sábado, 19 de septiembre de 2015

728. Domingo XXV B – Jesús, el último de todos y el servidor de todos



Domingo XXV del tiempo ordinario, ciclo B,
Mc 9,30-37


Texto del Evangelio
Se fueron de allí y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán, y después de muerto, a los tres días resucitará”. Pero no entendieron lo que decía y les daba medio preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntó: “¿De qué discutíais en el camino?” Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”.
Y, tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: “El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”,.

Hermanos:

1. Desde siempre los intérpretes del Evangelio han observado que el Evangelio de san Marcos, que en apariencia es el más simple de todos, tiene un frescor, una vida, una inmediatez para ponernos en contacto con la vida de Jesús, que, de repente, lo vemos ahí, a unos metros de nosotros, con un realismo que nos encanta.
¿En qué punto de la vida de Jesús nos encontramos? Nos hallamos en un momento bastante avanzado, en un episodio que corresponde a lo que sigue a la escena de la Transfiguración de Jesús. Posiblemente en nuestras biblias el título de esta pequeña sección que acabamos de proclamar, como en la Biblia de la Conferencia Episcopal Española, que es la versión que se utiliza en la liturgia, sea: “Segundo anuncio de la pasión y resurrección”.

2. Recuerden, el domingo pasado el texto era el de la confesión de la identidad de Jesús: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Le confesaron como el Enviado de Dios; por tanto, superior a todos los profetas y a todo ser humano que haya aparecido en la historia. Y entonces comenzó Jesús a hablarles abiertamente de sí mismo para que no se confundieran: Yo soy el rechazado en este mundo, el que ha de ser ejecutado, pero aquel a quien el Padre ha de glorificar. Era la primera profecía rotunda de su misterio pascual: pasión, muerte, resurrección.
Siguen las escenas y en la Transfiguración le vemos a Jesús en la gloria resplandeciente del Padre, que ese es el verdadero ser que le pertenece. A continuación viene este segundo anuncio de la pasión, muerte y resurrección. Y las circunstancias nos resultan, en el estilo vivo del Evangelio, hasta un tanto pintorescas. Veámoslo.

3. Jesús emprende como un retiro con sus discípulos, como un noviciado de iniciación a solas con ellos, como se hace con nuestros jóvenes antes de que lleguen al sacerdocio; silencio, oración, estudio y reflexión. Por eso, no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Y observemos cuál es la materia de esta iniciación sagrada de este Seminario de Jesús con los apóstoles: Les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y le matarán, y después de muerto, a los tres días resucitará”.
Esto es lo central del mensaje de Jesús, lo que resume todo. Él es este: rechazado, muerto, resucitado. Un crucifijo en nuestras casas está diciendo esto, el misterio total de Jesús. Una gran corriente artístico espiritual ha querido representar en el crucifijo esto: un crucificado resucitado: por la majestad del rostro, por la luz divina que irradia de sus ojos, por la aceptación de la voluntad del Padre… Un crucifijo no puede ser la fotografía descarnada de lo que pasó en el Calvario, sino algo más, porque donde está la Cruz está la Resurrección.

4. Y otra vez es toque narrativo de san Marcos, con dos rasgos: ni entendían ni querían preguntar, por si acaso: Pero no entendieron lo que decía y les daba medio preguntarle.
¡Cómo nos refleja también a nosotros! No entendemos, pero algo intuimos…, algo que nos da miedo el saberlo, por si acaso, porque seguramente el saberlo nos va a comprometer! Esto ocurre clarísimo en la vida.
No te preguntes demasiado sobre ti mismo, por si acaso. Pero ¡qué engaño es esta cobardía! Porque, hermanos, la verdad es siempre más hermosa que la mentira, aunque fuera la verdad de nuestros pecados.

5. Y entonces llegan a la casa: “¿De qué discutíais en el camino? Respuesta: Silencio. Pero estamos hablando de los apóstoles, no de unos niños del Seminario, sorprendidos en una trampa.
¡Qué vergüenza, pero qué verdad! Nosotros queremos ser los primeros, los importantes, los más importantes. No; he dicho mal: en vez de decir nosotros, tenía que decir “yo”: Yo, hermanos, quiero ser esto, y esto… Yo,  cada uno, que me puedo llamar Juan el discípulo amado, yo, que me puedo llamar Pedro, el Príncipe de los apóstoles.

5. Y aquí viene la lección que quisiéramos tomar en esta homilía. Jesús se sienta en un banco, que podía ser un banco de cocina, y desde esta sagrada cátedra, teniendo junto a si a un niño, nos da la lección, lección para los apóstoles, para toda la iglesia, para todos los tiempos, lección para mí, para este momento de mi vida y para siempre: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.
Es la lección que él ha cumplido en su vida. ¿Quién es Jesús? La respuesta simple, inmediata, verdadera: Jesús es el último de todos y el servidor de todos.
San Francisco decía que entre todas las gracias que Dios puede dar al hombre no hay una mayor que la de parecerse a Jesús Crucificado. ¡Qué dicha si nosotros lo cumpliéramos! Una lección que, al menos desde el corazón, la puedo cumplir yo hoy mismo. Esto es la meta última del cristianismo: ser el último de todos, por amor. No hay gracia mayor, no hay dicha mayor.

6. Estamos haciendo estas reflexiones hoy, sábado 19 de septiembre de 2015, día en el que el Papa Francisco viaja en un viaje apostólico rumbo a Cuba y luego a Estados Unidos, un viaje que terminará el domingo, día 27. Las palabras de Jesús se refieren a todos y cada uno de los cristianos; se refieren a Pedro como se refieren al papa Francisco. El Papa va al Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia; se reunirá con los Obispos y fieles de ambos países, pero al mismo tiempo hablará con los supremos dirigentes, y el jueves de la semana que viene tendrá un discurso en Washington en la sede del Congreso de los Estados Unidos de América, y al día siguiente, viernes, en Nueva York tendrá otro discurso en la sede de las Naciones Unidas, en la ONU, como en tiempos del Concilio lo tuvo el Papa beato Pablo VI. La misión de cada cristiano y la misión de la Iglesia entera, como familia de Jesús, ya sabemos cuál es, que nadie la puede cambiar: ser el último de todos, el servidor de todos. Si pretendemos glorias humanas, nos alejamos del sentir de Jesús, del verdadero proyecto que él nos ha comunicado.

7. Una oración muy sencilla, hermanos: Jesús, amanso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo, el último de todos, el servidor de todos. Amén.

Guadalajara, Jal., sábado 19 septiembre 2015.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Como parece ser, nuevamente se encuentra usted en tierras mejicanas, desde donde escribe su magnífica homilía.
Después de todas las enseñanzas de Jesucristo a sus discípulos, y a pesar de su aviso acerca de su trágico final, sus discípulos parece como si estuviesen en otro planeta, por un oído les entra y por el otro les sale las advertencias del Maestro. Van “a lo suyo”: saber qué puesto de honor va a tener cada uno en ese Reino de Dios en el que el Mesías es su rey. Términos como pasión, muerte y resurrección les resultan abstractos, ininteligibles. San Pablo, tiempo después, afirmará rotundamente que el hecho de la resurrección, precisamente, dio verdadero sentido a la predicación de Jesucristo: “SI CRISTO NO HA RESUCITADO, VANA ES NUESTRA PREDICACIÓN Y VANA NUESTRA FE”. Todos querían ser sus primeros ministros en ese Reino. Ser servidos. Pero Jesucristo vuelve a recordarles que en su Reino los que se consideran primeros son los últimos y servidores de todos…Nuevamente vuelven a tener otra decepción ante sus aspiraciones.
Los evangelistas san Marcos y san Lucas afirman que a los discípulos les daba miedo preguntar a Jesucristo cuando les puso delante de los ojos la realidad de su pasión y muerte, mientras que san Mateo suaviza la reacción de los discípulos refiriendo que, ante tal anuncio, los discípulos “SE PUSIERON MUY TRISTES”.
Pero mientras que a los discípulos “les daba miedo preguntarle” a Jesucristo, el Señor, en cambio, les pregunta directamente: “¿DE QUÉ DISCUTÍAIS POR EL CAMINO?”. Se puede observar las tres formas de reaccionar de los discípulos: primero, no entienden lo que se les dice; segundo, les da miedo preguntarle; tercero, no se atreven a responder a la pregunta de Jesucristo. Ante esa situación el Maestro les pone un ejemplo de lo más sencillo de comprender: se identifica con un niño, es decir, con un ser humano a quien no se toma en consideración. Con ello se distancia del comportamiento de los rabinos. El niño era un “cero a la izquierda” en tiempos de Jesucristo. Sin embargo el niño era la realidad de lo insignificante y símbolo de la nueva actitud ante el Reino de Dios presentada por Jesucristo, quien, como manifiesta san Pablo a los filipenses: “CRISTO, A PESAR DE SU CONDICIÓN DIVINA, NO HIZO ALARDE DE SU CATEGORÍA DE DIOS; AL CONTRARIO, SE DESPOJÓ DE SU RANGO Y TOMÓ LA CONDICIÓN DE ESCLAVO, PASANDO POR UNO DE TANTOS. Y ASÍ, ACTUANDO COMO UN HOMBRE CUALQUIERA, SE REBAJÓ HASTA SOMETERSE INCLUSO A LA MUERTE, Y UNA MUERTE DE CRUZ, POR ESO DIOS LO LEVANTÓ SOBRE TODO”. Cristo, siendo Dios se hizo esclavo. Cristo, siendo grande, se hizo pequeño. Muy pequeño, insignificante, dando con su ejemplo la lección magistral a todos los hombres de todos los tiempos.
Saludos.
Juan José.

Publicar un comentario en la entrada

 
;