jueves, 25 de febrero de 2016

781. Domingo III Cuaresma C – Jesús nos llama a todos a la conversión


Homilía para el dom. III de Cuaresma, ciclo C
Lc 13,1-9

Texto evangélico:
1 En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. 2 Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? 3 Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. 4 O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 5 Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
 6 Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. 7 Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”. 8 Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, 9 a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».
Hermanos:
1. Algunas veces, cuando leemos la Sagrada Escritura, al escuchar de repente algunos textos, de pronto surge en el corazón una alegría llena de sorpresa como para decir: Parece que este texto está escrito para mí, justo lo que más necesitaba. Gracias, Dios mío.
No sé, hermanos, cuál es la impresión que produce este pasaje que hemos escuchado: un pasaje curioso, por de pronto - ¡cómo comentaba Jesús los sucesos de la vida! – pero un pasaje, al parecer, nada simpático: si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Dos veces repite Jesús esta frase en su comentario, haciéndola quizás el centro del mismo.

2. Volvamos a recordar lo que pasó. Se habla de dos sucesos: un suceso político-religioso, y una desgracia por un accidente natural, en los dos casos hay muertos, en el primer por asesinato, en el segundo, 18 muertos que hay que lamentar por accidente.
El comentario no lo ha iniciado Jesús, sino que lo provoca una conversación que le traen. Pilato ha matado a un grupo de galileos insurrectos. No tenemos detalles. Se supone que eran unos sediciosos religiosos que no admiten la autoridad de Roma, representada por Pilato.
Jesús puede hacer un comentario a favor de los judíos, que a lo mejor es lo que le están pidiendo. “Ese Pilato es un criminal; no hay derecho a ahogar las ideas con la sangre…”
Jesús puede pronunciarse. Jesús es judío y ama a su pueblo, y tiene derecho a sacar afuera sus convicciones. En el huerto, cuando alguien del grupo  intenta defenderlo con una espada que por allí tenían y le lleva la oreja a un criado del Sumo Sacerdote, dice: “Envaina la espada: que todos los que empuñan espada, a espada morirán” (Mt 26,52).

3. Jesús en esta ocasión no tiene un comentario político para condenar la acción de Pilatos. Ni tampoco un comentario religioso sobre esa situación que arrastra Palestina con respecto al Imperio de Roma. Jesús hace un comentario profético, emplazando a los asistentes al juicio de Dios. Las palabras proféticas de Jesús son terribles y tuvieron que caer sobre los oyentes fulminantes, como un rayo del cielo: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.
Aquí Jesús habla de todos y nadie se libra de este veredicto. En otros pasajes Jesús distingue entre personas y personas. Aquí no hay distinción: todos pereceréis. Jesús habla de todos y nos incluye a todos; él es el profeta escatológico de Dios, que viene a despertarnos con el último llamado. Este anuncio está indicando que Jesús se coloca en la hora de Dios, en la última oportunidad que Dios nos ofrece para llevarnos a todos a la salvación.

4. La frase suena muy dura, y, con todo, es una llamada de amor, porque es una llamada de salvación. Todos pereceréis, nos está diciendo, si no aceptáis lo que Dios, mi Padre, está ofreciendo gratuitamente.
Dios nos está pidiendo a todos – sí, a todos, sin exceptuar a nadie – la conversión, el volvernos a Dios, abrirle a él nuestro corazón, y aceptar el amor que nos ofrece en su Hijo.

5. Ahora Jesús, de su propia cuenta, completa el comentario haciéndoles reflexionar sobre un suceso que ha llenado la población de lágrimas y gritos de dolor. Se desplomó un edificio memorial y murieron de golpe 18 personas. ¡castigo de Dios! No, no es un castigo de Dios; es, por el contrario, un aviso amoroso de Dios Padre a todos nosotros: Estamos en la hora oportuna y tenemos al profeta de Dios, que es el mismo Hijo de Dios, ahí delante. 4 O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 5 Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
5. Con este modo de hablar Jesús se define como el último enviado de Dios en esta hora suprema de la historia, pero como enviado misericordioso. Jesús es la prórroga de Dios para alcanzar esa Misericordia que nos salva. La parábola de la higuera cuidada y mimada es justamente para significar eso. Jesús es la oportunidad que el Padre nos ofrece, hoy todavía.
La higuera tenía que haber dado fruto y no ha dado. El amo dice: Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno? Pero el criado que cuida de la viña, que en este caso está representando a Jesús, dice al dueño: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar.
¿Hemos pensado, hermanos, que con estas palabras Jesús está haciendo el propio retrato de su vida? ¿Quién es Jesús? Jesús es la paciencia de Dios. Jesús está con nosotros, dispuesto a regalarnos todo para llevarnos a Dios.

6. La parábola de Jesús alcanza su último sentido dramático si yo soy capaz de aplicármela a mí mismo, si yo pienso, como debo pensar: Jesús está dispuesto a olvidar todo mi pasado, mis ingratitudes, mis medianías, mis errores, y me ofrece hoy mismo la conversión, prometiéndome que me va a ayudar y va a hacer todo por mí, para que yo dé los frutos que el Padre espera de mí. Jesús es el amor desbordado de Dios por mí, el amor loco, el amor que no tiene explicación, el puro amor de Dios que el Padre me está regalando. Jesús no me echa en cara mi pasado. Jesús se pone a mis pies para decirme: Conviértete hoy mismo, que tu Padre Dios ha olvidado todos tus pecados y te va a colmar de su Misericordia. Dios es tu vida.
Lo volveremos a ver, hermanos, el domingo con la parábola del hijo pródigo.

7. Jesús, gracias por el amor infinito que has traído a la tierra. Gracias porque me llamas hoy mismo a mi conversión permanente, esta es la palabra que yo quería oír de tus labios para mí. Gracias.

Guadalajara, Jalisco, jueves 25 de febrero de 2016.


Habló la Misericordia
Cántico de comunión para hoy sobre Lucas 13,1-9

Habló la Misericordia
por los labios del Profeta;
el profeta era Jesús,
yo estaba a la escucha atenta.

Y si no os convertís
pereceréis en la prueba;
si no acogéis el amor
el desamor os espera.

Jesús, derroche amoroso,
ilumina mi ceguera,
para entender tu palabra
que yo la recibo entera.

Yo confieso mi pecado
y en él tu suma pureza,
la nada de donde vine
y allí tu inmensa grandeza.

Son mis raíces tu amor,
tu piedad mi subsistencia,
tu mirada me levanta
y tu ternura es mi fuerza.

Tu cruz es mi salvación,
destronada está mi ofensa,
tu sangre me purifica,
tu muerte es mi paz suprema.

Santificado en tu carne,
tu comunión me sustenta,
mi Jesús, yo te confieso,
te adoro con reverencia. Amén.

Guadalajara, III domingo de Cuaresma,

28 febrero 2016.

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