miércoles, 3 de agosto de 2016

834. Domingo XIX, C: Jesús nos sentará a la mesa y nos servirá



Homilía para el Domingo XIX del tiempo ordinario, ciclo C
Sobre Lc 12,32-48

Texto evangélico:
No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». Y el Señor dijo: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas? Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles. El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá
Hermanos:
1. Vamos a tener el valor de interpretar el Evangelio con simplicidad de corazón, con una sabia ingenuidad, que en el fondo es sabiduría, y con la firme decisión de aceptar el mensaje que se nos transmite.
Los que estudian científicamente la Biblia se llaman “exegetas”, palabra griega que significa ni más ni menos que “intérprete”, literalmente sería “el que saca el sentido desde dentro”. Todas las palabras han nacido con un sentido. Puede ocurrir que el uso cotidiano las pase a la rutina – palabras y frases – y queden significando apenas. Es grande el servicio de los exegetas, del todo necesario, para ajustar el sentido exacto, desde la lengua, desde la circunstancia e intención con que se escribe. Lo cual no impide que todos nosotros, podamos leer el Evangelio e modo inmediato y simple, guiados por el Espíritu, desde el conocimiento y la experiencia de vida que hemos alcanzado. Al final, el mismo Espíritu que inspiró el Evangelio es el que inspira hoy a la Iglesia.
Nos vamos a concentrar en dos frases:
- No temas, pequeño r<ebaño,
- Y: El señor, cuando vuelva de la boda,  se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

2. Pequeño rebaño. La comunidad de Jesús, la Iglesia de Jesús, es el pequeño rebaño. Pero es el rebaño de Dios, el rebaño que Dios mismo se ha comprometido a cuidar. Por esto: No temas, pequeño rebaño.
¿Dónde está aquí la revelación del Evangelio?
Primero, en que somos un pequeño rebaño.
Y segundo, en que no debemos temer.
Es hermoso y enternecedor penar en esto, en que somos el “peño rebaño”. Lo pequeño tiene un encanto que subyuga. Porque lo pequeño es débil y fácilmente desprotegido, y suscita sentimiento de ternura y de entrega generosa.

3. Esta característica de lo pequeño es inherente a la Iglesia, por ser Iglesia de Jesús, del pequeño y del pobre. No es una condición históricamente transitoria, sino un modo de ser que pertenece a su genuina naturaleza. Cuando nos molesta esta condición, querremos salir de ella y asemejarnos a los grandes de la tierra, nos equivocamos. Y esto es una amenaza y una perenne tentación: querer aparentar y aparecer, querer asimilarnos y nivelarnos con los grandes de la tierra, intentar hacer de la comunidad un imperio conquistador, árbitro del mundo. Esto es erróneo, y aunque, de pronto, uno pueda pensar que es para mayor gloria de Dios, no es así. Es Iglesia conquistadora, hermanos, no llevaría a la fe.
Cosa diferente es que, si somos muchos y nos juntamos, esa multitud no sea signo de poderío, sino de fraternidad, de amor y de armonía.

4. Es lo que acaba de ocurrir estos días pasados en Cracovia. El pequeño rebaño de Jesús aparecía como una inmensa majada. El comentario del Papa, en la audiencia del miércoles, ha sido este: “Una fiesta de colores, de rostros diferentes, de lenguas, de historias diferentes. Y no sé cómo hacen, hablan distintas lenguas pero logran entenderse, ¿por qué? porque tienen la voluntad de ir juntos a hacer puentes, de fraternidad. Han venido también con sus heridas, con sus interrogantes, pero sobre todo con la alegría de encontrarse; y una vez más han formado un mosaico de fraternidad. Se puede hablar de un mosaico de fraternidad. Una imagen emblemática de la Jornada Mundial de la Juventud es la extensión multicolor de banderas ondeadas por los jóvenes: de hecho, en la JMJ, las banderas de las naciones se vuelven más bonitas, por así decir “se purifican”, y también banderas de las naciones en conflicto entre ellas ondean cerca y esto es bonito” (3 de agosto 2016).
Aun siendo muchos, siempre seremos el pequeño rebaño de Jesús, que necesita del poder infinito de Dios para realizar en el mundo la obra que Dios mismo le ha confiado: ser testigos del amor infinito, misericordioso, del Padre, hasta dar la vida pro los hermanos.

5. La otra frase en la que vamos a poner nuestra atención es la vuelta del señor que regresa de la boda. Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Jesús comparó su vida con una boda. Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar (Mc 2,18).
Y aquí, no de una manera tan expresa, insinúa que su vuelta será la vuelta de una fiesta que ha comenzado, una boda. Vuelve el dueño, el señor, a sus servidores, y estos servidores le están aguardando.
¿Qué pasará? Lo lógico es que los servidores le sirvan. Aquí ocurre al revés: el señor se pone a los pies de sus servidores. Escuchen, hermanos, esta farse tan solemne del Evangelio: Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Cuando él venga a nuestro encuentro, él quiere ponerse a nuestros pies para servirnos.  ¡Qué distinta la imagen e Jesús Juez! Las dos son verdad. Puesto que está en el Evangelio, quedémonos ahora con la imagen de Jesús que me sienta a mí a la mesa de su banquete y él mismo se pone a servirme.

6. Jesús, rey del cielo y de la tierra y servidor mío. Gracias, gracias. Haz que yo veo la muerte, mi encuentro contigo como tú me lo has enseñado.
 


 
 Santiago de Chile, Casa Fundacional de Talleres de Oración y Vida, miércoles 3 de agosto de 2014

San Francesco - Sorrento (Italia)


Casa Fudacional del Talleers de Oración y Vida
El Rodeo - Lo Barnechea
Santiago de Chile

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado P. Rufino:
He leído su interesante artículo de la revista EL MENSAJERO. Muy bonito.
Sólo observé un leve lapsus cuando cita a Onías, por no detallar a quién se refiere, ya que la Biblia cita a cuatro con el mismo nombre.
Saludos. Juan José.

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