domingo, 20 de noviembre de 2016

864. Fin del Año de la Misericordia: Jesús, victoria excelsa del amor


Jesús, victoria excelsa del amor
Himno


Broche de oro del Año de la Misericordia, la homilía del Papa en la Misa de clausura de este domingo de Cristo Rey (ciclo c) sobre Lc 23,35-42. Mañana conoceremos la carta apostólica “Misericordia et Misera
“… Verdaderamente el reino de Jesús no es de este mundo (cf. Jn 18,36); pero justamente es aquí —nos dice el Apóstol Pablo en la segunda lectura—, donde encontramos la redención y el perdón (cf. Col 1,13-14). Porque la grandeza de su reino no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas. Por este amor, Cristo se abajó hasta nosotros, vivió nuestra miseria humana, probó nuestra condición más ínfima: la injusticia, la traición, el abandono; experimentó la muerte, el sepulcro, los infiernos. De esta forma nuestro Rey fue incluso hasta los confines del Universo para abrazar y salvar a todo viviente. No nos ha condenado, ni siquiera conquistado, nunca ha violado nuestra libertad, sino que se ha abierto paso por medio del amor humilde que todo excusa, todo espera, todo soporta (cf. 1 Co 13,7). Sólo este amor ha vencido y sigue venciendo a nuestros grandes adversarios: el pecado, la muerte y el miedo.
Hoy queridos hermanos y hermanas, proclamamos está singular victoria, con la que Jesús se ha hecho el Rey de los siglos, el Señor de la historia: con la sola omnipotencia del amor, que es la naturaleza de Dios, su misma vida, y que no pasará nunca (cf. 1 Co 13,8). Compartimos con alegría la belleza de tener a Jesús como nuestro rey; su señorío de amor transforma el pecado en gracia, la muerte en resurrección, el miedo en confianza.
Pero sería poco creer que Jesús es Rey del universo y centro de la historia, sin que se convierta en el Señor de nuestra vida: todo es vano si no lo acogemos personalmente y si no lo acogemos incluso en su modo de reinar…”.
Jesús, victoria excelsa del amor,
en cruz, entre ladrones y pecados,
así muriendo, así reinando en paz,
Jesús, mi Dios, que así nos has amado.

Tu santo poderío es el perdón,
que llega a mis entrañas derramado,
perdón que me recrea y diviniza,
de todos los milagros, el milagro.

Contemplo con María el espectáculo
y acojo tu ternura, tu reinado,
la mano sobre el pecho te lo dice
oh corazón de Dios, en mí grabado.

Enséñanos, Jesús la senda humilde
de darse entero, nada ambicionando,
que yo sea presencia silenciosa
de Dios siempre presente palpitando.

Radiante Cruz de Cristo Redentor,
emblema celestial de los cristianos,
que seas tú mi lámpara encendida,
la paz que pacifique con sus rayos.

¡Ya vino el reino, vino el Paraíso,
que abriste tú, Jesús ajusticiado!
¡Reinad, mi Dios, eternamente
y en tu corona sea yo agraciado! Amén.

Guadalajara, Jalisco, Fin del Año de la Misericordia, 20 nov, 2016

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