y el que no cree en Dios, igual, ¡allá él!
En realidad, esta manera aparentemente bonachona de ver la vida, nos lleva al relativismo de la verdad, a la primacía del individuo sobre la sociedad y sobre las realidades transcendentes, y, a la larga, al sinsentido de la vida, que es una especie de suicidio espiritual.

5. Hermanos, cuando Josué se apresta para entrar en la tierra que les ha llevado años de sufrimientos, de luchas y esperanzas, hace una gran asamblea: “Si  no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir, si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis; yo y mi casa serviremos al Señor».
Y entonces el pueblo a una se pronunció con un juramento: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses,  porque el Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la casa de la esclavitud;  ha realizado ante nuestros ojos estos grandes prodigios y nos  ha protegido durante todo el camino que hemos recorrido y en todos los pueblos por los que hemos pasado. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios».
Aquel pueblo, basado en una experiencia, decidió: Nosotros somos conscientes de la presencia de Dios, y seguiremos con él. Ese y solo es  nuestro camino.

6. Es lo mismo que hizo Pedro a nombre propio y de sus compañeros. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres Santo de Dios”.
Hermanos, para creer a Dios hay que “saberle” a Dios, y nadie sabe sino aquel que experimenta. Hay que experimentar la presencia de Dios, la ternura de Dios, el acompañamiento de Dios.
Dejémonos querer por Dios y lo experimentaremos. Dejémonos iluminar por Dios, y Dios será nuestra luz segura. Dejémonos conducir por Dios y Dios será nuestra paz.
Y Dios es Jesús. Dejémonos amar por Jesús, que por nosotros murió en la cruz – por mí y por ti – y él será el manantial de nuestra vida.

7. Señor Jesús, en este final del Evangelio del pan de vida, yo me rindo ante ti como Pedro y te digo: Habiendo visto tanta mentira, y viendo que todo es apariencia, falsa felicidad y, en el fondo, fracaso ¿dónde quién vamos a ti? Yo te he elegido a ti; sé tú la presencia y la guía de mi vida. Amén.

Desde Pamplona, sábado 22 de agosto de 2015.

2 comentarios:

Vicente Díaz Santiago dijo...

Muchas gracias Fray Rufino por como siempre darnos estas bellas palabras del Señor, me sirven mucho para mis homilías dominicales, le envío mis oraciones y mi bendición.

espero me recuerde, fui su alumno en el palafoxiano en Puebla y ahora ya soy diácono para gloria de Dios. Saludos!

Anónimo dijo...

Muchas felicidades, P. Vicente, por su nombramiento como diácono. Puedo asegurarle que ha tenido en el P. Rufino un excelente profesor y una excelente alma cristiana, ejemplo de piedad, sabiduría y paciencia.
Saludos.
Juan José.

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