martes, 3 de mayo de 2016

811. En memoria de los 88 años del Padre Ignacio Larrañaga

En memoria
Padre Ignacio Larrañaga
4 mayo 1928 – 28 octubre 2013

El Padre Ignacio Larrañaga, que murió a los 85 años, habría cumplido hoy (4 de mayo de 2016) la edad 88 años. Muchos en Talleres de Oración y Vida han de recordar y celebrar esta fecha de su nacimiento.
De nuestra parte compartimos estas palabras, agradeciendo de corazón a las hermanas Siervas de Jesús Sacramentado, en cuya casa murió, que nos compartieron el archivo de las conferencias “testamentarias de nuestro hermano capuchino Padre Ignacio Larrañaga


1. Noticia

Según el plan de las Semanas de culminación, en el mes de julio de 2013 se encontró en la Casa de Oración Nazaret de Ixtlahuacán de los Membrillos, junto a Guadalajara, Jalisco.  Es una casa de las Siervas de Jesús Sacramentado. Las hermanas, sabiendo que el Padre Ignacio había de regresar en el mes de octubre, cuando en esta misma casa, amplísima, tenían un curso las Superioras de la Congregación Siervas de Jesús Sacramentado, se pusieron en contacto con la Madre General para que le pidiera al Padre Ignacio que, con esta coincidencia, les diera unas pláticas al grupo de todas las superioras.
El Padre Ignacio aceptó. Se tomó cuidadosamente la grabación, que la Secretaria General, Hna. Teresa de Lourdes Díaz Jiménez, SJS, transcribió en el folleto titulado TRATADO DE ORACIÓN. Conferencias del Padre Ignacio Larrañaga a las hermanas Siervas de Jesús Sacramentado, 19 – 20 de octubre de 2013. Casa de Oración Nazaret. Ixtlahuacán de los Membrillos, Jalisco.71 páginas, publicadas con carta del “imprimatur” de la arquidiócesis (3 marzo 2015).


Foto del Padre Ignacio Larrañaga
colocada en la portada del librito aquí citado
TRATADO DE ORACIÓN


2. Presentación del folleto
PRESENTACIÓN
(página 5 del folleto)

La Providencia divina permitió que el Padre Ignacio Larrañaga, Religioso Franciscano Capuchino estuviera en el curso de Superioras Siervas de Jesús Sacramentado en Casa de Oración Nazaret.
Con gusto aceptó estar con la asamblea la tarde del sábado 19 y una hora y media el domingo 20 de octubre del 2013. También presidió la Eucaristía de ese domingo. Él expresó la alegría de estar con nosotras y dijo que lo que nos quería decir era muy importante.
Lo sentimos como un testamento espiritual, pues el Señor lo llamó a su reino en esa misma Casa Nazaret, el día 28 del mismo mes y su cuerpo fue velado en la capilla hasta el jueves 31, día en que se le trasladó a Santiago de Chile.
Estaba en plena actividad en la antepenúltima semana de culminación de sus Talleres de Oración y Vida que son el gran regalo que hizo para enseñar a muchas personas a orar.
La Congregación ve en estos acontecimientos una lluvia de gracias y esperamos que fructifique no sólo en quienes escuchamos sus conferencias, sino en todo el Instituto.
Estas páginas son la transcripción de las pláticas que impartió esos días 19 y 20 de octubre de 2013 y la homilía de la Eucaristía del domingo.
Iniciamos con lo que él mismo nos dijo, repitiendo las palabras de San Francisco de Asís: “Comencemos otra vez, porque hasta ahora quizás poco hemos hecho, comencemos otra vez a servir y a amar a nuestro Señor, esto es lo que les deseo y pido para ustedes”. Experimenten…

La Secretaria General escribía acerca de este librito al autor de estas líneas: “Estoy sorprendida el alcance que ha tenido esta transcripción. Nosotros la sentimos como un testamento del Padre porque fueron sus últimas conferencias a un grupo diferente a Talleres de Oración” (carta del 6 de enero de 2015).


3. Texto de la homilía

VII. Homilía de la Eucaristía del domingo
(20 de octubre de 2013)
(pp. 69-71 del folleto)

Este es un Evangelio del envío que sucesivamente los primeros discípulos los envió de dos en dos y para que anunciaran lo que más o menos lo que Él les decía y a eso comenzaron a llamar el Evangelio que quiere decir Buenas noticias y las buenas noticias es que Dios nos ama gratuitamente, Dios es padre y en él prevalece el amor por encima de cualquier otra consideración y todo el que crea se salvará y anunciarán a todas las naciones estas buenas noticias. Este es el conjunto de ideas que hay en este Evangelio de hoy que es el del envío.
Ustedes también han sido enviadas, ninguna de ustedes está en la casa donde nació, no están; ninguna de ustedes está en una casa, digamos así, conyugal, familiar, sino que están en manos de una congregación y esta congregación se instala y en cualquier momento las envía aquí, las envía allí, pero a todas partes son enviadas con el anuncio de que anuncien a Jesús, enviado de Dios, al Amor eterno y nuestro querido Padre y entonces ustedes también están enviadas, se mueven de un lado a otro y no precisamente por su voluntad sino así han optado que su vida fuese así. No viven sino atado a la voluntad de Dios y de esta manera poder estar al servicio permanente de la Palabra, y lo están.
Pero nosotros, estas pocas horas que hemos hablado nos hemos detenido en algo mucho más profundo, nosotros no solamente somos discípulos del Señor y enviados como multitudes, vayan y anuncien a todas las creaturas, eso también, pero nosotros, nuestros compromisos son de otro género, son de otra categoría y de otras exigencias, nosotros somos consagrados, no solamente somos apóstoles y enviados, dedicados a anunciar el Reino de Dios, sino que somos realmente consagrados a Dios. Entonces Dios es luz, es nuestro Señor, el único bien, sumo bien, todo bien, Señor Dios, vivo y verdadero, nosotros buscamos mucho más, buscamos verdaderamente una amistad de máxima profundidad con nuestro Dios, eterno Padre amoroso y con nuestro Señor Jesucristo.
Y en ese territorio no hay límites, en esa tarea no existen medidas. En esto de hacernos no solamente discípulos del Señor que tiene una referencia a la doctrina, sino amigos, entrañables amigos, de una intimidad máxima posible, por el cual somos capaces de retomar, de sufrir, de comprender, de hacer el bien a los que nos hacen el mal, hasta si podemos amar a los enemigos que ya es el punto máximo, perdonar al enemigo ya es gran cosa, pero amar al enemigo esto con el mismo Jesús podemos hacerlo ya entonces dificultosamente. Amar al enemigo, hacer el bien a los que nos hacen mal, comportarse como Jesús se comportó, que a los que lo mataran de manera cruel e infame Él dijo: Padre, perdónales porque ellos no saben lo que me hacen y les perdonó. Jesús, queremos tener el corazón de Jesús en nuestro corazón y la presencia amorosa de Dios, del Espíritu, en nuestro corazón.
De alguna manera es nuestro Esposo, es verdaderamente el Señor Jesús, es mucho más que nuestro amigo, es en la relación de profundidad y de intimidad como no la puede haber otra.
Las pocas cosas que hemos dicho estos días han sido dirigidas en ese sentido, a conseguir poco a poco una amistad, una entrañable e ilimitada, de tal manera que seamos humildes como nuestro Señor, verdaderamente pacientes como nuestro Señor, misericordiosos como nuestro Señor. Todo el bien a los que nos hacen el mal y permanentemente unidos, amorosos, cariñosos, unos con otros en el nombre de Jesús que Él se portó de esa misma manera.
De manera que esto es lo que yo quisiera que a partir de ahora hicieran, o pusieran más empeño en profundizar en la amistad con Dios y que esta profundidad, a ser posible no tenga límites. Jesús de Nazaret se retiraba todas las noches a lugares retirados o a un cerro, o a una montaña para pasar toda la noche con su Padre en intimidad, trato de adoración. Nosotros de la misma manera con Dios en general y con Jesús en particular. Ustedes son esposas de Jesucristo, todo realizado en el espíritu es mucho más puro y es más profundo también. Por eso yo pido a nuestro Padre Dios que les dé a entender todo este ideal y que luchen, trabajen.
Comencemos otra vez, porque hasta ahora quizás poco hemos hecho, comencemos otra vez a servir y a amar a nuestro Señor, esto es lo que les deseo y pido para ustedes.

Desde la fraternidad de hermanos menores capuchinos

Zapopan, 4 de mayo de 2016

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P.Rufino:
Comienzo estas líneas con el reciente recuerdo de la matanza habida en París y Bruselas, sin olvidad lo acontecido en Madrid y Nueva York, o en Filipinas, o en algunos países de África, donde unos sanguinarios asesinos han derramado sangre inocente.
¿Cuál ha sido la causa invocada para cometer esa horrible acción?. En teoría vengar la muerte de sus correligionarios, sanguinarios y salvajes terroristas como ellos, que invocaban el nombre de Dios para matar tanto a cristianos como a musulmanes o de otro credo.
La realidad es que se trata de personajes fanatizados al máximo, y muy bien remunerados económicamente, a los que entregan las mujeres que capturan y convierten en esclavas sexuales. Incitados a no obedecer otra ley que sus peores y más bajos instintos, asolan, saquean, secuestran, torturan, y violan, y someten a sus víctimas a mortales martirios como quemarlos vivos, decapitarlos lentamente con un cuchillo, o encerrarlos en jaulas para sumergirlos en un río hasta ahogarlos. Por donde ellos pasan dejan un rastro de sangre, destrucción y lágrimas.
No importa que hagan llamar de una manera o de otra. El ideal es el mismo, dinero y poder, aunque convenientemente disfrazado de exaltaciones religiosas…. Para ellos el fin justifica los medios, y usan el terror como infalible arma intimidatoria. Y si mueren en sus acciones sus líderes les dan homenaje eterno: son declarados venerados mártires.
Ante tanta barbarie muchos países despertaron, ¡por fin!, de su trágico e insensato letargo. Todos estaban muy seguros en sus cómodos lugares de residencia, dedicados a sus ocupaciones, o a sus ratos de ocio, o a su “carpe diem”. La libertad y la seguridad funcionaban. Vivíamos en una nube. Las crisis sólo sucedían en lugares lejanos. Craso error. De la noche a la mañana volvió a nuestra memoria la vieja frase latina de pánico: HANNÍBAL AD PORTAS. Cundió el pánico general. No es la III Guerra Mundial, como se pregunta el autor del artículo, pero sí un estado de terror en todas partes.
Si hoy volviera san Pablo, qué nos diría. Tal vez nada, sino observar con mucha pena cómo el mundo no ha cambiado en absoluto. Violencia. Guerras. Persecuciones. Y creyentes que confiesan a Jesucristo como Hijo de Dios, que vino al mundo para salvarnos por medio de su sacrificio en la cruz. Que fue sepultado y resucitó al tercer día, y que vive para siempre. Que todo sucedió de acuerdo con las Escrituras.
Saludos. Juan José.

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