viernes, 25 de diciembre de 2015

760. Domingo de la Sagrada Familia: Jesús, María, José, el Padre Dios y el Espíritu Santo


Homilía para el Domingo de la Sagrada Familia, ciclo C
Lc 2,41-52

Texto evangélico:

  41 Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. 42 Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre 43 y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. 44 Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; 45 al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. 46 Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. 48 Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». 49 Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». 50 Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

51 Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. 52 Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.


Hermanos:

1. Anteayer, 25 de diciembre, iniciábamos la Navidad – exactamente con la Vísperas del día 24 y la Misa de Nochebuena – y he aquí que a los dos días nos hallamos con esta escena evangélica: Jesús, a los doce años, en el Templo de Jerusalén. ¿Cómo hemos dado este salto repentino? Todo tiene su razón comprensible.
La Navidad es un tiempo sagrado, tiempo litúrgico, que desde el día 25 de diciembre puede durar hasta el día 13 de enero. Y se compone de diversos momentos. He aquí estos momentos principales para meditar el misterio de la Encarnación:
1) Día de Navidad con la posibilidad de celebrar tres misas diferentes: la Misa de medianoche, la misa de la aurora, la misa del día.
2) Domingo siguiente a la Navidad, en el cual consideramos el misterio desde esta óptica: la familia.
3) Octava de Navidad, que será siempre 1 de enero, día dedicado a considerar la maternidad divina de María; por otra parte día de Año Nuevo con todo lo que sugiere este día como día de la Paz y encauzamiento del año bajo el signo de la bendición de Dios.
4) La gran fiesta que viene a continuación es la Epifanía, popularmente la fiesta de los reyes Magos, manifestación de Cristo a las naciones.
5) Y todo ello queda coronado, en quinto lugar, por el domingo que sigue a la Epifanía; es el Domingo del Bautismo del Señor, enlace entre la vida oculta y la vida pública del Señor. Y con ello queda concluido el ciclo del llamado “tiempo de Navidad”.
De acuerdo a este esquema hemos de entender el sentido de cada fiesta.
2. Pero vengamos directamente al día de hoy: la Sagrada Familia de Nazaret: Jesús, María y José. Familia contemplada en este momento crítico en que el niño, al cumplir los 12 años, sube a Jerusalén bajo el signo de cumplir la Ley de Dios. En el mundo judío actual, y desde hace muchos siglos, existe una fiesta de iniciación espiritual, que se llama “Bar Mitzváh” (hijo del precepto; en femenino Bat Mizváh, hija del precepto). Cuando el niño llega a su primera madurez, a sus 13 años y la niña a los 12, queda constituido en “hijo del precepto, hija del precepto”, y a partir de entonces le obliga íntegra la Ley, la Torá de Moisés, que son los cinco primeros libros de la Biblia. No es una fantasía para la exégesis el pensar, aunque no consten documentos históricos fehacientes, que la escena evangélica tiene relación con esta fiesta de la tradición judía.
Hoy, el sábado siguiente a este cumpleaños se le lleva a este jovencito a la sinagoga, se hace el rito con la bendición apropiada, y el adolescente queda constituido en “hijo del preceptos”, de todos los preceptos contenidos en la Torá. Explicando la hondura de esta fiesta, dice un autor judío: “El objetivo de todo judío no sólo es estudiar Torá, sino convertirse en una “Torá viviente”, que representa los elevados ideales de “ama a tu vecino”, “paz en la tierra”, “justicia para todos”, “educación universal”, “todos los hombres somos creados iguales”, “la dignidad del individuo” y “el valor de la vida”. Todos estos conceptos surgen de la Torá, y han definido el carácter moral de la humanidad” (Internet Bar Mitzváh).
3. Es difícil – quizás imposible – calibrar la importancia, la transcendencia, de esta actitud de Jesús adolescente. Jesús no se ha perdido en el Templo; Jesús se ha quedado en el Templo.
Notemos con detalle las palabras del santo Evangelio. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». 49 Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». 50 Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Sus padres no comprendieron, y quizás tampoco nosotros. Nos dicen, por de pronto, que el Padre es la prioridad absoluta de Jesús, la totalidad de Jesús, incluso en conflicto familiar. La respuesta de Jesús nos remite
4. A partir de aquí comenzaría nuestro discurso de familia. Y esto nos llevaría a todo un discurso universitario. La familia es hoy la necesidad central de la vida de la Iglesia. En el mes de octubre se celebró el Sínodo el Sínodo de la familia, coronando los trabajos que se hicieron en octubre del año pasado. El Sínodo desembocó en una “Relación final”. Un documento de muchas páginas dividido en tres parte:
Primero, A la escucha de la familia: cómo está la familia hoy en el mundo.
Segundo, La mirada de Dios sobre la familia.
Tercero, La Misión de la familia hoy.
En este documento encontramos frases tan taxativas como éstas: “En cuanto a los proyectos de equiparación de las uniones entre personas homosexuales con el matrimonio, «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia»”. Frases que, por supuesto, requiere un análisis minucioso, trabajo de una conferencia universitaria, pero que, en todo caso está en línea diametralmente opuesta a lo que leía esta semana de labios de un diputado, como pretensión de la familia en nuestra sociedad: "hoy nos regimos por leyes democráticas que impulsaron gobiernos socialistas y que permiten en nuestro país el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción por homosexuales o la fecundación artificial, a la vez que el principio de igualdad entre hombre y mujer es prevalente en nuestra Constitución y en las leyes" (Religión digital, 25 diciembre 2015).

5. Volvamos al centro. ¿Cuál es el centro de la familia? Dios Creador y Constituyente, el Dios y Padre que ha invocado Jesús. Dios es la referencia desde la cual cobra sentido pleno la familia, realidad la más bella que Dios ha implantado en la tierra en el proyecto de la creación.
El documento sinodal de la Familia termina con una oración a la Sagrada Familia
Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.


Guadalajara, 25 diciembre 2015

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