jueves, 15 de octubre de 2015

736. La gracia de la Oración - Vida y herencia del Padre Ignacio Larrañaga


736. La gracia de la Oración – Vida y herencia del Padre Ignacio Larrañaga

La gracia de la Oración
Vida y herencia del Padre Ignacio Larrañaga

Se acerca el segundo aniversario de la muerte del Padre Ignacio Larrañaga, del tránsito a los brazos del Padre. Ocurrió aquí en Guadalajara (en la Casa de Ejercicios Nazaret) en la madrugada del día 28 de octubre de 2013.
Y hoy, santa Teresa de Jesús, Doctora de la Oración, se cierra el Año Teresiano, que tantos beneficios ha reportado.
La homilía del Cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, de la misma tierra de Teresa de Jesús, todo un tratado espiritual para mostrarnos persuasivamente como la “Humanidad sacratísima de Jesús” es el centro de toda la espiritualidad de Teresa. Nos lo decía la lectura de la fiesta: capítulo 22 del Libro de la Vida. No hay, no puede haber, un camino místico superior para alcanzar a Dios que la Humanidad sacratísima de Jesús. Esa humanidad, que es historia concreta de Jesús, es historia de amor, y genialmente dice la santa: “Amor saca amor”. El amor de Jesús es el que produce el amor en mi vida.
Concluía la sustanciosa homilía recordándonos algo evidente en el sentir de quienes frecuentan estos caminos:
“Teresa de Jesús es maestra de oración; durante este año hemos acudido frecuentemente a su escuela. La oración supone la fe en el Señor, que es Amigo verdadero; y, viceversa, la oración alienta la fe y reaviva su ardor evangelizador. La oración ensancha el corazón para amar y fortalece la voluntad para que nazcan obras a favor de los demás.
Uniéndonos a la Asamblea de Obispos, que se celebra estos días en Roma, invocamos la intercesión de Santa Teresa para que los padres inicien en la fe a sus hijos. La fe se transmite particularmente enseñando a rezar a los niños y rezando con ellos. ¡Que Santa Teresa los acompañe hasta la Virgen, Madre y Maestra, a cuyo regazo acudió ella confiadamente! ¡Que María, Madre de misericordia, nos muestre a Jesús, fruto bendito de su vientre!”.

* * *
Teresa de Jesús, cuyo recuerdo cobija hoy los pensamientos que se ciernen en mi espíritu al venir encima el segundo aniversario del tránsito de este hermano cuya memoria es bendición. Ignacio Larrañaga ha sido un don para la Iglesia, se repetía en el funeral. Así lo creo; así lo veo con los ojos abiertos.
Y ¿cuál ha sido este don y carisma”. La gracia de la oración. La gracia de la oración, para nosotros, hermanos menores que hemos profesado la regla y vida de san Francisco, alude a un texto central de nuestra Regla, aprobada “por el Señor papa Honorio” (1223). “Sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación: orar siempre a Él con un corazón puro” (Regla de san Francisco, cap. X,8-9)”.
Ignacio nos ha enseña a orar… “La gracia de la oración” es el título de la “Vida y herencia del Padre Ignacio”, una obra que se va gestando en mi corazón.
Permítame el lector que destape con rubor viejos recuerdos – sorpresa para mí – al encontrar en los archivos una carta que me dirigía hace muchos años, desde Santiago de Chile el 18 de abril de 1972
“Recordado y querido hermano: Feliz Pascua de Resurrección. Ante todo un saludo para ti y para los hermanos de esa Casa. Te escribo para una consulta”.
En aquel tiempo yo estaba al frente de la Comunidad de los hermanos capuchinos de Pamplona-Extramuros, vetusto convento (1606) que albergaba una fraternidad nutrida. Le habíamos llamado para que nos diera Ejercicios, y así lo hizo (testigo la Crónica) del 28 de septiembre al 4 de octubre de 1969: “Ejercicios espirituales. Dirigidos por el P. Jesús María Larrañaga, gran animador en Chile del CEFEPAL. El retiro ha sido unas jornadas de reflexión franciscanas. El horario se ha desarrollado así: 6,15 levantarse; 7,15 laudes en castellano; 8 Santa Misa y tercia (latín); 10,00 meditación; 12,00 meditación; 15,15  maitines (latín en el coro); 16,30 meditación; 7,30 vísperas (castellano, en el coro) Los  actos se han desarrollado en la clase mayor”.
En aquellos años posconciliares surgían las ilusiones por todas partes, y la “peque fraternidad de Arnotegui” (Obanos, Navarra), dirigida por el hermano Javier Garrido era un foco espiritual. Allí nos juntamos, para un encuentro espiritual de varios días, varios hermanos apoyados en la comunidad orante, que tanto podía enseñarnos, si nos abríamos con humildad a las voces de Dios: aparte de los que estaban, Javier Unanue, José Antonio Guerra (editor de las fuentes franciscanas), Larrañaga…, y alguno más.
¿Cuál era, pues, la consulta pro la que escribía el soñador Jesús María de Azpeitia?
“…En  mi opinión, la tarea más urgente en este momento es recuperar el sentido de Dios,  vigorizar  la  Fe  viva.  Siento  en el  espíritu  que el  Señor Dios  me llama para colaborar en la reconquista o recuperación de SU SENTIDO, entre los hermanos,  con ocasión de tantas oportunidades que me abre el mismo Señor Dios, para el encuentro con hermanos de muchos países.
Ahora viene la consulta [y mi rubor, compréndame el lector por piedad]. Me dirijo a ti no como a especialista en Teología y Escritura sino como a un experimentado en el sapere Deum. He escrito en CUADERNOS [Cuadernos Franciscanos de Renovación, sacado en el CEFEPAL de Chile] un artículo que se titula HACIA EL MISTERIO DE DIOS (núm. 17, marzo 1972: supongo habrá llegado ahí).
A pesar de ser bastante largo, es un esquema de lo que “sé” de Dios, y también es esquema de lo que suelo dar a los hermanos y hermanas, al respecto. Es un esquema vivo porque he llegado a elaborarlo con mis encuentros con el Señor y también con el desconcierto    y perplejidad que muchos hermanos sienten respecto a Él. El cual desconcierto muchos me han manifestado a mí, con expresiones como estas: “Dios se está muriendo en mí”, “he perdido toda sensibilidad respecto a Dios”, “no creo en nada, desgraciadamente”, “lo único que siento es el silencio de Dios, o su ausencia”, etc. Se trata, pues, de un artículo escrito en l campo de batalla, como quien dice.
Ahora, yo te suplico por el amor del Gran Dios y Señor: ayúdame a madurar este esquema. Te suplico en el Señor que lo leas detenidamente. Señálame los vacíos, las direcciones falsas, insistencias caso unilaterales, perspectivas tal vez demasiado subjetivas…, en una palabra, aquellas líneas generales que, según tu experiencia, deban corregirse, mejorarse…”
Continuaba la carta…, una carta que, al encontrármela en (Archivo de la provincia (no sé cómo llegó) me produce un íntimo y fortificante consuelo, al mismo tiempo que me deja abrumado o como un tanto desconsolado.
“A partir del mes de junio voy a actuar, durante unos seis meses, en centro América y en Méjico. Así, pues, si piensas y puedes escribirme, hazlo por favor antes de junio. Gracias”.
Efectivamente, en el segundo semestre de 1972, el Padre Ignacio Larrañaga estuvo en México, semana tras semana dedicado a las capuchinas. De aquellas conferencias nació el año siguiente el libro original, matriz de los demás, Muéstrame tu rostro (que tiene el “imprimatur” en diciembre de 1973), y salió a la imprenta en 1974… Primer libro del Padre Ignacio a sus 45 años…
Luego todo vino in crescendo, de una manera ordenada, sorprendente, verdaderamente providencial. Dios estaba allí, y Dios iba llevando las riendas.
“No recuerdo haber planeado proyectos de corto o largo alcance a lo largo de mis días, ni haber tomado iniciativas para el futuro. Cuando me detengo y comienzo a concentrarme para mirar atrás, tengo la sensación de no haber sido yo un sujeto activo, de no haber hecho nada, al contrario, de lo que tengo impresión es que Alguien ha suplantado mi personalidad. Alguien hablaba en vez de mí, caminaba en mi lugar, tomaba iniciativas y trazaba rutas que yo luego las recorría. No había camino; había que hacer el camino al andar; pero mientras caminaba, alguien extendía delante de mí el mapa y la ruta. He repetido en múltiples oportunidades que siempre he vivido con la percepción de que alguien abría las puertas y yo, simplemente, entraba por las puertas, eso sí, resueltamente
(Circular número 9 del P. Ignacio Larrañaga a los Guías de Talleres de Oración y Vida, cuando la aprobación pontificia del 15 de octubre de 1997).
En la cima última de su vida, al cumplir 60 años de sacerdocio, pocoas meses antes de su muerte, en una homilía que quedará como testimonio y testamento, resumía: Amor…, sí, amor. Y, acaso, dicho lo mismo de otra manera: Humildad…

Querido Ignacio: Antes de que te veamos encaramado en los altares (que sí te han de ver), déjame decirte con un abrazo, lleno de etrnura: ¿Felicidades, hermano! Quedamos en la brecha; el Señor en su misericordia nos enseñe sus caminos.

* * *
Vuelto a Teresa de Jesús, porque es dulce su recuerdo:
“Unamos con mirada amplia el nacimiento y la muerte de Santa Teresa. Ana de San Bartolomé, secretaria, confidente y enfermera de la Santa recuerda sus últimos momentos. Pidió que le llevasen el Santísimo Sacramento y cuando lo vio se incorporó con gran ímpetu de espíritu; decía y repetía: Señor, ya es tiempo de caminar; daba muchas gracias a Dios por verse hija de la Iglesia y morir en ella; con los méritos de Jesucristo esperaba ser salva; y nos pedía que suplicásemos a Dios que perdonase sus pecados y que no mirase a ellos sino a su misericordia” (Cardenal Ricardo Blázquez, hoy en la homilía).
Sí, es tiempo de caminar. ¿Adónde? A la Humanidad sacratísima de Jesús, y desde allí, adonde él quiera.

Guadalajara, Jal, 15 octubre 2015, conclusión del V Centenario del Nacimiento de santa Teresa de Jesús.

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