viernes, 2 de diciembre de 2016

868. Domingo II Adviento, ciclo A– Conversión y Espíritu Santo



Juan el Bautista invita a la conversión y anuncia a Jesús, dador del Espíritu
Homilía para el Domingo II de Adviento, del ciclo A,
Mt 3,1-12


Texto evangélico:
3 1 Por aquellos días, Juan el Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando: 2 «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». 3 Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: | “Preparad el camino del Señor, | allanad sus senderos”».
 4 Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 5 Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; 6 confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. 7 Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? 8 Dad el fruto que pide la conversión.
 9 Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. 10 Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. 11 Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

Hermanos:
1. En os cuatro domingos de Adviento, a persona de Juan el Bautista, Precursor del Señor, es la figura del domingo II y del domingo III, todos los años, figura que siempre nos remite al centro, que es Jesús. El Adviento tiene tres figuras radiantes: Isaías, Juan el Bautista, la Virgen María; tres referencias con un mismo mensaje: Jesús, el Salvador.
Al escuchar el Evangelio de hoy, que es la primera página del Evangelio de san Mateo, después que el evangelista ha escrito el Evangelio de la Infancia, nos vamos a fijar en dos puntos:
El primero, Juan el Bautista nos anuncia hoy la conversión.
El segundo, Juan el Bautista anuncia a Jesús como aquel que tiene el Espíritu y nos lo entrega en el bautismo.

2. La primera palabra de Juan el Bautista en el Evangelio de san Mateo. Convertíos. He aquí el anuncio: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.
De modo sorprendente es este el mensaje de Jesús, con las mismas palabras, al comenzar su ministerio en Galilea:
“Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea” (4,12)… Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»” (4,17).
El “Reino de los cielos” en el lenguaje característico de san Mateo, que es lo mismo que “el Reino de Dios” en el lenguaje más corriente del Nuevo Testamento.
La cercanía del Reino de Dios, que mucho ha dado que hablar a los exegetas, es una cercanía que no tiene marcha atrás. Se está hablando de un acontecimiento, que ha empezado ya, que Dios ha puesto en marcha, de tal manera que estamos en una vertiente nueva de la historia. Dios entra en la historia, para consumar la gran obra que Él quiere hacer. Esa obra se llama su “reino”, o, si se quiere, “su reinado”. Algo tan inmenso que solamente Él lo puede hacer. Los demás podemos colaborar: recibir, acoger, promover… Pero el reino de Dios, el Reino del Padre, dirá Jesús, Dios solo lo puede implantar en la tierra…
Padre, santifica tu Nombre, trae tu Reino; es la súplica del Padrenuestro.

3. Para acoger este Reino Juan lanza este grito: ¡Convertíos!, que es una sacudida desde el fondo del ser. La conversión es un cambio de vida; no es un pequeño arreglo de cosas que hay que rectificar, como es como un ajuste de motores para que todo funciona mejor. La conversión es bajar al fondo del ser y tomar o retomar la orientación fundamental de vida. Mi vida ¿hacia dónde apunta? Puede haber fallos y miserias, efectos de mi debilidad, pero si la orientación es bien fija y decidida, soy un convertido.
La conversión pide energía y totalidad y graba en el fondo del ser una actitud permanente. Frases típicas de Jesús son estas: Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehena” (Mt 5,29-30). La conversión, pues, apela a la voluntad total.

4. Las palabras de san Juan, recogidas en este Evangelio, nos resultan severas, ásperas, incluso virulentas… Pero ¿son verdaderas o falsas?
Estamos invitados cada uno de nosotros, hermanos, empezando por el que hablar a cuestionarnos ante el rostro misericordioso de nuestro Padre Dios, si mi vida es o no la vida de un humilde convertido que camina ante Dios humildemente así, vuelto hacia Él con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma, como está escrito en la Tabla del Decálogo, de los Diez mandamientos.
“Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser” (Mc 12,29-30).
La conversión apunta hacia esa totalidad del amor, lo cual en ocasiones es un arrancón total y mortal.

5. Mas, con esto que estamos diciendo, hermanos, no estamos diciendo lo principal del mensaje de Juan.
Lo más bellos y hermoso de Juan, lo más tonificante, es loq eua nucnia a continuación: Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
Estas frases nos dan el retrato de Jesús, y, de reversa, el verdadero retrato del Bautista.
Juan no merece ni llevarle las sandalias, no merece ser un esclavo, un criado de Jesús. Él solo prepara el camino, él es un mensajero, como anunció Isaías.
En cambio, Jesús es el que tiene el Espíritu. Y el bautismo de Jesús va a ser Espíritu Santo y fuego: se anuncia ya la gracia total de Pentecostés, culminación de la vida de Jesús.

6. Por este motivo hoy acudimos al oráculo mesiánico que volveremos a escuchar en Navidad: Sobre él se posará el espíritu del Señor: | espíritu de sabiduría y entendimiento, | espíritu de consejo y fortaleza, | espíritu de ciencia y temor del Señor (Is 11,2).
Jesús tiene todo el Espíritu de Dios, y ese Espíritu es el que nos enterga a nosotros en las aguas bautismales. Cuando un cristiano es bautizado, adulto o infante, es bautizado en el Espíritu Santo y a él se comunica el Espíritu de Jesús.

7, Señor Jesús, que llevas en ti todo el amor del Padre, toda la fuerza y fecundidad del Espíritu,
Señor Jesús, que nos has comunicado estos dones en el bautismo,
Reaviva en nosotros el don de tu gracia infinita, y haznos sentirnos hijos de Dios con todas sus consecuencias. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 2 diciembre 2016

3 comentarios:

Anónimo dijo...

La historia de nuestra redención comienza con un grito en un lugar solitario, con una voz que clama en un desierto inhóspito pronunciada por un hombre llamado Juan, san Juan Bautista.
Es un hombre joven, solitario, vestido pobremente y alimentado más humildemente, que alza la voz en medio de la soledad. Es una voz que no proviene de él, sino que le es ordenada por quien le envía: Dios mismo.
Las palabras que repetidamente pronuncia no son las de un elocuente discurso. Pero son terminantes. Escuetas. Resumidas al máximo. Lo que dicen, lo que transmiten, llega a muchos corazones humildes y sinceros, contritos. En Jerusalén. En toda Judea y de la comarca del Jordán.
Pero también llegan a la curiosa inquietud de fariseos y saduceos, los cuales, pretendiendo pasar desapercibidos, esperan recibir los beneficios del bautismo de Juan, sin darse cuenta de que el agua del Jordán no les serviría de nada, salvo mojarles la piel.
Juan les ve, conoce su comportamiento, aunque no los rechaza. Sin embargo aprovecha la ocasión para descubrir públicamente sus actos. Les llama lo peor que se puede decir a una persona: raza de víboras (en el texto griego: “hijos de víboras”). Van allí solamente para que les vea el pueblo, pero sin asomo de contrición. Por eso les reclama sinceridad, y les da un aviso amenazante ante el que no les vale aducir que son hijos de Abraham: que detrás de él viene otro hombre infinitamente mayor, y con un poder supremo inimaginable. El es el dueño absoluto de la tierra, con poder para cortar el árbol que no dé fruto. Y poder para quemar la paja de la parva.
Juan Bautista predica insistentemente la conversión. Busca la conversión. Abandonar la maldad y escoger la bondad. No entra en detalles, pues entiende que todos los oyentes entienden perfectamente. Busca arrepentidos. Nos busca a nosotros, a los cristianos de ayer y de hoy. A los cristianos de todas las épocas y condiciones.
Cordiales saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

El recientemente finalizado AÑO DE LA MISERICORDIA, decretado por el Papa Francisco, está en concordancia con este periodo de “espera” (adviento) de la Natividad. El nacimiento de Jesucristo nos muestra a Dios como Padre de Misericordia, como Dios misericordioso, que tanto amó a los hombres que envió al mundo a su propio Hijo para que diera fe de ese amor y misericordia hasta el infinito.
Sólo hay un Dios en la Biblia. Y es verdad eterna. No hay dos dioses: uno en el Antiguo Nuevo Testamento y otro en el Nuevo testamento. Y es verdad eterna. Dios es amor, nos dice el apóstol san Juan. Y es verdad eterna.
Pero, lamentablemente, no siempre tuvieron los cristianos esa creencia y evidencia teológica. Los inicios de la iglesia no fueron “idílicos” desde el punto de vista teológico. La iglesia primitiva hubo de sufrir, desde un principio, distintas tendencias ideológicas, a veces muy dispares. San Pablo ya nos habla de ello en sus epístolas. Como ejemplo vemos que en los siglos I, II y III hubo grupos de cristianos que creían en la existencia de dos dioses: uno el del Antiguo Testamento (un Dios de la ira), y otro un Dios del Nuevo Testamento (Dios del amor y de la misericordia). Y otros incluso más. Y los “curioso” es que todos ellos insistían en que sus opiniones eran enseñanzas de Jesucristo y sus apóstoles. Todos afirmaban tener la verdad de su lado. Se hubo de esperar la llegada del siglo IV para ver el final de esas discrepancias con el triunfo del credo cristiano como le conocemos hoy. A Dios gracias.
Saludos.
Juan José.

Anónimo dijo...

FELIZ CUMPLEAÑOS PADRE RUFINITO.
NOS ALEGRAMOS INMENSAMENTE POR ESTE DÍA TAN RADIANTE. LE AMAAAMOS MUCHO, MUCHO.
Nahím, Nelly, Mary Susy e Inés Noemí.

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