viernes, 4 de diciembre de 2015

747. Domingo II Adviento C – Preparad el camino, discernid desde la fe


Homilía para el segundo Domingo de Adviento, ciclo C
Lc 3,1-6

Texto evangélico
1 En el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanio tetrarca de Abilene, 2 bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
«Voz del que grita en el desierto: 
Preparad el camino del Señor, 
allanad sus senderos;
 5 los valles serán rellenados, 
los montes y colinas serán rebajados; 
lo torcido será enderezado, 
lo escabroso será camino llano.
 6 Y toda carne verá la salvación de Dios».

Hermanos:
1. En Adviento el Evangelio del segundo domingo está siempre dedicado a Juan el Bautista, a la predicación de Juan el Bautista. También el domingo tercero gira en torno al mensaje que anuncia el Bautista.
¿Cómo es la predicación de Juan el Bautista? Es una predicación moral, ciertamente; pero antes que todo es una predicación teológica. El contenido de la predicación de Juan es, por encima de todo, el anuncio de una persona que llega, que es el Mesías, el acontecimiento del Mesías que está a la puerta. Esto no es nada moral; es superior a la moral.
Juan está anunciando que se cumplen las profecías. Está diciendo que toda carne verá la salvación, Juan está anunciando a Dios, que es el anuncio y la palabra suprema que necesita el hombre.
Debemos tenerlo muy en cuenta los predicadores para no confundirnos. Los predicadores debemos anunciar, ante todo, la presencia de Dios en medio de nosotros. El mejor anuncio que puede recibir una persona en este mundo es este: Dios está presente en tu vida, aunque no lo veas; Dios está contigo; Dios está de tu parte, Dios te ama de un modo incondicional, Dios ha enviado a su Hijo por ti, aunque lo crucifiques.

2. Este es el mensaje teológico, raíz de toda la predicación cristiana, desde san Pablo y los apóstoles hasta hoy. Pero este mismo mensaje está diciendo a gritos. Si Dios viene a ti, sal a su encuentro y prepárale el camino. La imagen de Isaías, que ha recogido el Bautista, es muy hermosa: Ya vienen los cautivos de la lejana Babilonia, tienen que cruzar montañas y desiertos. Viene Dios triunfador, como un guerrero que vuelve de la conquista, preparadle una calzada de gloria, que las montañas se tumben y se alcen las barrancas: hay que construir una gran calzada para el triunfo de Dios.

3. Se trata, pues, de preparar el camino a Dios, y no solo cada uno en la intimidad de su corazón sino todos como comunidad de los hijos de Dios. Y de esto habla san Pablo en la carta que hoy leemos, a los Filipenses.

8 Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. 9 Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad 10 para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, 11 cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.
Este es un pasaje extraordinario del Nuevo Testamento en el cual se nos enseña qué es el discernimiento espiritual en una comunidad cristiana. San Ignacio de Loyola escribió un pequeño libro guía espiritual. Son los Ejercicios Espirituales, fruto de su experiencia personal y del contacto con las gentes que van en busca de Dios. El discernimiento espiritual es la joya de los Ejercicios.
San Pablo quiere que la comunidad crezca, que vaya de bien en mejor. Es el crecimiento en el amor; solo desde el amor se puede percibir la verdad de Cristo, y la voluntad concreta de lo que quiere para nosotros. Penetración, sensibilidad, aprecio de valores son palabras que intentan traducir las expresiones sutiles que emplea el apóstol para decirles a los cristianos qué delicado es el camino de Dios y cómo debemos estar unidos en oración y amor para saber qué es lo mejor, que es el ideal que busca la comunidad de discípulos.
 En estos tiempos recientes se ha discutidos en el parlamento asuntos tan graves como el aborto en España y estos días acá en México la legalización de la marihuana. El criterio inmediato, el que parece imponerse de sí es el oportunismo político: lo que quiera la mayoría se vota y adelante. La mayoría, por ser mayoría no tiene la razón. Puede tenerla o no tenerla.

4. El cristiano está llamado al discernimiento, y no solo en su comunidad cristiana, sino también en la marcha del mundo. Dos temas he mencionado: aborto y narcotráfico; otro tema que arde al rojo vivo: el terrorismo, la defensa y protección frente al terrorismo. El castigo no es lo mismo que la venganza.
Sobre estos puntos todo cristiano tiene derecho a opinar, y su opinión, libre y fundada, no puede quedar supeditada a los avatares de la política. Desde la fe, desde la filosofía de la existencia que me he forjado, yo puedo proclamar que la vida humana tiene un valor absoluto, no condicionado por ningún partido, por la alternancia de partidos y gobiernos.
Discernir es entrar en la búsqueda de la verdad, observando cómo Dios actúa cuando yo me pongo de cara a él. Discernir es preparar el camino al Dios de la Historia que se hace presente entre nosotros, cuya presencia ha de culminar un día con el reconocimiento universal del Hijo de Dios.

5. Un discernimiento personal individual me puede llevar a cosas sencillas y operativas tan inmediatas como esta: hacer una buena confesión en Adviento, antes de Navidad.
Pero el discernimiento puede tener también otro alcance; discernimiento de hombre público, discernimiento de la comunidad cristiana, que ora, discute y se pronuncia.
El Adviento nos invita al discernimiento.

6. Concluyo: Los textos del Adviento son muy bellos y variados y todos están impregnado de una gran esperanza. Es la esperanza de la salvación que el Dios del amor y la ternura nos ofrecen.
Señor Jesucristo, luz de las naciones, levanta nuestros corazones con la esperanza, con la alegría que da fuerzas para vivir, y abre nuestros ojos para ver el mudno como tú lo ves, con esa clarividencia que ilumina, que juzga y que salva. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes, 4 diciembre 2015


1 comentarios:

Anónimo dijo...

Después de leer su estupenda homilía, sólo se puede realizar una corta reflexión.
Comencemos por decir que esta traducción del texto evangélico se podría decir que es “libre”: “EN EL AÑO DECIMOQUINTO DEL IMPERIO DEL EMPERADOR”. La frase no traduce exactamente el texto de la Vulgata: ANNO AUTEM QUINTODECIMO IMPERII TIBERII CAESARIS: El el año decimoquinto del imperio de Tiberio César.
El evangelista san Lucas empieza dando datos históricos a fin de ubicar, dentro de la historicidad, hechos relacionados con la vida de Jesús. En esta ocasión, al establecer el momento del bautismo de Jesús, dice que se produjo durante el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, lo que nos sitúa en el año 29 d.C., es decir, que Jesús tendría, como mínimo, 33 o 34 años, habida cuenta de que nació antes de la muerte del rey Herodes el Grande (4 a.C.). También el evangelista nos informa acerca de los personajes que en aquellos momentos gobernaban aquellas tierras en nombre de Roma, aunque, salvo en lo referente a Pilatos, que da nombre completo, a los demás les nombra de forma incompleta. Poncio Pilatos: prefecto de Judea; Herodes Antipas: tetrarca de Galilea y Perea; Herodes Filipo II: tetrarca de Iturea y Traconite, y Lisanias: tetrarca de Abilinia. Herodes I el Grande había gobernado todas esas tierras, con el título de rey cliente otorgado por Augusto, pues eran territorios del imperio romano. Ahora son simples “virreyes” los que gobiernan esas tierras divididas en “tetrarquías”.
Juan Bautista se retira al desierto para escuchar la palabra de Dios y luego gritarla a los cuatro vientos desde las riberas del Jordán. Predica la conversión y arrepentimiento. Bautiza a los arrepentidos como principio de un cambio de comportamiento. Es, como más tarde afirmaría Jesús, la reencarnación del profeta Elías que vuelve cuando se cumplen los tiempos mesiánicos. San Lucas nos presenta a Juan Bautista con estilo profético, resaltando así el contraste entre la solidez institucional, política y religiosa del momento, con la sencillez austera y el silencio del desierto, marcando el ocaso del tiempo de Israel, y preparando el de la comunidad que llegará hasta el final de los tiempos y que inaugura Jesús. La Ley y los profetas llegan hasta Juan, a partir de ahí se anuncia el Reino de Dios. Este anuncio de Juan, evocador del éxodo de Israel, es una invitación a romper con la esclavitud del pecado y abrazar la libertad del perdón. No supone un cambio institucional todavía, pero sí una ruptura con lo anterior. Juan la expresa con el bautismo: la muerte a un estilo de vida y el renacer a una vida nueva.
Es tiempo de preparación, de cambio de actitud, de apertura a lo nuevo, de nueva esperanza y, sobre todo, de buscar en las manifestaciones y los signos que acompañan esa nueva vida que se invita a vivir.
Saludos. Juan José.

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