miércoles, 28 de octubre de 2015

739. Padre Ignacio Larrañaga, “La rosa y el fuego”, y “El rosal encendido”


El rosal encendido
Glosa a un poema profético
“El Apóstol” (1952)


Segundo aniversario junto al lecho donde murió

Para el fin de semana pasado, 23-25 de octubre de 2015, la Coordinación Nacional México Pacífico (animada por el matrimonio de Fermín González Estrada y María  Teresa Gutiérrez de Estrada), que es una de las 17 Coordinaciones nacionales de la Zona México (al frente de la cual están Eugenia Lucina de Hoyos Baldenegro y María Leticia Flores de Roque) de Talleres de Oración y Vida, convocó la Jornada de Confraternización, en la Casa de Oración de Ixtlahuacán de los Membrillos. En esta casa de oración murió el Padre Ignacio Larrañaga, en la madrugada del 28 de octubre de 2013, hace dos años. En el lenguaje de los Guías allí reunidos era la II Pascua del Padre Ignacio.
Allí me invitaron, allí acudí con gusto, y pude compartir un poco de la charla final, la mesa y luego, a las tres de la tarde, la Eucaristía.  Presidía, igual que el año pasado, el sacerdote del lugar, Padre Edmundo, y servidor concelebraba. A la hora de la homilía me invitó a compartir, lo cual hice con sumo gusto. Al final de la  misa rezamos un breve responso de sufragio: Dale, Señor, el descanso eterno; y brille para él la luz perpetua.
En la homilía cité un poema del joven Fray Jesús María de Azpeitia (Ignacio Larrañaga), escrito en la primavera de 1952, antes de concluir el tercero de Teología. En aquella fecha Ignacio tenía 23 años, rozando los 24. El poema se titula El Apóstol y la estrofa final dice:

Cuando se vuelque definitivamente tu cuerpo
por las pendientes de la muerte
se encenderá en las alturas un inmenso rosal
cuajado de rocío y de sol.

Yo les dije: El Padre Ignacio, sin pretenderlo fue el Apostol Profeta de su propia muerte. Murió aquí, en la habitación que tiene como título el nombre de uno de los cuatro evangelistas: San Juan. Esta habitación tiene una pequeña antecámara, para recibir, el dormitorio con un armario, y adyacente cuarto de baño.


“El rosal encendido”: biografía del Padre Ignacio



En la Misa del segundo aniversario en la Casa de Oración Nazaret
el fotógrafo  Fernando Ávila Sernín captó esta rosa

El dormitorio, en un ángulo de la galería, tiene una sola cama individual, junto a la cama un buró con una lámpara. Aquí es donde se volcó definitivamente el cuerpo del Padre Ignacio. Lo encontraron semiincorporado con el cuerpo vuelto hacia la derecha, hacia el buró, y la mano derecha debajo de la mejilla, que, por lo visto, era una forma suya de descansar. Había expirado plácidamente. Y esta foto es la exégesis del primer verso de la última estrofa:
Cuando se vuelque definitivamente tu cuerpo
por las pendientes de la muerte.
Pero ahora vienen los dos versos más bellos del poema, los dos últimos que suenan así:
se encenderá en las alturas un inmenso rosal
cuajado de rocío y de sol.

Hermanos: Ese inmenso rosal cuajado de rocío y de sol son ustedes, son los Talleres de Oración y Vida.
Un rosal de rocío y de sol pudo haber sido el título de la biografía que yo proyecté para el Padre Ignacio Larrañaga.
Y ahora sigo: Estamos en la Casa de Oración de Nazaret. Es cierto que el Padre Ignacio dijo que de todas las casas de oración y retiro que él había conocido (y había conocido tantísimas…) era la mejor. Y allí en la comida alguien añadió: Eso dijo el Padre Ignacio cuando estuvo en el mes de julio (penúltima vez) y nos dijo también que allí le gustaría morir. La responsabilidad de esto último quede para quien lo dijo.
Casa de Oración, sigo yo, que tiene un rosal caído del cielo. Alguna persona piadosa tuvo la artística ocurrencia de hacer un rosario por el suelo con bolas de piedra, en la construcción de la casa. Ciento cincuenta bolos, que son las cuentas del rosario serpentean por el césped y entre decena y decena se alza una columnita, como una capilla, evocando el misterio. Y mi imaginación trabaja pensando que aquí comienza ese inmenso rosal cuajado de sol y rocío que se encendió en las alturas y cayó aquí, ya desparramado por tantos países del mundo.
Quiero poner el poema entero y comentarlo con Ignacio.

Canto al apóstol

¿Qué vientos empujan tu remo?
¿A dónde vas con tus brazos cuajados de estrellas
y tus ojos ardidos de sol?
¿Dónde te nacen las raíces eternas
del sueño, de la mirada y el amor?

Te vi encender con fuegos altos y agudos
los bosques internos del hombre
donde pastan la avaricia, el orgullo y la impiedad.

Te vi llegar hasta dentro del hombre
donde empieza la región de la niebla
y se pierden los caminos de Dios.
¡Cómo inundabas de resplandores rusientes
sus ojos de eterna noche!

Levanta tu voz de bronce, profeta,
como un torreón medieval,
contra la soledad muda de los hombres,
contra esa jauría de megalómanos
que en cada calle se levantan una estatua y un dios.

Mira que van a salir a tu camino
voces profanas de oriente y de luna
que quieren devorar tu voz de bronce, eternamente alzada.

Enciende esa estrella que llevan los hombres
apagada en la mitad de su frente.

Han surgido ante tus ojos
infinitos caminos sobre espacios mudos;
y hay pozos de naufragio y duelo y muerte
que esperan cada tarde tu mirada de ansiedad.

Rompe esa voz, como un arpa, contra las ciegas luces
que ahogan el ángel del hombre
y enlutan su inocencia, sus ojos y su frente.

Acelera tu latido, que flotan
Aires de impaciencia y urgencias de agonía.

Cuando se vuelque definitivamente tu cuerpo
por las pendientes de la muerte
se encenderá en las alturas un inmenso rosal
cuajado de rocío y de sol.


De poeta a poeta ante el rosal ardiendo

En aquel tiempo Ignacio era “verticista” (que así se llamaban los que escribían en Vértice), pero no era “el poeta de Vértice”. El Poeta de Vértice de aquellos tiempos, poeta destelleante, un mago de la palabra y de la metáfora…, como crítico literario opina: “…esos cinco poemas no dan  para gran cosa.  No tiene gran valor la poética de Ignacio, pero sí su lirismo y poder sugestivo” , opinión que otros peritos en literatura compartirán.
Desde este “lirismo y poder sugestivo” yo quiero ahora hablar con Ignacio, interpretando su poema. Arriba está el texto el texto y he aquí mi diálogo, cor ad cor, traspasando las barreras.


1. El profeta, sin duda, tiene sus brazos cuajados de estrellas, sus ojos ardidos de sol. Eres tú, Ignacio; lo digo sin rubor. De alguna manera te lo digo “de poeta a poeta”. A mí no me van a poner en una antología poética (acaso en una colección de poesías litúrgicas...); tampoco a ti. Pero me atrevo a titularme y a titularte: “De poeta a poeta”, los dos con minúscula.
El poeta es aquel que tuvo un encuentro de amor, y del encuentro le nació una palabra. A lo mejor la palabra fue solo un balbuceo.
Es cierto que no todos entienden “amor” con la misma espesura, con el mismo temblor sagrado; pero el amor es temblor.  También en una sensualidad desatada, hay un temblor divino. 
Te decía, pues, Ignacio que tú, Tallerista de tus sueños, eres el Apóstol al que poetizas en tu “Canto al Apóstol”. Te decía que en tus 23 primaveras  caminabas con tus brazos cuajados de estrellas y tus ojos ardidos de sol.
Al citarte, me estoy acordando de “El Hermano Francisco” que cantó al hermano Sol, a las estrellas y al fuego.
Al acercarnos a ti, pronto descubrimos las raíces eternas – consustancialmente todos las llevamos – y las tradujiste en este poema con tres palabras: sueños, mirada, amor.
El anhelo del ser humano es ese, y no otro. A tus 60 años de sacerdocio (diciembre de 2012), diez meses antes de tu muerte, decías en la homilía: “Como marca de fabricación, como patente de inventiva, Dios había grabado su Rostro en las profundidades íntimas, últimas e inefables de mi alma”

2. En aquel tiempo – y siempre – una pasión te consumía por dentro: el hombre, y veías los bosques internos del hombre /donde pastan la avaricia, el orgullo y la impiedad. No quito una palabra, no cambio una coma. Te dirían que esos Encuentros de Experiencia de Dios, esos Talleres de Oración (que luego fueron de Oración y Vida) eran místicos y elucubrativos…
No han leído lo que un día, en tus últimos escritos, escribiste para los Círculos de oración y vida: “El Círculo tendrá una fuerte connotación samaritana, es decir, los círculos, en sus tiempos disponibles, se derramarán entre los últimos de la humanidad: fracasados, solitarios, esposas abandonadas, sidosos, enfermos terminales de sus familiares en las salas hospitalarias, y un etcétera interminable” (Santiago de Chile, 19 de Noviembre de 2011).
Esto que decías al final estaba también al principio. Estaba pensado y escrito. Lo decías por el profeta de Jesús, y era el retrato de ti mismo:
Te vi llegar hasta dentro del hombre
donde empieza la región de la niebla
y se pierden los caminos de Dios.
Acaso el literato diga que no hay un gran “qué” en estos versos…, acaso. Pero en este momento, Ignacio de la otra ribera, te veo como testigo de tu propia oración, y tendría que leerme entero “Del sufrimiento a la paz” para entender lo que aquí preanunciabas.

4. Me salto la estrofa siguiente que, puesta en prosa, con mucho empaque, dice así: “Levanta tu voz de bronce, profeta, como un torreón medieval, contra la soledad muda de los hombres, contra esa jauría de megalómanos que en cada calle se levantan una estatua y un dios
Con una cita erudita diré que no creo que pensaras en la escultura del escultor aragonés, El Profeta: “El profeta o Gran profeta es una escultura en bronce de Pablo Gargallo de 1933. La figura representa un orador gritando con el brazo levantado mientras sujeta un bastón con actitud amenazadora” (Wikipedia, El Profeta de Pablo Gargallo)…

5. Me paso a otro verso, que lo puedo tomar como un eslogan de vida. Hablas del apóstol; sin querer, estás hablando de ti, palabra “guía” que no han de olvidar los Guías:
Enciende esa estrella que llevan los hombres
apagada en la mitad de su frente.
En 2004 escribías. “En estos 25 últimos años he escrito once libros, he grabado más de 30 casetes de audio y seis de video, y he dirigido innumerables Jornadas y semanas de Experiencia de Dios en 29 países, en tres continente. […]
Me he asomado a millares de grutas humanas y he visto cómo el sufrimiento, con sus mil rostros, iluminaba de resplandores rojos el horizonte de la existencia humana. Me duele el corazón.
He mezclado mis lágrimas con las lágrimas de los afligidos. He insuflado vida y esperanza en los deprimidos, y he visto levantarse de la agonía de la postración a tantos abatidos. He enseñado a enjugar lágrimas, extraer espinas, ahuyentar sombras, desechar fuentes de angustia; en fin, me he esforzado por llevar a cada puerta un vaso de alegría” (El sentido de la vida, San pablo, 12ª ed. 2012, 21-22).
Ignacio, era verdad lo que ibas escribiendo, era tu historia secreta, intuida, anticipada… Ahora que la vemos toda junta, decimos contigo. ¡Gracias, mi Dios y Padre, por tanta ternura!

4. Pero era el verso final del poema el que me había provocado en la oración de la tarde, pensando en esta celebración de la Pascua, lo que ahora escribo.

Cuando se vuelque definitivamente tu cuerpo
por las pendientes de la muerte
se encenderá en las alturas un inmenso rosal
cuajado de rocío y de sol

Dices y profetizas que tras las pendientes de la muerte, allí en las alturas se va a encender un inmenso rosal. Son los versos más inspirados; son tu corona y herencia. Tu vida se ha transformado en un inmenso rosal. Eres un inmenso rosal; tu obra – Talleres de Oración y Vida – son un inmenso rosal.
Pero este rosal, ¿qué es? Nos lo dices líricamente con un lenguaje sacramental:
1) Es un rosal encendido.
2) Es un rosal sol ardiente.
3) Es un rosal cuajado de rocío refrescante del amanecer, trémulo de ternura.
“Un rosal encendido” podría ser el título de tu biografía, sabiendo que ese rosal de fue fuego era un rosal de rocío, porque tu vida fue “la rosa y el fuego”. Y los Talleres de Oración y Vida tienen que ser “la rosa y el fuego”.

Y para concluir la oración de tus 60 años de sacerdocio

Copio de tu homilía de las Bodas de Diamante, cara a Navidad de 2012:
Dios eterno y fuente de ternura:
me presento ante ti como un niño huérfano,
necesito de tu protección y cariño.
Porque en realidad solo a ti te necesito
y, en verdad, solo a ti te tengo.
Pero eso solo me basta,
porque contigo nada me falta.


Tránsito en abandono y amor

Y al tiempo de estos recuerdos,d e las yemas de m is dedos nacen verso_

Al morir en oración
fuiste rosal encendido,
Ignacio de una pasión,
corazón favorecido.

Un rosal que de la altura
cayó hasta aquí desprendido;
es la herencia de tu vida
Ignacio, que ya eres ido.

Son rosas de puro sol
ardiendo en amor fundido
y pétalos de rocío
que en mis manos acaricio.

Sol y rocío yo quiero,
y lo pido en mi gemido,
yo quiero ser en mis días,
 un pétalo estremecido.

Quiero ternura en mi seno,
para mí la quiero y pido,
ternura en mi corazón
para mi mundo querido.

Y fuego que purifica
y al herir no deja herido
fuego de Dios, que es mi Padre,
conmigo muy complacido.

Dios, amor que fluye y fluye,
y Jesús me lo ha infundido,
acógeme esta plegaria,
Dios mío, compadecido.

Y amar en la vida eterna,
todo yo en el puro olvido,
contigo y con todo amor,
gozo y amor todo unido.

Y fue un veintiocho de octubre
sin el sol amanecido,
el Sol de Oriente, Jesús,
se lo llevó redimido.

Cuando quieras, como quieras,
contigo al Padre ofrecido,
Jesús, el Padre, el Espíritu,
mi gloria y eterno latido. Amén.

Guadalajara, Jal. 28 octubre 2015

Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.



Grupo de la Coordinación Nacional México Pacífico
en la Confraternización por el segundo aniversario de la Pascua del Padre Ignacio
Sentados en el suelo, los Guías Fermín y Tere

Casa de Oración Nazaret. Al fondo del pasillo hay una habitación 
con puerta redonda; tiene en la baldosa de la pared 
la inscripción de San Juan. En esta habitación murió 
el Padre Ignacio Larrañaga el 28 de octubre de 2013


Interior de la habitación donde murió el Padre Ignacio. A la derecha el armario,
y junto al armario la ventana; a la izquierda está el cuarto de baño.
Fr. Rufino María Grández el domingo 25 de octubre de 2015,
celebrando el segundo aniversario de esta Pascua.


Homenaje tras la Eucaristía en el segundo aniversario.


Salita recibidor de la habitación San Juan
donde murió el Padre Ignacio Larrañaga.
En la pared retrato del Siervo de Dios 
Silviano Carrillo Cárdenas (1861-1921) 
Fundador (1904) de las Siervas de Jesús Sacramentado,  
que cuidan la Casa.



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