viernes, 16 de diciembre de 2016

871. Domingo IV Adviento, ciclo A– San José y la Virgen María ante el Misterio de Navidad



San José y la Virgen María ante el Misterio de Navidad

Homilía para el Domingo III de Adviento, del ciclo A,
Mt 1,18-24

Texto evangélico:
18 La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. 19 José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. 20 Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
         22 Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: 23 «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». 24 Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

Hermanos:
1. El domingo  IV del tiempo de Adviento está dedicado todos los años a la Virgen María. ¿Cuál es la parte que María tuvo en el misterio de la Encarnación? Los Evangelios nos la presentan con una doble perspectiva:
- María es Virgen.
- María es Madre.
Y, si queremos perfilar esta verdad evangélica de nuestra fe, diremos: María no es madre a pesar de ser virgen, o de modo correspondiente: María no es virgen a pesar de ser madre.  Se trata de un uno e indisoluble misterio: María es Virgen-Madre, Madre-Virgen.
Y sería inútil decir: Cuanto más virgen más madre, cuanto más madre más virgen. Es un misterio totalmente simple: Virgen-Madre.
Así hizo Dios las cosas. Nosotros, como cristianos, acogemos estos misterios, adoramos, damos gracias. También podemos pedir a Dios el don de la sabiduría para admirar y comprender lo que rebasa toda comprensión, porque es un misterio de amor; por tanto, misterio de comunión.

2. Hermanos, estamos tocando verdades que estremecen. Esa es la virginidad de María, que en el pensamiento de Dios es el lecho de la Encarnación. Hubo un poeta oriental, creo que un proverbio persa, que dijo. No hieras a una mujer ni con el pétalo de una rosa. Y el delicado poeta mexicano, Amado Nervo, añadió: ni con el pensamiento. Porque efectivamente es así: Se puede profanar a una mujer con un mal pensamiento oculto. No hieras a una mujer ni con el pensamiento.
Al misterio de la virginidad y de la maternidad se une hoy la presencia de José. ¿Qué ha pensado José de su joven esposa con los primeros signos de un embarazo? José ciertamente no ha herido a su esposa ni con el pétalo de una rosa, ni con el pensamiento.  José no ha pensado lo que vulgarmente se podría pensar.
Al estado actual de la exégesis, no se puede condicionar el texto como para decir: José ha pensado lo que todo el mundo habría pensado.

3. El ángel del Señor viene al encuentro de José en una comunicación nocturna, y le dice una palabra que viene de los profetas: No temas… Tantas veces se ha dicho a Jerusalén, porque Dios está contigo, porque la ternura de Dios se ha derramado sobre ti.
Y ahora se dice a José: Estás pensando que te encuentras ante la montaña sagrada, y quieres retirarte; no eres digno. Tu esposa no se ha retirado, no te retires tú. Es verdad que Dios está en medio de todo esto, el Dios que es fuego en la zarza ardiente.  El Dios de la eternidad que viene al vientre de una mujer. No te retires. Asume la paternidad que el Padre de la Gloria te otorga. Tú le vas a dar el nombre, con el derecho de patria potestad, y ese nombre será Jesús, el Salvador que salvará, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

4. En este momento José ha sido evangelizado y ha aceptado su misión. José pertenece plenamente a este pueblo de salvados. José es plenamente Evangelio, como María ha entrado en el Evangelio en el momento en que dio su sí de obediencia: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38).
José, al igual que María, está en esa obediencia a Dios que conduce la historia de los hombres. Ahora es cuando José es más esposo que nunca, al unísono de María en la voluntad de Dios.

5. Y, al contar estas cosas, el evangelista Mateo, da su veredicto de teólogo en la comunidad cristiana para la que escribe su Evangelio como palabra de fe: Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».
A lo mejor el erudito intérprete del profeta Isaías nos diga: No, aquella vieja profecía se refería al hijo que iba a tener la esposa del rey Ajaz, como garantía de que Dios velaba por la continuidad de la dinastía davídica en el reino de Judá, en el siglo VIII, cuando fue pronunciada. Esto es muy erudito y hasta puede ser correcto.
Pero no importa. San Mateo se eleva más alto. San Mateo quiere situarnos la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María como un designio que Dios lo tenía pensado desde siempre, e incluso anunciado por los profetas. Así debemos entender las santas Escrituras, hermanos. Hay una coherencia de fondo, que da unidad al plan de Dios. Dios ha anunciado la Encarnación por boca de sus santos profetas, nos dice el evangelista.

6. Vuelvo, hermanos, a los sentimientos del principio. La Sagrada Escritura es algo divino y debemos entenderla con la sabiduría de Dios. Los pensamientos de Dios no son ni improvisados ni repentinos.
Tengamos, pues, el valor de asociarnos nosotros mismos a estos planes misericordiosos de Dios y de vernos asociados a la Encarnación del Hijo. En el misterio de la Encarnación fuimos infinitamente amados. Yo soy parte de la Encarnación, yo soy parte del misterio de la virginidad y de la maternidad de María. Por mí y por mi salvación Jesús se llama Jesús, Jesús Salvador. Por mí Dios hizo Virgen y Madre a María de Nazaret.

7. Hoy concluimos con una oración a María: Virgen y madre del Señor, por ti fue santificado José, esposo digno de tu corazón. Enséñame a reconocerme a mí en el misterio de tu virginidad, en el misterio de tu maternidad. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 16 diciembre 2016.

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