viernes, 18 de diciembre de 2015

755. Domingo IV Adviento C – María, en la Visitación, nos abre al misterio de la Navidad


Homilía para el Domingo IV de Adviento, ciclo C
Lc 1,39-45

Texto evangélico:
39 En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo 42 y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44 Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Hermanos:
1. Todos los años el domingo anterior a la Navidad tiene un Evangelio dedicado a María. Y, aunque el recuerdo de la Virgen María es constante en las semanas de Adviento, este domingo es central. El misterio de la Encarnación va a realizarse en las entrañas de la Virgen María.
En correspondencia, luego de Navidad, aunque la referencia a la Madre es frecuente, hay también un día dedicado a ella: es el día de la octava, la solemnidad de santa María madre de Dios. “La Madre de Dios por quien se vive”, mensaje al indio Juan Diego como recordábamos hace unos días.
La escena de hoy es la escena de la Visita o visitación de la Virgen María a su prima Isabel, allí en la montaña de Judea, en el lugar llamado Aim Kharem. Es una escena llena de encanto y poesía. ¿En qué pensaba el escritor Lucas, hombre culto, al narrar esta escena?  Hay páginas diversas del Antiguo Testamento en las que podía pensar el escritor erudito y poeta.

2. Acaso pensaba en el Cantar de los cantares. Este “Cantar Divino” es un poemario de amor nupcial entre el amado y la amada. El amado es Dios; la amada la comunidad de Israel, a la que dirige sus requiebros. Hoy la primera lectura nos trae un trocito de estos cantares de amor. Es muy bello recordarlo:
¡Mi amado!
Vedlo, aquí llega,
saltando por los montes,
brincando por las colinas.
Es mi amado un gamo,
parece un cervatillo.
Vedlo parado tras la cerca,
mirando por la ventana,
atisbando por la celosía.
Habla mi amado y me dice:
«Levántate, amada mía,
hermosa mía y vente».
Jesús, en el vientre de María, es el amado, el amado que viene saltando por las montañas. Acaba de ser concebido y es como un granito, como una semillita que va a ir creciendo y creciendo. Tan pequeñito, pero es el Verbo de Dios. Es el esposo de la Iglesia y de la humanidad entera.
El Hijo de Dios entra en la tierra, y su venida es una fiesta que celebran  montañas y habitantes del orbe. Juan, que lleva seis meses en el vientre de su madre Isabel, lo siente venir: en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

3. También podría pensar san lucas que María es el Arca de la Alianza – foederis arca, decimos en las letanías. María es la portadora de Dios.

“¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
 ¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?
 En presencia del Señor, estremécete, tierra,
en presencia del Dios de Jacob” (Sal 114,5-7).

El arca de Dios iba con Israel. El mar se abrió. Los montes saltaron de alegría.

4. Este es el Dios que viene en el misterio de la Encarnación. Él trae la salvación que brinda gratuitamente a todos los hombres. Él trae la alegría y la paz. Y Dios quiso que todo esto se realizara por el intermedio de una mujer, hija de Adán, hermana nuestra. Ese es el misterio de María.
Fíjense, hermanos, en las palabras del ángel en la Anunciación, y ahora en las palabras de Isabel a su pariente que la visita y se va a quedar con ellas hasta el parto, podemos ver compendiado todo el misterio de la humilde Virgen María. ¿Quién es María?
No hace falta más que desglosar las palabras del Evangelio y meditarlas despacio:

5. María es la virgen.
Una virgen desposada con José, amparada por José, protegida por él. José no aparece en esta larga caminata de muchos kilómetros de Nazaret hasta Aim Karen. No se pretende aquí tanto los detalles de la historia cuanto la significación de las personas y la misión que se les asigna.
María es la llena de gracia, la favorecida por Dios.
María es la Madre de un Hijo, el Hijo de David, concebido por obra del Espíritu Santo.
Isabel exclama: ¡La Madre de mi Señor!, que es lo mismo que decir “la Madre de mi Dios”, el sublime título de María que el Evangelio pone en labios de Isabel.
María es la bendita entre todas las mujeres, a aquella a quien llamarán “dichosa” todas las generaciones.

6. Y ahora viene otro título sublime, que es el que más aproxima la Virgen a todos nosotros: María es la Creyente. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá. Es, por lo tanto, la Peregrina de la Fe. María está en nuestro propio camino, que es un camino de Fe y de abandono en las manos de Dios.
Este es el verdadero retrato de la Virgen María que nace de los santos Evangelios y a través de todas las generaciones cristianas llega hasta nosotros.
Ahora los cristianos podremos ir meditando más y más lo que nos dijeron los Evangelio. Diremos, por ejemplo, que María es la Servidora. Apenas se entera de la necesidad de su pariente Isabel, corre a ayudarla, y permaneció con ella tres meses, hasta el final del embarazo.

Aquí está la esclava del Señor: Hágase en mí según tu palabra, dijo María en el momento de la Encarnación. Y en este momento corona sus ´palabras con el himno de alabanza que María profiere ante el Señor al escuchar las Bienaventuranzas de Isabel:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: | su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Comenzaba la liturgia del Nuevo Testamento.

7. Virgen Madre del Señor, Virgen de la Encarnación, Virgen Creyente, Peregrina de la Fe, Virgen de Cruz, Tú eres la acogida del Misterio de Dios, tú eres nuestro la Madre de Jesús, tú eres nuestra Madre.
Contigo queremos recibir al Señor; contigo queremos celebrar el don de la Navidad, abriendo nuestro corazón a todos los hombres, nuestros hermanos. Amén.


Guadalajara, 18 diciembre 2015, Virgen de la Esperanza.

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