jueves, 3 de marzo de 2016

782. Domingo IV Cuaresma C – Yo soy el hijo pródigo, canto a la Misericordia del Padre Dios

Homilía para el domingo IV de Cuaresma, 
ciclo C
Lc 15,1-3. 11-32

Texto evangélico:
1 Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. 2 Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
3 Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; 12 el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. 13 No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. 14 Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. 15 Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. 16 Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. 17 Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. 18 Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; 19 ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. 20 Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. 21 Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
22 Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; 23 traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete.
25 Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. 28 Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. 29 Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; 30 en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. 31 Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».
Hermanos:
1. Hace poco apareció – simultáneamente en varias lenguas – un pequeño libro del Papa Francisco El nombre de Dios es Misericordia. Es el resultado de una entrevista que le hizo una periodista italiano, dividida esta entrevista en nueve pequeños capítulos.
Allí le preguntan al Papa:
¿Cuáles son las experiencias más importantes que un creyente debe vivir enel Año Santo de la Misericordia?
Y responde el Papa:
Abrirse a la misericordia de Dios, abrirse  a sí mismo  y  a su propio corazón, permitir  a  Jesús  que  le  salga  al  encuentro,  acercándose  con  confianza  al confesionario. E intentar ser misericordioso con los demás.
Este es el resumen de lo que con la gracia de Dios podemos hacer nosotros. Una respuesta concreta que se resuelve en cuatro puntos:
1°) Abrirse a la misericordia de Dios.
2°) Abrirse  a sí mismo  y  a su propio corazón.
3°) Abrirse a Jesús, que viene a mi encuentro, y viene precisamente en el sacramento de la reconciliación, en el confesionario.
4°) E intentar ser misericordioso con los demás. Y el Papa habla de las obras de misericordia, las corporales y la espirituales.
“Miremos en primer lugar – dice - las siete obras de misericordia corporal: dar de comer  al  hambriento;  dar  de  beber  al  sediento;  vestir  al  desnudo;  dar alojamiento  a  los  peregrinos;  visitar  a  los  enfermos;  visitar  a  los  presos  y enterrar  a  los  muertos.  Me  parece  que  no  hay  mucho  que  explicar.  Y  si miramos  nuestra  situación,  nuestras  sociedades,  me  parece  que  no  faltan circunstancias  y  ocasiones  a  nuestro  alrededor…” (Capítulo IX, Vivir el Jubileo).

2. Para explicar lo que es la misericordia, que los profetas había anunciado con palabras llenas de inmensa ternura, Jesús, continuando y superando esa línea, inventa una parábola escandalosa.
El hijo fiel, el cumplidor y trabajador, puede pensar en su interior al ver el comportamiento de su padre:
- Pero… ¿mi padre se ha vuelto loco? ¿Cómo es posible que a ese hijo suyo, que le ha destrozado el corazón y la hacienda, que se ha destrozado a sí mismo con una vida de prostitutas, que ha destrozado a su padre y a la familia, ahora lo reciba con un banquete de honor y una fiesta…? Ni lo entiendo ni lo quiero entender. Mi padre se ha vuestro loco. Yo no comparto esa fiesta.

3. En la parábola hay tres personajes, que representan tres situaciones. Veamos estos tres retratos.
Jesús está representado por el Padre bueno, que se ha vuelto loco de amor y de ternura por el hijo que regresa a casa. El hijo pródigo está presentando a todos los pecadores y pecadoras que, al escuchar a Jesús, se convierten de sus pecados.  El hijo bueno y trabajador está representando a los fariseos, a los doctores, a los cumplidores de la Ley que no entienden el comportamiento de Jesús, que se escandalizan de él y no quieren compartir esa fiesta del amor y del perdón de Dios.
La pregunta que nos sale al encuentro es esta: ¿Dónde estoy yo?, ¿Quién soy yo?
La respuesta correcta es esta, tiene que ser está: Yo soy el hijo que se siente pecador y que, volviendo a casa, recibe las caricias, los besos y abrazos del Padre Dios.

4. Veamos cómo describe Jesús la actitud del Padre, que es la actitud que él ha adoptado en la tierra:
1)    El Padre ha dejado en libertad a su hijo y lo está esperando desde el primer día en que marchó.
2)    El Padre, al verlo venir, no lo aguarda en casa, sino que sale a su encuentro y corre, y lo cubre de besos.
3)    Cuando el hijo comienza a contar sus pecados y le pide perdón, el Padre le corta, porque él ha olvidado todo. Hermanos, Dios es así, cuando perdona, Dios  no solo perdona, sino que olvida todo.
4)    El Padre celebra la vuelta y la resurrección del hijo vistiéndole el mejor vestido, poniéndole calzado, matando el mejor ternero. La vida del hijo es pues, el gran regalo que el Padre le ha preparado.
5)    Y finalmente todo ello hay que celebrarlo con la mejor fiesta, llamando a los músicos, porque la fiesta del perdón es la fiesta del nacimiento y de la boda.

Todo esto, hermanos, es la Fiesta del Perdón que Jesús nos describe. Y tenemos que tener el valor de aplicárnoslo a nosotros mismos.

 5. En la bula convocatoria del jubileo decía el Papa: “Durante la Cuaresma de este Año Santo tengo la intención de enviar a los Misioneros de la Misericordia. Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe. Serán sacerdotes a los cuales daré la autoridad de perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica, para que se haga evidente la amplitud de su mandato. Serán, sobre todo,  signo  vivo  de  cómo  el  Padre  acoge  a  cuantos  están  en  busca  de  su perdón.  Serán  Misioneros  de  la  Misericordia  porque  serán  los  artífices  ante todos  de  un  encuentro  cargado  de  humanidad, fuente  de  liberación,  rico  de responsabilidad,  para  superar  los  obstáculos  y  retomar  la  vida  nueva  del bautismo.  Se  dejarán  conducir  en  su  misión  por  las  palabras  del  apóstol: «Dios sometió a todos a la desobediencia, para tener misericordia de todos»(Rm 11,32). Todos entonces, sin excluir a nadie, están llamados a percibir el llamamiento  a  la  misericordia.  Que  los  misioneros  vivan  esta  llamada conscientes  de  poder  fijar  la  mirada  sobre  Jesús,  «sumo  sacerdote misericordioso y digno de fe» (Hb 2,17).
Pido  a  los  hermanos  obispos  que  inviten  y  acojan  a  estos  misioneros, para que sean ante todo predicadores convincentes de la misericordia. Que se organicen  en  las  diócesis  «misiones  para  el  pueblo»  de  modo  que  estos misioneros  sean  anunciadores  de  la  alegría  del  perdón.  Que  se  les  pida celebrar el sacramento de la reconciliación para los fieles, para que el tiempo de gracia donado en el Año Jubilar permita a tantos hijos alejados encontrar el  camino de regreso hacia la casa paterna” (Bula Misericordiae vultus, El rostro de la Misericordia, n. 18).

5. Hermanos, quien les habla de es uno de esos Misioneros de la Misericordia, ofrecidos y aceptados, para ejercer ese servicio, uno de esos 1.200 aproximadamente que han recibido esta misión.
En todas las parroquias, a poco grandes que sean, se organizan Pláticas cuaresmales. Es una preciosa ocasión para vayamos a recibir esa infinita ternura y misericordia de Dios.

6. Señor Jesús, gracias por este año de la Misericordia. Concédenos, a través de tu abrazo experimentar la Misericordia del Padre. Amén.


Guadalajara, jueves 3 de marzo de 2016.

Cántico de comunión
sobre el Evangelio del hijo pródigo
(Misericordiae vultus – 5)

1. Soy un hijo perdonado
por mi Dios, el Padre bueno;
al verme, corrió a encontrarme
para cubrirme de besos.

2. Quise decirle mis culpas,
arrodillado y deshecho,
mi Padre no consintió
verme postrado en el suelo.

3. Quise decirle con lágrimas
que perdí nombre y derecho,
que no merezco ser hijo,
sino solo jornalero.

4. Mas no me dejó decir
semejante pensamiento;
me puso el traje guardado
y anillo de oro en el dedo.

5. Calzó mis pies con sandalias
como príncipe heredero,
me perfumó la cabeza
y mató el mejor ternero.

6. Mandó celebrar banquete,
brindando con vino añejo,
con la música y la danza
festejando un nacimiento.

7. Era cual boda de amor
que se hace a un novio perfecto,
y el más feliz del banquete
era mi Padre aplaudiendo.

8. Lo que Jesús predicaba
yo no lo alcanzo a entenderlo,
pero lo acepto en la fe
y gozo porque lo creo.

9. ¡Bendita Misericordia
en que he bañado mi cuerpo,
Jesús es mi paz y mi gozo,
mi santidad y mi premio!

 Guadalajara, Jalisco 3 marzo 2016
Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.
Misionero de la Misericordia

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