sábado, 17 de octubre de 2015

737. Domingo XXIX B Domund Jesús, Siervo de Dios, que sirviendo entrega su vida

Jesús, servidor, que sirviendo entrega la vida
Homilía para el domingo XXIX del tiempo ordinario, ciclo B,
Mc 10,35-45


Video cortado a los 6 minutos
Texto evangélico:
Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: “Maestro, queremos que  nos hagas lo que te vamos a pedir”. Les preguntó: “¿Qué queréis que haga por vosotros?”. Contestaron: “Concédenos sentarnos a tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús les contestó: “No sabéis lo que pedís? ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?”. Contestaron: “Podemos”.
Jesús les dijo: “El cáliz que yo he de beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino es para quienes está reservado”. Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, llamándolos, les dijo: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos, los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por la multitud”.

Hermanos:
1. Ya hemos dicho en más de una ocasión que el Evangelio de san Marcos es sencillo e inmenso. Aquí tenemos una escena protagonizada por dos discípulos, Santiago y Juan, que nos resulta - ¿cómo decirlo? - ¿pintoresca? No, no seamos frívolos; es otra cosa bien distinta que un episodio pintoresco. Una escena así, escrita para perpetua memoria en la comunidad cristiana, es un paradigma magistral que marca ruta.

2. ¿Una escena de familia? Sin duda, y quizás sea la clave más humana para revivir aquello que fue o pudo ser. De hecho, cuando el  mismo episodio lo escribió san Mateo no dice que fueron los hermanos los que acudieron a Jesús con una petición tan pretenciosa, sino su madre, lo cual le da un aire totalmente diverso al cuadro. Se acercó la madre y se postró a los pies de Jesús para hacerle una petición:
- “¿Qué deseas?”
- “Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”
Esto nos hace sonreír, porque es un retrato simpático de una madre que quiere para sus hijos – “estos dos hijos míos” – lo mejor y se olvida de sí misma. Yo, en un rincón, pero  mis hijos, los dos primeros puestos.
Pero esta intervención de la madre debilita la rudeza de la petición de los dos hermanos, que ha causado celos e indignación en el resto del grupo.
Se trata, por lo tanto, de una escena de revelación del misterio de la Iglesia.

3. En este pasaje del Evangelio la primera parte es un episodio; la segunda es una instrucción, una catequesis, la cual termina en una declaración de la identidad y la misión de Jesús, cuando se dice: el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por la multitud. Misteriosa declaración de la soberanía de Jesús, de la conciencia de su misión, que a intérpretes muy críticos les ha llevado a decir: Eso no puede provenir de Jesús; eso se lo han añadido los cristianos, que se juntan para celebrar gloriosamente la muerte de Cristo como salvación de todos los hombres.
Reflexionemos, hermanos.

4. Ante todo, este episodio evangélico nos lleva a otras frases del Maestro que son la misma revelación, cuando Jesús abrazó a los niños y comentó quién es el más grande en el reino de los cielos: los pequeños. O en aquel momento en que Jesús tuvo una exaltación, un arrebato y oró a su Padre: Padre, Señor del cielo y de la tierra, te doy gracias porque ocultaste estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños, a la gente sencilla, sin importancia.
Un ejemplo de esto que dice Jesús. Ayer, 16 de octubre, al Iglesia recordaba a santa Margarita María de Alacoque, una monja francesa del siglo XVII (murió en 1690 a los 43 años), humilde monja de clausura de la Orden de la Visitación de María, fundada por san Francisco de Sales. Esta mujer tuvo unas manifestaciones del Sagrado Corazón de Jesús. Escribe en su Diario, por mandato del confesor, lo que sentía que Jesús le decía: He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres… Y en recompensa no recibe de la mayoría sino ingratitudes, por sus irreverencias y sacrilegios… Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento (Corpus Christi) haya una fiesta particular dedicada a honrar mi corazón, y comulgar ese día… ¿Cómo se puede tomar en serio estas frases de una mujer dolorida y visionaria, de 31 años?
Pues bien, con el correr de los años se estableció ese día la solemnidad el Sagrado  Corazón de Jesús. Los Papas han dicho que esa imagen del Corazón, que está revelando el amor descendente y ascendente de Dios al mundo en su Hijo Jesucristo, es la síntesis de toda la religión cristiana. Dios hablaba por boca de mujer, de una criatura que no había cruzado los umbrales de la Universidad de París.

5. En este Evangelio Jesús, el Hijo del hombre – figura gloriosa en el Libro de Daniel – declara en la frase final, culminante de todo el episodio, dos cosas:
Primera, que él es el último de todos, el servidor de todos.
Segunda, que él va a entregar su vida sacrificialmente en redención de todos, de mí, personalmente. Yo soy precio de la vida de Jesús de Nazaret. Ha muerto por mí.
El que ha estudiado un poco la Biblia sabe que al expresarse Jesús de esta manera se está identificando con el Siervo Sufriente de Yahvé, como lo ha recordado la lectura primera, lectura que todos los años la escuchamos en Viernes Santo: Mi siervo justificará a muchos, porque ha cargado con los crímenes de ellos (Is 53,11).
El estudioso de la Biblia sabe que Jesús, en la Última cena, al decirnos que todos tomemos de este cáliz, sangre derramada, que por vosotros y por muchos – por la multitud, por todos – es entregado para el perdón de los pecados, se está identificando con ese Siervo sufriente del Señor.
En Jesús muriendo en cruz se cumplen las profecías. Él es el Siervo, él es el redentor, él es el que con su muerte me ha dado vida a mí, su discípulo, a todos los seres de la familia humana.


6. Jesús muere por dar vida a todos los seres de la Familia Humana, acabamos de decir. En este domingo de octubre la Iglesia celebra el Domingo Mundial de Misiones. En él se reaviva nuestra conciencia de que ser discípulo de Jesús es ser discípulo misionero. Un pensamiento específico quiero añadir al son de las palabras de Jesús. Si Jesús tiene conciencia de que muere pro al salvación de todos, él traspasa a mi corazón esa misma conciencia y esa misma misión. Mi vida, como la de Jesús está destinada a ser entregada en servicio por la salvación de todos. La Familia Humana, todos y cada uno de los seres que poblanos la tierra, es mi familia y por tos y cada uno entregamos la vida.

7. Señor Jesucristo, nosotros, como discípulos tuyos sabemos y reconocemos que el secreto de tu vida fue la cruz, tu vida que volcada toda a Dios, fue entregada por la salvación de todos los hombres. Haz que nunca nos apartemos de tus caminos, y que nuestra vida sea, como la tuya y desde la tuya, una entrega por la salvación de todos, pues todos son mis hermanos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, sábado 17 octubre 2015 (S. Ignacio de Antioquía).

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;