viernes, 3 de febrero de 2017

890. Juglar de la Vida consagrada (en un retiro espiritual)





Canción de un consagrado en la vida religiosa


Ayer era el día de la vida consagrada, y hoy hemos tenido la oportunidad de una tarde de retiro.
El Papa Francisco hace unos días, el 29 de enero, hablaba a la Plenaria de la vida consagrada. Les decía:
“Vivimos inmersos en la llamada cultura de lo fragmentario, de lo provisional, que puede llevar a vivir a “a la carta” y a ser esclavos de las modas. Esta cultura induce a la necesidad de tener siempre las “puertas laterales” abiertas hacia otras posibilidades, alimenta el consumismo y olvida la belleza de la vida simple y austera, provocando muchas veces un gran vacío existencial. Se ha difundido también un fuerte relativismo práctico, según el cual todo es juzgado en función de una autorrealización muchas veces extraña a los valores del Evangelio. Vivimos en sociedades donde las reglas económicas sustituyen las morales, dictan leyes e imponen los propios sistemas de referencia a expensas de los valores de la vida; una sociedad donde la dictadura del dinero y del provecho propugna una visión de la existencia por la cual quien no rinde es descartado. En esta situación, está claro que uno debe antes dejarse evangelizar para luego comprometerse con la evangelización”.

La belleza de la vida consagrada no está sometida a estadística, y esa belleza sigue resplandeciendo; se ve en muchos rostros.
Las estadísticas, dolorosas, no nos deben desanimar; nacerá una vida muy hermosa.
Quiero cantar en unos versos esa belleza de la vida consagrada, sencillamente. Lo canto porque estoy convencido de que es así. Y porque siempre he tenido ante mis ojos ejemplos luminosos de estos anhelos.
En mi cima octogenaria - 80 de edad cumplidos (5 diciembre 1936) y 60 de profeso como hermano menor capuchino (15 agosto 1956), también 56 de consagrado en el ministerio sacerdotal (2 abril 1960) - por gracia de Dios bendigo y confieso el Código de esta Alianza:

Primero: La esencia de esta Alianza bautismal, que es mi vida consagrada de esta manera, es vivir, de modo gozoso y constante, en trance de Holocausto. Mi Padre Dios, como a su Hjo Jesús, me está pidiendo todo, todo, todo. Todo hasta el último suspiro.

Segundo: Mi pasado, soporte natural de mi presente - mi pasado que es el mío personal, y el de mi Familia religiosa a la que amo - en virtud de la entrañable misericordia de Cristo,  queda todo purificado en la Eucaristía de hoy. Eucaristía transformadora: ningún lamento; al final, todo es gracia.

Tercero: Mi futuro es Jesús Muerto y Resucitado; mi futuro, lo que viene, será mejor, porque es pura y simplemente el fruto de su amor. Mi futuro es sencillamente la entrega incondicional de mi vida como semilla de amor. 
 
1. Soy Juglar del Evangelio,
Narrador de cosas bellas;
junto a la fuente en la plaza
yo las comparto a quien quiera.

2. Con ojos contemplativos,
con el alma al viento suelta,
por hondonadas y cerros
se me abren rutas y metas.

3. Es esta la encrucijada,
pen sar en otra es quimera;
es hoy el tiempo creado,
y Dios perenne sorpresa.

4. Jesús es encuentro mío,
sin que nadie me lo sepa;
es mi espesura latente
en el reposo y en vela.

5. Es todas mis Escrituras,
que rezuman su presencia,
el griego que deletreo
y la letra en lengua hebrea.

6. Renacen las  Escrituras 
y Jesús renace en ellas;
esta página de hoy
es su "Hágase" y mi fuerza.

7. Es él el Nombre que baja
y adentro suave se adentra,
y entonces ya mi persona
se hace con él su parcela.

8. Aquí la Sabiduría
es mi saber sin escuela;
su dulce amor, mi almohada,
su historia, mi historia escueta.

9. Le llamo mi intimidad,
mi intimidad misionera,
soy juglar sin partitura
cuando vivo su existencia.

10. Sintiendo un sentir divino,
esta quietud me contenta,
como milagro de Pascua
en esta hora cimera.

11. No conocí la rutina,
ni del cansancio la anemia;
su palabra milagrosa
día a día me recrea.

12. Es así sencillamente,
sin vanidad ni pereza;
es que estoy junto a la Fuente
y mi sangre es primavera.

13. ¿Por qué digo lo que pienso,
palabras que el viento entrega?
Acaso para escucharme
mi redención verdadera.

14. Juglar del Valle de Asís,
que no pide una moneda.
Silencio, amigos, que el alma
no cabe en esta vihuela.

15 Que la voz del corazón
la voz del Génesis sea,
y, al llegar hasta el Calvario,
con Jesús de amor yo muera.

16. ¡Gloria y paz, Jesús bendito,
confidente de mis venas!
¡Te busqué y te buscaré:
sea en mi lo que deseas!

Guadalajara, Jalisco, 3 de febrero de 2017.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Brille nuestra luz ante los hombres. Seamos la sal de la tierra.
Brillo y sabor.
Ante la oscuridad en la que se mueve el mundo, los cristianos debemos ser luz. Y ante lo insípido del mundo debemos ser sal.
Pero los cristianos no “producimos” esa sal ni esa luz de forma natural. El cristiano se pregunta de dónde va a sacar esa sal y esa luz. Porque el que es luz (Cristo) da luz. Pero los que no poseemos esa luz no podemos dar luz, a no ser que se nos conceda.
Una alberca contiene agua. Cierto. Pero esa agua necesariamente viene de una fuente, ajena a la alberca, que canaliza su líquido a ella. Y entonces sí que la alberca puede contener y dar agua en abundancia.
La luz que ilumina nuestras noches igualmente procede de un lugar emisor de fuerza eléctrica, que la canaliza hacia nuestras ciudades.
De la misma manera sucede con la sal. Para que nosotros podamos expender sal es necesario que previamente nos proveamos de ella en una mina o en una salina.
Es Cristo el dueño y poseedor de esa sal y de esa luz. San Pablo fue sal y fue luz, pero no por sí mismo, sino por haberlo recibido del mismo Cristo que vivía en él de forma viva día y noche desde el momento de su conversión.
Los apóstoles fueron luz y fueron sal, pero sólo a partir del momento en que el Espíritu Santo descendió sobre ellos el día de Pentecostés. Antes eran cobardes y miedosos. Luego que descendió la virtud divina sobre ellos todo cambió.
Roguemos pues que el Espíritu Santo nos conceda esas cualidades, para que nosotros podamos dar esas cualidades.
YO SOY LA VID, VOSOTROS LOS SARMIENTOS; EL QUE PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL, ÉSE DA FRUTO ABUNDANTE; PORQUE SIN MÍ NO PODÉIS HACER NADA.
Amén.
Juan José.

Publicar un comentario en la entrada

 
;