miércoles, 9 de diciembre de 2015

751. Retiro de Adviento 2015 - El Adviento de Dios


Retiro de Adviento 2015

El Adviento de Dios 

Nota de envío
Al redactar estas notas, prolijas (con muchos elementos ilustrativos y didácticos), pienso en personas cultivadas en Sagrada Escritura y liturgia, que les puedan servir como soporte, como simple referencia, para la contemplación. Pienso, sobre todo, en las personas que sencillamente buscan a Dios con pureza de corazón. Para ellas, no la Academia, sino la Ciencia del Amor es transparente. Según los participantes (un Seminario, por ejemplo) tomaría unos párrafos y saltaría otros.


Plan del retiro:
En Este retiro, enmarcado en una amplia introducción y en una conclusión, tiene la siguiente estructura:

0. Introducción. La hermosura del Adviento
I. El Adviento de la Iglesia: celebración y espiritualidad del Adviento desde los textos litúrgicos de la misa y de la Liturgia de las Horas.
II. El Adviento de Jesús, raíz del Adviento: Cómo vivió su vida  Jesús como Adviento de Dios y cómo anunció este Adviento predicando la llegada del Reino.
III. El Adviento de la Virgen María: María en la Encarnación punto de convergencia del Adviento.
IV. El Adviento del Padre y del Espíritu Santo: Al eco de la bula Misericordiae vultus.
00. Conclusión: Mi Adviento


INTRODUCCIÓN
La hermosura del Adviento

El Adviento es la vivencia integral del misterio de Cristo desde la Encarnación a la Parusía, acentuando precisamente estos dos aspectos “Encarnación” y “Parusía”, que se actualizan en el hoy de la Iglesia  en el mundo.

1. Hermosura

Podemos apreciar la hermosura del Adviento en múltiples aspectos que saltan a los ojos y que ejercen una misteriosa fascinación

1. El Adviento es el estreno del nuevo tiempo litúrgico. Todo estreno marca una “novedad”, que al instante engendra una nueva ilusión y esperanza. Cuando algo comienza no renunciamos al pasado, pero queremos “recrear” el presente como algo superior a lo que ya pasó.
Lo nuevo produce un desafío y desata las fuerzas ocultas de la creatividad. La Pascua es la repristinación del mundo, como lo indica el primer rito de la santa Vigilia., el Fuego nuevo, que sale de la roca pedernal. El Adviento es el primer acercamiento a la novedad inexhausta de la Liturgia, sacramento envolvente del cristiano, fuego de Dios.
“Mistagogía” es una palabra reservada para los eventos pascuales y en especial para todo lo que acontece en la primera semana, celebrada toda ella como un domingo. Desde allí toda la liturgia tiene un carácter mistagógico: iniciación vivencial al Misterio. El Misterio de que hablamos es la apertura de Dios  sus hijos que Él ha creado.

2. El Adviento es primavera y poesía de la Iglesia. Esta novedad que hemos percibido da un perfume primaveral al Adviento, que se nos presenta como el Jardín de la Esperanza. Si la Cuaresma es tiempo de amores en el desierto (Recuerdo tu cariño juvenil, | el amor que me tenías de novia, | cuando ibas tras de mí por el desierto… Jer 2,2), el Adviento tiene “el anhelo” del amor que ansía, que le hace más bello que la Cuaresma. Todo el Adviento está cubierto de una lluvia de pétalos. Los textos de promesas son los más abundantes.  Sin ser una enamorado…, una enamorada… ¿quién entenderá el Adviento…?
Lástima, hoy el Adviento en la Liturgia está carente de mucha poesía. Nosotros la debemos ir creando desde la efusión del corazón que sabe qué es el dulce tormento de la espera.
(Comedidamente invitamos al lector a acudir al Himnario colocado en mercaba.org para los distintos tiempos litúrgicos; ahora, en concreto, para el Tiempo de Adviento)

3. El Adviento es la armonía de la liturgia en cuando a uso de la Escritura con “corazón escuchante” (leb shomea’, 1Re 3,9). La liturgia es vivencia sacramental de un misterio total, en el que vibran tres dimensiones: rememorativa de una Historia (pasado), actualizadora de esa gracia del Hoy de Dios (presente), pronosticadora del futuro, del triunfo de Dios (escatología). El Adviento evidencia de modo llamativo a ese nuestro Dios, amante y todopoderoso, anunciado por Juan a las Siete Iglesias como “El que es, el que era y el que ha de venir” (Ap 1,4).


2. Invitación

Apenas comenzado el Adviento, que se abre con las primeras Vísperas del primer domingo de Adviento, en el oficio de lectura – tantas veces rezados como Maitines en Vigilia nocturna – nos encontramos con este “invitatorio dramatizado” para entrar en la experiencia divina del Adviento. He aquí, poético y exultante, el responsorio más largo que se encuentra en el libro de la Liturgia de las Horas.

Cantor. Mirando a lo lejos, | veo venir el poder de Dios | y una niebla que cubre la tierra. | Salid a su encuentro y decidle: | «Dinos si eres tú | el que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»
Pueblo. Plebeyos y nobles, ricos y pobres. |
Cantor. Salid a su encuentro y decidle: | «Dinos si eres tú  | el que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»
Pueblo. Pastor de Israel, escucha, | tú que guías a José como un rebaño.
Cantor. «Dinos si eres tú | el que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»
Pueblo. ¡Portones!, alzad los dinteles, | que se alcen las antiguas compuertas: | va a entrar el Rey de la gloria.
Cantor. El que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»

Este responsorio es bandera del Adviento escrito con aire dramático y cinegético. El Adviento está dentro de una “Historia de salvación” (Historia salutis) que se hizo, se hace y se hará.

3. Precauciones

1. En la sociedad no existe el Adviento como fenómeno social; sí, en cambio, la “Navidad trucada”, que ocupa todas las semanas de Adviento. Esto salta a la vista en cualquier área comercial: lucecitas de colores que se encienden y se apagan, muñecos alusivos, árbol de Navidad, también el mismo belén como reclamo decorativo y comercial, música de fondo con villancicos… Vivir la Navidad antes de la Navidad va en perjuicio tanto de la Navidad como del Adviento. Pueden ser que las Felicitaciones de Navidad nos agobien…, y esto carga el Adviento.

2. Si en nuestras casas no existe tal comercialización, sí que podemos ser víctimas de ciertas mezclas que nos dan un sentido ambiguo del Adviento. Por las circunstancias que se imponen o que creamos: cenas de Navidad antes de Navidad por motivo de despedidas, de vacaciones, de fin de semestre…; decoraciones de la casa antes de tiempo, incluido el belén, el árbol de Navidad; pastorelas antes de Navidad (por cierta presión externa), incluido el trabajo de preparación que conllevan…; acaso el carácter de ciertas “posadas” que de sí es un modo muy delicado y popular para la espiritualidad del Adviento…
En nuestras casas de estudio, un peligro apremiante puede ser la realidad de exámenes y trabajos que se acumulan por estas fechas de fin de semestre (aquí en México), largas desveladas con merma de la oración, preparativos de vacaciones…
Puede llegar la Navidad, y al segundo día queda desinflada, como si dijéramos: la Fiesta, tan preparada y preparada, ya ha pasado, lo cual deja un cierto poso de frustración.
El sentido íntimo del Adviento no es el de ser “un doble” paralelo de la Cuaresma, pero sí tiene una cierta austeridad (los ornamentos son morados, no se dice “Gloria”) que ha de estar ungida de silencio – en algunos momentos, acaso también de desierto o “retiro” – que se ve amenazada por nuestros afanes festivos.
Por otra parte, si no cultivamos una selección de cantos el Adviento puede decaer en músicas carentes de valor y de contenido… De hecho, el Adviento hasta hoy es bastante pobre es expresiones poético-musicales.


I
EL ADVIENTO DE LA IGLESIA
Celebración y espiritualidad del Adviento desde los textos
litúrgicos de la misa y de la Liturgia de las Horas


1. Guía: primer armazón del Adviento en dos partes

Una Guía muy buena la encontraremos en el “Calendario litúrgico-pastoral 2015-2016. Jubileo Extraordinario de la Misericordia”, editado por la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica. Las introducciones fueron redactadas en su día principalmente por el liturgista Pedro Farnés. Las explicaciones se dividen en dos partes:
- Primera parte del tiempo de Adviento: hasta el día 16 de diciembre (pp. 26-32).
- Segunda parte del tiempo de Adviento. Ferias mayores (pp. 37-38).

2. Configuración litúrgica del Adviento como “tiempo de salvación”

En la configuración de la Liturgia podemos ver estos “momentos internos” de especificación del misterio:
1.  Al principio fue el Domingo, la Pascua semanal. El Domingo es la “fiesta primordial a la que nada se le puede anteponer”.
2.  Del Domingo nació la Pascua anual prolongada por 50 días.
3.  De la Pascua nació la Cuaresma para la Pascua, pues no hay Pascua sin Cuaresma ni tampoco Cuaresma sin Pascua.
4.  Del MISTERIO PASCUAL, forma de entender el misterio de Jesús en su integridad, nació la forma de celebrar el MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN, misterio integral de Jesús, pues la Encarnación concluye en la Parusía. (Los evangelios de la Infancia son: “La Infancia de Jesús Resucitado”. El Niño de Belén es Jesús Resucitado. Las fajas del Niño de la Cuna son, en Oriente, las vendas de Jesús puesto en el sepulcro de la Resurrección; la cuna, en ocasiones, imagen de la tumba).
5. Del ciclo pascual nació, con el paso del tiempo, el ciclo navideño, que es una forma de vivir el misterio pascual.
6.  Adviento (Adventus, llegada), Navidad (Nativitas, nacimiento), Epifanía (Epiphaneia, manifestación), tres palabras distintas que aluden al mismo misterio de la Encarnación: la llegada, el nacimiento, la manifestación de Dios.
7. En la renovación posconciliar de la Liturgia, se llega a exponer de esta manera el sentido y la espiritualidad del Adviento, texto didáctico para saber conducirnos por las rutas de este tiempo:
“V. El tiempo de Adviento. El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas  universales sobre el año litúrgico y el nuevo calendario romano general, 39).
La Cristología es el eje del Adviento, y tras la Cristología la Trinidad.

3. Variedad florida de los elementos de Adviento

Hicimos notar esa especie de “Pregón de Adviento” en el primer responsorio de este tiempo.
De los tiempos de mi infancia a hoy un elemento que antes no existía y que venido de Centroeuropa ha cobrado más y más legitimidad, integrándolo dentro de la celebración litúrgica, ha sido el de la Corona de Adviento (Véase Calendario citado, pág. 30).
La liturgia de Adviento es rica y variadísima. Podemos anotar elementos, como simples indicadores para prestar la debida atención, personal y comunitaria, en nuestras celebraciones:
ü La celebración de la Eucaristía en Adviento. Curso de lecturas y oraciones y Prefacios
ü La celebración del Oficio de lectura en Adviento
o   El doble ciclo de lecturas
o   La patrística de Adviento
ü Las antífonas de Adviento: antífonas tomadas de la Sagrada Escritura, con frecuencia retocadas con un suave toque que les da el sentido específico para Adviento, según la tradición.
ü El silencio del “Gloria” en Adviento
ü La estructura de las antífonas de la “O” merece un estudio específico: Son antífonas vesperales, cristológicas, en las cuales admiramos y contemplamos radiante el misterio de la Encarnación al cantar las Vísperas. La música es de una belleza que extasía. No podemos perder estos tesoros.
ü Peculiaridades: Cómo se componen las preces: A quién van dirigidas | Dos ciclos para Laudes | Dos ciclos para Vísperas | Qué se pide en estas preces | Cuál ha de ser nuestra identificación con las preces | Qué función cumplen las antífonas

4. Primacía de las lecturas

El mensaje del Adviento lo percibe la Iglesia, sobre todo, en al escucha de la Palabra de Dios. Cómo ejemplo más destacado véase el ritmo de los cuatro domingos de Adviento. Esto supone una novedad absoluta si se sabe que en el Misal anterior al Concilio (edición de 1962) los cuatro domingos de Adviento son iguales todos los años y no tienen tres lecturas, sino dos: el Evangelio y la lectura que precede.
Los tres años litúrgicos A, B, C que van girando sucesivamente  tiene en Adviento las mismas secuencias para los cuatro domingos, tomando cada año textos diferentes en la lecturas: la primera es casi siempre Isaías (en ABC), la segunda es casi siempre San Pablo (en ABC) y la tercera un evangelista (Mateo en A, Marcos en B y Lucas en C). He aquí las perspectivas dominantes:

Primer domingo: Viene el Señor. Visión final de la historia: ¡Velad!
Año A - Isaías 2,1-5; Salmo 121 1-8; Romanos 13, 11-14a; Mt. 24, 37-44.
Año B - Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 4; 1 Corintios 1,3-9; Mc. 13, 33-37.
Año C - Jeremías 33, 14-16; Salmo 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14; 1 Tesalonicenses 3, 12- 4,2; Lc. 21, 25-28, 34-36.

Segundo domingo: Juan el Precursor. El mensaje de Juan: Preparad el camino del Señor.
Año A - Isaías 11,1-10; Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17; Romanos 15, 4-9; Mt. 3, 1-12.
Año B -. Isaías 40, 1-5. 9-11; Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 8; 2 Pedro 3, 8-14; Mc. 1,1-8.
Año C - Baruc 5,1-9; Salmo 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6; Filipenses 1,4-6.8-11; Lc. 3,1-6.

Tercer domingo: Los tiempos mesiánicos. Las promesas de los profetas para los tiempos mesiánicos y cómo las ha realizado en el Evangelio Jesús, el Mesías.
Año A – Isaías 35, 1-6a 10; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10; Santiago 5, 7-10; Mt. 11, 2-11.
Año B – Isaías 61, 1-2a. 10-11; Lc. 1, 46-48. 49-50. 53-54; 1 Tesalonicenses 5,16-24; Jn. 1, 6-8.19-28.
Año C -  Sofonías 3,14-18; Isaías 12,2-3. 4bcd. 5-6; Filipenses 4,4-7; Lc. 3,10-18.     

Cuarto domingo: El misterio de la Encarnación; la presencia de la Virgen María en el Adviento.

Año A - Isaías 7, 10-14; Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6; Romanos 1, 1-7; Mt. 1, 18-24.
Año B - 2 Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16; Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29; Romanos 16,25-27; Lc. 1,26-38.
Año C - Miqueas 5,1-4; Salmo 79, 2ac y 3c. 15-16. 18-19; Hebreos 10, 5-10; Lc. 1,39-46


II
EL ADVIENTO DE JESÚS, RAÍZ DEL ADVIENTO
Cómo vivió su vida  Jesús como Adviento de Dios
y cómo anunció este Adviento predicando la llegada del Reino.


1. El Adviento de Jesús se nos revela en la Pasión

El punto supremo de la vida de Jesús se decide en al declaración absoluta que le lleva a la muerte. “Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?». Jesús contestó: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo». El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? 64 Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte” (Mc 14,61-64). Esta ha sido la esperanza de Jesús; esta ha sido su suprema identificación. En él se cumple el oráculo del Señor a mi Señor, sentado a la derecha de Dios (Sal 110), en él está el Hijo del hombre que viene sobre las nubes del cielo (Dan 7).
Este es el remate de la vida de Jesús y con esta declaración es crucificado y pasa a la eternidad.
Esta ha sido su esperanza; para esto había vivido.


2. La declaración ante el sanedrín Explica el discurso escatológico de Jesús
De la declaración ante el Sanedrín podemos retrotraernos a los días precedentes de la semana última, la Semana Santa.
Jesús se ha entendido a sí mismo en estrechísima unión con el Padre. Sin el Padre él sería nada. Con el Padre él es todo, incluso “igual al padre”.
Jesús ha visto que la Historia humana termina en Dios y no va a la deriva. Dios la ha divinizado desde la creación y la Historia camina a Dios. Pero es consciente de un cataclismo que nos supera. He aquí la síntesis que Jesús nos ha hecho:
“En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo” (Mc 13,24-27).
En el fondo el sentido trasparece:
- Dios ha de triunfar en el balance final de la Historia.
- el triunfo de Dios es el triunfo del Jesús de la Historia.
- Y con Jesús el triunfo de los elegidos de todos los lugares e implícitamente de todos los tiempos.

3. La conciencia escatológica de Jesús nos da la clave para entender el Padre nuestros

La oración de Jesús no da la ecuación de su mensaje.
«Cuando oréis, decid:
Padre, santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
danos cada día nuestro pan cotidiano,
perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
y no nos dejes caer en tentación”» (Lc 11,2-4).

Bien se puede apreciar cómo la oración de Jesús gira en torno a dos polos, igual en la versión de Lucas que en la de Mateo, si bien una es más breve que otra: la santidad y reino de Dios, que recoge la primera parte;  las necesidades del discípulo que ora, que son el pan y el perdón, bajo la perspectica escatológica: la salvación final, en la gran convulsión, en al gran tentación que precede al fin.
Y la palabra más importante, la que da sentido a toda la vivencia: PADRE.
Jesús ora desde lo que está viviendo, y eso lo comparte a sus discípulos.
Pide que Dios sea el agente glorioso de su propia historia; que Dios, el Padre, manifieste su santidad y su Reino. En consecuencia Jesús se introduce en el reino que anuncia, y que esto sea ya realidad en la tierra.
La oración de Jesús, como ningún  texto, sintetiza el Evangelio, que es el Adviento de Dios con el perdón plenario. Entrar en la oración de Jesús es entrar en el secreto más profundo e íntimo de su existencia-


4. El Adviento de Jesús, clave de mi vida que la entiendo como Adviento de Dios en mí, anhelo de inmortalidad

1. Efectivamente, a medida que penetro en la vida de Jesús, secreto que excede a la misma capacidad comunicadora del Evangelio, intuyo que su experiencia única – no asequible por vía histórica ni psicológica – ha tenido que ser esa:
- una esperanza teológica de carácter escatológico,
- que se traduce, pro de pronto, como una tarea profética que cumplir ya desde ahora.
Su tarea ha comenzado creando una Comunidad en torno así, signo del mundo nuevo que viene, que su Padre Dios quiere instaurar en esta tierra. ¿hasta dónde llegará? Dios lo sabe.
Desde esta perspectiva que estamos contemplando digamos que Jesús como sacramento adventual de Dios, que proclama: Dios ha llegado a Jesús, vida de su vida; Dios llega a mí desde Jesús.

2. Bajo hasta el fondo de mi corazón para descubrir los anhelos de que esto amasado. ¿Cuáles son? No tienen límite, porque, al final, quitada toda costra de vanidad, entendidos en su raíz más pura, todos confinan con Dios. Ser como Dios es el anhelo adámico, desenfocado por no haber visto que Dios, como Padre, anhela para mí infinitamente más y mejor de lo que yo anhelo.
Hay una riada de anhelos que se justifican porque, al leer la Escritura (el salterio es el Libro de nuestros anhelos), los veo sustentados en una promesa: “«Se puso junto a mí: lo libraré; | lo protegeré porque conoce mi nombre; | me invocará y lo escucharé. | Con él estaré en la tribulación, | lo defenderé, lo glorificaré, | lo saciaré de largos días | y le haré ver mi salvación» (Sal 91,14-16).

3. Mi anhelo es el anhelo de buscar a Dios, y ser en él algo muy distinto de lo que soy, ser divino. Que mi felicidad no dependa de los vaivenes de la fortuna o de las personas; que no esté condicionada ni por mis propias capacidades, ni por ninguna oportunidad que se les dé para expandirse.  El éxito de mi existencia, valorado por los baremos humanos no es ese, sin más el logro de mi existencia. Mi logro, mi único logro es “ser en Cristo Jesús”. El apostolado de Pablo sería nada, si no fiera la mera proyección de ser, de estar “en Cristo Jesús”.

4. Este anhelo unitivo de Dios, inoculado en mí como forma sustancia de  mi ser, este anhelo de unión esponsal con Dios, reclama un anhelo de purificación.
Riada de anhelos, decíamos: anhelo de interioridad, anhelo de expansividad, anhelo de comunicabilidad, anhelo de significatividad, anhelo de ser profeta, de ser salvador, anhelo de comunidad como comunión y paz, como reconciliación.
En suma, y resumiendo todos: anhelo de identidad, ser yo, yo mismo (no otro distinto de mí) bajo la dulce presencia de Dios que envuelva todos los días de mi vida. Amar y ser amado, dijeron los sabios buscadores. Sí, amar y sentirse amado: ese es mi Adviento.


III
EL ADVIENTO DE LA VIRGEN MARÍA
María en la Encarnación punto de convergencia del Adviento.


1. Nuestro talante para entrar en el misterio de María

Si hemos hablado de la vida de Jesús como Adviento, paralelamente podemos decir que al vida de María de Nazaret, hija de Israel, es una vida que se ha de interpretar en el ámbito de las promesas hecha a Israel. María, la hija de Sión, es hija de las Profecía. La Iglesia ha tenido una querencia, a lo largo de siglos, para interpretar textos mesiánicos y sapienciales a favor de María, dado que ella es el paradigma de la Iglesia.
A María solo la podemos entender “evangélicamente”, es decir, desde la  perspectiva de los Evangelio. Los Evangelio de la Infancia, sede principal de los textos marianos, son el Evangelio del Niño que fue Cristo Resucitado; son una retrospección del misterio de Cristo Resucitado a ese origen donde se enlaza el Antiguo con el Nuevo Testamento. Por lo tanto, suma delicadeza para sacar conclusiones de tipo críticamente histórico…
La liturgia clásica, al hablar de María, gira en torno a dos datos que son la clave de su figura: maternidad y virginidad. Transmitidas por la Escritura son verdades que ala asumimos sencillamente como verdades de fe del misterio de María.
De ahí fácilmente se ha pasado a una tipo de mariología “maximalista”, que la mentalidad de hoy se resiste a aceptar. Léase un párrafo muy bello de las 19 Oraciones de san Anselmo (siglo XII), doctor de la Iglesia, tomado como lectura eclesiástica para la solemnidad de la Inmaculada. Uno queda deslumbrado ante esa especie de fantasía espiritual en alas del amor. Se ve, se admira, se contempla el misterio de María en alas del amor. Ahora bien, si uno desecha ese tipo de mariología por esa exaltación deificante de una criatura ¿no pondría la misma dificultad al párrafo que el papa Francisco – ajeno a todo angelismo – dedica a María como “Madre de la creación” en la encíclica Laudato sii…”?
Otros empalman con María a través de la figura de “pobre de Yahveh”…, o de los anawim…, que la exégesis de tiempos recientes ha puesto tan de moda.
En realidad, no hay módulos que se puedan imponer de modo excluyente. Seamos discretos, y que desde una fe adulta, el Espíritu actúe en cada uno según se beneplácito.
Lo que importa es que yo, desde al madurez de mi fe, acoja a María en el centro del Adviento. Escuchemos el sentir de la Iglesia, expuesto de un modo cualificado por el papa Beato Pablo VI.


2. Adviento, tiempo de la Virgen María

La exhortación apostólica de Pablo VI “Marialis cultus” (2 febrero 1974), documento clave para entender el sentido del culto a la Virgen en la Iglesia expresa así el sentido mariano del Adviento.

“3.  Así, durante el tiempo de Adviento la Liturgia recuerda frecuentemente a la Santísima Virgen - aparte la solemnidad del día 8 de diciembre, en que se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de María, la preparación radical (cf. Is 11, 1.10) a la venida del Salvador y el feliz exordio de la Iglesia sin mancha ni arruga (11), sobre todos los días feriales del 17 al 24 de diciembre y, más concretamente, el domingo anterior a la Navidad, en que hace resonar antiguas voces proféticas sobre la Virgen Madre y el Mesías (12), y se leen episodios evangélicos relativos al nacimiento inminente de Cristo y del Precursor (13).
4. De este modo, los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo (14), se sentirán animados a tomarla como modelos y a prepararse, «vigilantes en la oración y... jubilosos en la alabanza» (15), para salir al encuentro del Salvador que viene. Queremos, además, observar cómo en la Liturgia de Adviento, uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio cultual, que puede ser tomado como norma para impedir toda tendencia a separar, como ha ocurrido a veces en algunas formas de piedad popular el culto a la Virgen de su necesario punto de referencia: Cristo.
Resulta así que este periodo, como han observado los especialistas en liturgia, debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor: orientación que confirmamos y deseamos ver acogida y seguida en todas partes.

11. Cf. Missale Romanum ex Decr. Sacr. Oec. Conc. Vat II instauratum, auctoritate Pauli PP. VI promulgatum, de. Typica, MCMLXX, di 8 Decembris, Praefatio.
12. Missale Romanum ex Decr. Sacr. Oec. Conc. Vat II instauratum auctoritate Pauli PP. VI promulgatum. Ordo Lectionum Missae, de. Typica, MCMLXIX, p. 8: Lectio I (Anno A: Is 7,10-14: «Ecce Virgo concipiet»; Anno B: 2 Sam 7,1-5, 8b-11, 16: «Regnum David erit usque in aeternum ante faciem Domini»; Anno C: Mich 5,2-5a (Hebr. 1-4a): «Ex te egredietur dominator in Israel»).
13. Ibid, p.8: Evangelium (Anno A; Mt 1,18-24: «Iesus nascetur de Mara, desponsata Ioseph, fili David»; Anno B: LC 1,26-38: «Ecce concipies in utero et paries filium»; Anno C: Lc 1,39-45: «Unde hoc mihi ut veniat mater Domini mei ad me?»).
14. Cf. Missale Romanum, Praefatio de Adventu, II.
15. Missale Romanum, Ibid.


3. Los momentos marianos de Adviento

Veamos más en detalle ese tejido mariano con que está compuesto el tiempo de Adviento, sin entrar a desmenuzar cada punto.

1.  Antífonas y lecturas del oficio divino, en las horas principales.
2.  Antífonas, en las Horas de Tercia, Sexta y Nona, las mismas durante todo el Adviento, que dan el fondo mariano al rezo de los tres salmos.
3.  La gran solemnidad de la Inmaculada Concepción
4.  La Virgen de Guadalupe. Con toda la riqueza espiritual que encierra, empezando por una interpretación correcta del bello poema Nican Mopohua. El Misal Romano, en la versión para México de la Editio tertia Typica (2000), realizada el 2013 ha privilegiado a la Virgen de Guadalupe con distintas misas y múltiples prefacios.
5.  Las Misas de la Virgen [1986] con 46 formularios, tres de ellos específicamente para el Adviento:
- La Virgen María, estirpe escogida de Israel.
- La Virgen María en la Anunciación del Señor.
- Visitación de la bienaventurada Virgen María.
6.  Las Posadas (comienzo: 16 diciembre).
7.  Las misas de las “ferias privilegiadas” (día 17).
8.  La Virgen de la Expectación del parto, o Virgen de la Esperanza, o Virgen de la O (de las antífonas de la O): 18 de diciembre.

«Porque en el día en que el ángel comunicó a la Virgen la concepción del Verbo, no se puede celebrar este misterio dignamente, a causa de las tristezas de la Cuaresma o las alegrías pascuales, que con frecuencia coinciden con él, declaramos y mandamos que el octavo día antes del nacimiento del Señor se consagre con toda solemnidad al honor de su Madre. De esta manera, así como la Natividad del Hijo se celebra durante ocho días seguidos, del mismo modo podrá tener también una octava la festividad sagrada de María” (Diciembre del año 656, X Concilio de Toledo).

9.  El IV domingo de Adviento
10.         El Ángelus en Adviento
11.         La imagen de María en Adviento


4. Un poema para María

Nos place agregar  este retiro un poema que en días pasados subíamos a Internet para honrar a la Virgen María en la fiesta de la Inmaculada Concepción, cuando con la apertura de la Puerta Santa se iniciaba el Año de la Misericordia. Puerta de Misericordia | Puerta del cielo, María.
“El Año Santo se abrirá el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción. Esta fiesta litúrgica indica el modo de obrar de Dios desde los albores de nuestra historia. Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso dejar la humanidad en soledad y a merced del mal. Por esto pensó y quiso a María santa e inmaculada en el amor (cfr Ef 1,4), para que fuese la Madre del Redentor del hombre. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona. En la fiesta de la Inmaculada Concepción tendré la alegría de abrir la Puerta Santa. En esta ocasión será una Puerta de la Misericordia, a través de la cual cualquiera que entrará podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza” (Misericordiae vultus, 3).

1. Puerta de Misericordia,
Puerta del cielo, María,
en tu pura concepción,
Dios santo resplandecía.

2. Elegida en el amado,
y de la Iglesia primicia,
la pura gracia del Hijo
toda hermosa te cubría.

3. Ya muy antes del pecado
eras suya y su delicia,
Madre y Esposa del Verbo,
que todo amor contenía.

4. Y si el pecado manchara
la gracia lo vencería,
tú eres, virgen nazarena,
el Sí que de Dios nacía.

5. Hija del Hijo e imagen
del Dios trino que se abría,
de la fe del Evangelio
fuiste y eres recta vía.

6. Cantamos Misericordia,
que es la sublime alegría,
por María inmaculada,
fanal de la Parusía.

7. Adoración y alabanza
a Dios amor, a Dios vida,
al Padre, al Hijo, al Espíritu
por la Virgen elegida. Amén.

7 diciembre 2015, en la memoria de san Ambrosio


IV
EL ADVIENTO DEL PADRE Y DEL ESPÍRITU SANTO:
Al eco de la bula “Misericordiae vultus”

1. Aquí se trata de tomar la bula en propias manos – en una edición impresa de uso personal – y entrar bajo la guía del Espíritu.  Este contacto con el texto no lo suple ninguna reflexión, ninguna iluminación exterior.

2. Se trata de un texto vivo y personal, gestado por uno mismo, que resume su forma específica de ser este Papa. Un texto que, si ha tenido asesores t revisores de confianza, no obstante se siente que es un texto de él, síntesis y reflejo de vida, que seguramente ha brotado en la oración. Un texto, por otra parte, escrito como pastor de la Iglesia y en signo de unidad cristiana.

3. ¿Cuál es el punto central? Sencillamente el querer infundir a la Iglesia que Dios es amor, y al decir “amor” decimos “misericordia”, una palabra que tiene la misma nobleza y calado que la palabra amor.
Esto es lo que trasfunde y traspira la bula. El exegeta y el teólogo se pregunta sin con esta voz dominante no mutilamos u olvidamos textos que están en la Escritura, y que son palabra de Jesús igual que los otros. En el Sermón de la montaña Jesús tiene estas palabras: Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos” (Mt 7,13-14). En la representación escénica del juicio (hipótesis de lo que podría pasar al que rechaza a Dios), dice: “Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mt 25,41).
Todo esto está pidiendo una exégesis de alto nivel interpretativo, porque es necesario dar una respuesta a estas frases rotundas que superan a las mismas condenaciones proféticas.

4. El problema queda ahí para la discusión teológica.
El papa no puede ignorar la seriedad gravísimas de situaciones que se están dado en oposición a Dios, el narcotráfico, por ejemplo, sin nombrarlo; habla igualmente de la corrupción: “Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida. Pienso en modo particular a los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es solo una ilusión. No llevamos el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad. La violencia usada para amasar fortunas que escurren sangre no convierte a nadie en poderoso ni inmortal. Para todos, tarde o temprano, llega el juicio de Dios al cual ninguno puede escapar. 
La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción. Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social. La corrupción impide mirar el futuro con esperanza porque con su prepotencia y avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres. Es un mal que se anida en gestos cotidianos para expandirse luego en escándalos públicos. La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder” (n. 19).

5. Pienso que solamente a través de la oración personal – más allá de todas las disquisiciones que hagamos, por ejemplo sobre los profetas – se puede llegar a comprender
- que Dios es misericordia,
- y, sobre todo, que Dios es misericordia para mí, pecador, y que desde al misericordia tengo yo la seguridad, el triunfo y la total esperanza. Se abre un mundo nuevo cuando yo he llegado a recibir, en humildad, esta revelación.

6. Por ello, el programa de la Iglesia, que debe impregnar toda su acción, es claro: “La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona” (n. 12)



CONCLUSIÓN
Mi Adviento

Se trata ahora de perfilar mi Adviento, como fruto de un encuentro en sinceridad, en profundidad, al contacto con la Palabra de Dios. Todo el esquema anterior puede deshacerse. Era una estructura de apoyo para utilizarla “tanto cuanto” me ayudara, nada más.

1. La dirección espiritual objetiva de la Iglesia la va marcando al Liturgia. Al cobijo de la liturgia, en esa comunidad invisible que son todos los hermanos de Cristo en la tierra, ¿cuál es la Palabra que llega hasta mí? Tengo que escucharla en lo hondo del corazón.
¿Siento que, efectivamente, lleno una dirección espiritual que la va marcando el Espíritu santo en mí? Y ¿cuál es mi fidelidad a esa guía del Espíritu? He aquí una promesa que oímos en la liturgia de Adviento: “Si te desvías a la derecha o a la izquierda, | tus oídos oirán una palabra a tus espaldas | que te dice: «Este es el camino, camina por él»” (Is 30,21).

2. El Adviento seguramente que me está pidiendo una celebración del sacramento de la penitencia, que puede ser la coronación de un retiro espiritual. El Ritual de la penitencia prevé una celebración en este tiempo oportuno.

3. El Adviento me confronta a mí mismo conmigo para bajar hasta el fondo de mis anhelos vocacionales
- Mi anhelo de intimidad y profundidad.
. Mi anhelo de contemplación.
- Mi anhelo de comunión.
- Mi anhelo de comunión con Jesús para hacer constantemente de él el Interlocutor de mi vida.

4. El Adviento me interroga sobre dos anhelos que determinan y configuran mi ser en la Iglesia: la fraternidad y los pobres
- El hermano que tengo junto a mí, compañero en mi casa, comensal en mi mesa.
- El pobre, los innumerables pobres de la tierra, signo fuerte de la presencia de Jesús.
La liturgia me guía: “El mismo Señor que entonces se nos mostrará lleno de gloria, viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera de su reino” (Prefacio III de Adviento)

Guadalajara, Jal., 9 diciembre 2015
Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.


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