sábado, 29 de agosto de 2015 2 comentarios

724. Domingo XXII B – Jesús anuncia la verdadera religión del corazón



Domingo XXI del tiempo ordinario, ciclo B,
Mc 7,1-8.14-15.21-23

Iglesia parroquial de Santa María del Burgo, Alfaro, La Rioja

Texto del Evangelio
Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien y aferrándose a la tradición de los mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Y los fariseos y los escribas preguntaron: “¿por qué no caminan tus discípulos según la tradición de los mayores y comen el pan con manos impuras?”
Él les contestó: “Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honran con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”.
… Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: “Escuchad y entended todos: nada que entra de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”.
… Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.

Hermanos:
1. A título de simple información, que pertenece a una catequesis general sobre la liturgia, hemos de decir que este año, que es el ciclo B del plan trienal de lecturas para los domingos, estamos escuchando el Evangelio de san Marcos, el segundo Evangelio de los tres Sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas). Hemos interrumpido la lectura de Marcos durante cinco domingos y lo hemos sustituido por san Juan. La multiplicación de los panes, en vez de leerla de san Marcos, como hubiera correspondido, la hemos leído de san Juan, siguiendo luego con el discurso del pan de vida en Cafarnaúm, que sigue a este episodio decisivo. Regresamos al segundo Evangelio, Evangelio de san Marcos, y con él continuaremos hasta el final, hasta la semana XXXIV del tiempo ordinario, fin de noviembre.

2. Dicho esto, veamos que nos encontramos en el capítulo 7 de este Evangelio, breve, conciso, cargado de inmensa teología. Hoy el asunto es sobre un asunto central de la fe, de la piedad, de la teología: Qué es lo puro e impuro para agradar a Dios, y seguir siempre su santa voluntad, cuál es la verdadera religión que agrada a Dios.
Sería un atropello y una injusticia que nosotros, cristianos, pusiéramos en ridículo a nuestros hermanos hebreos, pues hoy ellos siguen con observancias de la santa Ley de Moisés, con la conciencia de que quien las cumple está en el camino de la voluntad de Dios.

3. Sin duda que un moralista judío estará totalmente de acuerdo en afirmar que la verdadera pureza del hombre es la pureza del corazón, y que nada valen las observancias exteriores sin falta esa sinceridad y transparencia del corazón. Jesús rezaba todos los días lo que todos los días siguen rezando hoy sus hermanos judíos, en la sinagoga y fuera de la sinagoga: Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Esta gran proclamación, a la que Jesús tenía una piedad especial, se llama “el Schemá”, por la primera palabra hebrea, Escucha, Schemá. Hemos de amar a Dios desde las raíces del ser, y desde ahí con todo, y lo mismo de día que de noche, y lo mismo acostado que levantado, y lo mismo trabajando que en el ocio: en todo momento, en todo lugar, con todo el pensamiento, con todas las fuerzas. Dios es el horizonte constante e inmanente de nuestra vida, hasta hacerse nuestra respiración. Y todo esto arranca desde el corazón.
Lo mismo que el corazón es el órgano central del ser, y el día que se para el corazón se para toda la vida – el cerebro muere, los pulmones no respiran, los ojos no ven, los oídos no oyen, la boca no habla – lo mismo en la religión, en nuestra relación con Dios nuestro Padre, bajo el impulso del Espíritu Santo. Una religión sin el impulso, la pureza y la entrega del corazón, sería una religión de apariencia, falsa. Sería el propio autoengaño de la religión, y la apariencia falsa ante el mundo.

4. El corazón es la fragua del amor y del odio; de él sale lo más bello y lo más abyecto. De modo que nuestros hermanos judíos darán razón a Jesús cuando dice al coronar la doctrina de este episodio: “de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, milicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.
Y le darán razón, añadiendo: Eso es lo que dijeron los profetas, cuyas directrices queremos seguir.
Jesús nos quiere llevar a ese centro adonde han apuntado los profetas, y quiere hacer de ello el estatuto de nuestra vida. Medio milenio antes de Jesús Dios había hablado por boca de Jeremías: Ya llegan días en que haré una alianza nueva: Pondré mi ley en su interior, y la escribiré en sus corazones: yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

5. Uno es cristiano, es decir, pertenece a la comunidad de Jesús, cuando ha bajado hasta el fondo de sí mismo y se sitúa, desde el corazón, en esta relación de amor, de sinceridad, de pureza. Estamos en tiempo veraniego y por todas partes se multiplican las fiestas populares, con sus tradiciones, sus ritos, sus festejos. Y como las fiestas han nacido en torno a los santos, a lo mejor mezclamos procesiones con degustaciones de vinos y pinchos, como si todo fuese parte del mismo rito y folclore. La religión no es folclore. La religión, o, si queréis, exactamente la vida de fe, no es ni foto, ni vídeo.
El matrimonio, por ejemplo, no es el vídeo de una boda…, de una misa con apariencias muy bonitas, con cantos contratados a un conjunto, no es una misa en la que comulgan media docena de personas devotas mientras que los asistentes son cien. El matrimonio es el descubrimiento de que Jesús es el amor y el sentido de nuestra familia que hoy comienza ante su divina presencia.
¡Cuántas cosas para pensar, Dios mío, cuando vemos que la sociedad se aleja del centro de su vida, que es Dios, y el amor de Dios, que debe impregnar todos nuestros actos, la iglesia y el trabajo, la familiar y la diversión…! Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas

6. Señor Jesús, vida y sentido de mi vida, fuerza y alegría de todos mis proyectos, hazme un cristiano convencido y coherente, hazme sencillamente un discípulo tuyo.

Desde mi pueblo de Alfaro, La Rioja (España), sábado 29 de agosto de 2015.

Como cántico de comunión con este Evangelio, véase
Pureza de corazón
sábado, 22 de agosto de 2015 2 comentarios

723. Domingo XX B – Señor, ¿a quién vamos a acudir?



Domingo XXI del tiempo ordinario, ciclo B,

Jn 6,60-69


Texto del Evangelio
Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?” Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: “¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida: la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo,  hay algunos entre vosotros que no creen”.  Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede. Desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres Santo de Dios”.

Hermanos:

1. Hemos llegado al quinto domingo en que hemos leído de manera continua, progresiva y dramática el episodio de la multiplicación de los panes con el discurso que lo sigue en la sinagoga de Cafarnaúm. Todo ello según el estilo y modo de san Juan, detrás del cual hay una comunidad, que se ha hecho unas preguntas que son las que nosotros nos queremos hacer. Más bien, es Jesús el que nos lanza la pregunta: ¿Os queréis marchar,  os quedáis? La respuesta la tenemos dada por san Pedro. Pero vayamos por partes, para apreciar la gravedad y la transcendencia de lo que aquí se trata.

2. El anciano Simeón, cuando María llevaba a  su hijo en brazos para presentarlo al Señor, le hizo una profecía: Este Hijo va a ser una señal de contradicción, que era decir: para unos “sí”, para otros “no”. Este Hijo va a ser causa de caída y ruina o causa de elevación, de resurgimiento, de resurrección. Así de estridente; así de claro y contundente. “A ti misma una espada te traspasara el alma”, continuó diciendo el anciano. Y terminó: “para que salgan a luz los pensamientos de muchos corazones”.
¿Cómo puede ser Jesús causa de ruina para muchos, si no ha venido a perder a nadie, sino a salvar a todos?
El santo Evangelio nos está desafiando. Nos está presentando a un Jesús ante el cual no cabe neutralidad:
- o lo aceptas de verdad
- o lo rechazas frontalmente.
Pero no se puede ser indiferente. Hay que pronunciarse.
Esta forma tan radical y tajante de plantear el asunto, es decir, de plantear la fe, no parece que se corresponda con lo que en realidad están viendo nuestros ojos. Y entonces uno puede pensar que el Evangelio nos está engañando y que las cosas no han que presentarlas así, como hemos iniciado este análisis.

3. Dice el texto sagrado: Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”. Los que hablaban así tomaron una decisión: Desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Esto nos parece correcto. Si no te convence, no vuelvas, date media vuelta y vete por otro camino.
Creo que todos estaremos más satisfechos cuando planteemos las cosas con esta claridad.
La fe no es una cosa de conveniencia, ni de salir del paso, ni de hacerlo así porque siempre se ha hecho así, ni de cultura, ni de rutina, sino de convicción, de entrega, de sacar las consecuencias.

4. El panorama espiritual de lo que vemos en torno, ¿qué nos dice? Nos está diciendo que no hay que dramatizar nada, que la fe no tiene que ver con la vida, que cada uno haga lo que quiera y que todos nos respetemos, que  no tenemos que meter a Dios en este  mundo. El que cree en Dios hace bien: ¡allá él! Y el que no cree en Dios, igual, ¡allá él!
En realidad, esta manera aparentemente bonachona de ver la vida, nos lleva al relativismo de la verdad, a la primacía del individuo sobre la sociedad y sobre las realidades transcendentes, y, a la larga, al sinsentido de la vida, que es una especie de suicidio espiritual.

5. Hermanos, cuando Josué se apresta para entrar en la tierra que les ha llevado años de sufrimientos, de luchas y esperanzas, hace una gran asamblea: “Si  no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir, si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis; yo y mi casa serviremos al Señor».
Y entonces el pueblo a una se pronunció con un juramento: «Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses,  porque el Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la casa de la esclavitud;  ha realizado ante nuestros ojos estos grandes prodigios y nos  ha protegido durante todo el camino que hemos recorrido y en todos los pueblos por los que hemos pasado. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios».
Aquel pueblo, basado en una experiencia, decidió: Nosotros somos conscientes de la presencia de Dios, y seguiremos con él. Ese y solo es  nuestro camino.

6. Es lo mismo que hizo Pedro a nombre propio y de sus compañeros. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Simón Pedro le contestó: “Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres Santo de Dios”.
Hermanos, para creer a Dios hay que “saberle” a Dios, y nadie sabe sino aquel que experimenta. Hay que experimentar la presencia de Dios, la ternura de Dios, el acompañamiento de Dios.
Dejémonos querer por Dios y lo experimentaremos. Dejémonos iluminar por Dios, y Dios será nuestra luz segura. Dejémonos conducir por Dios y Dios será nuestra paz.
Y Dios es Jesús. Dejémonos amar por Jesús, que por nosotros murió en la cruz – por mí y por ti – y él será el manantial de nuestra vida.

7. Señor Jesús, en este final del Evangelio del pan de vida, yo me rindo ante ti como Pedro y te digo: Habiendo visto tanta mentira, y viendo que todo es apariencia, falsa felicidad y, en el fondo, fracaso ¿dónde quién vamos a ti? Yo te he elegido a ti; sé tú la presencia y la guía de mi vida. Amén.

Desde Pamplona, sábado 22 de agosto de 2015.
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722. Domingo XX B – Jesús en su carne y en su sangre nos da la propia historia y vida de Dios



Domingo XX del tiempo ordinario, ciclo B

Jn 6,51-58

Texto evangélico
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo.
Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo:
“En verdad, en verdad os digo:
Si no coméis la carne del Hijo del hombre,
y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre
tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida
y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre,
del mismo modo el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el de vuestros padres que lo comieron y bebieron; el que come este pan vivirá para siempre”

Hermanos:
1. Por cuarto domingo consecutivo estamos meditando en la multiplicación de los panes y en el discurso del pan de vida que lo acompaña. Aquí el discurso llega a su zenit. El próximo domingo veremos el desenlace de la escena.
Esta forma de discurso de Jesús no se adecúa a nuestras fórmulas racionales de pensamientos, a ese modo de pensar que de jóvenes aprendíamos en la Filosofía. Nos resultaría muy arriesgado decir, por ejemplo: El pensamiento de Jesús lo podemos compendiar en tres grandes proposiciones, que son esta y esta y esta. Quizás es más fecundo y, al mismo tiempo, más objetivo dejar las frases como están y entrar en ellas, en cada una de ellas, que presentan un contenido sin fronteras.

2. Empecemos por el final:
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre,
del mismo modo el que me come vivirá por mí.
Ya tenemos aquí que la vida de Jesús está concebida como una historia.
La vida, de la que los filósofos dicen que es “la acción íntima, inmanente, del ser”, sin considerar ni el pasado ni el futuro, sino el instante presente, la vida, en realidad es una historia, que arranca en el cielo y llega hasta a mí. La vida arranca del Padre. Jesús y habla de su vida como de un envío,
La vida existía como vida de Dios, y esta vida se expande. Jesús dice que él vive por el Padre. Eso es la vida de Jesús, extensión y unificación de la vida del único Dios.

3. Esta vida de Dios se ha hecho envío. El envío del hijo pertenece a la vida del Padre. Es un pensamiento infinito este, que sostuvo lo más íntimo del ser de Jesús: Estoy viviendo a Dios. La vida es un caudal de amor que me viene de Dios, mi Padre, y que a Dios regresa: la fuente que nace en Dios, que riega mi ser, que florece en mí. Todo lo que yo pienso, todo lo que yo hablo, todo lo que yo hago tiene sus raíces en Dios, y no es otra cosa sino Dios en mí.

4. La frase de Jesús no se acaba ahí. La prolonga de él a nosotros, para tejer un enlace completo: Dios Padre, él y nosotros. Dice, pues, el Señor: del mismo modo el que me come vivirá por mí.
Hay una ecuación para nivelar los tres componentes de la frase: el Padre traspasa su vida al Hijo, el Hijo que vive la vida del Padre me traspasa esa vida a mí, y yo vivo por el Hijo, por Jesús, la vida de Dios; y yo vivo por el Hijo, por Jesús, la vida de Dios.  Aquí se cierra la vida y el parentesco.
Se trata, por lo tanto, de la divinización del hombre a través de Cristo y en Cristo.

5. Hay un punto que Jesús quiere evidenciar: esta vida, que es vida integral, vida realización de todas las aspiraciones del ser, es una vida que culmina en una resurrección.
Vivirá para siempre, se nos dice y repite; y yo lo resucitaré en el último día.
La vida es vida por los cuatro costados, vida por todas las fronteras, vida que se está cumpliendo ya acá, vida que un día ha de tener una realización desconocida: la vida-resurrección.
Está vedado a la imaginación saber qué será esa vida, que, a modo de secreta y oscura aspiración, late en el corazón de todos los mortales. Nos resistimos a morir, porque instintivamente, desde la inmediata experiencia, morir es un terminar, y no precisamente la irrupción de la vida inmortal.
La vida de Jesús que aquí se contempla es la vida total, la vida sin más, la vida con todos sus atributos; una vida, en fin, que hasta ahora no ha sido dada por nadie, porque es el regalo definitivo que Dios da al mundo por su Hijo.
Todo esto es místico y no puede menos de serlo, porque estamos tocando la esencia del corazón humano, hecho para lo infinito.

5. Pero ahora viene el punto central de todo el discurso. Esta divinización del hombre como historia de Dios se opera del modo más concreto y humano; por Cristo Jesús, comiendo su carne, bebiendo su sangre. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
Decir carne de Jesús (carne, más bien que cuerpo, con un claro pensamiento judío), decir sangre de Jesús es decir al Jesús concreto y real, en su frágil realidad humana, la que ha compartido con nosotros. “El Verbo se hizo hombre”: eso no lo ha escrito san Juan, que pudo escribirlo, ciertamente; sino: El Verbo se hizo carne, esto es, hombre en absoluta fragilidad. Antes que decir Eucaristía estas palabras están comunicándonos esa realidad de la Encarnación que han palpado los apóstoles.
En ese hombre humilde de la historia está la vida de vida, la alternativa misma de la vida, en ese hombre humilde que, como ningún otro ha dejado en la historia el rastro de su presencia.
Ese es Jesús.

6. Y ahora sí, podemos sentir que su presencia se ha hecho sacramento, y que en verdad el sacramento es carne de Cristo, sangre del Señor.
Desde aquí queremos terminar estos pensamientos, convirtiéndolos en la oración de un creyente.

Señor Jesús, tú nos traes la historia de Dios
y tú mismo eres la historia de Dios;
tu vida humilde de Nazaret a la Cruz
es la vida de Dios Altísimo con el hombre indigente.
En la Eucaristía de la comunidad cristiana, pobre y peregrina,
Tú eres la presencia de Dios,
Tú eres la carne de Dios,
Tú eres la sangre de Dios. Amén.

Desde Alfaro, La Rioja (España), 14 agosto 2015.
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721. Asunción de María: Para la Virgen de agosto




He leído estos días – esas lecturas que sin buscarlas te salen al paso – unos pasajes del Diario íntimo de Unamuno, cuyo manuscrito en un cuadernito comienza con la cruz de Jesucristo al principio. Y al poco de abrir el librito caigo con unas frases en torno a la Virgen que te dejan estupefacto:

María es de todos los misterios, el más dulce. La mujer es la base de la tradición en las sociedades, es la calma en la agitación, el reposo en las luchas. La Virgen es la sencillez, la ternura.
De mujer nació el Hombre Dios, de la calma de la humanidad, de su sencillez.
Se oye blasfemar de Dios y de Cristo y mezclarlos a sucias expresiones, de la Virgen no se oye blasfemar. Dijo Cristo que los pecados contra Él se perdonarían, pero no los pecados contra el Espíritu Santo, y pecado de los mayores contra el Espíritu Santo es insultar a su Esposa y blasfemar de ella.
Sedes sapientiae. Así, sapientiae, no scientiae. Asiento de la sabiduría. María, misterio de humildad y de amor, es el asiento de toda sabiduría. Pasan imperios, teorías, doctrinas, glorias, mundos enteros y quedan en pie la eterna calma, la eterna virginidad, y la eterna maternidad, el misterio de la pureza y el misterio de la fecundidad. Sedes sapientiae; ora pro nobis...
Cristo está aun muy alto; aparece a los débiles casi inasequible. A Él se va por María, la humilde y obediente.
La eterna Sabiduría, el Verbo, el Verbo que era en el principio de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas, la Razón divina que presidió a la Creación, encarnó en una mujer, en una simple mujer, en María. Su mérito fue la humildad, la perfecta humildad, la obediencia, ecce ancilla Domini".

¿Cómo es posible que el ilustre y desconcertante don Miguel escribiese estas cosas? Le han salido del corazón… No las toquemos.

* * *
He sabido que don Miguel de Unamuno escribió un soneto a la Virgen del Camino, de León. Ahí está.

Oh alma sin hogar, alma andariega,
que duermes al hostigo a cielo raso,
trillando los senderos al acaso,
bajo la fe de una esperanza ciega.

Ese cielo, tu padre que te niega
paz y reposo, bríndate al ocaso
roja torre de nubes, en que el vaso
que ha de aplacar tu sed al fin te entrega.

Una noche, al pasar, en una ermita
te acogiste a dormir; sueño divino
bajó a tus ojos desde la bendita

sonrisa de la Virgen del Camino,
y ese sueño es la estrella en que está escrita
la cifra en que se encierra tu destino.

Son poemas del corazón. Quede quieta la teología, que el amor antecede y desde el amor se explican las cosas que no se explican.

* * *
María es en la Iglesia la bella explicación de lo no explicable. Por vía del amor es la puerta de nuestra fe.
El 15 de agosto es la fiesta principal de la Virgen, su Pascua con Cristo. Con estos pensamientos me he acercado al Pilar, yo que un día nací a la vera del Ebro cuando pasa por La Rioja.
El Pilar no es más que un aleteo de esa única Virgen, la Santa Madre de Dios, sancta Dei Genetrix, cuya presencia es la alegría de todas las Iglesias.
* * *
En un día tórrido (37 grados) llego al Pilar. Las tres de la tarde invitan más a un dulce no pensar y adormecerse que a meditar vigilante. Ese dejarse en la Nube, con el corazón cargado de amor, puede ser también una suave oración de un peregrino creyente, que camina y camina, hostigado por mil teologías que piensan de otra manera de la dulce Madre del Señor.
A duermevela y cabeceando voy viendo complacido que pasan peregrinos – más peregrinas – de muchos países, y le dicen algo a la Virgen. Causa un íntimo placer sentirlo así: todos la quieren, todos van a ella; yo también.
Después de descansar un tanto, tomo el bolígrafo y una hoja para decirle a la Virgen lo que ella me entiende:

1. Corazón peregrino,
pecho de madre;
ella lo cuide,
ella lo guarde.

2. Arderán en concilios
fieros debates;
ella en la Casa
sirve el menaje.

3. Y si el hijo alocado
se va de viaje;
vuelva o no vuelva,
ella es la madre.

4. Ya milenios el Ebro
fluye a raudales,
aguas de penas
van por buen cauce.

5. Me adormezco en mi banca,
que el sueño pase;
no digo nada,
nada me hables.

6. Sobre tu pecho dejo
mis soledades
y en ti se mueren
todos mis males.

En el Pilar de Zaragoza, 12 de agosto de 2015.

Convento de San Antonio de Capuchinos, Zaragoza, 12 de agosto de 2015.

 
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