sábado, 16 de enero de 2016

766. Domingo II C – Jesús manifiesta su gloria a petición de su madre


Homilía en Domingo II del tiempo ordinario, ciclo C
Jn 2,1-11


Texto evangélico

 1 A los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2 Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
3 Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». 4 Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora»[*]. 5 Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». 6 Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. 7 Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. 8 Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. 9 El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo 10 y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
 11 Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea[; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. 12 Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

Hermanos:

1. Evangelio de Caná de Galilea, para comenzar el recorrido de la vida pública de Jesús. La vida de Jesús se abre con un banquete de bodas. Esta escena puede ser una llave para entender toda la vida de Jesús.
Ciertamente que por ahí va la liturgia, cuando nos pone en paralelo de este episodio una gran promesa de los libros proféticos. Dice el texto del libro de Isaías, capítulo 62:
3 Serás corona fúlgida en la mano del Señor | y diadema real en la palma de tu Dios.
 4 Ya no te llamarán «Abandonada», | ni a tu tierra «Devastada»; | a ti te llamarán «Mi predilecta», | y a tu tierra «Desposada», | porque el Señor te prefiere a ti, | y tu tierra tendrá un esposo.
 5 Como un joven se desposa con una doncella, | así te desposan tus constructores. | Como se regocija el marido con su esposa, | se regocija tu Dios contigo.

2. Este parangón de textos que establece la liturgia nos da la clave. La salvación de Dios es una fiesta nupcial. Dios celebra una boda con el hombre; más exactamente, Cristo Jesús es el esposo de la humanidad en esta era mesiánica. Cristo es el esposo de la Iglesia; Cristo es el esposo de mi corazón.
Una boda, que es, ante todo, una experiencia de gozo y de amor.
Hermanos, estamos leyendo textos sagrados, que son textos divinos de una hermosura sin ocaso. Y no podemos rebajar su alta significación, con unas sencillas aplicaciones moralizadoras a la vida ordinaria. Lo que está diciendo la divina Escritura es infinitamente más.
San Juan evangelista, el discípulo amado, el que reposó su cabeza sobre el pecho de Jesús, nos da el punto central de interpretación, de donde debemos partir, cuando, al concluir la escena él mismo comenta para que le escuchemos nosotros: así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Ya nos había dicho en el Prólogo del Evangelio: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (1,14).
Lee el Evangelio el que contempla en él la gloria de Jesús; el que no percibe esta gloria, el que no exulta de emoción incontenida al entrar en contacto con el Señor, ese, en realidad, aunque derroche erudición en sus explicaciones, no está leyendo el Evangelio que se entregó a la Iglesia. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre (Jn 21,31), es la frase final de este Evangelio que ahora estamos escuchando.

3. Hay variados detalles en la redacción de esta escena que, sin duda, están cargados de simbolismo:
- La Hora, que parece no haber llegado, pero que en realidad ha llegado desde el momento en que Jesús actúa.
- La purificación de los judíos, que nos habla de la Antigua Alianza frente a la Nueva.
- Las tinajas de piedra, que pueden evocar las tablas de piedra de la Ley.
- El vino nuevo y mejor guardado para el final, que es el final de Jesús en al Historia, el hoy de Dios para nosotros.
Pero hay un elemento singular, que se destaca pro encima de los demás: la presencia de una mujer, a la que no se llama María, sino referencialmente “la madre de Jesús”, como en la cruz: “su madre”. María no tiene nombre propio en el cuarto Evangelio; es sencillamente la Madre de Jesús, su Madre.

4. María, la madre de Jesús, es la que nos ha introducido en la escena, porque ella es la que estaba invitada. Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. ¡Qué frase más hermosa para introducir una presencia! La madre de Jesús estaba allí. Quizás la imaginación puede volar y suponer que estaba allí como sirvienta, servidora de la boda. En todo caso va aparecer como servidora de la escena.
Ella no puede mandar, porque es la esclava del Señor. Ella solo puede indicar. Y en el relato encontramos esta declaración, que es todo un programa de vida: Haced lo que él os diga.
Es la palabra propia y esencial de la Virgen en la economía de la salvación. Haced lo que él os diga.
La Virgen no tiene nada que decir. Su misión, ayer y hoy, su ´palabra, su Evangelio no es otro que el Evangelio de su Hijo. La Virgen es referencia a Jesús,  Haced lo que él os diga.

5. El teólogo, que quiere construir una doctrina en torno a la Virgen, se encuentra con este dato de primerísima importancia. Al final del siglo I, en que se piensa fue escrito este Evangelio de Juan, la comunidad cristiana, la Iglesia, tiene esta conciencia:
- En la comunidad cristiana, en la Iglesia, hoy en medio de nosotros, está presente la Madre de Jesús, y ella tiene una palabra esencial que decirnos: Haced lo que él os diga.
Pero la frase tiene un sentido oculto evidente: Yo sé lo que mi Hijo va a decir, porque yo le conozco de corazón a corazón.
¿Y qué dijo Jesús? Lo que ya sabía su Madre que tenía que decir. Tomad el vino nuevo, el vino de la alianza nueva y eterna. Tomad el vino para celebrar estas bodas de Dios con el mundo amado. Esto es lo que Jesús nos está diciendo, lo que su madre sabía que tenía que decirnos.

6. Hermanos, en este Año de la Misericordia, vayamos humildemente a la madre de Jesús.
Virgen Madre del Señor, estamos escuchando lo que nos dices: “Haced lo que él os diga”. Guíanos, acompáñanos, llévanos hasta la presencia de tu Hijo, para que hagamos, con inmenso júbilo, lo que él nos diga. Amén.

Guadalajara, Jal., sábado, 16 enero 2016.


1 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bonita su reflexión sobre el pasaje evangélico.
Caná es una aldea de Galilea, mencionada tres veces en el evangelio de san Juan. El historiador Flavio Josefo la recuerda en su autobiografía. Se estima que se trata de la actual Kefar-Kana, relativamente cerca de Nazaret.
Un día, en aquella aldea, se celebraban unas bodas. María estaba entre los invitados a su celebración, tal vez por motivos de parentesco. En efecto, una tradición cristiana del siglo XII dice que Séforis era la patria de Ana, de la que nació la Virgen. Y Séforis se encontraba cerca de Caná. La invitación se extendió también a Jesús y a sus discípulos. En el origen de este gesto de cortesía había probablemente motivos de amistad. En efecto, san Juan nos informa que Natanael, uno de los apóstoles escogidos por Jesús, era precisamente natural de Caná.
Según las costumbres del AT, las fiestas de bodas duraban normalmente siete días, pero podían prolongarse durante dos semanas. Y eran lógicamente la ocasión de un alegre banquete, servido de ordinario en casa del esposo. Por tanto se necesitaba tener unas razonables cantidades de vino. Y esto fue lo que falló en Caná.
El malestar de la situación se palpó en el ambiente de forma inmediata. Era una situación muy embarazosa en un momento crítico. ¿Qué se podría hacer?. Ir rápidamente a comprar vino llevaría un tiempo que no se tenía. El asunto había que resolverlo de forma rápida. Sí, pero ¿cómo?.
María se dio cuenta de ello y de la urgencia del asunto, y se le ocurrió que si se lo pedía a su Hijo pues él lo resolvería. A fin y al cabo todos estaban en la misma fiesta. Y dicho y hecho. Después de una respuesta un tanto anacrónica e incomprensible, Jesús atendió la petición de la madre, y el agua que contenían las tinajas fue convertida en vino de primera calidad. Jesús realizó el SIGNO, por así decirlo, de forma silenciosa. Nadie lo supo…. salvo los sirvientes. Y así, lo que pudo terminar en un desastre y en una amarga experiencia, terminó felizmente para todos.
¿Cuántas veces nos sucede en la vida que nos encontramos desamparados en un momento crítico?. ¿Cuántas veces nuestras humanas previsiones corren peligro de hundirse en un abismo?. ¡Y qué pocas veces nos damos cuenta de nuestras flaquezas!. Cuando creemos que todo lo tenemos bajo control…...resulta que nos falta ese vino que nos da vida y alegría. No nos damos cuenta de que siempre que invitamos a María a nuestros actos, ella está siempre pendiente de que no nos falte la ayuda de su divino Hijo.
Saludos.
Juan José.

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