jueves, 4 de febrero de 2016

771. Domingo 5 C – Jesús encomienda a Simón una misión: ser pescador de hombres

Homilía para el domingo 5 del tiempo ordinario, ciclo C
Lc 5,1-11


Texto evangélico:
5 1 Una vez que la gente se agolpaba en torno a él para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, 2 vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». 5 Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». 6 Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». 9 Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». 11 Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Hermanos:
1. El próximo domingo estaremos ya dentro de Cuaresma. Hoy seguimos con el curso de las lecturas precedentes. De la sinagoga de Nazaret, donde nos encontrábamos el domingo precedente, nos trasladamos a pocos kilómetros al interior de la tierra de Jesús y estamos en el Lago de Galilea.
Cuando uno visita Tierra Santa, una de las impresiones más íntimas y consoladoras se la lleva de ese lago, que llamamos el lago de Galilea o el Lago de Genesaret. Los judíos lo siguen llamando Kinnéret, que significa “arpa”, por la forma que tiene el lago, de alguna manera asimilada a un arpa para cantar los salmos. Hace falta alma de poeta para acercarse a este lago, que removió las fibras estéticas más puras del alma de Jesús.
¡Cuántas veces oró Jesús mirando a este lago! El peregrino piensa: Belén, Nazaret, Jerusalén…, las calles, las casas han cambiado. El lago es igual, el cielo que se refleja en las aguas del lago es igual, las colinas que rodean el lago son igual. Esto es lo que vio Jesús, lo que respiró Jesús; estos pájaros que se arremolinan por la noche para dormir por bandadas en los árboles los vio Jesús. En estas aguas que vienen desde el Hermón se bañó Jesús; de estos pescados del lago comió Jesús; parece como si estuviera ahí…

2. Y ¿cuál es el recuerdo más bello que Jesús guardó del lago? No sé si se pueda decir…, porque todos son puro Evangelio.
Para nosotros sí, el primer recuerdo del lago es aquel de la elección de los apóstoles.
Para entrar en esta escena divina, la liturgia nos muestra hoy la elección de Isaías, que había sido, hacía 700 años, en el templo de Jerusalén. Isaías vio a Dios.
Dice el texto sagrado (capítulo 6 de Isaías):
     Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey, Señor del universo» (vv. 5-6).

3. En este momento Pedro ha visto a Dios en Jesús. Lo que ha ocurrido es una Teofanía; Dios se ha aparecido a Simón y a los apóstoles en su Hijo amado, Jesús. Señor, apártate de mí. Cuando el hombre está ante Dios, quisiera desaparecer, indigno ante la infinita santidad divina, pero al mismo tiempo quisiera fundirse con ese Dios que le fascina, porque nada ansía tanto el ser humano como encontrarse con Dios. Esa concordia de las dos cosas opuestas (oppositorum concordia) es la esencia de la experiencia espiritual .
Simón Pedro se siente unidísimo como nunca a Jesús cuando recibe la confianza plena de Jesús, cuando le dice: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».

4. Pescador de hombres es una expresión que las hemos poetizado…, pero hemos de pensar que en su sentido original quizás suene a algo diferente de lo que nosotros suponemos. Si Jesús le hubiera dicho: “vas a ser cazador de hombre”, nos habría parecido algo desentonado. Yo no quiero ser cazado por nadie… Yo soy libre, y lo que tenga que decidir en la vida, ha de ser decidido por mí, y nadie más.
Pues del mismo modo, Yo no quiero ser pescado por nadie, yo no quiero caer en el anzuelo de nadie, en las redes de nadie. Yo quiero ser yo en vida, muerte y eternidad. Fuera todos los cazadores, fuera todos los pecadores…

4. ¨Pero Jesús, con viejos pensamientos proféticos, ve que el mundo va camino de la perdición, y que hay que arrancarlos, como sea, del camino. Vete a pescar, pero no peces, sino hombres.
Con este pensamiento san Pablo dirá: Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes (2Cor 9,22-23).
Esta es la forma como ha entendido san Pablo eso de pescar: ganar, sea como sea, a algunos.
Quizás esto pueda herir nuestra sensibilidad, pero son frases bíblicas que están ahí y requieren nuestra inteligencia y compromiso.

5. De aquí nace la Iglesia evangelizadora que va a ser reconfirmada después de la resurrección de Jesús. Dios ha amado al mundo, a todos los hombres, sin excepción, y está pidiendo nuestro amor y valentía para dar este don al mundo. No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
El relato de Isaías continúa con estas palabras: Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado». Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,5-6).

Hermanos, la misión de la Iglesia nace y se perpetua de este mandato de Jesús, que resonó por primera vez junto al lago de Galilea. Ayer y hoy la Iglesia vive por ese fuego divino. Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.

6. Concluyamos, hermanos, orando a Jesús, que es el que guía a su Iglesia:
Señor Jesús, purifica mi corazón con tu brasa encendida, purifícalo de toda soberbia y vanidad, y dame humildad y valentía para echar las redes, en tu nombre, y ser pescador de hombres. Amén.

Guadalajara, jueves, 4 febrero 2016.

Cántico para la Comunión sobre este pasaje evangélico: Mar adentro, Simón, junto a mí

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;