jueves, 30 de junio de 2016

825. Dulce Madre del Perdón - 800 años de la Indulgencia de la Porciúncula



Dulce Madre del perdón

Humilde súplica a Santa María de la Porciúncula
en el 800 aniversario.

La Porciúncula – Santa María de los Ángeles de la Porciúncula – es la cuna de nuestra Orden Seráfica, el más grato recuerdo para toda la familia franciscana. Aquí nacimos al amparo del Evangelio. Lo recordaba amablemente el día pasado (28 de junio) el Papa Francisco, dirigiéndose a Benedicto XVI en el 65 aniversario de la ordenación sacerdotal, que ha escogido vivir en el pequeño monasterio Mater Ecclesiae como en una Porciúncula: “… el camino espiritual de san Francisco inició en San Damián, pero el verdadero lugar amado, el corazón palpitante de la Orden, allí donde la fundó y donde al final de cuentas entregó su vida a Dios fue en la Porciúncula, la ‘pequeña porción’, el rincón junto a la Madre Iglesia; junto a María que, por su fe así firme y por su vivir así enteramente el amor y en el amor con el Señor, todas las generaciones la llamaron bienaventurada”.
La Familia Franciscana celebra los 800 años del Inicio de la Indulgencia de la Porciúncula, que es don de toda la Iglesia, Indulgencia compartida por todas las Parroquias. Y esta evocación la hacemos muy dentro del Año de la Misericordia, recordando cosas que el Santo Padre nos ha dicho: La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia (Bula Misericordiae vultus, 12)

1. Dulce Madre del perdón,
que nos presentas al Hijo,
hoy me llego a tu Porciúncula,
peregrino de ocho siglos.

2. Vengo herido y consolado,
más consolado que herido;
vengo en paz, con mucha paz,
porque tus ojos me han visto.

3. Vengo lleno de esperanza,
el corazón florecido;
vengo humilde y suplicante,
gozoso y agradecido.

4. Aquí sonó el Evangelio
del envío de discípulos,
y tú, Madre silenciosa,
acogías a Francisco.

5. De aquí partió la misión
a caminos transalpinos;
y que fuera aquí su tránsito
el Hermano así lo quiso.

6. Este lugar de los ángeles
fue su lugar preferido:
fraternidad y pobreza,
oración y alegres trinos.

7. Casa pobre de la Madre,
del ave que vuelve al nido,
mi recuerdo será amor
y tallo reverdecido.

8. Fue el Perdón de Asís aquí
según cuentan viejos libros;
cierto es que Roma otorgó
plena indulgencia al contrito.

9. Esta capilla es ternura,
de los pequeños cobijo;
de nosotros, pecadores,
descanso y gran regocijo.

10. De esta fuente mana gracia
y se hace un copioso río;
Jesús abre el corazón,
que por mí se ha enternecido.

13. Aquí vengo, mi Señor,
día a día convertido,
en tu pecho abandonado
y en tu amor todo perdido.

14. Sé decirte una palabra
que de ti la he aprendido:
Tú eres mi Dios Redentor,
mi Jesús, en ti confío.

15. Manto de santa María,
acoge a los pobrecillos:
tu mirada es nuestra paz,
tu sonrisa nuestro brillo.

30 de junio de 2016

Fr. Rufino María Grández, OFCap.

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