viernes, 11 de septiembre de 2015

726. Domingo XXIV B – Jesús se pronuncia: quién es su discípulo, el que pierde la vida por él.



Homilía sobre el Evangelio del domingo XXIV, ciclo B
Mc 8,27-35
Capilla interna de la fraternidad de los hermanos menores capuchinos
en México D.F.
Texto evangélico:
Después Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice al gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas”.
Él les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Tomando la palabra Pedro le dijo: “Tú eres el Mesías”. Y les conminó que no hablaran a nadie acerca de esto.
Y empezó a instruirlos: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Se lo explicaba con toda claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: “¡Ponte detrás de mí, Satanás! Tú piensas como los hombres, no como Dios”.
Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles.


Hermanos:

1. Para entender en profundidad el Evangelio tenemos que partir de un principio muy simple y muy fecundo: Jesús está todo entero en cada una de sus palabras; Jesús está todo entero en cada una de las escenas del Evangelio; Jesús está todo entero en cada una de esas pequeñas composiciones que ha podido componer el Evangelio. Desmenuzando el Evangelio de hoy vemos que hay una sencilla y natural composición de cuatro momentos, distribuidos según la dinámica misma de la narración. Veámoslo:
Primer momento: ¿Quién dice la gente que soy yo? Pregunta provocada por Jesús, a la que sigue la confesión de fe de los apóstoles, con Pedro a la cabeza.
Segundo momento: primera profecía, clara y abierta, de la Pasión, muerte y resurrección, tres palabras que componen el misterio pascual.
Tercer momento: Intento de Pedro de cambiar el camino de Jesús por otro más razonable, suprimiendo la cruz.
Cuarto momento. Declaración absoluta de Jesús ante los discípulos y la gente de lo que significa ser discípulo, emplazándonos al último día cuando venga él con la gloria de su Padre.

2. Estos cuatro momentos juntos, inseparables, nos dan la efigie de Jesús y el camino de Jesús para todos sus discípulos, para mí, en concreto, en este momento de la historia, y en este lugar concreto de la tierra, en el que por gracia y providencia de Dios, me ha tocado vivir. Con brevedad vamos a hacer una reflexión sobre cada uno de estos momentos.

3. ¿Quién dice la gente que es Jesús? v Es muy interesante constatar que Jesús es calificado por la gente sencilla y bien intencionada como un gran profeta. Hacía siglos que habían desaparecido los profetas, pero Dios visitaba ahora a su pueblo con este gran profeta que podría compararse con Elías, el más grande los profetas, si excluimos a Moisés. Es un gran honor que se le hace a Jesús, pero no es suficiente. Podría ser también Juan el Bautista, que ha vuelto a la vida, comparable también a Elías. Gran honor, pero Jesús está más allá de todos los profetas. Pedro confiesa que es el Mesías, el anunciado, el Esperado. Esto es verdad.
Solo en calidad de Mesías Jesús puede tener discípulos; solo en calidad de Mesías, último enviado de Dios, se puede dar la vida por Jesús, que abre el camino nuevo de la fe.

4. Pero aquí se interpone un contraste total: el Mesías en que sueña el pueblo, incluidos también los discípulos, y el Mesías que lleva Jesús dentro de sí, siguiendo los cantos del Siervo de Yahvé (como el de la primera lectura de hoy, Is 50,5-9a). Y aquí nos da Jesús, con plena libertad y decisión, su identidad de Hijo y de Mesías: el rechazo, la muerte, y el triunfo más allá de la muerte.

5. Pedro no puede aceptar esta ruta indigna del Maestro, y con palabras severas increpa a Jesús. Pero Jesús contesta con palabras no menos tajantes. Pedro en este momento es Satanás, el tentador que destruye los planes de Dios. ¿Qué significativa la frase que enuncia este rechazo!: Tú piensas como los hombres, no como Dios.
Tremenda frase que nos pone alerta frente al humanismo de hoy, que quiere contemporizar la fe con los meros gustos fáciles, acaso inocentes, que brotan de los proyectos de los hombres.
Pensar como los hombres y pensar como Dios ¿serán dos pensares tan opuestos? Según la palabra terminante de Jesús, pueden serlo.

6. En esta dialéctica entre los pensamientos humanos y el pensar de Dios llegamos al final. El pensamiento de Dios se ha visto en la vida y muerte del Hijo de su amor, y continúa mostrándose en la vida de los genuinos discípulos.
Aquí Jesús nos da la identidad de su discípulo, de todo discípulo, no de la élite de sus discípulos. Ser discípulo de Jesús significa jugarse la vida a perderla; exactamente perder la vida.
Lo grave de todo esto es que Jesús planea tal situación como situación inherente al discipulado. ¿Quién es discípulo? El que ha muerto por Jesús como Jesús ha muerto por nosotros.
Nadie puede barruntar esa intimidad divina que Jesús quiere establecer en este designio de comunión de vida y muerte y muerte con Jesús, desde Jesús.
No podemos avergonzarnos de Jesús en medio de esta generación adúltera y pecadora. Son frases extremas que el Señor dice, descalificando la sociedad en que vive, hostil a su mensaje.

7. El final es sublime: Jesús a la altura de Dios, Jesús que viene en la misma gloria del Padre. Jesús que viene con sus santos ángeles, a premiarnos por nuestra fidelidad. ¿Podríamos esperar un destino más enaltecedor?
Es el destino que Jesús nos ha merecido.

8. Nuestra súplica final es estremecida:
Jesús, que yo nunca me avergüence de ti, para que tú nunca te avergüences de mí. Amén.

México D.F., viernes 11 de septiembre de 2015

Cántico de comunión: ¿Quién decís que soy yo? 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bonita homilía, fray Rufino.
¿Quién dice la gente que soy yo?... Y vosotros ¿quién decís que soy yo? He ahí la pregunta fundamental de Jesús. El evangelio nos descubre la idea que tienen las gentes de Jesús, a quien equiparan con personajes tales como Juan el Bautista, Elías u otros profetas, con lo que situaban a Jesús en la tradición profética. Los profetas, al hablar de un mundo alternativo al que su pueblo llano vivía, siempre resultaban incómodos para las elites. Jesús era visto por la gente en esa línea profética de rechazo al poder, que en aquellos momentos venía de Roma. Se admiraban ante los milagros que Jesús hacía con los enfermos, ¿no será un curandero?. Se admiraban de las obras que realizaba en la naturaleza, ¿no será un ser señalado con el poder divino?. Le oyen hablar con autoridad, ¿no será un profeta singular? Ven como expulsa a los demonios, ¿no será un mago? Comparte la mesa con todos, ¿no será un pecador?. Dispares criterios a difíciles preguntas. Jesús se dirige ahora a los suyos, que le han escuchado mejor, que han sido elegidos para la misión. Y vosotros ¿quién decís que soy yo?. Y Pedro responde sin pensarlo: Tú eres el Mesías. Pero ¿qué clase de Mesías?. ¿El líder político nacional?. ¿El Siervo de Dios?. ¿El Profeta?. Jesús no contradice a Pedro, pero no quiere que se propague una imagen errónea de él: ser un Mesías político y triunfal. Éste es el motivo de los mandatos de **NO SE LO DIGÁIS A NADIE**. Pero Jesús les aclara el verdadero significado de su mesianismo: MORIR A MANOS DE LOS HOMBRES. Pero esta idea supera las expectativas de sus discípulos, de las que se hace portavoz Pedro, lo que provoca la condena de Jesús llamándole Satanás: **VADE RETRO SATANA** (como aparece en el reverso de la medalla de san Benito), APARTATE SATANÁS.
El camino de Jesús no es un camino de rosas, pero es el único que existe para la salvación.
Cordiales saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

Mucho se ha dicho y escrito acerca del significado verdadero de la expresión evangélica CARGAR CON LA CRUZ.
San Marcos ya sabía que Jesús había sido crucificado y que sus discípulos iban corriendo la misma suerte. Por eso pone en boca de Jesús la sentencia de que quien quiera ser su discípulo ha de cargar con la cruz. Pero este dicho evangélico no se refiere a la «cruz diaria» que todo el mundo sufre. Ha sido siempre muy aconsejado por los predicadores tener conformidad con la propia suerte como signo de estar acatando la voluntad de Dios (SOPORTA Y ABSTENTE de los estóicos).
Esto es un error referir tal sentido a este texto evangélico. Buenos y malos, creyentes y ateos, ricos y pobres, dominadores y dominados, asesinos y asesinados, todos tienen su propia cruz, sus amenazas personales, su estar expuesto y abocado a la propia muerte; nadie está exento de “su” cruz. Es más: hay gente no creyente, que es rico y dominador y que a lo mejor soporta su propia situación dolorosa con más entereza que un cristiano. A esa “cruz diaria” no se refiere Jesús, sino únicamente a la que proviene o se deriva de practicar y proclamar el evangelio. Que cada uno de los cristianos que estamos aquí intente actuar y hablar como Jesús, y a ver cuánto tiempo va a pasar sin que lo calumnien, lo difamen y hasta lo persigan. Ésa es la cruz con la que Jesús manda cargar: la cruz por el Evangelio.
Saludos.
Juan José.

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