sábado, 14 de noviembre de 2015

742. Domingo XXXIII B Jesús, el Evangelio de Dios y el ataque de París

Homilía en el domingo XXXIII del tiempo ordinario, ciclo B
Mc 13,14-32


Texto evangélico:
Cuando veáis la abominación de la desolación erigida donde no debe (el que lee, que entienda), entonces los que viven en Judea huyan a los montes, el que esté en la azotea no baje y no entre en casa a coger nada,  y el que esté en el campo no vuelva a recoger su manto. ¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días! Orad para que no suceda en invierno. Porque aquellos días habrá una tribulación como jamás ha sucedido desde el principio de la creación, que Dios ha creado, hasta hoy, ni la volverá a haber. Si el Señor no acortase aquellos días, nadie podrá salvarse. Pero en atención a los elegidos que escogió se abreviarán. Y si entonces alguno os dice: “El Mesías está aquí o allí”, no le creáis. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, que harán signos y portentos para engañar, si fuera posible, a los elegidos. Pero vosotros estad atentos, que os he prevenido.
En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre.

Hermanos:
1. Estamos en el penúltimo domingo del año litúrgico. El domingo final, domingo próximo, será la fiesta de Jesucristo Rey del Universo. Y en este domingo antefinal estamos escuchando una parte del discurso escatológico de Jesús. Nuestra Biblia Española – para la liturgia y la catequesis – divide este discurso escatológico en cuatro partes, a saber:
- Anuncio de la destrucción del Templo.
- La gran tribulación de aquellos días.
- La venida del Hijo del hombre.
- Consecuencia: Estar vigilantes.
De este discurso escatológico de Jesús hoy leemos la segunda y la tercera parte: La gran tribulación de aquellos días misteriosos, y la venida del Hijo del hombre.
Lo principal, lo que da sentido a estos textos de por sí oscuros y enigmático es justamente esto que proclamamos: Que Jesús es justamente es ese que ha de venir en la gloria del Padre.

2. Leemos este pasaje cuando desde ayer noche del viernes 13 de noviembre el mundo está lleno de una noticia de primera plana que nos deja doloridos, consternados y profundamente pensativos. El ataque terrorista del denominado Estado Islámico, de Irak y Siria, que se lo ha atribuido, anunciando, por otra parte, que esto no es más que el comienzo de la tormenta. Hay un reguero de muertos (al menos, 127, según la estadística actual) y de heridos. Algunos de estos terroristas se autosacrifican con la propia muerte y mueren por Alá, lo cual hace que esta acción mortífera contra personas inocentes y fuera de guerra, que este tipo de terrorismo sea más que terrorismo; al menos, para parte de los causantes es acción de Dios sobre este mundo perdido que ha de ser sometido al Islam. Nosotros, cristianos, ¿qué pensamos de todo ello y qué tiene que ver con el Evangelio, con ese Jesús que tratemos de anunciar como cimiento de nuestra fe y como esperanza de nuestro futuro?
Como seres humanos, como personas religiosas, nos condolemos con las familias de las víctimas, con todas absolutamente, y si pudiéramos, le llevaríamos nuestra personal condolencia y nuestra promesa de oración. Reflexionemos.

3. Hace unos días estaba explicando yo al profeta Jeremías en un curso sobre Profetas y decía al grupo de alumnos: Retengan bien este texto. Jeremías 17,9: “Nada hay más falso y enfermo | que el corazón: ¿quién lo conoce?” Y en el mismo versículo viene la respuesta: “Yo, el Señor, examino el corazón, | examino el corazón de los hombres | para pagar a cada cual según su conducta | según el fruto de sus obras”.
Según esto, hermanos, bien podemos decir que cada uno de nosotros lleva dentro de sí mismo a un asesino y a un santo; los dos están dentro. Si yo dejo crecer y soliviantarse a ese “yo” orgulloso, arrasador que hay en mí, terminaré siendo un Judas, capaz de vender al Hijo de Dios, que va a ser asesinado. Si, por el contrario, caigo en la cuenta de que dentro de mí está la persona más dulce y amable, más generosa, más entregada…, terminaré siendo una verdadero hijo de Dios, capaz de dar la vida por mis hermanos, conocidos o desconocidos.
Las guerras tienen sus causas políticas y económicas, pero el origen de todas ellas es el mismo: el corazón.
De manera que, hermanos, la pregunta perentoria es esta: ¿Qué pasa en mi corazón?

4. ¿Qué pasa en el corazón de Jesús? Jesús ha visto que la historia humana lleva dentro una tragedia, que vendrán “tiempos difíciles como no ha habido desde que hubo naciones hasta ahora” (Dan 12,1) según se dice en el libro de Daniel, que hemos leído. Pero en esa hecatombe de los pueblos él se ha visto a sí mismo, como Hijo del hombre que viene junto a Dios; así lo había visto también Daniel. Y Jesús proclama para nuestro infinito consuelo: “. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo” Es lo mismo que declaró Jesús ante Caifás en la historia de la Pasión (véase Mc 14,62).

5. El mal existe, y no podemos predecir nosotros qué va a pasar, qué puede pasar. Pero sí que podemos predecir una cosa, que pertenece a nuestra fe: Que Jesús es nuestra victoria, que Jesús es nuestra esperanza, que Jesús es nuestra paz.
De la forma que sea todos, sin excepción, hemos de pasar por la tribulación; Jesús la pasó primero, pero él es nuestra paz, y avanzamos pacíficamente en el curso turbulento de la historia que nos ha tocado vivir.

6. Señor Jesús, ten compasión de nuestra locura de seres humanos. Cambia nuestro corazón y donde hay odio que pongamos amor. Hazme, oh Señor, un instrumento de tu paz. Y haz que por el bien que tú siembras en nuestros corazones, venzamos al mal con el bien.
María, Reina de la paz, intercede pro nosotros. Amén.


Guadalajara, sábado 14 noviembre 2015.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

He leído su interesante homilía.
El pasaje evangélico de este domingo tiene dos partes perfectamente diferenciadas. Una se refiere al hecho histórico de la destrucción de Israel y su Templo en Jerusalén, que incluso se halla perfectamente documentada por otras fuentes.
La otra es la profecía apocalíptica, de la considero oportuno hacer alguna reflexión. Se trata del conocido párrafo: EN VERDAD OS DIGO QUE NO PASARÁ ESTA GENERACIÓN SIN QUE TODO SUCEDA. EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, PERO MIS PALABRAS NO PASARÁN. EN CUANTO AL DÍA Y LA HORA, NADIE LO CONOCE, NI LOS ÁNGELES DEL CIELO NI EL HIJO, SOLO EL PADRE. Como se puede comprobar, la generación a la que se refirió Jesús pasó, pero el hecho apocalíptico no se produjo nunca. Por otro lado existe otra afirmación que resulta sorprendente, y que es, como se podrá fácilmente imaginar, la afirmación de Jesús: EN CUANTO AL DÍA Y LA HORA, NADIE LO CONOCE, NI LOS ÁNGELES DEL CIELO NI EL HIJO, SOLO EL PADRE. La pregunta surge de forma automática: ¿Cómo es posible que el propio Hijo de Dios, ser divino, no supiese cuándo iba a llegar el fin del mundo?. Es lógico pensar que los ángeles no tengan conocimiento de ello, pero no Jesús, que es Dios.
Frases sorprendentes como las anteriores se pueden observar en otro lugar de los evangelios. Cuando se le pregunta si él es en verdad el Cristo, el Hijo del Bendito, responde: SÍ, YO SOY, Y VERÉIS AL HIJO DEL HOMBRE SENTADO A LA DIESTRA DEL PODER Y VENIR ENTRE LAS NUBES DEL CIELO. ¿Por qué predijo Jesús a los oyentes que le verían venir cuando en realidad ese hecho físico no se produjo?. No cabe duda que, desde el punto de vista histórico, la respuesta de Jesús se refería a su interlocutor, esto es, el sumo sacerdote, y que éste sería testigo, durante su vida, de la llegada física del Hijo del Hombre.
En su homilía se cita el zarpazo del terrorismo. El terrorismo no tiene rostro definido, aunque algunos han querido ponérselo. Y así, un “iluminado” del islam suní, salido de no se sabe dónde, se arroga un título político-religioso (califa) y actúa, no conviene olvidar, tanto contra los cristianos como contra musulmanes chiíes y sufíes. Poniendo a Dios como pretexto (y sustanciosamente ayudado económicamente), persigue poder y riqueza por medio de la extrema violencia, la devastación y el terror más sangriento. Nada nuevo. Almanzor ya hizo lo mismo en España durante varios años (desde el año 977 al 1002) aparentando una yihad, pero con fines de robar, saquear, y conquistar botín con el que luego paga a sus ejércitos. De él, en la Crónica Silense, del siglo XII, se dice: DESPUÉS DE MUCHAS Y HORRIBLES MATANZAS DE CRISTIANOS, FUE ARREBATADO EN MEDINACELI, GRAN CIUDAD, POR EL DEMONIO, QUE LE HABÍA POSEÍDO EN VIDA, Y SEPULTADO EN EL INFIERNO. El paralelismo con lo que padecemos actualmente es evidente.
PAZ Y BIEN.
Saludos. Juan José.

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