lunes, 21 de noviembre de 2016

865. Misionero de la Misericordia: Gracias, Santo Padre



Tras la lectura de la carta apostólica
“Misericordia et Misera”
(Fin del Año de la Misericordia, 20 nov. 2016)

“Una experiencia de gracia que la Iglesia ha vivido con mucho fruto a lo largo del Año jubilar ha sido ciertamente el servicio de los Misioneros de la Misericordia. Su acción pastoral ha querido evidenciar que Dios no pone ningún límite a cuantos lo buscan con corazón contrito, porque sale al encuentro de todos, como un Padre. He recibido muchos testimonios de alegría por el renovado encuentro con el Señor en el Sacramento de la Confesión. No perdamos la oportunidad de vivir también la fe como una experiencia de reconciliación. «Reconciliaos con Dios» (2 Co 5,20), esta es la invitación que el Apóstol dirige también hoy a cada creyente, para que descubra la potencia del amor que transforma en una «criatura nueva» (2 Co 5,17).
Doy las gracias a cada Misionero de la Misericordia por este inestimable servicio de hacer fructificar la gracia del perdón. Este ministerio extraordinario, sin embargo, no cesará con la clausura de la Puerta Santa. Deseo que se prolongue todavía, hasta nueva disposición, como signo concreto de que la gracia del Jubileo siga siendo viva y eficaz, a lo largo y ancho del mundo. Será tarea del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización acompañar durante este periodo a los Misioneros de la Misericordia, como expresión directa de mi solicitud y cercanía, y encontrar las formas más coherentes para el ejercicio de este precioso ministerio” (Misericordia et Misera, 9).

1. Soy humilde misionero
de toda Misericordia,
y perdonar es mi oficio
como Dios mismo perdona.

2. Cuando viene un penitente
y de rodillas se postra,
yo doblo mi corazón,
porque Dios viene en persona.

3. No es usted el que ha venido
por decisión firme y propia:
es Jesús quien lo ha traído
el que ha dispuesto esta hora.

4. Yo le escucho reverente
cuanto sale de su boca,
cual si el Espíritu hablara,
porque  el Espíritu obra.

5. ¿Qué pasa, Dios Creador,
cuando un penitente llora?
Tiemble en sagrado silencio
el confesor que lo acoja.

6. La vida vieja pasó,
se enterró la triste historia,
el misterio se despliega
y la vida nueva brota.

7. Silencio de compañía
ante mil palabras rotas;
yo te absuelto, hermano mío,
ya no me cuentes más cosas.

8. Jesús sabe tus andares
y ya nada te reprocha,
solo te ofrece un abrazo
que toda tu culpa borra.

9. Confesión, consolación,
que el alma pobre la añora…
y una paz, que es el presagio
de la morada de gloria.

10. ¡Oh celestial sacramento,
que a pecadores se otorga!:
¡Dios es santo, Dios es fuerte
y Dios de mí se enamora!


Guadalajara, Jalisco, lunes, 21 noviembre 2016

Fr. Rufino María Grández, OFMCap.
Misionero de la Misericordia

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