miércoles, 29 de junio de 2011 1 comentarios

66. Sagrado Corazón: Venid a mí

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
Mt 11,25-30
Hermanos:

1. Hemos llegado a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Después de la Pascua, es decir, al concluir este tiempo glorioso, lleno de luz y de paz, con la fiesta de Pentecostés, vienen tres fiestas, que las recibimos en nuestro espíritu como si fueran la herencia, el regalo que nos deja la Pascua. Estas fiestas celebradas en toda la Iglesia son: Santísima Trinidad, Corpus Christi, Sagrado Corazón.
Hoy es el Sagrado corazón de Jesús. Como fiesta ha sido una invención de la piedad de la Iglesia, la más bella invención de estos últimos siglos. El contenido, no; el contendido es el Evangelio. Como lo está diciendo el Evangelio de hoy, donde no se habla del corazón atravesado de Cristo (como en el Evangelio de la lanzada), sino de lo que sale de este corazón (sin pronunciar la palabra corazón), cuando Jesús exclama: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra... Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”

2. ¿Qué es la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús? Es el resumen de toda la fe cristiana, sintetizada en una palabra: el amor. Así la exponía el Papa Pío XII en la encíclica Haurietis aquas, frase del libro de Isaías: “Sacaréis aguas con gozo de las fuentes del Salvador (Is 12,3)”. La encíclica se escribió para conmemorar el centenario desde aquella fecha en que el Beato Pío IX, en 1856, extendió la fiesta del Corazón de Jesús a toda la Iglesia.
Quien comprende lo que es o lo que sugiere el corazón divino de Jesús, se halla en el más puro centro de la fe. De nuevo acudimos al magisterio pontificio: “«¿No están acaso contenidos en esta forma de devoción el compendio de toda la religión y aun la norma de vida más perfecta, puesto que constituye el medio más suave de encaminar las almas al profundo conocimiento de Cristo Señor nuestro y el medio más eficaz que las mueve a amarle con más ardor y a imitarle con mayor fidelidad y eficacia?” (Pío XI, Miserentissimus Redemptor, encíclica de 1928).
El corazón de Jesús, corazón palpitante de Jesús de Nazaret, es el punto de encuentro de dos amores: el amor que desciende de Dios, y el amor que asciende hacia Dios. Claro que también semejante fórmula podríamos aplicarlas a nosotros mismos, a cada uno, y profesar esta verdad: En mi corazón se encuentra el amor de Dios que desciende hasta mí y mi amor humano que asciende hasta él. Es el encuentro de dos amores y la fusión de dos amores en uno.
Pero en el caso de Jesús ocurre algo único: El amor de Dios, el amor de la Santísima Trinidad desciende hasta su corazón, se aposenta en él, está todo entero en él; y al mismo tiempo en ese corazón de Jesús está el amor que asciende: el amor humano que hay en él, que recoge todos los amores de los hombres. Pero Jesús es Dios y ese amor que asciende de este Hijo de hombre es el amor de Alguien que es Hijo de Dios. Todo se funde en un solo corazón. En este corazón está la alianza perfecta. Tenemos laseguridad de que por este corazón podemos ir al Padre.

3. Jesús en el Evangelio nos está invitando a penetrar en el secreto de su corazón. Dice, ante todo, que estas verdades divinas han sido ocultadas a los sabios de la tierra, mientras que han sido reveladas a los sencillos. Los sabios son los sabios soberbios; los sencillos, tengamos pocos o muchos conocimientos, son los humildes, los que se abren con confianza a Jesús, presencia de Dios en la tierra.
Habla, pues, el Señor en esta oración de bendición al Padre, que la hace movido por el Espíritu Santo, según anota san Lucas en el pasaje correspondiente: “se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo” (Lc 10,21).
Estamos en una escena divina, trinitaria. Escuchemos: “Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo” (Mt 11,27). Lo aceptamos, lo creemos: Dios es Dios, y hay dentro de Dios un diálogo infinito de amor entre el Padre y el Hijo. Esto es pura revelación, y lo creemos así porque creemos en el santo Evangelio”.
Pero la última sorpresa viene en la terminación de la frase: “...nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Jesús nos está hablando de ese mundo interior que él vive y que quiere compartirlo con nosotros.

4. Mis hermanos, al escuchar estas divinas emanaciones, nos preguntamos: ¿qué es la fe?, ¿qué es la religión de le fe, la religión revelada?
Es la intimidad de Dios, a la que estamos llamados. San Juan, que es por excelencia el teólogo del amor, y nos los está diciendo en cada una de las frases leídas hoy (1Jn 4,7-16), sublime párrafo que termina con esta declaración: “Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (v. 16).

5. El Corazón de Jesús, hermanos, nos está diciendo que la última palabra de Dios es el amor, y que desde el amor hay que hacer la síntesis que intente hacer el hombre acerca de Dios.
Hace unas semanas el Papa comentaba aquel episodio de la historia de Abraham, cuando intercede por Sodoma y Gomorra, ciudades pecadoras, que deben ser castigadas. Si se encuentra cincuenta justos, en atención a esos justos, Dios las perdonará. Y si fueran cinco menos, es decir, 45..., o 40, o 30 o 20, o 10, Dios  las perdonará.
Abraham no se atrevió a bajar a un solo justo. Jeremías bajó a un solo justo cuando quiso la salvación de Jerusalén. Y el Papa nos da esta preciosa explicación: “...el profeta Jeremías dirá, en nombre del Omnipotente, que basta un solo justo para salvar Jerusalén: «Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien y averiguad, buscad por todas sus plazas, a ver si encontráis a alguien capaz de obrar con justicia, que vaya tras la verdad, y yo la perdonaré» (Jr 5, 1). El número se ha reducido aún más, la bondad de Dios se muestra aún más grande. Y ni siquiera esto basta; la sobreabundante misericordia de Dios no encuentra la respuesta de bien que busca, y Jerusalén cae bajo el asedio de sus enemigos.
Será necesario que Dios mismo se convierta en ese justo. Y este es el misterio de la Encarnación: para garantizar un justo, él mismo se hace hombre. Siempre habrá un justo, porque es él, pero es necesario que Dios mismo se convierta en ese justo. El infinito y sorprendente amor divino se manifestará plenamente cuando el Hijo de Dios se haga hombre, el Justo definitivo, el perfecto Inocente, que llevará la salvación al mundo entero muriendo en la cruz, perdonando e intercediendo por quienes «no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). Entonces la oración de todo hombre encontrará su respuesta; entonces toda intercesión nuestra será plenamente escuchada” (Catequesis del 18 de mayode 2011, sobre Abraham, comentando Génesis 18).

6. Hermanos, el Corazón de Jesús es ese corazón donde está el pleno perdón de Dios, el regalo de todo el amor de Dios.
En suma, Dios es perdón, Dios es amor, Dios es salvación.
Todo esto que anunciamos tiene una realidad concreta, que soy yo: Jesús y yo. ¿Quién es el Corazón de Jesús? Es el perdón de todos mis pecados. Miro a mi historia, y seguramente querré borrar páginas que no me agradan. Están borradas, están perdonadas en ese divino y amantísimo Corazón de Jesús.
El Corazón de Jesús, repitamos, es el perdón de todos mis pecados.
Y el Corazón de Jesús es el regalo del amor de Dios que se me da a mí, para que comience a disfrutarlo ya en la tierra. En el Corazón de Jesús tengo a Dios.
Por eso, vamos a concluir con esa preciosa jaculatoria, que la decían nuestros abuelos y que ahora la decimos nosotros:
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío! Amén.

Sobre el Sagrado Corazón de Jesús hemso escrito estos himnos que se pueden enonctrar en mercaba.org (Año litúrgico, Ciclo B)
martes, 28 de junio de 2011 1 comentarios

65. Felicidades al Papa

En la solemnidad de San Pedro y San Pablo de 2011

Hermanos:
Hoy es la solemnidad de san Pedro y san Pablo, una fiesta privilegiada en la Iglesia. No solo tiene Primeras Vísperas (como siempre ocurre en todas las solemnidades), sino que también tiene una Misa de la Vigilia. La santa Eucaristía que se celebra en la tarde del día 28 es Misa de la Vigilia de san Pedro y san Pablo.
Podemos resaltar las virtudes de ambos apóstoles, claves en el comienzo de la andadura de la Iglesia; podemos resaltarlas, sin duda. El historiador aborda la figura de Pedro. Ve la crisis profunda de la Pasión, pero Dios hizo que “volviera” (Lc 22,33), y  luego se yergue la figura del apóstol primero y principal de los Doce como la figura de un enamorado de Cristo. El amor recíproco de Pedro y Cristo es la clave para entender a Pedro (Michele Mazzeo, Pietro. Roccia della Chiesa, Paoline 2004). Pedro lo “seguirá” hasta el martirio (Jn 21,19). Mas la Igelsia no intenta la exaltación de los méritos de Pedro y de Pablo cuanto mostrar el significado de ambos apóstoles, columnas e la unidad de la Iglesia.
Al ser hoy el día de la Iglesia, heredada de Jesús, el Día del Papa, nuestro espíritu se eleva al sucesor de Pedro, a quien queremos venerar con el espíritu con que los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y la tradición primera de la Iglesia hablaron de Simón de Betsaida, llamado por Jesús Cefas, Roca, Pedro. El sucesor de Pedro es hoy un bávaro, Joseph Ratzinger, reconocido en la Iglesia como Benedicto XVI.
Sucede además que hoy, precisamente se cumplen 60 años de la ordenación sacerdotal del joven Joseph Ratzinger, con otros compañeros, entre los cuales, su hermano carnal Georg.

* * *

Volvemos con emoción al día de la inauguración del pontificado o ministerio petrino (24 abril 2005).
El Papa pronunció una homilía inolvidable de gran sinceridad, de humilde y gran teología, de gran esperanza. Fueron 39 veces de aplausos con que los presentes quisieron hacer eco a las palabras del Papa. El Papa recibió el Palio del buen pastor y el Anillo del pescador.
Hoy, Día del Papa, voy a tomar algunos recortes, con la incomodidad de que no puedo repetirla toda. Fijándome especialmente en los párrafos que voy a citar, compuse un Himno, que lo estrenamos después de la comunión.

* * *

"(Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia. En lugar de exponer un programa, desearía más bien intentar comentar simplemente los dos signos con los que se representa litúrgicamente el inicio del Ministerio Petrino; por lo demás, ambos signos reflejan también exactamen­te lo que se ha proclamado en las lecturas de hoy.
El primer signo es el palio, tejido de lana pura, que se me pone sobre los hombros. Este signo antiquísimo, que los Obispos de Roma llevan desde el siglo IV, puede ser considerado como una imagen del yugo de Cristo, que el Obispo de esta ciudad, el Siervo de los Siervos de Dios, toma sobre sus hombros. El yugo de Dios es la voluntad de Dios que nosotros acogemos. Y esta voluntad no es un peso exterior, que nos oprime y nos priva de la libertad. Conocer lo que Dios quiere, conocer cuál es la vía de la vida, era la alegría de Israel, su gran privilegio. Ésta es también nuestra alegría: la voluntad de Dios, en vez de alejarnos de nuestra propia identidad, nos purifica - quizás a veces de manera dolorosa - y nos hace volver de este modo a nosotros mismos. Y así, no servimos solamente Él, sino también a la salvación de todo el mundo, de toda la historia.
En realidad, el simbolismo del Palio es más concreto aún: la lana de cordero representa la oveja perdida, enferma o débil, que el pastor lleva a cuestas para conducirla a las aguas de la vida. La parábola de la oveja perdida, que el pastor busca en el desierto, fue para los Padres de la Iglesia una imagen del misterio de Cristo y de la Iglesia".
(Y sigue diciendo cosas muy hermosas... sobre un solo pastor y una sola grey)

Bendito sea Cristo en Benedicto,
los hombros hoy cubiertos con su palio;
(bendito Cristo, el único Pastor,
que en cielo y tierra guía a su rebaño!

De lana pura, piel de sus ovejas
está el pastor cubierto y abrigado;
la oveja del desierto allí la lleva,
gozoso por haberla ya encontrado.

El palio es suave  yugo del Maestro
querer y voluntad que se ha aceptado:
amor de Dios, que solo nos conduce
y oculto está detrás de ese cayado.

Oh Dios, Pastor Cordero, Pascua viva,
que muestras tu poder como inmolado,
al Papa Benedicto siervo tuyo,
protégelo y lleva de tu mano.

Ya tiene anillo Pedro el Pescador,
y sella y ata cuanto Dios ha atado;
que seas pescador de muchos mares
y veas que la red no se ha rasgado.

Oh Cristo Dios, tu Iglesia vive y ama,
pues vives tú, Jesús Resucitado:
(bendito Tú, hogar de toda gracia,
bendícenos, bendice a tu agraciado! Amén.


* * *
Ya se cumplieron seis años de pontificado y estamos en el séptimo. El Papa. Testigo humilde de Jesús, va purificando e iluminando a la Iglesia.
Hoy, para felicitar al Papa, se ha expresado un deseo que se propaga por las Iglesias: Si cumple 60 años de sacerdocio, vamos a ofrecer al Señor 60 horas de adoración eucarística. Sí, es muy hermoso.
De mi parte, unido a toda la Iglesia, quiero hacerle un homenaje, y como el escolar – antigua usanza – en el salón de actos “echa una poesía” al Padre Rector, yo también, ingenuamente (y con mucho amor, Santo Padre), le brindo una poesía, una Rima acompasada a los sentimientos de mi alma.

Felicitación sacerdotal a Benedicto XVI
Rima en su 60° aniversario de Sacerdote

1. Felices recuerdos, padre,
hoy son aroma en tu alma,
cuéntamos con sencillez
un poco de aquella gracia;
sabemos que un avecilla
allí revoloteaba,
y tus labios sonrieron
mirando batir sus alas.

2. Jesús te llenó por dentro
en aquella unción sagrada,
olían a Dios tus manos
y había en tus ojos lágrimas;
ya podías puramente
levantar la Hostia Santa,
adorarle todo tuyo,
que, entero, a ti se donaba.

3. Ya podías perdonar,
absolver con mano alzada,
y derramar tu ternura
en el alma atribulada,
con un título de amor
siervo de Dios te llamabas,
ser Sacerdote es servir
el misterio de la Pascua.

4. Locura fuera el pensar
que un día serías Papa,
si eras todo de Jesús,
ser hermano te bastaba;
ser servidor de la Iglesia
ministro de la Palabra,
iluminado obediente:
ser así te enamoraba.

5. Dulces recuerdos de un día
de gracia y de sangre humana:
con tu padre y con tu madre,
con tu hermano y con tu hermana:
Dios en familia... tan grande,
tan dulce se derramaba,
el mismo Dios que en María
se hizo nuestro en sus entrañas.

6. Hoy, Jubileo de luz...:
de esta grey que hermanos llamas,
¿qué obsequio digno quisieras
que de verdad te gustara?
Sesenta llama a sesenta
en fiesta tan señalada,
y haremos sesenta Horas
de adoración y de guardia.

7. El don de la Eucaristía
Dios amante te regala,
para ti y para nosotros
es la gracia deseada.
Contigo, querido padre,
a Dios le decimos gracias,
pidiendo ser con Jesús
víctima santificada.

Fiat, fiat.
lunes, 27 de junio de 2011 1 comentarios

64. Cinco novicios profesan

Hermanos:
Anteayer, un sábado común del año, cinco novicios capuchinos profesaron. Y esto ¿es noticia? Sí que lo es; humidle noticia, pero digna noticia eclesial, digna de que fuera anunciada a nuestra Parroquia de la Preciosa Sangre de Cristo con unas palabars adecuadas al evento, invitando a los fieles a participar en el mismo.

Profesión de los novicios capuchinos en nuestra parroquia

El sábado 25 de junio, a las 12 del mediodía, será la profesión de los cinco novicios capuchinos, todos ellos mexicanos, que acaban de concluir su año de noviciado entre nosotros, o “año de iniciación” a la vida religiosa. Ellos son

HNO. ÁNGEL RÍOS GARCÍA
HNO. CRISTIÁN NOÉ GONZÁLEZ MENDOZA
HNO. ARMANDO LEAL MARTÍNEZ
HNO. ANTONIO DE JESÚS RODRÍGUEZ ÁVILA
HNO. SERGIO DANIEL COLIMA JIMÉNEZ

Dentro de la celebración de la Eucaristía, poniendo sus manos entre las manos del superior de nuestra circunscripción, dirán, uno a uno: 
En alabanza y gloria de la santísima Trinidad.
Yo, hermano Ángel (Cristián, Armando, Antonio, Sergio) movido por divina inspiración a seguir más de cerca el Evangelio y las huellas de nuestro Señor Jesucristo, ante los hermanos aquí presentes, en tus manos, hermano Eusebio Hernández Mendoza, con firme y sincera voluntad, hago voto a Dios, Padre santo y omnipotente, de vivir por tres años en obediencia, sin propio y en castidad.
Y prometo observar fielmente la vida y Regla  de los Hermanos Menores, confirmada por el papa Honorio, según las Constituciones de la Orden  de los Hermanos Menores Capuchinos...”.

Momento en que los cinco novicios piden ser agregados a la Orden Capuchina

La Regla de los Hermanos Menores es la Regla que escribió san Francisco y fue aprobada por el Papa Honorio III el año 1223. Esta profesión se llama profesión temporal, puesto que se hace para un tiempo. Terminado este plazo, si uno sigue en el propósito emprendido y es aceptado por la fraternidad por un comportamiento laudable, se emite la profesión perpetua, para toda la vida. No pocos hermanos optan por el sacerdocio. Los pasos de cara al sacerdocio se llevan a cabo después de la profesión perpetua.
Tenemos la alegría en esta circunstancia de que los cinco que profesan van a ser reemplazados por otros cuatro jóvenes mexicanos que comienzan su año de noviciado en una ceremonia privada que se tendrá dentro del convento (Pavorreales, 22), en tanto que otros esperan haciendo su Postulantado en La Piedad, etapa primera de formación que dura dos años. Dios bendice a su santa Iglesia con vocaciones, y la familia capuchina poco a poco se va consolidando en México.

Los cuatro nuevos novicios con el Maestro, a la izquierda,
y el Vicemaestro (quien esto escribe) el segundo a la derecha 


Los feligreses quedan invitados y... - ¿por qué no...? – joven generoso, intrépida muchacha..., que cunda el ejemplo, que a lo mejor una vocecita suena en tu corazón.


Grupo de postulantes (sin hábito), nuevos novicios, nuevos profesos
y otros profesos que les acompañaron


Hasta aquí la comunicación que dábamos a los fieles.
Se hizo la celebración, y luego vino la otra fiesta al estilo mexicano, en la cancha de la casa o Fraternidad del Noviciado, bajo una carpa y unas mesas elementales de quita y pon. La invitación era para todo el que viniera. Se calcularon 250, rondaron los 300 comensales en esa algarabía popular que es la fiesta mexicana para lo que sea. La música durante la comida es esencial; sin ella no hay fiesta. La comida simple, arroz con sabrosas “carnitas” de mullida y jugosa barbacoa. De bebidas, refrescos. Y de postre, lo que no puede faltar: el pastel (que en España se dice tarta). Nada de vino, cerveza o licores.
 Pasó la fiesta, y la cancha quedó vacía. También los familiares, poco a poco, regresaron.

Hermanos, mis hermanos, no ya novicios, sino profesos con los tres sagrados compromiso de pobreza, obediencia y castidad. Este hermano veterano, que os ha acompañado como vicemaestro este año y que en 1956 (joven de 19 años) pronunció los sagrados compromisos que acabáis de emitir, tiene una palabra en su corazón.
¿Qué es la vida religiosa, sea capuchina o tenga otro apellido? Creedme: es una misteriosa alianza de amor; por tanto, un misterio de humildad, de íntima humillación, de silencio, de profunda..., profunda soledad..., porque te has privado de algo muy hermoso que el corazón bellamente apetece.
Yo te he dado un abrazo de acogida y te he dicho simplemente: El Señor te dé la perseverancia. O, a lo mejor, he apretado mi mano en tu brazo sin poder decirte... nada.
No pienses, hermano, que esto es algo ni heroico, ni ejemplar. No sueñes en futuro, salvo el futuro del amor día a día. No defiendas nada. Sea tu vida transparente y sencilla. Y que quien te vea, sin ninguna pretensión tuya, encuentre a Jesús.
No intentes alta teología de lo que has hecho. Tu teología, tu herencia... sea pura y simplemente el amor vivido.
La Madre del Señor te acompañe.
En el silencio, guárdame un huequecito en tu corazón. Y, si en la vida nos volvemos a encontrar en la misma casa fraterna, de hermano a hermano, espero que lo tendrás en el mío. ¡Felicidades! Sigue tu camino.

Puebla de los Ángeles (México), lunes 27 junio 2011.

domingo, 26 de junio de 2011 0 comentarios

63. "Yo nunca me cansaría de hablar de él" (Pablo VI)


Hermanos:
El domingo XIII del ciclo A la Liturgia que clérigos, religiosos y religiosas rezamos como encomienda que la Iglesia pone en nuestras manos, y que todo fiel cristiano puede rezar por su consagración bautismal, al celebrar el Oficio de lectura nos ofrece un texto de Pablo VI, hoy siervo de Dios, que en verdad se nos antoja como un pasaje esplendente, fiel retrato de la persona y doctrina de este humilde y grande Pontífice. Es un texto tomado de una homilía pronunciada en Manila, el día 29 de noviembre de 1970, hace algo más de 40 años.
Esta homilía la pronuncio dos días después de que, a su llegada a Manila, en el aeropuerto, un fanático, perturbado mental, vestido con atuendo de sacerdote y con un crucifijo, llegó hasta el Papa para asestarle dos cuchilladas que, gracias a Dios, dirigidas al pecho, no pudieron penetrar ni cortarle la vena yugular. El agresor, que confesó que “no quería matar al Papa”, había escrito unas herméticas palabras en su cuchillo: “sumisión, podredumbre, miseria, Iglesia, superstición, engañifa”. No pasó nada, y el Papa bondadosamente no quiso darle importancia. Este viaje de un testigo de Jesucristo, a Extremo Oriente (Asia, Filipinas, Australia), fue el viaje de un Papa humilde y grande – repito – “santo”, lleno de humanidad que se siente devorado por el amor a Jesucristo y quiere anunciarlo hasta los confines de la tierra. Hay que saber que Pablo VI fue el primer Papa que visitó los cinco continentes.
Unos años después, en 1975, escribía la exhortación evangélica “Evangelii nuntiandi” (el día 8 de diciembre del año 1975, XIII de nuestro pontificado), que seguramente es la herencia más bella que el Siervo de Dios Pablo VI (¡ojalá que muy pronto lo veamos en los altares), ha dejado a la Iglesia.
Quien lee o escucha el pasaje que vamos a leer, siente como que está leyendo la exhortación que luego escribió sobre “la evangelización del mundo contemporáneo”, documento desplegado en siete capítulos: Del Cristo evangelizador a la Iglesia evangelizadora - ¿Qué es evangelizar? – Contenido de la evangelización - Medios de la evangelización – Los destinatarios de la evangelización - Agentes de la evangelización – El espíritu de la evangelización.
Quien escucha la homilía de Manila percibe que este hombre cree lo que dice, se ha compenetrado con el mensaje, y con tono vibrante confiesa que ha entregado su vida a Jesucristo.
Pablo VI dijo y escribió aquella célebre frase: “"El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio" (N. 41).
Y ciertamente que él convencía porque era un testigo.
Dijo, pues, en Manila y leemos y escuchamos hoy en la Liturgia de las Horas:

* * *
“¡Ay de mí si no evangelizare! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy apóstol y testigo. Cuanto más lejana está la meta, cuanto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia el amor nos apremia. Debo predicar su nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda creatura, y todo se mantiene en él. Él es también el maestro y redentor de los hombres; él nació, murió y resucitó por nosotros. Él es el centro de la historia y del universo; él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; él ciertamente vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad. 
Yo nunca me cansaría de hablar de él; él es la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida; él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed; él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y con‑ solados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos. 
Éste es Jesucristo, de quien ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis, por vuestra condición de cristianos. A vosotros, pues, cristianos, os re‑ pito su nombre, a todos lo anuncio: Cristo Jesús es el principio y el fin, el alfa y la omega, el rey del nuevo mundo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino; él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; él es el Hijo del hom‑bre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del cuerpo místico. 
¡Jesucristo! Recordadlo: él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos”.
sábado, 25 de junio de 2011 0 comentarios

62. Acoger a Jesús, acoger al Padre

Domingo XIII del ciclo A
Mt 10, 37-42

Hermanos:

1. Durante tres domingos se lee el capítulo 10 de san Mateo (domingos del tiempo ordinario del ciclo A XI, XII y XIII). Es un capítulo de envío, que comienza con el envío de “sus doce discípulos” (v. 1), pero luego se entiende que es el envío de todos y a todas partes. De envío, y al mismo tiempo de acogida, porque de las dos cosas se trata.
Jesús, el Enviado, envía. Hay un vínculo de transmisión: el Padre, Jesús y nosotros. Entre medio está el Espíritu, del que ha hablado: “el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros”. El Espíritu es el artífice de esta obra divina en la tierra.
Estamos leyendo los Evangelios Sinópticos, pero en estas manifestaciones del envío, es igual que si estuviéramos leyendo el Evangelio “espiritual” de san Juan, signo de que en las raíces profundas los cuatro Evangelios están unidos, y esto solamente procede de uno, que es Jesús.
A nosotros un inmenso gozo nos puede embargar el alma, al comprobar – y ¡ojalá que al gustar! – que Jesús y el Padre son uno. “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30).

2.  Las primeras frases del Evangelio de hoy se refieren a ese amor absoluto y único que Jesús reclama para sí. Las sentencias suenan rítmicas, repetitivas, y sencillamente divinas:
“El que quiere a su padre o a su madre más que a mí,
     no es digno de mí;
El que quiere a su hijo o a su hija más que a mí,
     no es digno de mí”.
Está claro que Jesús es el amor preferencial y absoluto, y, en el fondo, el único: amor exclusivo y totalizador, amor que es ni más ni menos que el amor de Dios. Desde este amor habrá que tomar inspiración para todo otro amor.
Tantas veces, el corazón profundo se puede quedar silencioso y orando: ¡Solo Dios! ¡Solo Dios! ¡Solo Dios!
Esta admiración total, que la comprendemos y la aceptamos sin ningún reparo, es lo mismo que decir esta otra:
¡Jesús! ¡Solo Jesús! ¡Solo Jesús! ¡Solo Jesús!
El sentido íntimo de las palabras que respetuosamente hemos comenzado a analizar no es otro que este, aunque, de pronto, pueda chocar al espíritu. ¡Solo Jesús! ¡Solo Jesús! ¡Solo Jesús!

3. Es el significado que explica la declaración siguiente:  “y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí”. Por tanto, leído el texto al revés: el que carga con su cruz (que es mi cruz) y me sigue, sí es digno de mí.
Jesús humano está hablando como Jesús divino; pues así es. El Legislador del Antiguo Testamento, Moisés, mediador de Dios, nunca habló así, porque no podía hablar. Los profetas, ninguno de ellos, pudieron hablar así.
Hay que confesar paladinamente: Dios ha bajado a la tierra para que un hombre, Jesús de Nazaret, pueda hablar como está hablando.

4. El mismo sentido debemos dar a la frase siguiente:
“El que encuentre su vida,
     la perderá,
y el que pierda su vida ¡por mí!,
     la encontrará”.
¡Qué frase más bella y sugestiva para lanzarnos a la aventura del amor a Jesús! Encontrar a Jesús es perderlo todo, perderlo todo por él, es encontrarlo todo en él. Eso del “todo” está expresado aquí con la palabra “vida”.
Ya tenemos, gracias a estas palabras que han salido de su boca, la clave de nuestra existencia. Hemos de decidirnos a perderlo todo, porque no perdemos nada si lo perdemos todo por él.
Es cierto que nos gusta proyectar, que es una manera de dominar el futuro. Uno se siente él mismo cuando, poniendo en acción sus íntimos recursos, planea y lucha. Está bien. Pero hay otra cosa superior, que te puede acontecer si Jesús se apodera de ti: perder todo. Perder mis planes, perder mi salud, si se tercia, vivir en mí desde fuera de mí, porque mi vida es el acontecimiento de Cristo. En una palabra, perder todo.
Recuerdo que una vez, hace muchos años, un fraile me dijo: “¡He perdido el mundo!”. Y tenía tal sello de autenticidad en su mirada, y en el modo como le salían las palabras de su boca, que yo me lo creí: ¡Este fraile ha perdido el mundo! ¡Este fraile ha encontrado el Evangelio! Este fraile sabe quién es Jesús.

5. Son palabras del Señor que pueden tener una resonancia explosiva en la juventud. En esa edad chicos y chicas, que poco tienen, pues no tienen más que ilusión – tan movediza – a lo mejor, con una ráfaga divina – pueden decir mirando... el mundo, delante de la universidad: He perdido el mundo; he perdido todo, y tengo la rotunda seguridad de que lo he encontrado todo. San Pablo así lo dijo, cuando ya era, años ha, un postgraduado en Jerusalén, y con méritos adquiridos de persecución a aquella secta perniciosa. “Por él lo perdí todo”, y terminó la frase: “y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él” (Flp 3,8).
Hay un claro parentesco entre la frase de san Pablo y la palabra de Jesús, signo de que aquella declaración del Maestro Nazareno había pasado por su corazón.
Lo que estamos diciendo no se refiere a arranques de juventud, a esos impulsos quizás favorecidos por la fuerza de la sangre. El perder todo por Jesús lo puede hacer un joven, recién salido de la adolescencia, un adulto, y un provecto; es una posibilidad de gracia que se nos da.

6. Pero el texto de hoy nos habla también de la acogida a Jesús, por medio del enviado. Acoger a Jesús, acogiendo a un enviado que se te cruza en el camino de la vida, no es una simple hospitalidad doméstica, virtud preeminente en la antigüedad y también hoy en los pueblos sencillos. Acoger a un mensajero cristiano es ni más ni menos que dar entrada a Dios en los dominios de tu persona.
El enviado no es propiamente el apóstol; es el mensajero, el misionero, que se lanza a esta tarea del anuncio de Jesús, a riesgo de lo que sea, contando con la posible persecución, y quién sabe si con el martirio. “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado”.
Acoger a Jesús, a este Jesús, predicador venido de Nazaret, es acoger al mismo Dios del cielo. ¡Felices quienes lo han experimentado, quien ha vivido la entrada de Dios en su casa, por las sandalias y la plática de un humilde misionero o de una humilde misionera, que no hay distinción!

Jesús pone unos ejemplos vivos: el del profeta. El que acoge a este misionero, a esta misionera, como profeta del cielo, tendrá recompensa como de profeta. La lectura de Eliseo nos ha dicho el premio de profeta que recibió una humilde mujer que lo acogió. Recibió el don de la maternidad. No tenía hijos y su marido era anciano. “Tendrás un hijo en tus brazos”, le dijo el profeta, y aquella mujer recibió un regalo digno de un profeta: un hijo en sus brazos, alegría de su vida.
Otro es el ejemplo del vaso. ¿Qué cuesta sacar de la tinaja un vaso de agua fresca y dárselo al misionero, a la misionera? Incluso, ni misionero, “El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa”. Todo es por Jesús, porque en esta humilde comunidad que él está creando en la tierra, está real y verdaderamente el Hijo de Dios.

Mis hermanos, mis pequeños hermanos, todo esto que estamos explicando nos resulta celestial. Así lo es.
Que Jesús nos conceda el don de experimentarlo en nuestra carne, en nuestro cuerpo, en nuestro paladar. Amén.
Himno como Cántico de comunión para este Domingo XIII, del ciclo A: A Jesús he preferido (se está subiendo)
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61. Corpus Christi: Jesús Eucaristía por las calles

Domingo de Corpus Christi

Hermanos:

Corpus Christi, que en la nomenclatura actual de la liturgia de la Iglesia es la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, tiene su día señalado en el Calendario espiritual de la Iglesia. Es el jueves que sigue al domingo de la Santísima Trinidad, domingo este que se celebra inmediatamente después de Pentecostés.
La evolución social del ambiente ha hecho que en tantos lugares esta fiesta de amor no sea en el jueves señalado, sino en el próximo domingo. Así ocurre en España. En México, desde donde escribo, los Obispos han retenido el jueves tradicional.
El haber participado en este Jueves del Santísimo Sacramento en la procesión del Santísimo por plazas y calles, saboreando la piedad popular de las gentes ha hecho brotar en mi corazón unos sentimientos, que me han recordado días muy hermosos de época pretérita. Pudiera pensarse que es la nostalgia y el sentimentalismo que se han concordado para traicionarme. Pienso que no; al menos, no lo quisiera. He vivido una celebración cálida de amor que algunod cristianos que se asoman a estas páginas gustarán en compartir.
Un homenaje público a Jesús Eucaristía, cuando sale realmente de una comunidad humana que cree en él. Es lo que acabo de vivir, de una manera profundamente humana en Aguascalientes.
Aguascalientes está en el centro geográfico de México y el sentir del pueblo es sencillamente católico. En las cinco visitas que el beato Juan Pablo hizo a este país, no llegó hasta la ciudad. Pero sí al aeropuerto, cuando de acá un helicóptero le trasladó a San Juan de los Lagos. La gente, entonces, salió a recibirle como a un padre, a mostrarle su cariño y pedirle su bendición. El recuerdo de aquel encuentro quiso hacerse imperecedero en un momento de bronce que la Ciudad dedicó al Papa. Juan Pablo está pie, caminando, con los brazos abiertos. Y me dicen que ante este monumento nunca han faltado ni flores ni devotos.
Esta hermosa ciudad, cuyo nombre se debe a las aguas termales, de raigambre española, al menos por ciertos signos – la Monumental para las corridas – levantó un  gallardo monumento a Don Quijote y Sancho Panza, con una sabia inscripción del Quijote, testimonio cultural que la ennoblece. Lo de Juan Pablo II fue distinto: un monumento del corazón, un testimonio de fe.
Desde esta fe de las gentes sencillas se recorre la hermosa procesión del Corpus, con tres estaciones, todo delicadamente preparado en un folleto que se distribuye a los participantes. Tras la misa, celebrada en el zócalo capitalino, Plaza de la Patria, se sube al Santísimo a la Carroza preparada. La Carroza, en el soporte de un camión, es una barca que emerge en las olas. En la barca un Ángel erguido (parece un Ángel del Apocalipsis), con vestiduras de quien está sacerdotalmente ante la Presencia, eleva en alto hacia el cielo y hacia los fieles una grande Hostia, protegida en su cápsula. Sube el Obispo a la Carroza y en un reclinatorio permanece de rodillas durante la procesión, adorando al Amor de los amores. Los diáconos inciensan profusamente al Señor, mientras la Carroza avanza.
Y avanza la procesión con cánticos populares y oraciones a Jesús Sacramentados. Van en primera fila las Banderas de la Adoración nocturna. Es hermoso y emotivo el homenaje que se tributa a Cristo Eucaristía.
Pude participar en él, y dando unos Ejercicios a sacerdotes de la diócesis, el Obispo me invitó a predicar. Con gozo aclamé a Jesús en aquella Plaza de la Patria. Al día siguiente (ayer) un periódico local recogía la crónica del acto. Y, como es parte del homenaje, puedo transcribir los párrafos, reflejo también del alma del pueblo.

“Durante la ceremonia, el franciscano capuchino originario de España, Rufino María Grández Lecumberri, quien de visita en Aguascalientes por la mañana impartió ejercicios espirituales al presbiterio, explicó ante los presentes que en la Eucaristía se contiene todo el bien de la Iglesia – sí, lo dije citando al Concilio Vaticano II -, de Ella brota el manantial que llena al hombre de todas las gracias.
La Eucaristía es la fuente de toda la vida de la Iglesia y en la Eucaristía vuelven todos nuestros amores, agregó el sacerdote.
Al presidir la Homilía informó a los presentes que el próximo día 29 de junio, en el marco de la festividad de San Pedro y San Pablo, el Papa Benedicto XVI cumplirá 60 años de sacerdote, por lo que exhortó a todo el pueblo católico a participar en una gran colecta para hacerle un regalo.
Sin embargo no es un regalo material, sino espiritual, se trata de 60 horas de adoración a Jesús Eucaristía ante el Santísimo Sacramento.
«En realidad no es un regalo que le hacemos a Benedicto XVI sino a Cristo Jesús, nuestro amado Señor», resaltó”.

Al volver a casa, recordaba con sabor en el corazón lo vivido, yo escuchaba en mi interior la animación espiritual que un sacerdote iba haciendo desde la megafonía.
Para la ciudad de Aguascalientes, para sus adoradores, para la gente sencilla – mis hermanos –, para quien camine tras el Santísimo en una procesión de amor... brindo y les mando una Rima que, rápida, fluyó de mi corazón. Ojalá que el año que viene, desde la megafonía sea con un puñado de pétalos más lanzados a la Santa Hostia.

Rima de adoración
en la procesión de Corpus Christi en Aguascalientes


1. Entre su pueblo querido
Jesús amado navega;
Aguascalientes es mar
como el mar de Galilea.

2. Su Carroza es una barca,
que a la Iglesia representa;
nuestros cantos y oraciones
son una suave marea.

3. Banderas blancas preceden
en esta sagrada fiesta,
banderas de Adoración
que a su Rey la noche velan.

4. El Ángel cual Sacerdote
la divina Hostia eleva
y nosotros adoramos
a Cristo que vive y reina.

5. Los ministros del Señor
le acompañan y rodean,
y las flores y el incienso
brindamos a su presencia.

6. ¡Oh Jesús, Hijo de Dios,
que tomaste carne nuestra
en las entrañas purísimas
de la Virgen Nazarena!

7. María fue tu sagrario
nueve meses en la tierra,
y su fe de fiel creyente
fue cuna de gracia llena.

8. Jesús de la Encarnación,
Jesús de la Historia entera,
del mundo amado de Dios
eres tesoro y herencia.

9. Jesús, misterio pascual,
hoy y aquí eres presencia,
oh Cristo Resucitado
que hasta nosotros te llegas.

10. Y nosotros te abrazamos
cual María Magdalena,
que entre todos los discípulos
te vio ella la primera.

11. En el mar de sufrimientos
tú eres la paz verdadera,
y en la noche oscura y ciega
tú eres la luz que serena.

12. ¡Oh Jesús Eucaristía,
Jesús de la santa Cena,
día a día con nosotros
eres don y eres promesa.

13. Nosotros te paseamos
por plazas, calles y tiendas,
donde penas y alegrías
van tejiendo su faena.

14. Eres nuestro para siempre,
siempre al lado, siempre cerca,
y tú nos llevas al Padre,
al hogar que nos espera.

15. Bendice, Cristo bendito,
las familias que contemplas;
tú nos amas y tú quieres
que tu gracia todos tengan.

16. Al Padre y al Santo Espíritu
y a Jesús que vive y reina,
sea el amor y la gloria
por darnos la vida eterna. Amén.

Aguascalientes, junio 2011.
 
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