miércoles, 20 de enero de 2016

767. Lucidez y generosidad – Retiro de enero


Lucidez y generosidad
Retiro de enero

(Retiro que he dado a una determinada comunidad de jóvenes religiosos, a los que he comunicado que lo compartiría en Internet.  Rufino María Grández)

Presentación
El año 1996 hice los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola (1491-1556), y precisamente en el lugar en que nacieron, en Manresa. Allí Íñigo López de Loyola, luego Ignacio de Loyola, convertido, permaneció diez meses (1522) en búsqueda de la voluntad de Dios. Era para mí un momento señalado, porque aquel año  yo cumpliría los 60. Me impresionó muy particularmente lo que nos dijeron de la iluminación junto al río Cardoner, que es el río que pasa por Manresa. El hecho está consignado en la “Autobiografía”, que es el Texto recogido por el P. Luis Gonçalves da Camara entre 1553 y 1555, en la culminación de la vida de san Ignacio. Dice así:
“Una vez [otoño 1522] iba por su devoción a una iglesia, que estaba poco más de una milla de Manresa, que creo yo que se llama sant Pablo, y el camino va junto al río; y yendo así en sus devociones, se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y estando allí sentado se le empezaron abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas. Y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, aunque fueron muchos, sino que recibió una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella vez sola. Y esto fue en tanta manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parescía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto, que tenía antes” (Autobiografía, n. 30).
http://www.centroloyolapamplona.org/espiritualidad-ignaciana/textos-ignacianos/
La profundidad de este texto clave en la espiritualidad de san Ignacio pide la explicación de un experto.
En el curso de aquellos días, el que daba los Ejercicios (así llama san Ignacio al que llamamos el Director de Ejercicios), P. Jaime Roig, S.I., nos dijo:
La Iglesia hoy necesita más lucidez que generosidad. Esta frase me sorprendió, hizo mella en mí, y nunca la he olvidado.
En la Iglesia existe un caudal grande de generosidad, pero ¿existe la lucidez para esa generosidad? Y, al decir Iglesia – comento – podemos especificar: orden religiosa, provincia religiosa. Y el último paso: yo mismo.
Nos preguntamos, no con alarmismo, sí con preocupación, sobre el “hoy” de Dios en la historia de salvación: y desglosamos la pregunta en tres direcciones
1.     ¿Qué está pasando en la Iglesia?
2.     ¿Qué está pasando en el mundo?
3.     ¿Qué está pasando en mí?
La clave, la columna vertebral de los Ejercicios, es el discernimiento espiritual, y esto para conocer la voluntad de Dios.  Me interesa la voluntad de Dios sobre mí. Resulta íntimamente ridículo pretender ser maestro de los demás y no saberse gobernar a sí mismo bajo la guía del Espíritu.

ANTE EL ROSTRO DE CRISTO, MI SEÑOR
Los cuatro puntos cardinales
1.     Si yo acepto que Dios existe, estoy aceptando en esta verdad:
- que Dios es el Viviente
- que Dios es el Presente
- que Dios es el que actúa.
2.     Si acepto estas verdades fundamentales de cara al mundo universo, acepto que
- que Dios es el Viviente en mí
- que Dios es el Presente en mí
- que Dios es el que actúa en mí.

3.     Si acepto estas verdades que se acaban de enunciar, acepto:
- que Dios habla en mí y para mí
- que Dios ilumina en mí y para mí
- que Dios es gozo y promesa en mí y para mí.

4.     Si acepto esta inmediatez personal de Dios en mí, acepto
- que yo puedo hablar al Dios que me habla (porque el habla es relacional, y se hace diálogo)
- que yo puedo dejarme bañar de la luz de Dios que me llega
- que si él es promesa en mí, yo puedo ser historia en él.
En efecto, yo soy historia de Dios.

Simbiosis de vida: vida humana, vida divina
Acabamos de descubrir que el ser humano – mejor dicho, yo – soy constitutivamente un ser abierto a la transcendencia; y que, por ello, si no viviera en esta apertura a la transcendencia, sería un ser mutilado, deformado. Así es el hombre desde su origen y para siempre.
Ahora bien, lo que constitutivamente existe en mí, de alguna manera es como no existente en mí, si no se me ha revelado en mí y para mí. Y estas realidades se me han revelado por Jesucristo, mediador entre el Padre y yo.

Sentido de la revelación: iluminar la vida entera
La revelación es el don que corona todos los dones, nos da las dimensiones últimas de la vida. Las dimensiones de la vida son las que están contenidas en estas tres preguntas:
- ¿De dónde vengo?
- ¿Adónde voy?
- ¿Cuál es mi misión en este camino?
Los cuatro cauces de la revelación divina
La revelación plenaria aconteció en Jesucristo, Jesús de Nazaret, que nos entregó al Padre, y en el Padre se entregó a sí mismo al Espíritu. Y nos dejó un legado en el mundo que se llama  la Iglesia.
¿Dónde se proyecta Jesús, revelador del Padre?

1.     Jesús está en todas y cada una de las páginas de la sagrada Escritura. Estos nos indica que he de leer la Escritura como carta y testimonio de Dios para mí.

2.     Jesús late entrañablemente en toda la creación: ha nacido de él y concluir. El “orden de la creación” lo ha convertido el Señor en sacramento. Y los sacramentos son las asunción de la creación, por voluntad de Cristo, para que yo en el sacramento viva la presencia de Dios en mí, y desde mí abierta al mundo.

3.     Jesús se revela en la Historia. Todo lo que acontece, donde tan fuertemente aparece la presencia del pecado, queda bajo la soberanía de Dios en su Hijo amado, al grado de que el Padre haya traspasado todo su poder al Hijo. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió (Jn 5,22-23).

4.     Sobre todo Jesús revela al Padre para mí en el misterio de mi ser personal, que nos e puede entender sino como misterio de Dios.

Vivir en la lucidez de Jesús
Vivir en la lucidez que viene de Jesús
1.     Es vivir en comunión de vida de vida divina.
2.     Lo cual es vivir con Jesús (in Christo Jesu), abiertos al Padre y al Espíritu.
3.     Haciendo que todos los actos, todos los momentos de nuestra vida, se realicen como vida de Dios en mí y conmigo. Nada hay en mi vida ajeno a esta transformación y santificación; nada hay “profano” (“pro-fano” es lo que está delante del templo, fuera del templo).
4.     Si bien es cierto que necesitamos, como ritmo normal de existencia, tiempos concentrados, que son:
- soledad (apartamiento, incluso en casa)
- silencio (como clima externo)
- interiorización (intimidad hacia adentro).
5.     Y para ello se requiere un corazón “humilde, sencillo y puro”.

Generosidad con lucidez
La generosidad es la entrega de un paso adelante en el camino de Jesús. Se produce con la fuerza de Dios en mí. Yo doy el paso – no otro por mí, ni Dios por mí, porque quien vivo soy “yo” y soy libre “yo” – y lo doy con la conciencia de que Dios obra en mí. El ejemplo supremo es el martirio. Nadie puede ser mártir si no se le da la “gracia” del martirio; pero nadie es mártir a la fuerza, sino aceptando el martirio con voluntad personal.

Aceptemos estas realidades:
1.     No puede haber un acto “nuevo” de generosidad si no hay una iluminación “nueva”, una lucidez “nueva”.
2.     No puede existir una luz nueva, si yo no estos propenso a recibir esa luz nueva para llevarla a la práctica. Dios no fuerza, sino que atrae. Su atracción será cautivadora, pero nunca suprime nuestra libre voluntad.
3.     De este modo, los grandes deseos instan a Dios a que ilumine nuestros corazones con nueva lucidez.
4.     Todo acto de generosidad es en bien personal, pero no hay bien personal que no redunde en bien de toda la Iglesia.

Zapopan, Jalisco, domingo 17 enero 2016


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