domingo, 20 de marzo de 2016

792. Espiritualidad de Semana Santa – Domingo de Ramos: Gloria y Pasión del Rey Mesías


Gloria y Pasión del Rey Mesías
La Palabra sacramental en la celebración
del Domingo de Ramos
Rufino María Grández, OFMCap.
Instituto de Teología Espiritual de Barcelona,
dirigido por Pedro Farnés Scherer, Curso 1997-1998

                                                                                 
Presentación
                                                                                                                
Vamos haciendo un itinerario de lectura espiritual de la Biblia en torno al misterio pascual. En enero de 1995 iniciábamos este tema: Lectura mistagógica de la Escritura en la Vigilia Pascual, adentrándonos en el contenido de tres lecturas (Gn 1,1-2,1; 22,1-18; Is 54,5-14). En enero de 1996 nos ocupamos de otras tres lecturas proclamadas en la misma Vigilia (Ex 14,15-15,1; Is 55,1-11; Ba 3,9-15.32-4,5).
Al año siguiente (febrero 1997) seguíamos con el Triduo Pascual: Proclamación de la Escritura en la celebración de la Pasión del Viernes Santo.
Retrocedemos ahora a los días finales de la Cuaresma y en esta óptica de lectura espiritual de la Biblia queremos escuchar en la asamblea cristiana la Palabra de Dios[1] proclamada en la Semana Santa y en concreto en las celebraciones de
Domingo de Ramos
Lunes Santo
Martes Santo y
Miércoles Santo.



Primera parte
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
        
                                                                                    
1. Orientación espiritual del Domingo de Ramos

El sentido espiritual del “Domingo de Ramos en la Pasión del Señor” lo expresa el ceremonial de Obispos con estas palabras:

Con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, la Iglesia entra en el misterio de su Señor crucificado, sepultado y resucitado, el cual entrando en Jerusalén dio un anuncio profético de su poder.
Los cristianos llevan ramos en sus manos como signo de que Cristo muriendo en la cruz, triunfó como Rey. Habiendo enseñado el Apóstol: “Si sufrimos con él, también con él seremos glorificados” (Rm 8,17), el nexo entre ambos aspectos del misterio pascual, ha de resplandecer en la celebración y en la catequesis de este día[2].
    
Palabras que hay que ponderar en sus matices pues se tratar de captar para la celebración y en consecuencia para la catequesis el contenido espiritual del misterio celebrado.
En esta línea está compuesta la monición orientativa del Misal, que dice:

“Queridos hermanos: Ya desde el principio de la Cuaresma nos venimos preparando con obras de penitencia y caridad.
Hoy, cercana ya la noche santa de Pascua, nos disponemos a inaugurar, en comunión con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la Pasión y Resurrección de Jesucristo, misterio que empezaron con la solemne entrada del Señor en Jerusalén.
Por ello, recordando con fe y devoción la entrada triunfal de Jesucristo en la Ciudad Santa, le acompañaremos con nuestros cantos, para que, participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección”[3].
No estamos en la Noche Pascual, punto cenital de todas las celebraciones, no estamos tampoco en el Triduo pascual, pero sí inauguramos con el Domingo de Ramos la celebración anual extendida de los misterios inseparables de la Pasión y Resurrección del Señor[4].
La Carta circular de la Congregación para el Culto divino, sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales (16 enero 1988)
recoge el texto citado del Ceremonial de los Obispos[5] y acerca de los ramos benditos que luego se luego se llevan a las casas se advierte: “La bendición de los ramos o palmas tiene lugar en orden a la procesión que seguirá. Los ramos conservados en casa recuerdan a los fieles la victoria de Cristo que se ha celebrado con la procesión”[6].
Semana de Pasión. Por este motivo “los primeros días de la Semana Santa, las lecturas consideran el misterio de la Pasión”[7].

2. Composición de la liturgia del Domingo de Ramos

La liturgia del Domingo de Ramos tiene dos partes. La primera es la Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, cuya forma típica es una procesión. La segunda es la Misa.

Procesión aclamando a Cristo Rey
La oración para la bendición de los ramos nos orienta en el sentido de esta solemne procesión de aclamación a Cristo, presagio del triunfo pascual: “Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu + bendición estos ramos, y, a cuantos vamos a acompañar a Cristo aclamándolo con cantos, concédenos entrar en la Jerusalén del cielo, por medio de él”.

Proclamación del Evangelio. A continuación se proclama el Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén según los Sinópticos: Mt 21,1-11 (año A), Mc 11,1-10 (año B), Lc 19,28-40 (año C).

Salmos. Para esta procesión se han escogido dos salmos de aclamación: Salmo 26 (Del Señor es la tierra y cuanto la llena... Portones, alzad los dinteles..., va a entrar el Rey de la gloria); Salmo 46 (Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo)[8].
Himnos populares. En la liturgia latina se cantaba una pieza magistral por letra y música que comienza: Gloria, laus et honor tibi sit. En la liturgia en castellano el Misal ha introducido estas composición (en versos de 7+7):

¡Gloria, alabanza y honor!
Gritad Hosanna, y haceos
como los niños hebreos
al paso del Redentor!
¡Gloria y honor
al que viene en el nombre del Señor!

1. Como Jerusalén, con su traje festivo,
vestida de palmeras, coronada de olivos,
viene la cristiandad en son de romería
a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría.

2. Ibas como va el sol a un ocaso de gloria;
cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria.
Pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios fuerte,
la Vida que renace del fondo de la muerte.

3. Tú, que amas a Israel y bendices sus cantos,
complácete en nosotros, el pueblo de los santos;
Dios de toda bondad, que acoges en tu seno
cuanto hay entre los hombres sencillamente bueno[9].

Tratando de himnos populares para este día ofrecemos de nuestra parte esta composición que acaso sirva no para la procesión en honor de Cristo Rey Mesías, porque le falta el estilo directamente aclamatorio, sino más bien para ambientar ya desde Laudes el gozo del Domingo de Ramos[10].

En Betfagé nos unimos
para seguirle en su marcha;
subamos por la pendiente,
nos dan los olivos ramas,
con ellas demos victoria
y nunca a esos ojos lágrimas.

Del Monte de los Olivos
se acerca la Villa Santa;
ya baja por el Cedrón
y sube hacia la muralla.
¡Abríos, puertas de Oriente
al Rey Mesías que avanza!

¿Qué ofreceremos al Rey
que viene a darnos su gracia?
Oh Cristo, cuando tú veas
moverse las verdes palmas,
recibe los corazones
que a ti cual Rey se consagran.

Feliz la Iglesia te acoge,
te mira en pura alabanza;
¡oh Redentor compasivo,
que vas a una muerte ingrata,
de amor será tu corona,
que amor con amor se paga!

¡Oh Cristo que nos visitas
montado en la humilde asna,
por tu sangrienta victoria
y por tu fúlgida Pascua
a ti la gloria perenne
que el Padre en tu faz derrama! Amén[11].


Misa

La oración colecta del día, referida al misterio de la Pasión, de nuevo nos da esa clave de espiritualidad que es la fusión inseparable de muerte-resurrección. Dice así: “Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa resurrección”.

         El plan de lecturas está diseñado de esta forma:

1ª       Tercer cántico del Siervo de Yahweh: Is 50,4-7.
2ª       Himno de Filipenses: Flp 2,6-11.
3ª       Lectura de la Pasión:
          Año A        Mateo 24,14-27,66
          Año B        Marcos 14,1-15,47
          Año C        Lucas 22,14-23,56

Acerca de la lectura de la Pasión téngase presentes estas indicaciones: “La historia de la Pasión goza de una especial solemnidad. Es aconsejable que se mantenga la tradición en el modo de cantarla o leerla, es decir, que sean tres las personas que hagan las veces de Cristo, del narrador y del pueblo. La Pasión ha de ser proclamada por diáconos o presbíteros, o, en su defecto, por lectores, en cuyo caso la parte correspondiente a Cristo se reserva al sacerdote”[12].

3. Antes y después de la reforma del Vaticano II

Por lo que se refiere a la proclamación de la Escritura en estos días que estudiamos veamos, en columnas paralelas, los cambios operados en el leccionario de la Misa. Primera columna: antes; segunda columna: después.

Lecturas precedentes al Evangelio
Domingo
Isaías 50,4-7
(Salmo 21)
Filipenses 2,5-11                     Filipenses 2,6-11
(Del Sal 72)

Lunes
Isaías 50,5-10                         Is 42,1-7
(Salmo 26)

Martes
Jeremías 11,18-20                   Isaías 49,1-6
(Del Salmo 34)                        (Salmo 70)

Miércoles
Isaías 62,11-63,1-7                 Isaías 50,4-9a
(Del Salmo 68)                       (Salmo 68)

Lecturas evangélicas
Domingo ­ Pasión según San Mateo          Pasión Mt / Mc / Lc
Lunes - Juan 12,1-9 (Unción)                   Juan 12,1-11
Martes  - Pasión según San Marcos          Juan 13,21-33.36-38
Miércoles - Pasión según San Lucas         Mateo 26,14-25


4. Lectura de la Escritura en el Oficio de lecturas

Debemos añadir el “ordo” de lecturas bíblicas para el Oficio de lecturas, que en el ciclo bienal son las siguientes:

Año impar
         Domingo: Isaías 50,4-51,3
         Lunes: Isaías 52,l3-53,12
         Martes: Lamentaciones 1,1-12. 18-20
         Miércoles: Lamentaciones 2,1-10
         Jueves: Lamentaciones 2,11-22

Año par
         Domingo: Jeremías 22,1-9; 23,1-8
         Lunes: Jeremías 26,1-15
         Martes: Jeremías 8,13-9,10
         Miércoles: Jeremías 11,18-12,13
         Jueves: Jeremías 15,10-21

      En el ciclo único (el que de momento imprimió la Conferencia Episcopal, de acuerdo a la “editio typica” latina) leemos:
         Domingo: Hebreos 10,1-18
         Lunes: Hebreos 10,19-39
         Martes: Hebreos 12,1-13
         Miércoles: Hebreos 12,14-29
         Jueves: Hebreos 4,14-5,10


5. Observaciones conclusivas  de la nueva estructura con respecto a la Palabra de Dios proclamada en la celebración de los santos

1)    Hay dos salmos privilegiados -los salmos 23 y 46- que centran el sentido de la aclamación procesional, cuya lectura mistagógica nos adentra en la gloria del misterio pascual de Cristo que acontece en la liturgia.
2)    Hay unos salmos de la Pasión, puestos como salmos responsoriales que nos invitan a entran a través de ellos en el misterio de Cristo doliente, salmos que se han de leer en conexión con los cánticos del Siervo de Yahweh: Salmos 21, 26, 68, 70.
3)    Los salmos cumplirán también una función en diversas antífonas, en concreto en las antífonas de entrada, en cuyos versículos escuchamos la voz de Cristo, presente en la asamblea, que habla al Padre.
4)    La proclamación de la Pasión de Jesús se ha privilegiado al colocar en la celebración de la misa dominical de Ramos la lectura sucesiva de los tres Sinópticos.
5)    Los Cánticos del Siervo de Yahweh adquieren un especial relieve, pues son las lecturas eucarísticas del Lunes Santo (primer cántico), Martes Santo (segundo cántico) y Miércoles Santo (tercer cántico).
6)    El Oficio de lectura es una invitación a penetrar en los misterios de la Pasión del Señor a través de textos de Isaías, jeremías y Carta a los Hebreos.


Segunda parte
Tres dimensiones sacramentales de la celebración


Oraciones presidenciales de la Misa

A fin de penetrar en la intimidad de las expresiones litúrgicas, que nos orientan en el camino de la comprensión del misterio, veamos el tenor de las oraciones “presidenciales” (las que dice el sacerdote como presidente de la celebración) en la celebración eucarística del Domingo de Ramos y del Lunes, Martes y Miércoles Santo.

Oraciones colecta

Domingo. Véase anteriormente.
Lunes. Dios todopoderoso, mira la fragilidad de neustra naturaleza, y levanta nuestra débil esperanza con la fuerza de la pasión de tu Hijo.
Martes. Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor, que alcancemos tu perdón.
Miércoles. Oh Dios, que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección.

Oraciones sobre las ofrendas
Domingo. Por la pasión de tu Hijo sé propicio a tu pueblo, Señor, y concédenos, por esta celebración que actualiza el único sacrificio de Jesucristo, la misericordia que no merecen nuestros pecados.
Lunes. Mira, Señor, con bondad el sacramento que estamos celebrando y haz que fructifique para la eternidad, pues tu amor providente lo instituyó para perdón de los pecados.
Martes. Mira, Señor, con bondad las ofrendas de esta familia tuya a la que invitas a tomar parte en tus sacramentos; concédele alcanzar la plenitud de lo que ellos significan y contienen.
Miércoles. Recibe, Señor, las ofrendas que te presentamos, y muestra la eficacia de tu poder, para que, al celebrar sacramentalmente la pasión de Cristo, consigamos todos sus frutos.

Oraciones después de la comunión

Domingo. Fortalecidos con los santos misterios, t dirigimos esta súplica, Señor: del mismo modo que la muerte de tu Hijo nos ha hecho esperar lo que nuestra fe nos promete, que su resurrección nos alcance la plena posesión de lo que anhelamos.
Lunes. Ven, Señor, y protege con amor solícito al pueblo que has santificado en e ta celebración, para que conserve siempre los dones que ha recibido de tu misericordia.
Martes. Señor, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos que este mismo sacramento que sostiene nuestra vida temporal, nos lleve a participar de la vida eterna.
Miércoles. Dios todopoderoso, concédenos creer y sentir profundamente que por la muerte temporal de tu Hijo, representada en estos misterios santos, tú nos has dado la vida eterna.


Lo que sucedió se celebra hoy sacramentalmente

1. Observamos que en la liturgia se usan palabras que califican el contenido de la celebración con estas expresiones:
     - sacramento o sacramentos (es indiferente el singular o plural),
     - misterio o misterios.
Así pues, el contenido de lo que celebramos no es un acto conmemorativo que nosotros pongamos por nuestra iniciativa y buena voluntad, sino que es una acción pone desde sí y por su propia voluntad. Este es el contenido sacramental de las acciones litúrgicas. Esto es lo que hace que nosotros celebremos "realmente" la Pasión del Señor como "misterio" o "sacramento".

2. Pero es más. La misma realidad histórica tenía un contenido sacramental que Dios le ponía. Esto está expresado detalladamente en una oración muy amplia del antiguo rito.

"Oh Dios que ordenando todas las cosas de un modo admirable, quisiste darnos a conocer, hasta por las criaturas insensibles, la salvación que de tu liberalidad nos proviene:
te imploramos la gracia de que los corazones de tus fieles se compenetren del significado místico del acto realizado en este día por aquellas turbas que, ilustradas por la luz de lo alto, salieron al encuentro del Redentor alfombrándole el paso con ramos de palma y de olivo;
puesto que los ramos de palma previenen a los triunfos que han de seguirse sobre el príncipe de la muerte,
y los retoños de olivo anuncian como a gritos que ya ha llegado una especie de unción espiritual.
Ya entonces aquella turba dichosa en ella prefiguraba cómo nuestro Redentor, compadeciéndose de las miserias humanas, había de luchar con el príncipe de la muerte del cual triunfaría muriendo;
por eso le obsequió con tales símbolos para significar a la vez los triunfos de su victoria y la abundancia de su misericordia.
Así pues, conservando con fe viva también nosotros aquel hecho y su significado, te rogamos, oh Señor Santo, Padre todopoderoso, eterno Dios, por el mismo nuestro Señor Jesucristo, nos concedas la gracia de merecer que algún día participemos de su gloriosa resurrección, después de haber obtenido la victoria sobre el imperio de la muerte en aquel y por aquel de quien te has dignado hacernos miembros" (Traducción en Schuster, Liber Sacramentorum, III, 200).

3. En esta perspectiva podemos comprender el lenguaje de las oraciones, cuando decimos el Domingo de Ramos que "esta celebración actualiza único sacrificio de Jesucristo" (Oración sobre las ofrendas).

4. La razón íntima es que el "sujeto" protagonista de los hechos realizados es Jesucristo en su realidad total, única e indivisible, a saber Jesucristo glorioso, Jesucristo con poder igual al poder de Dios. Las oraciones normalmente las dirigimos a Dios, el cual es agente (causa agente) de los acontecimientos.

5. Estas cosas las expresamos no como elucubraciones teológicas del contenido interno de los misterios, sino como soporte o pauta mental para la exégesis de los textos bíblicos, pues la palabra de la Escritura, como Palabra de Dios lo que pretende es anunciar el contenido objetivo de lo que estamos celebrando en virtud de la fe.


El misterio tiene una dimensión temporal y una dimensión eterna

1. El único misterio de Jesús tiene dos dimensiones inseparables: es cruz y resurrección. De tal forma son indivisibles que podemos decir que
- siempre que se celebra la cruz allí se incluye la resurrección
- y siempre que se celebra la resurrección allí se incluye la cruz.
La cruz será la cruz del Resucitado; la resurrección será la gloria del Crucificado.
La dimensión de cruz pertenece a la existencial temporal de Jesús, la dimensión de resurrección inaugura la era nueva. Dos dimensiones por tanto que afectan en su bipolaridad
- tanto al misterio como "objeto"
- como al misterio como "tiempo", es decir, como realizado y existente en un tiempo.

2. Esta doble dimensión de una sola realidad compendiada en Jesús es una doble dimensión para la realidad del cristiano. Por tanto:
- celebramos el misterio de la Cruz sin poder desvincularlo de la resurrección,
- celebramos el misterio en la realidad de hoy, que es temporal, conscientes en la fe de que esta realidad no se puede separar de una realidad eterna, ya inaugurada, en la que hemos sido introducidos y que esperamos alcanzar, la resurrección futura.

3. Son pensamientos que hay que verlos en los mismos textos litúrgicos, y que, como antes hemos indicado, nos deben dar pautas para la misma exégesis de los textos bíblicos, destinados a descubrir y anunciar el misterio.


La vida de Jesús que pasa a ser vida nuestra

Lo que se celebra se realiza, es decir, se convierte en vida. La liturgia invita a considerar aspectos diversos, que se refieren a una realidad total y plena.

1. En Jesús está el perdón de los pecados, por su muerte y resurrección. Por ello se pide con frecuencia como efecto de la celebración el perdón de los pecados. Esta alusión se repite constantemente en los textos litúrgicos.

2. En Jesús está la vida divina, y esa vida puede verterse en nosotros también como vida, que es vida eterna. Esto se realiza en la celebración de los misterios. Váyase igualmente a los textos.

3. De una manera general podemos decir: "que al celebrar sacramentalmente la pasión de Cristo, consigamos todos sus frutos" (Domingo, oración después de la comunión).

4. Al orar a Dios Padre, nombramos a Jesús como Hijo. Con ello apuntamos al misterio dela intimidad total de Padre e Hijo. La pasión de Jesús es la pasión del Hijo. La gracia de la Pasión es gracia de filiación divina.


Tercera parte
Claves para los textos bíblicos del Domingo de Ramos


La comunidad cristiana interpreta la entrada de Jesús en Jerusalén a la luz de los profetas

Los cuatro evangelistas han narrado la entrada de Jesús en Jerusalén: Mt 21,1-9; Mc 11,1-10; Lc 19,28-40; Jn 12,12-19. Cada evangelista tiene su propia perspectiva, cada uno enriquece el texto con su propia visión. Para una interpretación mistérica, como nos interesa, sin negar la peculiaridad de cada uno nos importa captar la génesis y dinámica del texto, que nosotros lo recibimos como palabra viva de Dios.

1. Al principio está el dato que nos ha transmitido, a modo de reflexión personal, San Juan. Sucedieron unos hechos; los discípulos vieron. "Esto no lo comprendieron sus discípulos de momento; pero cuando Jesús fue glorificado, cayeron en la cuenta de que esto estaba escrito sobre él, y que era lo que habían hecho" (Jn 12,18). La resurrección de Jesús, por tanto, al recuperar el hecho, descubre el sentido.

2. Ahora cada evangelista gozará de un margen de libertad para transmitir el significado a su manera.

3. El punto central de los cuatro relatos podemos verlo en la aclamación que la gente tributa a Jesús,
- formulada básicamente con palabras del salmo 118,25s, salmo que la Iglesia sigue leyendo en sentido pascual (todos los domingos),
- y redondeada por cada evangelista.
Jesús va, pues, a Jerusalén como "el que viene en nombre del Señor". es la entrada del Mesías a consumar su misterio.

4. Desde esta realidad tiene sentido profundo
- el que Jesús tomara una cabalgadura,
- y el que esto lo hiciera en unas circunstancias de tipo providencial o profético (id a la ciudad, y allí encontraréis..., y si alguien os pregunta) que traducen una intencionalidad marcada en la mente de Jesús.

5. Los evangelistas pueden leer mesiánicamente y de la forma más concreta el texto de Zacarías 9,9s como cumplido en Jesús tanto que Mateo habla de dos animales, el asna y su pollino. (El texto hebreo, en rigor, no exige ver en la doble expresión dos animales, sino un duplicado poético, un paralelismo, de un solo concepto; por lo tanto, un solo animal).

En consecuencia: El Domingo de Ramos, la liturgia que hoy celebramos, nace como mensaje, bajo la luz del Espíritu Santo, en el corazón de la primera comunidad cristiana, que de modo unánime ha leído estos acontecimientos a la luz de la Pascua.


Los salmos de glorificación a Cristo: Salmo 23 y 46

En plena consonancia con esta dirección que nosotros observamos, se abre plenamente el camino para leer, con ancha libertad de espíritu, ambos salmos como salmos de Cristo Resucitado que va a la muerte.
Son salmos que la liturgia los empleará cómodamente como salmos de Pascua. Véase, por ejemplo,
- el salmo 23 en el Oficio de lectura del martes de Pascua,
- el salmo 46 como salmo característico de la Ascensión (así en la II Vísperas).


El misterio de la Pasión desde los salmos

En el memorial de la Pasión del Señor que se celebra en la Eucaristía los salmos cumplen su función
- como salmos responsoriales
- y como versículos antifonales para los momentos en que la asamblea camina hacia el altar.
En los salmos escuchamos la voz de Cristo sufriente que abre su corazón al Padre. Se podría pensar que es una "aplicación" piadosa que uno hace utilizando textos venerables. Sería una interpretación corta. En realidad el uso que se hace de los salmos no es un procedimiento pedagógico originado por la tradición dela Iglesia, pues el uso de los salmos como vehículo del misterio de Cristo es anterior a nuestra venerable tradición, ya que es algo presente en la misma Escritura. Los salmos son de este modo ámbito de expresión del misterio, y desde esa perspectiva los leemos en la celebración del misterio de la pasión y muerte del Señor.

Los relatos de la Pasión

Para entrar en la pasión de Jesús, el Hijo de Dios, desde la Palabra obviamente el lugar privilegiado es el mismo relato de la Pasión. Y aquí no entramos en consideraciones particulares, en los enfoques teológicos propios de cada evangelista.
El relato se escribe como Evangelio, esto es, como anuncio poderoso y eficaz de la gracia de Dios. Y el relato se escribe desde la fe vivida o fe celebrada.
La teología incluida en cada relato tiene que dar paso al acontecimiento mismo de la fe, porque si Cristo vivo ante el Padre está presente en toda palabra de la Escritura, Cristo muerto y resucitado es acontecimiento en el relato que enlaza nuestra memoria y corazón con aquellos sucesos ocurridos un día en Jerusalén. ¡A él la gloria!

(Fraternidad de Capuchinos, Vitoria-Gasteiz, 17 de febrero de 1998)


Nota: Sobre el Primer Cántico de Yahweh (Lunes Santo), el Segundo Cántico de Yahweh (Martes Santo) y Tercer Cántico de Yahweh (Miércoles Santo) puede verse en este blog de "Las hermosas palabras del Señor" los siguientes números:
Número 30. Lunes Santo.
Número 31. Martes Santo.
Número 32. Miércoles Santo.
Se podrá encontrar poemas e himnos para estos días en: mercaba.org. Fr. Rufino María Grández / El pan de unos versos / Año Litúrgico / Cuaresma (Semana Santa).




[1] Sobre la lectura de la Biblia en la liturgia nos remitimos al breve estudio: R. Grández, En búsqueda de una lectura sacramental de la Biblia, en: Oración de las Horas 23 (1992) marzo.
[2] Ceremonial de los Obispos, 263. Existe una versión castellana para América Latina publicada por el CELAM, 2ª edición 1991, de donde hemos tomado la traducción.
[3] Misal Romano, Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, n. 5
[4] Se podrá recordar que en la liturgia precedente a la renovación conciliar las dos semanas finales de Cuaresma se consideraban como semanas de Pasión (se hablaba, por ejemplo, de Viernes de Pasión, aludiendo al Viernes anterior a la Semana Santa, en que se traía a la memoria la Virgen de la Compasión).  Incluso en el “Ordo Hebdomadae Sanctae instauratus” (1955) se mantenía esta nomenclatura: “Dominica II Passionis seu in Palmis”. Ahora en las Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario (1969), n. 30, se dice: “Los domingos de este tiempo (de Cuaresma) reciben el nombre de domingo I, II, III, IV, V de Cuaresma. El domingo sexto, en que comienza la Semana Santa, es llamado domingo de Ramos en la Pasión del Señor”.
[5] Véase Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 28; en: Enchiridion, Documentación litúrgica postconciliar (ed. A. Pardo), n. 4471.
[6] Carta..., n. 29 (Enchiridion 4472). - Es diferente este sentido del que se expresaba en la oración conclusiva de la procesión en el rito precedente, mantenido en la reforma de Pío XII: “Señor Jesucristo, Rey y Redentor nuestro en cuyo honor, llevando estos ramos, hemos cantado solemnes alabanzas, concédenos propicio que allí donde llevados descienda la gracia de tu bendición, y alejada toda iniquidad o ilusión de los demonios, proteja tu diestra a quienes has redimido” (Ordo Herdomadae Sanctae instauratus, n. 22).
[7] Leccionario de la Misa (2ª dición típica, 1981), n. 98 (Enchiridion 1201).
[8] Estos salmos en el rito anterior estaban previstos para el tiempo de la distribución de los ramos; era el mismo celebrante quien distribuía los ramos al clero y al pueblo. Luego, leido el Evangelio, durante la procesión se cantaba el himno Gloria, laus et honor tibi sit y el salmo 147, Lauda, Jerusalem, Dominum, lauda Deum ttum, Sion.
[9] Acaso el himno sea composición de José Luis Blanco Vega, S.J.; es una sospecha. Véase su libro: ...Y tengo amor a lo visible. Sal Terrae, Santander 1997. donde se recoge una selección de sus “Himnos litúrgicos (1970-1972)”.- Pastoralmente tiene valor y fuerza privilegiar cantos para determinadas ocasiones, de tal forma que esos cantos se canten en tal ocasión y no en otra.
[10] Himno compuesto en Tierra Santa, Domingo de Ramos 1985.
[11] El acto más popular de la Semana Santa en Jerusalén es la procesión del Domingo de Ramos, de Betfagé hasta Santa Ana, en la Via Dolorosa. Se hace después de comer y desde la hondonada de Betfagé se va subiendo hasta el Monte de los Olivos para bajar, por el “Dominus flevit”, hasta el Cedrón y subir de nuevo, atravesando la muralla por la puerta de San Esteban, para terminar con una bendición al pueblo en el patio de Santa Ana. Para esta procesión acuden muchos cristianos árabes de distintos puntos de Palestina.
[12] Carta de las fiestas pascuales, n. 33 (Enchiridion, 4476).

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