viernes, 18 de septiembre de 2015

727. 350 años – Fiesta de las hermanas Clarisas Capuchinas en México



350 años 
Fiesta de las hermanas Clarisas Capuchinas en México


Comienza la celebración final de la llegada de las hermanas clarisas capuchinas a México en 1665. Un grupo de seis hermanas llegaban del monasterio de Toledo  (España). Arribaron al antiguo puerto de Veracruz el 8 de septiembre de aquel año de gracia de 1665. La historia la hemos contado en este blog: 604. Dulce Jesús Navegante: 350 aniversario de la llegada de las Capuchinas a México. Plegaria y consagración.
Este año jubilar  del 350° aniversario se concluirá en el 8 de octubre en la Basílica de Guadalupe con una celebración eucarística presidida por el Hermano Ministro General de los Capuchinos Mauro Joehri. Mañana, sábado, en un Colegio de la Ciudad de Veracruz se ofrecerá una conferencia acerca del carisma de las capuchinas y de lo que significa espiritualmente esta conmemoración. El domingo, día 20, en el malecón del puerto se evocará aquel acontecimiento memorable. Seis hermanas capuchinas, en representación de aquellas primeras seis que vinieron, en una embarcación que evocarán aquel galeote o carabela de la travesía… arribarán a tierra y serán recibidas por sus hermanas actuales y por el pueblo. A continuación irán peregrinando a la catedral y allí el Obispo presidirá la Eucaristía. “Todas hemos venido por Dios y para Dios y ninguna se ha arrepentido, ni un solo instante entre tantos trabajos”.
Tendrán el gozo de adorar aquella imagen de marfil de marfil del Cristo Navegante que las primeras capuchinas trajeron de Todelo como su mejor tesoro.
Evocando el momento íntimo y espiritual de la llegada nos hemos atrevido a sacar los sentimientos que bullían en el corazón de la capuchina.

Consagracion de una capuchina a Jesús Navegante
al llegar al puerto de Veracruz
(8 septiembre 1665)

Hoy como esposa, Jesús,
a ti me consagro entera,
y seré bajo tu abrazo
lo que tú quieres que sea.

Adiós, mi tierra querida,
que eres tú la tierra buena,
y al mirarte a ti, amor mío,
no volveré la cabeza.

He llegado a Veracruz
e ignoro lo que me espera;
me basta saber que tú
has de ser mi primavera.

Mi corazón se dilata
y contigo vive y sueña:
metidas en tu costado,
mis penas no son mis penas.

En una celda escondida,
he de ser tu misionera:
todas las gentes de aquí
en mis entrañas son nuestras.

Como esposa, como madre,
yo las llevo…, ¡si supieran!,
con el amor de la Virgen,
que amando engendró y engendra.

Soy feliz en cruz contigo,
deja que decirlo pueda;
permite que me embriague
de tus labios que me besan.

Navegante de mi amor,
Jesús de mis azucenas,
mi Jesús, mi dolorido,
del Nuevo Mundo promesa.

Seas tú mi gloria y paz,
ahora y por siempre seas;
como pobre capuchina
sea yo tu pobre sierva.

Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.

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