sábado, 13 de febrero de 2016

775. Al eco de sus palabras (Visita del Papa a México). La mirada de la Virgen


 La mirada de la Virgen:
le pido que me mire


El Papa, que ayer llegó a México, dijo a los 75 periodistas que le acompañaban en el avión: “Mi deseo más grande es detenerme ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, este es un misterio que se estudia y se estudia pero no existen explicaciones humanas, incluso el estudio más científico dice que esto es una cosa de Dios".
Hoy ha sido recibido en el palacio presidencial, y al comienzo de su discurso ha dicho al Presidente Peña Nieto y a todas las autoridades y diplomáticos que allí estaban: 
"Le agradezco, señor Presidente, las palabras de bienvenida que me ha dirigido. Es motivo de alegría poder pisar esta tierra mexicanas que ocupa un lugar especial en el corazón de las Américas. Hoy vengo como misionero de misericordia y paz pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella". Al concluir  el discurso: "Y me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de Guadalupe -le pido que me mire- para que, por su intercesión, el Padre misericordioso nos conceda que estas jornadas y el futuro de esta tierra sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz". Era un discurso de estado, sorprendente.
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A continuación ha ido a la catedral y, a puerta cerrada ha abierto su corazón a los obispos. Hemos leído luego su discurso: ¡bellísimo! Les ha hablado mil veces de la mirada de la Virgen: “Como hizo San Juan Diego, y lo hicieron las sucesivas generaciones de los hijos de la Guadalupana, también el Papa cultivaba desde hace tiempo el deseo de mirarla. Más aún, quería yo mismo ser alcanzado por su mirada materna. He reflexionado mucho sobre el misterio de esta mirada y les ruego acojan cuanto brota de mi corazón de Pastor en este momento”.
Y ha seguido: “Una mirada de ternura. Ante todo, la «Virgen Morenita» nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia”.
Les ha dicho a los Obispos. “En las miradas de ustedes, el Pueblo mexicano tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes «han visto al Señor» (cf. Jn 20,25), […]  Si nuestra mirada no testimonia haber visto a Jesús, entonces las palabras que recordamos de Él resultan solamente figuras retóricas vacías”.
Dicen que dentro de la retina de la Virgen ha quedado el retrato de Juan Diego, arrodillado ante ella. “Como enseña la bella tradición guadalupana, la «Morenita» custodia las miradas de aquellos que la contemplan, refleja el rostro de aquellos que la encuentran. Es necesario aprender que hay algo de irrepetible en cada uno de aquellos que nos miran en la búsqueda de Dios. Toca a nosotros no volvernos impermeables a tales miradas. Custodiar en nosotros a cada uno de ellos, conservarlos en el corazón, resguardarlos.
Sólo una Iglesia que sepa resguardar el rostro de los hombres que van a tocar a su puerta es capaz de hablarles de Dios”.
Por la tarde ha celebrado en la basílica de Guadalupe. Ha vuelto sobre al mirada de la Virgen y ha citado – mejor, "recitado" en oración - un soneto, que en el oficio divino que usamos aquí en América se encuentra en las II Vísperas de la Virgen (el Papa como jesuita fue profesor de literatura).

Deja mirar, mirarte simplemente,
[en el breviario: Mirarte simplemente, madre]
dejar abierta sola la mirada,
mirarte toda sin decirte nada,
decirte todo mudo y reverente

No perturbar el viento de tu frente,
sólo acunar mi soledad ajada
en tus ojos de madre enamorada
y en tu nido de tierra transparente

Y allí, de tu mirada en la espesura,
la envejecida sangre de mis venas
filtra y decanta toda su basura

Mirarte, Madre, contemplarte apenas,
el corazón callado en tu ternura
en tu blanco silencio de azucenas.

Luego el Papa, quitados los ornamentos sacerdotales, ha querido estar un rato sencillamente  ante la Virgen, mirando  dejándose mirar.
Al concluir esta jornada de gracia, de paz y de ternura, yo también deposito mi Plegaria ante la Virgen, dejándome mirar por ella.

Plegaria a la Virgen de Guadalupe

Tus ojos de cielo y tierra
son la más dulce mirada,
toda la historia de México
en ellos está guardada.

Ojos de paz y ternura
que a nadie y nunca maltratan,
ojos de misericordia
que siempre nos acompañan.

Ojos bellos, ojos puros
que en su luz a todos bañan,
los ojos de la humildad
cuando el ángel le anunciaba.

En esos ojos yo quiero
poner mi vida y mi alma,
tener allí mi retrato
en la pupila sagrada.

Como Juan Diego quedó
mirándole cara a cara;
en el iris se imprimió
cuando la Madre le hablaba.

Y con ojos de ternura
de la Virgen agraciada
yo miraré a mis hermanos
y veré a Jesús que salva.

Yo me quedo aquí mirando,
lleno de paz y esperanza,
y entonces sentí un milagro:
que la Virgen me miraba.

Era cual suave murmullo
palpitando en mis entrañas:
que la Virgen allí estaba,
¡que era mi madre y me amaba!


Guadalajara, Jalisco, sábado 13 febrero 2016

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