sábado, 3 de octubre de 2015

732. Domingo XXVII B – San Francisco de Asís, el encuentro de la misericordia



(En el domingo XXVII del tiempo ordinario, ciclo B, Mc 10,2-16)
Solemnidad de san Francisco de Asís
Para la Familia Franciscana
Mt 11,25-30



Evangelio en la fiesta de san Francisco

En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo:
“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera

Comienzo del Testamento de san Francisco de Asís (+ 1226)

El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después me detuve un poco, y salí del siglo. El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: porque, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después me detuve un poco, y salí del siglo.

Hermanos:
1. El día 4 de octubre este año cae en domingo. Es el domingo XXVII del tiempo ordinario, siguiendo, en cuanto al Evangelio se refiere, el texto de san Marcos.
Sucede que el 4 de octubre es para la Familia Franciscana el Día de san Francisco, fiesta principalísima, y al tratarse de un domingo del tiempo ordinario (no de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua), la Familia Franciscana celebra este Misterio Pascual del Señor, sirviéndose de los pasajes escogidos para san Francisco. Por este motivo hemos proclamado el texto asignado a la fiesta.

2. Al atardecer de aquel día 3 de octubre de 1226, murió en Santa María de la Porciúncula, en las afueras de Asís Francisco de Asís. Tenía 44 o 45 años. Su primer biógrafo, Fray Tomás de Celano, en la Vida que escribió con motivo de la canonización, dos años después de la muerte (1228), dice: “Habían transcurrido ya veinte años desde su conversión” (1Cel 109). El mismo autor nos dice del joven Francisco que había gastado tontamente “su vida hasta casi los veinticinco años de edad” (1Cel 2).
Acabamos de escuchar, junto al Evangelio, cómo fue el cambio de vida que se operó en Francisco. El causante de todo fue el Señor. En este momento sagrado, en que Francisco se dispone a abrazar a la hermana Muerte, a la que recibió como amada esposa, cantando las alabanzas del Señor, Francisco hace el balance de su vida. Al dictar el testamento, sus últimas voluntades, un mes…, dos meses antes de su muerte…, Francisco dice: “El Señor me llevó”.

3. No era, ni mucho menos, un pecador grosero; era un muchacho generoso pero envuelto en mil vanidades. El Señor tuvo misericordia de él. El Señor le infundió el deseo de ir a los leprosos… En Asís había un hospital donde acogían a esta clase de indigentes. Practicó con ellos la misericordia, y ellos curaron su alma.
Hace muchos años me pidieron unas coplillas para un grupo de jóvenes franciscanos de una parroquia nuestra en España. Y la primera decía:
Hubo un leproso en Asís
maloliente y muy llegado,
y Francisco le dio un beso
y… ¿cómo puede terminar el verso? Muy sencillo:
“y fue el leproso curado”.
No, no; así no termina el verso, porque lo que pasó fue más bello:
Hubo un leproso en Asís
maloliente y muy llegado,
y Francisco le dio un beso
y fue Francisco sanado.
Lo dice el mismo Francisco: lo que me parecía repugnante, me fue convertido en dulzura del alma y del cuerpo. Es decir: me sentía a gusto con los leprosos, que antes tanto me repugnaban y si iba a caballo y veía allí a lo lejos un leproso me daba la vuelta.
Alguno de sus biógrafos primeros se han atrevido a decir la verdad entera: les besaba hasta en la boca. A un leproso sí se le puede besar en los labios deformados y llagados.
De manera que en el comienzo de la historia franciscana se encuentran estas dos escenas:
- Francisco de rodillas ante el crucifijo: Señor ¿qué quieres que haga?
- Francisco sirviendo, abrazando y besando al leproso.

4. Luego en aquella capilla de Santa María de los Ángeles, que le llamaban la Porciúncula, la Porcioncilla, porque era un terrenito pequeño, escuchó el Evangelio de la misión: Id y anunciad el reino de Dios y la paz; no llevéis para el camino ni alforja con provisiones ni dinero para comprarlas. Dios, vuestro Padre, se cuida de vosotros. Francisco cumplió esto al pie de la letra.
Y cuando se vio rodeado de hermanos y hubo que dar unas leyes, en lo que él llamaba “forma de vida”, empezó así su pequeña Regla: La Regla y vida de los hermanos menores es simplemente esta: guardar el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo viviendo en obediencia, sin nada propia y en castidad.

6. San Francisco no es de los franciscanos, sino de toda la Iglesia. ¿Quién es, pues, san Francisco y qué está diciendo a todos los cristianos? Después de 59 años en que profesé la Regla de san Francisco ¿qué podría decir yo a mis hermanos acerca de san Francisco? ¿Cómo resumir su vida y su mensaje?

Primero: Francisco fue “el pequeñuelo Francisco”. Al final del Testamento nos dice a los hermanos: “Y yo el hermano Francisco, pequeñuelo, vuestro siervo, os confirmo, en cuanto puedo, por dentro y por fuera esta santísima bendición de Dios”:
Fue uno de esos pequeños de los que habla Jesús en el Evangelio: has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Este es el último secreto de Francisco.
Segundo: Francisco fue uno que experimentó hasta los tuétanos la misericordia de Dios y transfundió esta misericordia. En cierta ocasión escribió a un hermano ministro, es decir, a un superior: “Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos. Y, cuando puedas, haz saber a los guardianes que, por tu parte, estás resuelto a obrar así”.
Decimos estas palabras, hermanos, mirando al Año de la Misericordia, convocado por el papa Francisco; lo decimos hoy, al comenzar el Sínodo de la Familia.
Tercero y último, por su resumir. Francisco es el cristiano que ha visto y vivido cómo en la cruz de Jesús todos los seres humanos y toda la creación han recibido el título de hermanos. El hermano sol y la hermana luna son hermosos porque Jesús en la cruz les ha dado esta belleza para alabar a Dios Creador y servir a los hombres. Pues ¿cuánto más podremos llamar hermanos nuestros a los seres humanos, aunque los veamos como pecadores y enemigos? Por todos ha muerto Jesús y a todos nos está haciendo sus hermanos.

7. Terminemos con  esta oración de san Francisco, al inicio de su camino, ante el crucifijo. Le oraba a Jesús así:
Sumo, glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta,
esperanza cierta
y caridad perfecta,
sentido y conocimiento, Señor,
para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.
Amén.

Guadalajara, Jal., sábado 3 octubre 2015

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