jueves, 29 de septiembre de 2016

850. Domingo XXVII, C – Jesús, Señor, auméntanos la fe



Homilía para el domingo XXVI del tiempo ordinario,
ciclo C, sobre Lc 17,5-10


Texto evangélico
5 Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». 6 El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.
 7 ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? 8 ¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? 9 ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? 10 Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

Hermanos:
1. La sección del Evangelio según San Lucas, que acabamos de escuchar, es muy breve: solo seis versículos. Y en estos pocos versículos se nos habla de dos cosas diferentes:
- Una súplica a Jesús, el Señor: Auméntanos la fe. No se pide a Jesús una enseñanza. Se pide una gracia, como a Señor, como a aquel a quien le estamos venerando en el culto cristiano: Auméntanos la fe.
- Los otro cuatro versículos son una enseñanza de Jesús acerca de cómo debemos servir a Dios, nuestro Padre: con sencillez, con humildad, con reverencia y confianza, diciendo: Somos unos pobres siervos; no hemos nada de más de que podamos gloriarnos; hemos hecho lo que teníamos que hacer. Gracias.
Nos vamos a detener y concentrar en el primer asunto. La fe. La vida cristiana es una vida basada en la fe. Cuanto más grande sea nuestra fe, más vigorosa será nuestra vida. Y ponemos en nuestros labios la misma súplica de los Apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
Pero ¿qué es más importante: la fe o el amor? ¿Qué es antes: la fe o el amor, creer o amar? Para no confundirnos, digamos desde el principio: que aquí en la tierra la fe y el amor van juntos, y son absolutamente inseparables, de tal modo que sin amor no hay fe y sin fe no hay amor. Estamos hablando de Dios como origen y autor de la fe, de Dios como origen y autor del amor: origen y fin.

2. Para destacar este tema de la fe se ha tomado la primera lectura del profeta Habacuc, que es muy importante porque es un pasaje que lo ha empleado san Pablo para expresar a los cristianos que solo se puede vivir mediante la fe.
El texto del profeta dice así:
“Oráculo que vio el profeta Habacuc.
¿Hasta cuándo, Señor, | pediré auxilio sin que me oigas, | te gritaré: ¡Violencia!, | sin que me salves? | ¿Por qué me haces ver crímenes | y contemplar opresiones? | ¿Por qué pones ante mí | destrucción y violencia, | y surgen disputas | y se alzan contiendas
… Me respondió el Señor: | Escribe la visión y grábala | en tablillas, que se lea de corrido; | pues la visión tiene un plazo, | pero llegará a su término sin defraudar. | Si se atrasa, espera en ella, | pues llegará y no tardará. | Mira, el altanero no triunfará; | pero el justo por su fe vivirá” (Hab 1,1-3; 2,2-3).

3. San Pablo ha hablado de la Fe, muy especialmente en la Carta a los Gálatas y en la Carta a los Romanos. Y esta frase que hemos citado ha sido como una especie de bandera en su teología. En la carta a los Romanos san Pablo escribe: “Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, y también del griego. Porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: El justo por la fe vivirá” (Rom 1,6-17).
El año que viene celebrarán nuestros hermanos protestantes luteranos los 500 años de la Reforma (1517-2017). Pedimos al Señor que unos y otros, ellos y nosotros, mirando no a nuestro propio prestigio sino a Jesús, y dándonos el perdón unos a otros, pedimos al Señor…  que esta celebración sirva para clarificarnos más unos y otros.

4. Para san Pablo la fe en Cristo muerto y resucitado es el centro de la Teología como respuesta a la Palabra de Dios, y por ahí debemos avanzar.
El que hoy veneramos como S. Juan Pablo II, en diciembre de 1999, recibiendo al Presidente de la Federación Luterana Mundial, con una amplia delegación, les decía: “Un fruto particular del diálogo teológico se produjo hace algunas semanas, en Augsburgo, donde se firmó la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación por la fe: un tema que durante siglos ha sido una especie de símbolo de la separación entre católicos y protestantes. Demos gracias a Dios, que nos ha concedido poner una piedra miliar en el arduo camino del restablecimiento de la unidad plena entre los cristianos (cf. Ángelus, 31 de octubre de 1999)” (9 diciembre 1999).

5. ¿Qué es la fe, hermanos? Para los Profetas es aceptar a Dios como el único Señor de la Historia, ante el cual desaparecen todos los ídolos y todas las injusticias¸ aceptar a ese Dios de amor y de ternura, y que se nos ha manifestado desde el principio en toda la Historia de salvación, como el único que nos puede salvar íntimamente, personalmente y comunitariamente. Ni Asiria ni Egipto – que eran las potencias de entonces – nos pueden dar esperanza ni salvación. Solo Dios, solo Dios, solo Dios… Y esto de una manera absoluta e inmediata, hasta el punto de que este lenguaje producía escándalo.
Para san Pablo la fe era esto mismo, pero ya centrado en alguien del todo particular: Jesús, Jesús venido al mundo por una mujer, hombre como yo e Hijo de Dios. Jesús es el único Salvador. Jesús, muerto y resucitado, misterio que no se puede disolver; las dos cosas van juntas, la muerte y la resurrección.

6.  Señor, auméntanos la fe. ¿Qué quiere decir esto hoy y aquí?
Hermanos, les hablo desde un ambiente donde hay mucha superstición, casas de esoterismo, brujería, echar las cartas, hacer limpias…, e incluso honrar a la Santa Muerte, como si la Santa Muerte existiera y fuera una santa o una divinidad. Todo eso, hermanos, no favorece nada la fe; es justamente lo contrario de la fe. El que de verdad cree en Dios, debe alejarse de todo ello.
Es verdad que hay gentes muy sencillas y piadosas que, al verse en un gran apuro, han acudido a esas personas a hacer una consulta. No les vamos a decir que han cometido un pecado grave; no es eso.

7. Pero también ocurre lo contrario. Que hay personas piadosísimas, a lo mejor de misa diaria, que encargan misas para todo el mes, para todo el año, porque cuantas más misas más almas se sacan del Purgatorio, más gracias se obtienen.... ¿No les parece que este es algo confuso y que hay cosas que aclarar? Que la fe tiene que ser algo más sencillo, directo y puro. Jesús nos dijo: “Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso” (Mt 6,7).

8. Concluyamos, hermanos, con la petición de los apóstoles: Señor, auméntanos la fe. Guárdanos en la fe, en la verdadera fe, hasta el final de nuestra vida; en una fe tan grande en ti que seamos capaces de pedir milagros cuando los necesitemos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, jueves, 29 de septiembre de 2016.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

En este pasaje evangélico se exponen, a mi juicio, dos conceptos distintos que no tienen visos de conexión.
Por un lado es la fe. Fe en Jesucristo. Fe en su obra. Fe en su palabra y en sus milagros.
Ante esa denuncia directa de Jesucristo a sus apóstoles (“SI TUVIERAIS FE COMO UN GRANITO DE MOSTAZA”), cabe preguntarse si, siendo esa la fe de los que tenía a su lado, ¿cómo será de aquellos que no le vieron?. ¿Cómo es nuestra fe?. ¿Cuán grande es nuestra fe?.
Ya no se trata de tener una fe que nos permita hacer cosas extraordinarias, como hacer que una morera se traslade de lugar, sino algo humanamente más positivo, como curar a un enfermo, o multiplicar un pequeño alimento para sustentar a muchos… Lamentablemente nuestra fe no llega, ni de lejos, a eso. Lo cierto es que nuestra fe nos es concedida por Dios en la medida que él desea. Nos tenemos que conformar con lo que tenemos, como en la parábola de los talentos.
El otro ejemplo del pasaje nos habla de nuestros actos, de nuestro comportamiento. Jesucristo pone el ejemplo del esclavo que realiza las tareas encomendadas en el campo por su amo, y luego regresa a casa. El amo no tiene que agradecer nada al esclavo, sino al revés. El esclavo cumple órdenes bajo amenaza de castigo. Por eso Jesucristo dice que el esclavo, a su vuelta del trabajo del campo, debe seguir prestando servicios domésticos al amo, sin solución de continuidad, y luego servirse a sí mismo diciendo “SOY UN ESCLAVO INÚTIL, SÓLO SÉ HACER LO QUE ME MANDAN, SIN INICIATIVA PROPIA”.
El autor de la carta pseudográfica de 2-Timoteo recalca la necesidad de activar los ministerios a fin de cumplir la tarea con fidelidad. Las persecuciones sangrientas y sobre todo la aparición de graves síntomas de descomposición por la presencia de los gnósticos, que ya Pablo hubo de afrontar en sus cartas a los Corintios, hacen peligrar la pureza de la fe recibida. Por ello avisa a todos los cristianos de los peligros, y de que deben reavivar la gracia recibida de manera constante y diligente. Homilía de gran actualidad.
Saludos.
Juan José.

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