martes, 5 de enero de 2016

764. Epifanía – La luz derramada a todas las naciones. Contemplación


Epifanía: La luz derramada
a todas las naciones
Contemplación para un retiro


1. Hay cuatro supremas solemnidades que destella en el cielo de a la liturgia.
La primera es la Pascua, eje y matriz de todas las celebraciones cristiana, que late en todas las acciones divinas de la Iglesia. Cuando yo humildemente voy a un sacerdote y le pido que me confiese, en el fondo estoy celebrando la Pascua del Señor, porque en la pascua he sido perdonado y santificado. Cada uno de los siete sacramentos es celebración de la pascua del Señor.
La segunda es Pentecostés, corona de la pascua, inseparable de la Pascua, el despliegue en el que se expande la Pascua de Jesús, quien, al morir, entrega el Espíritu. Y en la  misma tarde de aquel día primero de la semana, Día de la nueva Creación, Día del Señor, lo entrega a la Comunidad Apostólica reunida y con las puertas cerradas. “Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,22).
La tercera es Navidad. Cristo resucitado es el Verbo creador encarnado, y es la Luz del mundo. La Iglesia lee de un modo profético: “El pueblo que camina en tinieblas vio una luz grande… Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado…” (Is 9,1.5).
La cuarta es la Epifanía, de la cual podemos decir: lo que es Pentecostés para Pascua es Epifanía para Navidad. “La gloria del Señor los envolvió de claridad” (Lc 2,9) se dice del ángel y los pastores. La luz de Belén llega a las naciones, y “unos Magos de Oriente” dicen al rey Herodes: “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle” (Mt 2,2).

2. La contemplación de la escena de la Epifanía es muy simple. En esta escena espiritual, ellos han hablado con una pregunta. Pero no tienen una palabra que comunicar. Han venido a adorar, a recibir la luz de Belén. El texto sagrado nos dice que, a la luz de la estrella, “se pusieron en camino” (v. 9), y que “se llenaron de inmensa alegría” (v. 10). Caminar con inmensa alegría esa es la figura de los magos de Oriente, figura de todos los peregrinos de la fe. La fe es la que produce inmensa alegría, porque la fe es la seguridad de los signos de Dios. Dios ni se engaña ni nos engaña. El que camina en la fe, ciertamente llega a su destino.
El destino de los Magos de Oriente lo expresa el Evangelio con estas palabras: “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre” (v. 11). San Mateo olvida deliberadamente a “José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo” (1,16).
Lo que han encontrado los Magos de Oriente, el término de su ruta, de su peregrinación espiritual es el Niño con su Madre.

3. Los Magos de Oriente no dicen nada, no tienen nada que decir. El Evangelio atestigua simplemente: “y cayendo de rodillas, lo adoraron” (v. 11). La adoración no lleva palabras, sino una ofrenda: “después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, (e) incienso y mirra” (v. 11).
Israel había peregrinación desde Adán y los patriarcas hasta el portal de Belén. Pero esta peregrinación fatigosa, que tiene oscuridades y preguntas, es la peregrinación de toda la humanidad, la mía incluida, es decir de todas las naciones y culturas. Y los momentos que se recorren están señalados en el texto sagrado:
1)    Ponerse en camino.
2)    Seguir con la inmensa alegría de la fe.
3)    Encontrar al Niño con María, su Madre.
4)    Postrarse y adorar.
5)    Ofrecer lo que el Niño merece: oro, incienso y mirra.

4. Epifanía es, pues, como nos la presenta el Evangelio la fiesta de la luz para todas las naciones. La secuencia de la Epifanía será la presentación del Niño en el Templo que. En la glorificación del anciano Simeón recoge Navidad y Epifanía: “Mis ojos han visto a tu Salvador…, luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2,30.32).

5. La gracia de este día es, por tanto, recibir la luz del Señor que llega a nosotros, venidos de la gentilidad, y que, con el pueblo de la Alianza somos un solo pueblo para el Señor, con los mismos privilegios, porque todos hemos sido santificados por la misma gracia. Esta luz de la Epifanía tiene dos rayos, provenientes del mismo foco:
- ver y comprender, a la luz de la fe, que Jesús es el Salvador de todas las naciones y culturas.
- percibir que la fe se abre en mí hacia lo infinito, sintiéndome envuelto en la gloria de Dios con una sabiduría nueva para comprender el misterio del ser humano y la historia.

6. Como la fe es manifestación de la gloria de Dios, pues ese es el objetivo de la fe, desde hace muchos siglos la Iglesia une místicamente en la liturgia tres episodios convergentes de la manifestación de esa gloria divina. La Gloria del Señor se manifiesta
- en la Epifanía
- en el Bautismo
- en las Bodas de Caná.
 La antífona final de Vísperas de la Epifanía, antes de proclamar las alabanzas de Dios con las palabras de María dice de este modo:

Tribus miraculis ornatum, diem sanctum colimus:
Hodie stella Magos duxit ad praesepium:
Hodie vinum ex aqua factum est ad nuptias:
Hodie in Jordane a Joanne Christus baptizari voluit,
ut salvaret nos, Alleluia.

Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios:
hoy la estrella condujo a los magos al pesebre;
hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná;
hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán,
para salvarnos. Aleluya.

(Muchos músicos han puesto polifonía sacra a esta antífona, como puede verse a la mano, en Internet. Y la edición del Misal Romano realizada por el episcopado mexicano, la ilustración correspondiente a la Epifanía, en página completa, obra de Fray Gabriel Chávez de la Mora, OSB, recoge gráficamente los tres momentos de este misterio de manifestación de gloria).

7. He aquí un texto tomado de San Pedro Crisólogo (+450), doctor de la Iglesia, del Oficio de lectura de estos días.

“Aunque en el mismo misterio del nacimiento del Señor se dieron insignes testimonios de su divinidad, sin embargo, la solemnidad que celebramos manifiesta y revela de diversas formas que Dios ha asumido un cuerpo humano, para que nuestra inteligencia, ofuscada por tantas obscuridades, no pierda por su ignorancia lo que por gracia ha merecido recibir y poseer.
Pues el que por nosotros quiso nacer no quiso ser ignorado por nosotros; y por esto se manifestó de tal forma que el gran misterio de su bondad no fuera ocasión de un gran error.

(EPIFANíA) Hoy el mago encuentra llorando en la cuna a aquel que, resplandeciente, buscaba en las estrellas. Hoy el mago contempla claramente entre pañales a aquel que, encubierto, buscaba pacientemente en los astros.
Hoy el mago discierne con profundo asombro lo que allí contempla: el cielo en la tierra, la tierra en el cielo; el hombre en Dios, y Dios en el hombre; y a aquel que no puede ser encerrado en todo el universo incluido en un cuerpo de niño. Y, viendo, cree y no duda; y lo proclama con sus dones místicos: el incienso para Dios, el oro para el Rey, y la mirra para el que morirá.
Hoy el gentil, que era el último, ha pasado a ser el primero, pues entonces la fe de los magos consagró la creencia de las naciones.

HOY CRISTO HA ENTRADO EN EL CAUCE DEL JORDÁN para lavar el pecado del mundo. El mismo Juan atestigua que Cristo ha venido para esto: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Hoy el siervo recibe al Señor, el hombre a Dios, Juan a Cristo; el que no puede dar el perdón recibe a quien se lo concederá.
Hoy, como afirma el profeta, la voz del Señor sobre las aguas. ¿Qué voz? Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.
Hoy el Espíritu Santo se cierne sobre las aguas en forma de paloma, para que, así como la paloma de Noé anunció el fin del diluvio, de la misma forma ésta fuera signo de que ha terminado el perpetuo naufragio del mundo. Pero a diferencia de aquélla, que sólo llevaba un ramo de olivo caduco,, ésta derramará la enjundia completa del nuevo crisma -en la cabeza del Autor de la nueva progenie, para que se cumpliera aquello que predijo el profeta: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

HOY CRISTO, AL CONVERTIR EL AGUA EN VINO, comienza los signos celestes. Pero el agua había de convertirse en el misterio de la sangre, para que Cristo ofreciese a los que tienen sed la pura bebida del vaso de su cuerpo, y se cumpliese lo que dice el profeta: Y mí copa rebosa”
(Sermón 160 de San Pedro Crisólogo).

* * *
Epifanía del Señor: Adoración, contemplación, sabiduría, amor.


Guadalajara, Jalisco, 5 enero 2016.

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