viernes, 14 de octubre de 2016

854. Domingo XXIX, C Jesús nos interpela sobre la fe



Homilía para el domingo XXIX del tiempo ordinario,
ciclo C, sobre Lc 18,1-8




Texto evangélico
1 Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer. 2 «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. 3 En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. 4 Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, 5 como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”». 6 Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; 7 pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? 8 Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Hermanos:
1. Cada parábola de Jesús nos trae una sorpresa. Hoy, otra vez. Jesús nos pone el ejemplo de un sinvergüenza, para sacar una lección que va a interpelar todo nuestro ser.
Esta parábola de Jesús, a quien Lucas le llama “el Señor”, tiene unos puntos desafiantes:
- la fe de la mujer que suplica hasta conseguir lo que quiere de un juez sin escrúpulos, a quien no le importan ni Dios ni los hombres;
- y la pregunta última de Jesús, que se dirige tanto a la comunidad como al individuo y en la cual queda involucrado él mismo, el Hijo del hombre que va a venir un día.

2. El juez que pinta Jesús es un juez inicuo, un hombre sin conciencia. Ni le importa Dios ni le importan los hombres; son los rasgos de este vividor, que se llama juez, pero que no es digno de este nombre, de esta función que en la sociedad debe infundir autoridad, respeto y confianza.
Este tipo de jueces sin escrúpulos parecen en la Biblia desde el principio. Por citar un texto, he aquí una representación del profeta escritor más antiguo, Amós, en el siglo VIII:
“conozco vuestras numerosas transgresiones
y vuestros enormes pecados:
oprimir al inocente, aceptar soborno
y atropellar a los pobres en el tribunal” (Am 5,12).
    
Frente al juez la mujer es una viuda. Con solo decir “viuda” la Sagrada Escritura está insinuando mucho. Es una pobre, desprotegida de la sociedad que no tiene más amparo que Dios. Esta pobre pertenece a ese pueblo de los pobres de Dios que gimen en los salmos, que claman a Dios día y noche. Aunque, a decir verdad, todo el que sufre es un pobre ante Dios. David es un pobre y otra a Dios:
“Inclina tu oído, Señor, escúchame, | que soy un pobre desamparado
protege mi vida, que soy un fiel tuyo; | salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti.
Piedad de mí, Señor, | que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo, | pues levanto mi alma hacia ti, Señor;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente, | rico en misericordia con los que te invocan” (Salmo 86, 2-5).

3. El juez de la parábola es un juez inicuo, sin conciencia, pero, al fin, cede, no porque su corazón se enternezca, no porque vea que el mundo sin justicia es un caos, sino por una razón utilitaria y personal, para quitársela de encima. Y piensa en sus adentros: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, 5 como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”.

4. Aquí se termina la parábola y aquí comienza la reflexión. San Lucas nos dice que está reflexión la hace no Jesús, sino “el Señor”. ¿Qué dice pues el Señor?
Son dos puntos y cada uno con sus interrogantes.
Primera reflexión del Señor para que nosotros reflexionemos: “Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas?”
Aquí Jesús, el Señor, nos habla de los elegidos de Dios, de esos que aparecen en las bienaventuranzas y están sufriendo, están sufriendo, de esos cuya voz se oye de continuo en los salmos:
“Hazme justicia, oh Dios, | defiende mi causa | contra gente sin piedad, | sálvame | del hombre traidor y malvado” (Sal 43,2).
El cristiano, hermanos, es una persona que vive orando, día y noche. Esa estampa de Moisés que alza las manos orando al Señor es la imagen del pueblo que ora: “Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencía Amalec” (Ex 17,11). Jesús es el que intercede continuamente por nosotros ante el Padre.

5. A esta primera pregunta que Jesús nos hace, - Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? -  él mismo le da una respuesta contundente: “Os digo que les hará justicia sin tardar”.

Según esto, Jesús nos da una total seguridad que nos abre el verdadero horizonte de vida. Nuestro Dios es un Dios de misericordia. “La oración del humilde atraviesa las nubes, | y no se detiene hasta que alcanza su destino” (Eclo 35,17). Dios hace justicia a sus elegidos que claman a él día y noche, pero es que Jesús añade otro detalle: “sin tardar”.
Es otra de esas afirmaciones rotundas que nos dejan el corazón en vilo. Dios hace justicia, Dios hace justicia sin tardar, que es una forma soberana de afirmar la seguridad que debemos poner en Dios.

6. Pero ahora viene la segunda pregunta, que es la culminación de toda la parábola, pregunta majestuosa que da un horizonte nuevo a toda la vida, que cuestiona a Israel y a todos nosotros. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?
Jesús es el Hijo del hombre que va a ejercer su soberanía en el mundo; él es el que va a dar el último veredicto en la historia. Él es el que nos está interpelando con la pregunta definitiva.
Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Jesús no responde, como ha respondido a la primera pregunta. Jesús deja la respuesta a nuestra propia responsabilidad.

7. Hermanos: Jesús nos ha abierto los ojos. Él es el árbitro final de la historia. Nuestra respuesta es clara: Kyrie, eléison. Estas dos palabras son nuestra respuesta. Son palabras de confesión y de súplica. A él le aclamamos y le invocamos como Kyrios, como Señor. Y a él le suplicamos: eléison, ten piedad.
Señor, ten piedad. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes14 octubre 2016

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Quien escuche (o lea) el texto de este evangelio de san Lucas tal vez se forme una opinión muy “personificada” de los personajes que aparecen en el mismo: un juez “inicuo” y una viuda “desamparada” en la Palestina del siglo I.

Es muy cierto que, en la antigua Palestina, las viudas sin recursos o sin hijos que se ocupasen de su subsistencia, o sin cuñados que quisieran casarse con ella, conforme a la ley del levirato, quedaba en la más absoluta miseria. Es decir, que no todas las mujeres que se quedaban viudas quedaban “desamparadas”. De hecho Jesucristo, ante la situación de desamparo en que quedaría su madre, ya viuda, estando a punto de morir rogó al discípulo amado que recibiese como madre adoptiva a María.

En cuanto a lo que se refiere a los jueces de aquella época, en la mayor parte de Palestina funcionaban los llamados TRIBUNALES MENORES, compuestos por tres personas, que dirimían cuestiones jurídicas entre hebreos según los mandatos de la Torá.

Estos TRIBUNALES MENORES, presididos por los “arquisinagogos”, celebraban sus sesiones en días fijos de la semana: los lunes y los jueves. Su competencia se limitaba a causas civiles y mercantiles, delitos contra la propiedad (robos, daños, hurtos y estafas), y lesiones a las personas.

No obstante, en vez de comparecen ante el tribunal de tres miembros, las partes en litigio podrían recurrir a un arbitraje, escogiendo cada una de ellas un juez. Luego las partes firmaban un acuerdo por el que se comprometían a aceptar la sentencia de los jueces así elegidos.

Es muy didáctica la expresión “juez que no teme a Dios ni a los hombres” en contraposición con “viuda desamparada”, pero dudosamente histórica. Hay que tener muy en cuenta los jueces era muy cuidadosamente elegidos…. No podía ser cualquiera. Un juez que tuviera esas cualidades tan negativas, o no hubiera sido elegido, o hubiera sido destituido en el acto.

Saludos. Juan José.

Publicar un comentario en la entrada

 
;