viernes, 15 de abril de 2016

806. Jesús, Pastor celestial de la Iglesia terrestre


Homilía en el domingo IV de Pascua
Jn 10,27-30



Texto evangélico
27 Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, 28 y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre somos uno

Hermanos:
1. Hay muchas definiciones para decir y definir qué es la Iglesia. Según el acierto del lenguaje, puedo decir: Todas son verdaderas, pero todas incompletas; por lo tanto, todas son peligrosas. La razón última es muy simple: la Iglesia, al fin, es un puro  misterio de la misericordia de Dios, que trata de representar y hacer visible, al Hijo de su amor, y esta, su más pura esencial, solo Dios la conoce.
Voy a dar tres definiciones para que percibamos el alcance de lo que decimos.
Primera: La Iglesia es una sociedad, una sociedad perfecta humano-divina, autónomo, con todos los elementos necesarios para alcanzar la finalidad que persigue. Al punto he de añadir: una sociedad jerárquicamente organizada, con medios materiales y espirituales para alcanzar la salvación.
Sobre esta definición se ha creado el Derecho Canónico, sabiendo que el Derecho es del todo necesario para que funcione una sociedad. Cada individuo es un sujeto participante con sus derechos y sus obligaciones.
Una definición verdadera y, al mismo tiempo, altamente peligrosa, porque en este tipo de concepción de Iglesia es sumamente difícil – por no decir prácticamente imposible – hacer el equilibrio y balanceo entre lo humano y lo divino, e instintivamente se va a dar más importancia a lo jurídico, a lo institucional, que al aspecto divino, que queda fuera de control. Hay una palabra determinante, que la tiene la autoridad, y el súbdito tiene que acatarla.

2. Otra definición diferente: La Iglesia es el Pueblo de Dios que camina a la salvación, cayendo y levantándose, conducido por Jesucristo que está vivo en medio de su pueblo y representado en los pastores. La perspectiva es distinta, es estilo que se crea es diferente. El pueblo de Dios pasa a primer plano y el caminar con sus tropiezos y levantadas es la tarea permanente. No es cuestión de cambios de palabras, sino de algo más profundo: la manera de asumir las realidades últimas.

3. Puedo dar una tercera definición. La Iglesia aquí en la tierra es la comunidad de los salvados, por gracia, que es conducida por Cristo Resucitado, el Buen Pastor bajo la soberanía del Padre que la ama eficazmente a todos y cada, de modo personal.
Esta definición mística de la Iglesia es real. Trata de la Iglesia presente aquí en la tierra, con las dificultades que pueda tener entre sus miembros, e inmersa en los avatares del mundo.
Pone en evidencia lo más bello que tiene la Iglesia, que es su riqueza infinita, pero esta definición no entra en los problemas de ese rudo combate que se puede suscitar día a día.

4. Hermanos, el Concilio abordó este asunto, cuando trató de meditar sobre qué es la Iglesia en una de las constituciones centrales, que es la Lumen gentium. Tuvo que examinar las santas Escrituras, porque allí mismo se encuentran ópticas diferentes. La Iglesia es santa e inmaculada, como nos la muestran las cartas de la Cautividad, así Efesios y Colosenses; pero la Iglesia está llena de miserias como aparece en las Cartas a los Corintios. Y el Pueblo de Dios, con historias tan desagradables en el Antiguo Testamento sigue siendo el Pueblo amado de Dios con personas maravillosas y escándalos que nos dejan estupefactas y adoloridos.
Ahora bien, cuando uno explica las Sagradas Escritura tiene que explicarla como Palabra de Dios, que llega hasta nosotros de un modo iluminador y terminante.

5. Según todo ello, cómo abordar el Evangelio de hoy. ¿Quién está hablando? Jesús nuestro pastor celestial. La segunda lectura nos invita a contemplar la Iglesia celestial, que viene de la tierra:
«Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?». Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás». Él me respondió: «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos». (Ap 7,13-17).
El Cordero los apacentará; el Cordero será su pastor.

6. Desde esta visión celestial escuchemos las palabras que Jesús nos dice hoy. He aquí siete afirmaciones soberanas, absolutas:
1.     Mis ovejas escuchan mi voz,
2.     y yo las conozco,
3.     y ellas me siguen,  
4.     y yo les doy la vida eterna;
5.     no perecerán para siempre,
6.     y nadie las arrebatará de mi mano.

Este Evangelio de intimidad, no por ser de intimidad es menos real. Las cosas más reales son las que llevamos en el corazón. Las cosas más reales son las que habla el Señor en el corazón. Jesús, Hijo de Dios, dice que sus ovejas escuchan su voz. ¿Es que Jesús sigue hablando? Ciertamente: Jesús sigue hablando, me sigue hablando a mí.
El texto sagrado me dice que Jesús me conoce a mí, personalmente a mí, que hay establecida una vinculación recíproca de conocimiento y amor, que es el alma de nuestra vida y amistad.
Ellas me siguen, y yo les voy vida eterna.
Jesús me está dando lo que nadie me puede dar y nadie me puede quitar: vida eterna, la que él tiene recibida del Padre.

7. Es Jesús Resucitado el que me habla, a mí oveja suya que nadie podrá arrebatar de su mano.
Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno.
Hermanos, esto es lo más puro de la Iglesia, la relación que Cristo establece con cada una de sus ovejas. Cada uno somos amados con un amor infinito del Padre, que ha puesto todo en manos de su Hijo. La Iglesia renace en las almas, dijo un célebre teólogo, nos recordó en cierta ocasión Pablo VI, porque desde ahí es desde donde se alcanza la visión más pura.
Señor Jesucristo, Buen Pastor, sé tú mi pastor, solo tú, y hazme experimentar que, más allá de todos mis buenos consejeros, más allá de todas las jerarquías, por dignas que sean, tú eres mi Pastor y tú me llevas a la vida eterna. Amén,

Guadalajara, Jalisco, jueves 14 abril 2016.

Iglesia misericordia
Himnario de la Misericordia – 13

1. Iglesia misericordia,
que quiere serlo de veras,
cuando se cierran las puertas
y abierta una sola queda.

2. Iglesia, albergue de pobres,
que nadie en la calle duerma;
que, tirado a la intemperie,
a solas nadie se muera.

3. Iglesia siempre en salida,
que amada, cariño entrega,
que sirve, sirviendo gratis,
sin reclamar recompensa.

4. Cual hospital de campaña
de hermanos que están en guerra,
que a cualquier herido acoge
y venga de donde venga.

5. Iglesia de la verdad,
que escucha, calla y acepta,
y acepta lo inaceptable,
que una madre siempre acierta.

6. Iglesia representada
en la entrañable enfermera,
ternura en ojos y dedos
para curar sin que hiera.

7. Iglesia que  es antesala,
de la Sala de la Fiesta,
para esperar al Esposo
cuando Jesús aparezca.

8. Iglesia soñada mía,
poesía siempre nueva,
un beso en tu rostro bello:
¡bien sabes lo que revela!

Guadalajara, Jal., ante el Evangelio comentado,

Viernes 15 abril 2016

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