martes, 16 de febrero de 2016

778. Soñé que Morelia ardía (Visita del Papa a México – Al eco de sus palabras)


Soñé que Morelia ardía…

Sigue el estallido de la visita del Papa. Ayer, al atardecer, llegamos a Morelia - patria de José María Morelos -  que los españoles llamaron Nueva Valladolid.
Michoacán, lugar agitado por el narcotráfico y la muerte. Mas ¿qué veíamos en la calle? Barreras y barreras, y fiesta y más fiesta, con inmensa alegría y serenidad. Quizás Morelia iba a tener el día más bello de su historia. Muchas pancartas, con amarillo del Vaticanao daban la bienvenida. MORELIA TE RECIBE CON EL ALMA, y terminando la frase: “llena de paz”.
Morelia – Michoacán – ya no era solo el paraíso de la Mariposa Monarca que con su leve cuerpecito de cinco gramos y amplias alas vuela intrépida miles de kilómetros de Canadá a Michoacán, justamente a Michoacán. Era el milagro de una ciudad y de una tierra que su primer obispo, Tata Vasco de Quiroga, venido de España, evangelizó…
Pero lo que más me impresionó eran aquellas mujercitas, venidas de los pueblos, que había cogido sitio en el borde la acera de la calle, junto a la valla metálica, dispuestas a pasarse, acurrucadas, la noche, y poder ver al Papa, al día siguiente, cuando al mediodía pasara para entrar en la catedral… ¡Dios mío, tanta fe!
Por la mañana nos juntamos seminaristas, religiosos, religiosas, en el estadio Venustiano Carranza. Por la tarde una multitud sin cuento de jóvenes en el nuevo estadio José María Morelos.
El Papa nos habló sencillamente, con unción, a los consagrados; la liturgia cuaresmal de este martes de la II semana cuaresma nos recordaba el “Padrenuestro”.
Nos decía el Papa:

 “Y, en este hacer memoria, no podemos saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez de Quiroga, Carta pastoral, 1554).
Agradezco –paréntesis– al Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta Eucaristía con el báculo de este hombre y el cáliz de él.
Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como «el español que se hizo indio». La realidad que vivían los indios Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación y de la acedia de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta. El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua purhépecha significa: Papá.
Padre, papá, Tata, abba.
Esa es la oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.

Soñé que Morelia ardía…;
no soñé, que yo la vi,
paseando por las calles
de Nueva Valladolid.

Soñe que Morelia hervía…;
no soñé, que me encendí,
al ver la gente en la calle
tendida para dormir.

Soñé que la Catedral
era fuego y polvorín..,
no soñé, que iluminada
era Pascua juvenil.

Y soñé que en el estadio
eran… ¿cuántos?, ¿treinta mil?;
no soñé, que yo era uno
de los que oyeron: “Seguid”.

De oración hablaba el Papa:
orar – decía – y vivir:
se reza como se vive,
vivir: amar, combatir.

Resignación, tentación;
Dios está por descubrir;
yo soy milagro de amor,
proyecto que Él va a cumplir.

Tata Vasco se entregó
al pueblo para servir,
su báculo que alza el Papa
habla, si quieres oír.

Y el cáliz que consagraba
sangre de Getsemaní,
sea el cáliz de mi vida
vertiendo mi amor aquí.

Cual Mariposa Monarca
yo quiero el cielo batir,
mi cuerpecito es pequeño,
mis alas son tu confín.

Yo fui por Dios consagrado,
sin nada que presumir;
yo soy la debilidad,
Jesús, terrible fortín.

Humildemente renuevo
los votos que prometí,
y quiero perseverar
sin borrar el sí que di.

Padre, mi Padre adorado,
que de niño te aprendí,
guárdame bajo tus alas,
que en ti yo quiero morir.


Guadalajara, Jalisco, 16 febrero 2016

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