jueves, 24 de diciembre de 2015

759. Contemplación de Nochebuena y Navidad


Cristo nos ha nacido:
Venid, adorémosle.¡Aleluya!


1. Es demasiado sagrada esta noche como para desenredar pensamientos y divagar…, divagar… argumentando lo que está por encima de todo argumento. La Iglesia, la fe de los cristianos, celebra no un discurso sublime, explanado por el más fascinante de los oradores. La Iglesia – yo humilde ciudadano de la historia universal – que fui agraciado con el don de la fe, celebro la presencia de un Dios inmanente que sale de sí y llena el mundo. El Nacimiento de Dios, el desentrañamiento de Dios es un acontecimiento (no una idea), un hecho que tiene las mismas dimensiones que la creación universal. Más aún, la creación de todo cuanto existe hay que reconsiderarla como fruto de la Encarnación. La gracia de esta noche no es una elevación mística por las almas altas esferas del pensamiento que le es dado al hombre. La gracia de esta noche, la gracia de la Encarnación incrustada definitivamente en el cosmos y en la historia, es pura y simplemente percibir que Dios está, porque ha acontecido y no se echa atrás.

2. Estallan todos mis módulos mentales. Dios es Ser, y el ser es Presencia. Ahí, ante mis ojos, Dios es, y al estar ante mí, por mí, para mí, Dios me diviniza en las entrañas mismas de su Hijo.
Pienso en la Encarnación como forma de la Historia (Pienso en mi Patria, España, y la pienso con el corazón cuarteado…). Pienso, contemplo, pienso que Dios es inmanencia en la Historia.
Pienso en toda la Historia bíblica, que es como una guía alusiva para entender la magnitud de la Historia universal. Dios se ha volcado en la historia y la ha hecho suya.
Nunca lo comprendí ni lo comprenderé. ¿Por qué, Dios mío, hay tantas formas de religiones en la Historia, y las hay en este Hoy de tu presencia? Jamás lo entenderé, pues es algo que pertenece al misterio del ser humano, pero desde la fe que profeso, sin comprender, confesaré que Dios Creador vence también en todo este laberinto y confusión humana.
Nochebuena, que nos recuerda y actualiza el punto central de nuestra fe: que Dios se ha humanado y que se hizo hombre nacido de mujer.

3. Ahora, este Dios de la Presencia y de la Fe, este Dios inmanente, este Dios más íntimo que mi propia intimidad, no es otro que Dios-amor, Dios ternura, de modo que la creación entera es el diluvio de la ternura de Dios que por amor ha venido, que por amor está, que por amor nunca fallará.


4. Mi visión cósmica de toda la existencia humana, esta noche quiere hacerse intimidad. Abro una obrita del Seráfico San Buenaventura: Las cinco festividad del niño Jesús, que me propone un programa para vivir la Navidad. La Navidad se hace entonces misterio de intimidad. Lo que aconteció en todo el ámbito de la humanidad, acontece en mi propio corazón.

Habiéndome sustraído un poquito al tumulto de molestos pensamientos, reflexioné en silencio, dentro de mí mismo, qué pudiera yo meditar en este tiempo sobre la Encarnación para recibir algún consuelo espiritual, en el cual gustara por espejo la divina dulzura en este valle de lágrimas, de manera que, una vez gustado en algo dicho consuelo, me fastidiara toda consolación temporal y fantástica.
Y de lo secreto de la mente me saltó la idea de que el alma devota podía renovar en sí el misterio de la Encarnación, y por virtud del Altísimo, mediante la gracia del Espíritu Santo, podía espiritualmente concebir, dar a luz y poner nombre al Verbo bendito e Hijo unigénito de Dios Padre; buscarlo y adorarlo con los santos Magos y, finalmente, presentárselo a Dios Padre, conforme a la ley de Moisés, felizmente en el templo. De esta forma el alma, como verdadera discípula de la religión cristiana, viene a celebrar en sí devotamente las cinco festividades que del niño Jesús celebra la Iglesia. Y como humildemente lo imaginé, así con humildes palabras lo compuse, omitidas las autoridades por amor de la brevedad (Prólogo.

He aquí lo que me dice mi hermano Buenaventura, hermano de paño y Regla de san Francisco. Me explica las cinco festividades de Jesús que celebramos en Navidad y que las puedo vivir como acontecimiento interior:
Festividad 1ª - Cómo Jesucristo, el Hijo de Dios, sea concebido espiritual-mente por el alma devota.
Festividad 2ª  - Cómo el Hijo de Dios nace espiritualmente en el alma devota.
Festividad 3ª - Cómo el niño Jesús ha de ser nombrado espiritualmente del alma devota.
Festividad 4ª  - Cómo el Hijo de Dios ha de ser buscado y adorado espiri-tualmente por el alma devota con los Magos.
Festividad 5a  - Cómo el Hijo de Dios es presentado espiritualmente por el alma en el Templo.
Esta obrita la compuso el santo doctor en oración, como cuando escribió “Itinerario del alma a Dios” (Itinerarium mentis in Deum).

5. ¿Se puede vivir la Navidad con esta intimidad, con esta personalización completa del Misterio? Sí. La intimidad no es lo  mismo que el “initimismo”. La itnimidad no nos cierra al paisaje humano, tan dolorido y lleno de esperanza.
Y pienso que todo esto viene de san Francisco (y de la espiritualidad tantos espirituales de aquella época). San Francisco, meditando las frases del Evangelio, ha llegado a la intimidad con Jesús y lo ha visto como esposo, como hermano, como padre, como hijo.


y son hijos del Padre celestial (cf. Mt 5,45), cuyas obras hacen, y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo (cf. Mt 12,50).8Somos esposos cuando, por el Espíritu Santo, el alma fiel se une a nuestro Señor Jesucristo. 9Somos para él hermanos cuando hacemos la voluntad del Padre que está en los cielos (Mt 12,50); 10madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo (cf. 1 Cor 6,20), por el amor divino y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo (cf. Mt 5,16). 11¡Oh cuán glorioso, santo y grande es tener un Padre en los cielos! 12¡Oh cuán santo, consolador, bello y admirable, tener un tal esposo! 13¡Oh cuán santo y cuán amado, placentero, humilde, pacífico, dulce, amable y sobre todas las cosas deseable, tener un tal hermano y un tal hijo: Nuestro Señor Jesucristo!, quien dio la vida por sus ovejas (cf. Jn 10,15) y oró al Padre diciendo: 14Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado en el mundo…” (Carta a todos los fieles).

5. En la onda de Francisco santa Clara dice lo mismo: yo puedo gustar en mi más pura intimidad mi parentesco con Jesús. Esto es obra del Espíritu Santo como obra del Espíritu Santo es el misteriod e la Encarnación. Le escribe a Inés de Praga con estas palabras:

“Por tanto, hermana carísima, o más bien, señora sumamente venerable, porque sois esposa y madre y hermana de mi Señor Jesucristo (cf. 2 Cor 11,2; Mt 12,50), tan esplendorosamente distinguida por el estandarte de la virginidad inviolable y de la santísima pobreza, confortaos en el santo servicio comenzado con el deseo ardiente del pobre Crucificado, el cual soportó la pasión de la cruz por todos nosotros (cf. Heb 12,2), librándonos del poder del príncipe de las tinieblas (cf. Col 1,13), poder al que estábamos encadenados por la transgresión del primer hombre, y reconciliándonos con Dios Padre (cf. 2 Cor 5,18)”.

6. En suma, la Navidad es un milagro de intimidad que el Espíritu Santo está dispuesto a obrar en mí.
¡Concédeme, Señor, ya desde esta Nochebuena, una Navidad integral, un tiempo divino todo él, hasta el bautismo de Jesús, penetrado del Amor! Amén.

Guadalajara, preparando la Nochebuena de 2015.



0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;