viernes, 29 de abril de 2016

810. Domingo VI de Pascua, ciclo C – Dios que mora en el corazón

Homilía en el domingo V de Pascua, ciclo c
Jn 14,23-29


Texto evangélico:
23 El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. 25 Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, 26 pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
 27 La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28 Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. 29 Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Hermanos:
1. Hemos avanzado en la Pascua del Señor y estamos en el domingo VI. Estamos escuchando a Jesús en sus palabras de despedida de sobremesa en aquella Última Cena sacratísima, de la que nació la Eucaristía. En la sección tomada para este domingo, en tan pocas palabras (7 versículos), Jesús nos habla de cosas esenciales en la Iglesia:
- De lo que llamamos “inhabitación de la Santísima Trinidad” en el corazón del creyente, del discípulo.
- De la venida del Espíritu Santo y de la misión que va a cumplir a lo largo del tiempo en la Iglesia.
- De la paz que Jesús nos da, que la da no como la da el mundo.
- De la alegría que debe embargarnos por la vida nueva que emprende Jesús junto al Padre.
2. Estas son cuatro grandes revelaciones, cuatro fecundos temas de reflexión, de meditación cristiana para situarnos con firmeza y plenitud en el sitio y en la misión que nos corresponde. Es un lenguaje espiritual para iniciados en los misterios de Dios, para la Iglesia confidente de los secretos de su esposo, que es Jesús. Quien estuviera fuera de órbita, pensaría – y pensará – que esta literatura esotérica es simplemente la mística de un grupo religioso, que seguramente merece respeto sin pretender reclamar una relevancia social.
Pero como cada uno recibe la Palabra de Dios en la situación personal que vive, y esta situación no es meramente individual sino que tiene un contorno en el cual estamos vinculados y, por lo tanto, comprometidos, quienes hemos nacido en España y la llevamos en la propia sangre, hemos de añadir que el mensaje lo recibimos en esta situación de discusión política, abocados a las nuevas elecciones, que por decreto firmará S. M. el Rey de España. Como “la sangre no es agua”, y como el mundo es una aldea global, al punto podemos tener información de lo que está pasando a la otra orilla del Atlántico, en mi tierra, en mi patria. Lo que es dolor de mis hermanos es dolor mío; lo que es anhelo suyo, es también anhelo mío. Haré alguna reflexión, al curso de estos pensamientos, acudiendo a la inspiración de la sagrada Escritura.

3. Nos vamos a detener en el primero de estos cuatro puntos mencionados. El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
Una joven francesa, llamada Isabel Catez, hoy Beata Isabel de la Trinidad, escribió un día:
"La Trinidad: aquí está nuestra morada, nuestro hogar, la casa paterna de la que jamás debemos salir... Me parece que he encontrado mi cielo en la tierra, puesto que el cielo es Dios y Dios está en mi alma. El día que comprendí eso todo se iluminó para mí."
"Creer que un ser que se llama El Amor habita en nosotros en todo instante del día y de la noche y que nos pide que vivamos en sociedad con El, he aquí, os lo confío, lo que ha hecho de mi vida un cielo anticipado"
'Mi Esposo quiere que yo sea para Él una humanidad adicional en la cual Él pueda seguir sufriendo para gloria del Padre y para ayudar a la Iglesia".

4. Detrás de este lenguaje místico, que debemos respetar, porque han sido personas sinceras que han vivido lo que dicen, hay unas verdaderas soberanas que nos invitan a reflexionar. Se trata de algo que es Filosofía y Teología: la inmanencia de Dios en la creación, en cada uno de los seres, especialmente en el ser humano, y en la Historia. Si Dios es  Creador, por necesidad tiene que ser presencia en el ser que ha creado; no una presencia muerta, que entonces no sería presencia, sino presencia vivificante.
Si Dios no estuviera presente, si no hablara, si no se dejara sentir, si no fuera guía y luz, Dios no sería el Dios vivo y verdadero, a quien adorar, en quien vivir y gozar: sería un ídolo de madera para darle incienso, cantos y procesiones.
Pero Dios, evidentemente, no es eso. Dios es alguien. Dios no es una cosa; ni tampoco una energía, porque con una energía yo no puedo establecer una relación de amor.

5. La Sagrada Escritura en el Antiguo y Nuevo Testamento ha tomado la imagen del esposo para decir quién es Dios. Dios es un esposo de amor. Su esposa es la comunidad de Israel, es la Iglesia, soy yo mismo.
Pero las imágenes, por muy bellas que sean, no cumplen lo que anuncian, puesto que la realidad es más hermosa y firme que todo pensamiento. Dios es inmanencia, nos dice este pasaje de san Juan. Dios es como el Yo aposentado en mi yo, más íntimo que lo íntimo de mí mismo, dijo el filósofo y teólogo san Agustín. Dios es mi hogar, Dios es mi mesa, Dios es dulce compañía para siempre.
Incluso más: Dios es Los Tres en mí – Padre, hijo y Espíritu Santo – para entablar un diálogo de amor que, iniciando en el tiempo, se hunde en al eternidad.
Estamos hablando, hermanos, de la deificación de la vida de esta verdad central de la presencia de Dios en la raíz de mi ser.

6. Y he mencionado antes la situación de esa comunidad a la que pertenezco por mi origen, que la historia, en sus avatares, le ha dado un nombre y una enseña: España. Justamente estos días me ha tocado explicar este libro esplendente, bellísimo, del Antiguo Testamento, el último de todos, en la serie cronológica, llamado sencillamente Sabiduría.  Este libro se abre de repente con estas palabras dirigidas a todos los gobernantes de la tierra: “Amad la justicia, gobernantes de la tierra, | pensad correctamente del Señor | y buscadlo con sencillez de corazón. | Porque se manifiesta a los que no le exigen pruebas | y se revela a los que no desconfían de él” (Sab 1,1-2).
El que escribió estas palabras unos 50 años antes de Jesucristo era un judío griego muy culto, excelente escritor, que había leído a Moisés y había leído a Platón, y tenía el valor de dirigirse a todos los gobernantes de la tierra. “Escuchad, reyes, y entended; | aprended, gobernantes de los confines de la tierra” (6,1).
¿Podríamos llevar hoy estas palabras al Consejo de las Naciones?, les comentaba a los alumnos; porque, al fin, no son palabras de un fanático, ni de un ignorante, sino de un Sabio que ha pensado y proclamado que el Espíritu de Dios se pueda aposentar en todo ser humano recto de corazón, más allá de Israel.
La vida adquiere su pleno sentido cuando entra en la +órbita de sus última posibilidades, que son Dios.

7. Hermanos, a nosotros se nos da la posibilidad de vivir con Dios, de gustar a Dios, de gozar a Dios en las raíces más vivas de mi ser.
Señor Jesús, hazme un creyente de verdad y concédeme la gracia de acoger tus palabras de despedida. Amén.


Guadalajara, viernes 30 de abril de 2016, santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

 
;