domingo, 14 de febrero de 2016

777. Un beso vale una encíclica (Visita del Papa a México) Al eco de sus palabras

Un beso vale una encíclica


Esta tarde el Papa ha ido, en Ecatepec, al Hospital Infantil Federico Gómez. Una niña con cáncer le ha cantado el Avemaría de Schubert (“A mi me conmovió mucho ;me puse llorar. Hace un mes mi sobrino murió de cáncer en en ese hospital. Reena Cat”).
El Papa habló a los niños y les preguntó si sabían quién era Juan Diego: ¡Que levanten la mano! Y muchos levantaron la mano. Y les dijo lo que la Virgen dijo a Juan Diego. Y el Papa practicó la “cariñoterapia”, de la que había hablado. Saludó como él sabe hacerlo.
Me acordé de las Rimas de Bécquer, de aquella del beso
“Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
qué te diera por un beso!” (Rima XXIII)
El Papa besaba a los niños, y los niños le besaban y abrazaban. Yo le tenía envidia…, y se me revolvían besos y versos por dentro. Y entonces el Ángel de Paz vino a mi encuentro y me susurró una poesía

Un beso vale una encíclica
y yo la puedo escribir,
y el lector que me la lea
es más sabio que un rabí.

Un beso a un niño con cáncer,
eso vale más que mil:
el Concilio Vaticano
y el que luego ha de venir.

Pero si nadie se entera
del beso que yo le di
eso es secreto divino
y Dios se goza sin fin.

Un beso de la enfermera
a este niño pequeñín,
sin pelito en su cabeza,
que es blanca como jazmín

ese besito de a diario
para hacerle sonreír…,
si quieres saber qué vale,
no hay medida de medir.

Ese beso maternal
con los labios sin carmín
- dice Jesús - ese beso…
ese me lo diste a mí.

* * *
Mis ojos se humedecían
viendo dentro lo que vi
al  ver a las enfermeras
del Hospital Infantil.

El Papa resplandecía
que Jesús estaba allí
“cariñoterapia” hacía
a otros y para sí.

Y acaso en el corazón
muy calladito y sutil
pensando y sintiendo estaba
lo de Francisco de Asís.

Que Francisco le dio un beso
a un enfermo pobre y… vil
y fue Francisco curado
de su orgullo y frenesí.

Y acaso también pensaba:
“Dios mío, ¿dónde caí?
Los enfermitos me enseñan
lo más bello que aprendí.

Ternura, ternura a mares
para llorar y reír,
silencio, silencio y paz,
y en silencio compartir.

Gracias, mis niños del alma,
por lo que hoy recibí:
a Jesús Resucitado
en colorines de añil.

Cuando me acueste esta noche
muy a gusto he de dormir:
soñaré en los angelitos
que me habrán de bendecir”.

Rufino María Grández
Misionero de la Misericordia


Guadalajara, Jalisco, domingo 14 febrero 2016

1 comentarios:

Anónimo dijo...

DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MÍ. NO SE LO IMPIDÁIS. PORQUE DE LOS QUE SON COMO ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.
Con esa misma ilusión se han acercado (y se acercan) en México a ver la Papa. Que nadie impida a los niños acercarse al Papa. El Papa, lo mismo que Jesucristo, los abraza y bendice, y todos lo vemos y nos acordamos de la Escritura.
Saludos.
Juan José.

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