viernes, 30 de septiembre de 2011 2 comentarios

103. El drama de Jesús

Domingo XXVII, ciclo A
Mateo 21,33-43



Hermanos:
Cuando yo era niño, había un libro que nos encantaba en el Seminario: El drama de Jesús. Era la vida de Jesús escrita con este título por el jesuita P. José Julio Martínez. Tenía ilustraciones, dibujos esparcidos por sus páginas, devotos, sencillos y expresivos. Aquí está, por ejemplo, el dibujo que corresponde al Evangelio de hoy
    
Es un libro muy ameno y muy devoto, escrito con los criterios de entonces, sobre la base de los “Evangelios concordados”. Todos los Evangelios son historia por igual, y se pueden completar uno con el otro. El bien que este libro hizo solo Dios lo conoce.
Hoy he ido a investigar cuándo nació y cómo se divulgó, cuántas ediciones ha tenido. Se publicó por primera vez en 1941. España vivía el gran fervor religioso de la postguerra. Los seminarios se poblaban. Ciudades como Pamplona (España), donde yo he vivido bastante años, se rodeaban de hermosas casas religiosas que iban a ser colegios apostólicos, noviciados, juniorados... Este libro, apetitosamente leído, iba a tener numerosísimas reimpresiones. En los años noventa ya iba por la 32ª. 
(Grata sorpresa que, curioseando, he podido hallar este libro entero, ilustraciones incluidas, en un archivo Scribid, de Internet. Para quien el placer de leer el libro, he aquí la dirección: El drama de Jesús )

2. Este recuerdo me ha saltado a la memoria, porque, al empezar a escribir esta homilía, me ha venido, como un relámpago, esta idea: ¡El drama de Jesús! Efectivamente, la vida de Jesús ha sido el drama de Jesús.
No solo eso; el mismo Jesús ha hablado de su vida como de un drama.
Hay anuncios de la Pasión: los tres famosos anuncios de la Pasión (Mt16,21-23; 17,22-23; Mt 20,17-19 y par.). En realidad son más que tres, pero los así llamados, primero, segundo y tercer anuncio de la Pasión, son los más importantes.
Desde el momento en que Jesús entra en conflicto con los escribas y fariseos surge en lontananza el destino violento que Jesús ha de asumir. En una controversia sobre el ayuno, cuando le reprochan a Jesús que sus discípulos no ayunan, diversamente a la praxis penitencial de los fariseos y de los discípulos de Juan, Jesús replica: “Mientras el esposo está con ellos no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el esposo; aquel día sí que ayunarán” (Mc 2,19-20). El “ser arrebatado” alude  a la muerte violenta que Jesús va a padecer.

3. La parábola de hoy no es solo un anuncio de la Pasión; es una representación dramática que anuncia el drama de la Pasión, que viene y se echa encima sin remedio.
Pero vayamos a la interpretación crítica y rigurosa. ¿Es que Jesús es consciente de lo que va a ocurrir luego de unos pocos días?
Jesús habla de una viña elegida, protegida, cultivada y mimada. Es la viña de Dios, la viña de Israel. El Dios del cielo manda una embajada y luego otra a recoger los frutos de la viña. Jesús está evocando la historia de la Biblia, que muy bien conocen los que le escuchan. Los profetas eran los mensajeros de Dios. Muy mala ventura tuvieron los profetas: o los matan o los dejan medio muertos, al ser apedreados. Así en la primera misión; así en la segunda: muertos o apedreados. Por citar un texto del Antiguo Testamento: “Les envió profetas para convertirlos al Señor, pero no hicieron caso de sus amonestaciones. Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joadá. ... Pero conspiraron contra él y, por mandato del rey lo apedrearon en el atrio del templo del Señor” (2 Crónicas 24,19-21). Esta muerte de Zacarías la recordará el Señor en otro lugar de los Evangelios (ver Mt 23,35).
La parábola cuenta que las dos embajadas terminaron calamitosamente en la misma desgracia: muerte a espada o lapidación. ¡Qué hacer? ¿Una nueva delegación? ¿Para qué, visto el resultado anterior? Ahora comienza el drama. El dueño de la viña hermosa toma una última decisión.
Jesús nos abre el corazón de Dios, cuando describe este momento culminante. “Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: Tendrán respeto a mi hijo” (v. 37).

4. Jesús está hablando de su Padre y están hablando de sí mismo. Jesús ha meditado mucho en esto. Él sabe quién es su Padre, y quién es él, el hijo enviado. Tendrán respeto a mi hijo. ¿Se habrá equivocado Dios en esta decisión? El amor cree lo imposible y Dios también aquí, como engañándose a sí mismo, está pensando que respetarán a su Hijo. ¡Qué distintos eran los pensamientos de los hombres de los pensamientos de Dios!
Dios, cuando piensa en los hombres se equivoca. Es como los padres buenos que se ilusionan, que esperan cuando no deben esperar. Dios es así. Dios pensaba que respetarían a su Hijo; se equivocó. Dios cuando piensa en sí acierta, pero cuando piensa en nosotros se equivoca...
Estamos hablando, hermanos – bien comprendéis –, acomodando el lenguaje al mundo de nuestros sentimientos, para que podamos penetrar más profundamente en el corazón de Jesús, en lo que Jesús pudo sentir ante la inminencia de lo que se había fraguado y él lo veía con ojos clarividentes.

5. ¿Qué sucedió a continuación? Jesús pinta dos escenas: la primera, que lo echaron fuera al hijo; y la segunda, que fuera, lo mataron.
Jesús está retratando su intimidad. Jesús en su vida sufrió dos muertes: una fue la expulsión, y otra fue la crucifixión.
Jesús fue expulsado de su pueblo. Un expulsado es un indeseado. Jesús, judío hasta los tuétanos, fue considerado como un blasfemo. Si Jesús no hubiera sido muerto, no habría podido actuar en su pueblo. ¿Cómo vamos a admitir en la Cátedra de Moisés, a quien se está oponiendo a la Ley de Moisés, más aún, a quien está blasfemando contra Dios? Hoy, cuando un judío se convierte al cristianismo, deja de ser judío; y, en consecuencia, es expulsado de su pueblo. Contra Jesús no dieron  un decreto de expulsión, porque lo verdaderamente expeditivo fue la muerte, y ¡una muerte de cruz!, añadirá san Pablo.
Jesús fue expulsado del corazón de su pueblo. Aquella anécdota contada por san Lucas, cuando el sacaron fuera del pueblo y quisieron tirarlo por un barranco, es todo un presagio. “Lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado el pueblo, con intención de despeñarlo” (Lc 4,29). ¡Qué terrible tiene que ser eso de no ser querido y, por el contrario, sentirse rechazado!
Dice, pues, la parábola que lo sacaron fuera de la viña. Recordemos las palabras: “Al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron” (vv. 38-39).
Esto lo está viviendo Jesús dentro de su corazón: me van a echar fuera y me van a matar.

6. La parábola termina con una pregunta: “¿Qué hará con aquellos viñadores?”
No nos atrevemos a decir la respuesta que dieron  los mismos interlocutores a quienes iba dirigida la parábola. No nos atrevemos a decir que “hará morir de mala muerte a esos malvados”. No, eso Dios no lo hizo. Lo segundo sí: que entregará la viña a otros viñadores. Esos otros viñadores somos nosotros; ese traspaso de la viña, de Israel a los paganos, sí, eso es lo que se vivía al tiempo en que se anunciaba el Evangelio a los paganos.

7. Sin embargo, hay una frase final que descubre el último plan de Dios y que cambia el rumbo de los acontecimientos. Hay una frase en los salmos que aparece diversas veces en el Nuevo Testamento y que ahora está en labios de Jesús: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular (Sal 118,22)” (v. 42).
Esto es lo que estamos celebrando: el triunfo final de Jesús. Jesús, de momento rechazado, no es un fracaso. Bien al contrario, Jesús es el triunfo de Dios; es el triunfo de la humanidad ante Dios. Nadie como él ha sido admirado y amado.
Y por eso estamos aquí. A él le aclamamos pidiendo perdón, y a él miramos cuando le decimos, con toda la Iglesia desde el principio hasta hoy: ¡Ven, Señor Jesús!
Amén.

Como poema de oración para este domingo, con su introducción, véase en mercaba.org: Jesús, manjar y vino de alegría


Jesús, manjar y vino de alegría

Canción para la Comunión


Estribillo
Jesús, manjar y vino de alegría
Jesús Resucitado,
amor viviente y santa Eucaristía.


Estrofas

1. Y fuera de la viña lo mataron,
¡Jesús, perdón por ellos!
malvados viñadores que eso hicieron,
y de sangre sus túnicas tiñeron.

2. El canto del amor cantar yo quiero,
Jesús, si me permites,
decirte que tú tienes una viña,
por ti plantada, Iglesia bendecida.

3. Y en esta viña tienes un lagar,
Jesús, de sangre tuya,
divina Eucaristía que nos sacia
pues llena el corazón de toda gracia.

4. Por eso entre los hijos de los hombres,
Jesús, ninguno nunca,
ha sido ni será el más amado,
amor del Padre, ahora comulgado.

5. Recibe este homenaje, amado mío,
Jesús, mi don entero,
y a estos viñadores de tu herencia
regálales la paz de tu presencia.

6. ¡Cantar de mis cantares, Jesucristo,
a ti, cantar purísimo,
cantar que el santo Espíritu alimenta,
todo su amor la Iglesia te presenta!

Puebla de los Ángeles, 28 septiembre 2011.


martes, 27 de septiembre de 2011 0 comentarios

102. No me mates, mamacita

El argumento sencillamente humano

Hoy en México se reaviva la polémica sobre el aborto, legal en el Distrito Federal, pero no legal en otros estados. No es que se quiera dar marcha atrás en el Distrito Federal, que eso queda inconcuso. Lo que se busca es conquistarlo en otros estados, como “derecho” de la mujer, como “derecho” de la pareja. Para detalles, véase cualquier periódico, o ponga uno en Internet: “Aborto en México”.
Este vocecita que surge aquí, en alas y en olas del Internet, no es para entrar en discusión sobre el tema “hic et nunc” – aquí y ahora – en México, sino para decir unas palabras humanas del asunto sencillamente en sí. Y pido al Espíritu de Dios deposito en algún corazón esta semilla.
Para vencer conviene enmarañar, y los legisladores tienen mil recursos para enmarañar. Por ejemplo, si el aborto es legítimo, es legal, es derecho... en el Distrito (que tiene habitantes como un país entero), ¿por qué no va a ser legal en otros estados o en todos? Como argumento, vale, o puede valer. Efectivamente dentro de la maraña.
Pero he aquí que cada uno de nosotros es un ser humano sin más, antes de ser político, e incluso con independencia de que yo sea cristiano, budista o musulmán. Yo soy un ser humano – me da igual oriental que occidental, europeo que africano o latinoamericano –, yo soy un ser humano.
Y como ser humano (luego añadiré que soy cristiano) diré ante la faz del mundo. He aquí que un minúsculo ser viviente ha venido a engendrarse en el útero de una mujer, haya sido por el camino que haya sido, que de eso no hablamos.
Y he aquí que esta minúscula vida, si no “se interrumpe el embarazo” (puesto que esta es la terminología técnica y hasta “científica”), llegará un día a ser una criatura: un niñito, una niñita, un Hombre, una Mujer, Ciudadano, Ciudadana del mundo. Ocurre que por decisión de la madre, de la pareja, se puede “interrumpir” esa minúscula vida y lanzar fuera del mundo al que tenía que venir a este mundo. ¡Han matado a un ser humano! Hablamos a lo humano. La madre llevaba una vida, una promesa, y ahora no la lleva: la ha arrojado. ¿Qué dice un ser humano, si habla desde las raíces del ser?

* * *
Pero ahora hablo como cristiano, humildemente, sí, pero con la fuerza de la verdad. Y esta vocecita mía, que se hace onda del universo, quiere decir tres cosas, que no se van a oír en la Corte de Justicia, pero sí ante la Corte de Dios. A una persona que, como a sacerdote, ministro de la ternura y de la misericordia de Dios, viene a decir lo que ya confesó, pero lo quiere repetir, porque le sigue doliendo, yo le diré con mucha humildad, muy consciente de que yo, pecador, podría haber hecho lo mismo:

Primero. Dios te ha perdonado, hermana mía; porque le pediste y le pides perdón. Dios perdona siempre, absolutamente siempre. Y, según está escrito: “y de sus pecados no me acordaré más” (Jeremías 31).
Segundo. Pide perdón a tu hijo, a tu hija..., porque tu hijo, tu hija vive ante Dios. No ha desaparecido en los espacios etéreos. Pero ten presente que tu hijo, tu hija, te ha perdonado, pues Dios te ha perdonado.
Tercero. Ruega a tu hijo, a tu hija, que sea tu intercesor, tu intercesora ante Dios. Y ten la seguridad de que tienes un  abogado, una abogada en el cielo.
Y lo demás..., queda en el misterio infinito de Dios, que es amor. Y Dios sabe cambiar el mal en bien. Amén. Puebla, 27 septiembre 2011.

* * *
Esta circunstancia me ha traído a la memoria un poema que compuse, y tal como lo compuse aquí lo transcribo.

No me mates, mamacita
(Canción)

Desde México, lejos de mi patria, me entero que a partir de hoy (5 de julio de 2010) en España se puede matar a todos los niños de 14 semanas.
¿Qué dice el Dios del cielo a todo esto? Porque el Dios del cielo existe…, existe…, y yo lo he visto… Y lo están viendo todos mis hermanitos…

No matarás,
dijo el Señor de la vida.
No me mates escondida,
mamá,
que sé te arrepentirás.

No me mates por vergüenza,
no ofendas mi dignidad,
que nada malo te hice
para quererme abortar.
Yo te quiero, mamacita,
y un día te enterarás.
Déjame que estos ojitos
vean los tuyos gozar.

No matarás,
dijo el Señor de la vida.
No me mates escondida,
mamá,
que sé te arrepentirás.

En tu nido me acurruco,
y aún no sé lo que  es llorar,
tengo mi vida en tus manos,
si tú me quieres amar.
No te prives, madre amada,
de esta tu felicidad;
no me mates, mamacita,
que nunca te olvidarás.

No matarás,
dijo el Señor de la vida.
No me mates escondida,
mamá,
que sé te arrepentirás.

No me mates, que podemos,
las dos juntas caminar;
con la sangre que me has dado
yo te tengo que ayudar.
Soy persona, soy tu hija,
y orgullosa tú has estar;
déjame mamar tu leche,
que es un manjar celestial.

No matarás,
dijo el Señor de la vida.
No me mates escondida,
mamá,
que sé te arrepentirás.

Mas también tengo un secreto
que te puede consolar;
que si un día no quisiste
que yo llegara a tu hogar,
Dios y yo te perdonamos,
perdonada queda en paz,
y con mi ruego celeste,
mi mamá, puedes contar.

Puebla de los Ángeles (México), 5 julio 2010.
Rufino María Grández Lecumberri
lunes, 26 de septiembre de 2011 0 comentarios

101. La fuerza de nuestros mártires

Del aliento que nos dan nuestros mártires

Un ejemplo: Memoria de los mártires capuchinos de 1936

      Hoy es un día cualquiera del Calendario de la Iglesia, 26 de septiembre. Un día cualquiera, y abro el Martirologio Romano. Me interesa porque hoy, casualmente, la familia capuchina celebramos la memoria de un grupo de hermanos nuestros que fueron martirizados en la persecución religiosa de 1936, agrupados en una fecha los que fueron sacrificados en días distintos. Así tenemos este recuerdo de familia, que tanto nos puede estimular.
      Mi sorpresa es que abro el martirologio de la Iglesia y me encuentro con otras bellas flores de ese jardín purpúreo de la Iglesia. He aquí lo que encuentro en el Martirologio Romano: 
      + En la ciudad de Valencia, beatas María del Refugio (Teresa) Rosat Balasch y María del Calvario (Josefa) Romero Clariana, vírgenes de la Congregación de la Doctrina Cristiana y mártires durante la persecución religiosa por su fidelidad a Cristo Esposo, después de sufrir penalidades de cárcel (1936). 
    + También en Valencia, beato Rafael Pardo Molina, religioso de la Orden de Predicadores, mártir de su fe durante la misma persecución religiosa. Con él se conmemora igualmente al beato mártir José María Vidal Segú, presbítero de la misma Orden, que pasó a la gloria después de dar en Barcelona un inquebrantable testimonio de fe en Cristo (1936). 
      + En Puerto de Canals, de nuevo en la provincia de Valencia, beata Crescencia Valls Espí, virgen y mártir por Cristo en la referida persecución religiosa (1936). 
      + En Benifairó de Valldigna, igualmente de la provincia valenciana, beata María del Olvido Noguera Albelda, virgen, y también mártir de su fe en dicha persecución (1936).
      + En Gilet, asimismo en Valencia, beato Buenaventura (Julio) Esteve Flors, presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que, por la violencia de los enemigos de la fe, emigró hacia el Señor durante la misma persecución religiosa (1936). 
      + En Benifallín, de la provincia de Alicante, también en España, beata María Jordá Botella, virgen y mártir, que disputó el buen combate de Cristo en la citada persecución (1936).
      + En Madrid, España, beato León (Manuel) Legua Martí, presbítero de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores y mártir, que obtuvo tan gloriosa corona durante la misma persecución (1936).

* * *
      A cada familia religiosa se le ofrece la oportunidad de celebrar sus Beatos Mártires. He aquí nuestro Oficio de hoy. Estos hermanos se han santificado con la Regla que yo profesé, y han puesto en práctica las Constitucioens que a mí me entregaron en el noviciado. Son mártires verdaderos. Otros hermanos, si les hubieran apresado, habrían sido mártires igual. Es que vivían sencillamente la vida capuchina, como yo puedo ser santo - y mártir -,  si la ocasión se presentara, contando con la gracia de Dios. Por eso, es tan hermoso y estimulante celebrar a nuestros mártires.

FAMILIA CAPUCHINA
26 DE SEPTIEMBRE
BEATOS AURELIO DE VINALESA, SACERDOTE, Y
COMPAÑEROS, MÁRTIRES CAPUCHINOS

El 11 de marzo de 2001, Juan Pablo II beatificó a 233 mártires de la persecución religiosa en España (1936‑1939). Entre ellos hay 4 Franciscanos, 6 Conventuales, 12 Capuchinos, 3 Terciarias Capuchinas y 5 Clarisas Capuchinas. Los Capuchinos son éstos:
Aurelio de Vinalesa (José Ample Alcaide) (1896‑1936). Profesó en la Orden Capuchina el 10 de agosto de 1910 y fue ordenado sacerdote el 26 de marzo de 1921. En su vida trabajó en la enseñanza, en el confesonario y en la predicación. Detenido por los milicianos el 28 de agosto de 1936, fue conducido al Barranco del Carraixet donde fue fusilado el 28 de agosto de 1936.
Ambrosio de Benaguacil (Luis Valls Matamales) (1870‑1936). Profesó como Capuchino el 28 de mayo de 1891 y ordenado sacerdote el 22 de diciembre de 1900. Fue hombre de oración y de obras de caridad. Fue detenido el 24 de agosto de 1936; llevado al Comité del pueblo, una hora después sufrió el martirio.
Pedro de Benisa (Alejandro Mas Ginestar) (1877‑1936). Hizo la profesión el 4 de agosto de 1894 y recibió el sacerdocio el 22 de diciembre de 1900. Estaba dedicado a la pastoral juvenil y catequesis infantil. Lo detuvieron el 26 de agosto de 1936 y en la noche del mismo día lo mataron.
Joaquín de Albocácer (José Ferrer Adell) (1879‑1936). Profesó el 3 de enero de 1897 y fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1903. Fue misionero en Colombia y director del Seminario de Masamagrell. Fomentó el culto a la Eucaristía. Fue arrestado el 30 de agosto de 1936 y asesinado el mismo día en la carretera de Tornesa a Villafamés.
 Modesto de Albocácer (Modesto García Martí) (1880‑1936). Profesó el 3 de enero de 1897 y fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1903. Misionero en Colombia; predicador y confesor. Fue arrestado el 13 de agosto de 1936 y llegados a un lugar solitario, fue fusilado.
Germán de Carcagente (José María Garrigues Hernández) (1895‑ 1936). Profesó el 15 de agosto de 1912 y recibió el sacerdocio el 9 de febrero de 1919. Se dedicó a la enseñanza. Fue arrestado el 9 de agosto de 1936; fue objeto de burlas y malos trato; fusilado y arrojado al río Júcar.
Buenaventura de Puzol (Julio Esteve Flors) (1897‑1936). Hizo la profesión religiosa el 17 de septiembre de 1914 y se ordenó de 50 sacerdote el 26 de marzo de 1921 en Roma. Estudió Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana y se dedicó a la enseñanza en centros de la Orden. Fue arrestado el 25 de septiembre de 1936 y a medianoche del 26 fue fusilado junto con su padre y un hermano.
Santiago de Rafelbuñol (Santiago Mestre Iborra) (1909‑1936). Profesó el 7 de junio de 1925 y fue ordenado sacerdote en Roma el 26 de marzo de 1932. Doctor en teología por la Universidad Gregoriana. Fue arrestado el 26 de septiembre de 1936. Se ofreció al Comité en rescate de sus ocho hermanos y su padre. Todos fueron fusilados en la noche del 28 al 29 del mes del arresto.
Enrique de Almazora (Enrique García Beltrán) (1913‑1936). Profesó el 1 de septiembre de 1929 y era ya diácono. Fue arrestado y encarcelado el 1 de agosto de 1936. Fue fusilado en La Pedrera (Castellón) en la noche del 15 al 16 de agosto.
Fidel de Puzol (Mariano Climent Sanchis) (1856‑1936). Profesó como hermano no clérigo el 14 de junio de 1881. Fue arrestado el 27 de septiembre de 1936; pocas horas después fue fusilado en un paraje de Sagunto.
 Berardo de Lugar Nuevo de Fenollet (José Bleda Grau) (1867‑1936). Profesó como hermano no clérigo el 2 de febrero de 1901. Pasó toda su vida en Orihuela. Fue arrestado, cuando estaba casi ciego, el 30 de agosto de 1936; fusilado, sin juicio alguno, el 4 de septiembre. Pacífico de Valencia (Pedro Salcedo Puchades) (1874‑1936). Profesó como hermano no clérigo el 21 de junio de 1900. Muchos años limosnero de Masamagrell. Arrestado por los milicianos el 12 de octubre de 1936. Fue fusilado a la orilla del río Turia.
Del común de varios mártires


      Escuchemos esta deliciosa lectura de uno de los mnártires que escribe un sobrino suyo que se prepara para ser sacerdote.


OFICIO DE LECTURAS
Segunda Lectura
Carta del Bto. Aurelio a su sobrino Vicente Ample Ríos, josefino. Seminario de Burgos. Arch. Post., n. 709, pág. 96. Vinalesa, 25 VIII 1936.
Todo pasa, excepto el amor a Dios

Estimado sobrino: Paz y Bien. Ignoro lo que Dios quiera disponer de mí; pero por si él quisiere elegirme por víctima, quiero dirigirte unas letras de afecto y amonestación, nacidas de lo más hondo del alma. En el momento en que te escribo se persiguen como enemigos irreconciliables los que son hermanos, porque nacieron en el mismo suelo hispano y fueron amamantados con la leche de una misma fe. Y llega a tal extremo el furor de la lucha fratricida, que por doquiera no se ven más que ruinas y muerte, especialmente en la Iglesia de Dios, que es ahora cruelmente crucificada en nuestra Patria como lo fuera Él en el Calvario.
 ¿Qué hemos de hacer o qué han de hacer los que existan después de esta terrible hecatombe?
 Por lo que a los ministros de Dios se refiere, ser santos como Dios es santo. Y ¿cómo traducirás a la práctica esta fórmula tú?
Serás un sacerdote, y ahora (?) seminarista, que viva del espíritu de fe, que haga lo que haga (grande o pequeño, según las selectas gracias que Dios te concediere) lo refieras siempre a Dios con la más pura intención de agradarle, buscando en todas tus obras el amor de Dios. ¿De qué sirve ganar todas las cosas del mundo si se pierde el alma?. Y los sacerdotes corremos el peligro de irnos tras de los bienes del mundo, procurando dignidades, honores y riquezas y éstas estorbarán más a la hora de la muerte que a los puros seglares. En cambio, el amor de Dios nos lo endulzará todo, nos lo hará todo superable y fácil, porque es más fuerte que la muerte; y sobreviniendo ésta, te seguirá a la eternidad bienaventurada. Porque si las cosas de este mundo pasan, el amor no pasa, según aquella hermosa frase del Santo Doctor Buenaventura: "Omnia praetereunt praeter amare Deum". Busca, pues, con suavidad, constancia y fuerza (pero sin turbación, precipitación) a Dios; pórtate en todo como un humilde siervo de Dios y de Jesucristo, de nuestra dulcísima Madre, y llenarás los fines de la Providencia Divina respecto a ti y darás constantemente a tu tío que espera des a Dios mucha gloria y te acuerdes de él en tus oraciones y sacrificios.
 Da muchos recuerdos a tus superiores, los operarios de la viña del Señor. Y recibe la bendición de tu tío que te abraza en el Señor.

Responsorio (San Cipriano, Carta 58)

R/ Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran, mientras luchamos por la fe. * Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.
V/ Revistámonos de fuerza y preparémonos para la lucha con un espíritu indoblegable, con una fe sincera, con una total entrega. * Qué dignidad tan grande...

Oración
Oh Dios que has concedido a los Beatos Aurelio y compañeros dar el mayor testimonio de caridad con el derramamiento de su sangre, te pedimos permanecer siempre fieles a Cristo y no separarnos nunca de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo... 

Himno para la celebración de nuestros mártires
(Rufino María Grández: - Himnbario del Santoral Capuchino)

A ti te ensalza, oh Cristo, el blanco ejército
de mártires contigo coronados;
¡oh santa Madre Iglesia, canta,
unida al triunfo de los santos!

Son éstos mis hermanos, gracia y gloria,
menores de verdad que todo han dado;
por ellos hoy prendemos nuestra lámpara
en lumbre de tu Pascua, oh Cristo santo.

Aurelio abre el camino de las palmas
que aclaman al Testigo coronado;
y todos nos dirigen su mirada,
mostrándonos la Regla que guardaron.

De amor sencillo fue el carisma vivo,
sentido en el latido cotidiano;
humildes sacerdotes en misión
y en santa caridad todos hermanos.

La Virgen de la gracia y la ternura
fue Madre con el Hijo en el regazo;
y el Ave del rosario suplicante
brotó como respuesta de los labios.

Que ¡Viva Cristo Rey!, Crucificado,
oh Rey de amor, que vences perdonando;
eternamente vivas, y a tu lado
por gracia tuya contigo nos veamos. Amén.
domingo, 25 de septiembre de 2011 0 comentarios

100. Ha pasado Juan Pablo – La sangre de Juan Pablo


Rima espiritual al venerar el paso del Beato Juan Pablo II
por Puebla de los Ángeles

Ayer (sábado 24 de septiembre de 2011) el beato Juan Pablo estuvo en el Seminario de Puebla. Se juntaron dos Beatos, el que hace 367 fundó este Seminario (22 agosto 1644), no en este lugar, sino en lo que es el Centro de la ciudad, Beato Juan de Palafox y Mendoza (Fitero 1600 – Burgo de Osma 1659), y el que el día 28 de enero de 1979 estuvo aquí reunido con los Obispos de América Latina en la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano (III CELAM).
El Papa comenzaba el discurso inaugural de la Conferencia con estas palabras: “Esta hora que tengo la dicha de vivir con vosotros, es ciertamente histórica para la Iglesia en América Latina. De esto es consciente la opinión pública mundial, son conscientes los fieles de vuestras Iglesias locales, sois conscientes sobre todo vosotros que seréis protagonistas y responsables de esta hora.
Es también una hora de gracia, señalada por el paso del Señor, por una particularísima presencia y acción del Espíritu de Dios. Por eso hemos invocado con confianza a este Espíritu, al principio de los trabajos. Por esto también quiero ahora suplicaros como un hermano a hermanos muy queridos: todos los días de esta Conferencia y en cada uno de sus actos, dejaos conducir por el Espíritu, abríos a su inspiración y a su impulso; sea El y ningún otro espíritu el que os guíe y conforte”.
Y lo terminaba de este modo: “El futuro está en las manos de Dios, pero, en cierta manera, ese futuro de un nuevo impulso evangelizador, Dios lo pone también en las vuestras. "Id, pues, enseñad a todas las gentes" [Mt. 28, 19]”.
El Papa había sido elegido en octubre del año anterior, y este fue su viaje misionero número 1 de los 104 que pudo realizar, fuera de Italia. (El itinerario fue: República Dominicana, México y Bahamas. 25-enero- 11 feberero-1979).
El Beato Juan Pablo II está haciendo un  recorrido por todas las diócesis de México. Aquí, en Puebla, ha estado dos días, el 23 y 24 de septiembre, el primero de ellos en la Catedral; el segundo, desde las 12 de la noche, en el Seminario. Me informo en la Oficina de prensa de la Arquidiócesis y me dicen que calculan que cerca de 65.000 personas veneraron la reliquia en la Catedral; y unas 82.800 en el Seminario.

* * *

En esta circunstancia, el Papa, que estuvo cinco veces en México, viene como compañía espiritual.
Por buena mayoría de los fieles devotos, el Papa, muy querido, viene sin más..., no precisamente para ver si con su paso se va resolviendo el trágico flagelo que México está padeciendo por la guerra del narcotráfico...
A algunos – incluso muy devotos – la sorprendente reliquia de la sangre, puede retraerles... Se trata, al fin, de actos devocionales a los que a nadie se puede obligar. Para mejor opinar es bueno tener la información oficial que dio la Santa Sede sobre esta singular reliquia.

COMUNICADO DE LA SALA DE PRENSA DE LA SANTA SEDE SOBRE LA RELIQUIA DEL BEATO JUAN PABLO II QUE SERÁ EXPUESTA QUE SERÁ EXPUESTA EN LA CEREMONIA DE BEATIFICACIÓN

La reliquia que será expuesta a la devoción de los fieles con ocasión de la beatificación del Papa Juan Pablo II es un pequeño frasco de sangre, que forma parte del preciosa relicario mandado preparar especialmente por la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.
Se debe explicar brevemente, pero con precisión, el origen de esta reliquia.
En los últimos días de la enfermedad del Santo Padre, el personal médico realizó una toma de sangre para que estuviera a disposición del Centro de Transfusión de sangre del Hospital Niño Jesús (Bambino Gesú), con vistas a una eventual transfusión. Este centro, dirigido por el prof. Isacci, era a la sazón responsable de este servicio médico para el Papa. Sin embargo, después no hubo ya transfusión alguna, y se tomó la sangre almacenada en cuatro pequeñas cápsulas (probetas).
Dos de ellas fueron puestas a disposición del secretario privado del Papa Juan Pablo II, el cardenal Dziwisz, mientras que las otras dos permanecieron en el Hospital del Niño Jesús, fielmente conservadas por las Hermanas del Hospital. Con motivo de la beatificación dos de estas cápsulas han sido colocadas en dos relicarios. El primero será expuesto a la veneración de los fieles con ocasión de la ceremonia de beatificación del 1 de mayo, y luego será conservado en el "Sacrario"  que tiene a su custodia la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, junto con otras reliquias importantes. La segunda será devuelta al Hospital del Niño Jesús, cuyas hermanas ya habían guardado fielmente la preciosa reliquia en los años pasados.
La sangre se halla en estado líquido, un hecho que se explica por la presencia de una sustancia anticoagulante que estaba presente en las probetas en el momento de la extracción.

* * *

Al escribir una rima como motivo de este evento quiero dejar constancia, sobre todo, de la Misa de ayer tarde en la cancha del Seminario. ¿Cuántos fieles habría? Lo ignoro, ni sé calcular. Me dicen que 8.000 personas...
Eran, en su gran mayoría, gentes sencillas. Aunque también – de propio impulso, no en representación oficial – se podía ver al Alcalde de esta gran Ciudad con su familia...; gentes sencillas, como años antes, cuando el Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara, eran las gentes que yo vi en la procesión con el Santísimo por la calle. El Espíritu del Señor era una presencia cálida.
Personalmente me emocionó cuando, con bastantes otros sacerdotes, distribuí la Sagrada Comunión, abriéndome paso entre la multitud que se apretaba: cómo levantaban la mano pidiendo, pidiendo..., sí, el Pan de vida. Y yo pensaba: ¡Esto es comulgar! ¡Para esto nos ha traído la sangre del Beato Juan Pablo II!
Vaya, pues, esta rima – sencillo romance castellano – evocando el paso de Juan Pablo II por el Seminario Palafoxiano de Puebla de los Ángeles.


Rima espiritual al venerar el paso
del Beato Juan Pablo II por Puebla de los Ángeles

I
Memoria
Aquel veintiocho de enero
– que está en el nido del alma,
treintaidós años cumplidos –
Juan Pablo II Papa,
de pocos meses electo,
a América abría alas,
México de Guadalupe
en su ruta figuraba, 
inicida en las Antillas.
Vino a Puebla engalanada,
para estar con los Obispos
que en Conferencia se hallaban.
Y se hizo más pontificio
el Pontificio que llaman
Seminario conciliar
que Palafox lo fundara.
Por esta puerta pasó
y subió hasta la terraza,
que no te engañan las fotos,
si tú quieres contemplarlas.
Para jamás olvidarlo
le han levantado una estatua,
y quien llega al Seminario
siente que un Papa le abraza.

II
Misa votiva
Hoy vuelve y vuelve distinto
de aquel aire de su marcha,
que viene con la aureola
que desde el cielo le irradia.
Es el Beato Juan Pablo,
con Misa a él dedicada;
bajo el cielo celebrábamos
y el Obispo predicaba.
Se juntaban dos Beatos,
juntos los dos se abrazaban,
y los dos en nuestras voces
a Cristo glorificaban,
y los dos cabe el altar,
los dos por la misma Causa:
Palafox,  el Fundador
siglos atrás de esta Casa
y Juan Pablo que anteayer
con gozo aquí se hospedaba.

III
Veneración
He visto aquí gente humilde
con qué fervor comulgaba,
con qué hambre de Jesús
la mano derecha alzada;
si ellos hubieran sabido
cómo mi alma gozaba...
cuando del vaso sagrado
la santa Hostia entregaba.
Y entretanto el Papa santo
en su efigie reposaba;
el cuerpo plasmado en cera
con vestiduras sagradas;
y en una cruz sobre el pecho
su propia sangre guardada.
Ochenta mil visitantes..
en el día circulaban
y ya para despedirlo,
cuando la noche se entraba,
“Amigo..., amigo...” cantaban,
como a Juan Pablo gustaba.

Puebla de los Ángeles, domingo 25 septiembre 2011.
viernes, 23 de septiembre de 2011 1 comentarios

99. San Pío de Pietrelcina: Textos para el Oficio Divino y Misa

En la memoria de San Pío de Pietrelcina

A todos sus devotos esparcidos por el mundo.

 

23 de septiembre

SAN PÍO DE PIETRELCINA

Memoria
(Del Común de Pastores)

El padre Pío, en el siglo Francesco Forgione, nació en Pietrelcina, diócesis de Benevento, el 25 de mayo de 1887. Entró en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos el 6 de enero de 1903; recibió la ordenación sacerdotal en la catedral de Benevento el 10 de agosto de 1910. El 28 de julio de 1916 pasó a San Giovanni Rotondo, en las estribaciones del Gárgano, donde, salvo pocas y breves interrupciones, permaneció hasta su muerte, que tuvo lugar el 23 de septiembre de 1968. La mañana del viernes 20 de septiembre de 1918, orando ante el crucifijo del coro de la vieja iglesita, recibió el don de las llagas, que permanecieron abiertas y sangrantes por espacio de cincuenta años.
En el curso de su vida, entregada únicamente al ministerio sacerdotal, inició los "Grupos de oración" y fundó un moderno hospital al que él mismo le puso el nombre de "Casa Alivio del Sufrimiento".

Oficio de lectura

(Segunda Lectura)

De las cartas de San Pío de Pietrelcina
(Lett. 500; 510; Epist. I, 1065; 1093 1095. Edic.1992).

Alzaré con fuerza mi voz y no desistiré

En fuerza de esta obediencia me resuelvo a manifestarle lo que sucedió en mí desde el día 5 por la tarde hasta todo el 6 del corriente mes de agosto de 1918.
Yo no soy capaz de decirle lo que pasó en este tiempo de superlativo martirio. Me hallaba confesando a nuestros muchachos (seminaristas) la tarde del 5, cuando de repente quedé lleno de un extremo terror a la vista de un personaje celeste que se me presenta delante ante los ojos de la inteligencia. Tenía en la mano una especie de arma, semejante a una lámina larguísima de hierro con una punta bien afilada y parecía que de aquella punta saliera fuego. Ver todo esto y observar que dicho personaje descarga con toda violencia el referido instrumento en el alma, fue todo una sola cosa. A punto de desvanecerme, emití un gemido; me sentía morir. Le dije al muchacho que se retirase, porque me sentía mal y no me encontraba con fuerza para continuar.
Este martirio duró, sin interrupción, hasta la mañana del día 7. Yo no sé decir lo que sufrí en este período tan luctuoso. Hasta las entrañas sentía que se desgarraban y estiraban por efecto de aquel dardo; todo mi ser estaba a hierro y fuego.
¿Qué decirle con respecto a lo que me pregunta sobre cómo ha ocurrido mi crucifixión? ¡Dios mío, qué confusión y humillación experimento al tener que manifestar lo que tú has obrado en esta tu mezquina criatura!
Era la mañana del 20 del pasado mes de septiembre, estando en el coro después de la celebración de la santa misa, cuando me sentí invadido por un reposo semejante a un dulce sueño. Todos los sentidos, internos y externos, y las mismas facultades del alma, se encontraron en una quietud indescriptible. En todo esto reinaba un total silencio en torno a mí y dentro de mí; estando así, de pronto se hizo presente una gran paz y abandono a la completa privación de todo, aceptando la propia destrucción.
Todo esto fue instantáneo, como un relámpago.
Y mientras acaecía todo esto, me vi delante de un misterioso personaje, semejante a aquél visto la tarde del 5 de agosto, con la sola diferencia de que en éste las manos y los pies y el costado manaban sangre. Su vista me aterrorizó; lo que yo sentía en mí en aquel instante, me resulta imposible decírselo. Me sentía morir, y habría muerto si el Señor no hubiera intervenido para sostener el corazón, que yo sentía que se me escapaba del pecho.
Se retira la vista del personaje y yo me vi con que manos, pies y costado estaban atravesados y manaban sangre. Imagine el desgarro que experimenté entonces y que voy experimentando continuamente casi todos los días. La herida del corazón mana asiduamente sangre, sobre todo del Jueves por la tarde hasta el Sábado. Padre mío, yo muero de dolor por el desgarramiento y la confusión subsiguiente que sufro en lo íntimo del alma. Temo morir desangrado, si el Señor no escucha los gemidos de mi corazón y no retira de mí esta operación. ¿Me concederá esta gracia Jesús, que es tan bueno?
 ¿Me quitará, al menos, esta confusión que yo experimento por estos signos externos? Alzaré fuerte mi voz a él y no cesaré de conjurarle, para que por su misericordia retire de mí, no el desgarro, no el dolor, porque lo veo imposible y siento que él me quiere embriagar de dolor, sino estos signos externos, que son para mí de una confusión y de una humillación indescriptible e insostenible.
El personaje del que quise  hablarle en la mía  precedente, no es otro que el mismo del  que le hablé en otra carta mía, visto el 5 de agosto. Él sigue su operación sin descanso, con superlativo desgarro del alma. Yo siento en el interior un continuo rumor, como el de una cascada, que está arrojando siempre sangre. ¡Dios mío! Es justo el castigo y recto tu juicio, pero al fin usa conmigo de misericordia. Domine te diré siempre con tu profeta: Domine, ne in furore tuo arguas me, neque in ira tua corripias, me! (Ps 6,2; 37,1). Padre mío, ahora que todo mi interior le es conocido, no se desdeñe de hacer llegar hasta mí la palabra que me conforte, en medio de tan fiera y dura amargura.



Responsorio                                       Mt 16, 24; Hb 12, 2
V. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y * tome su cruz, y me siga.
R. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y me siga.
V. Cristo, en lugar del gozo que se le preponía, soportó la cruz, sin miedo a la ignominia.
R. * Tome su cruz, y me siga.
V. Gloria al Padre...

Oración colecta
Oh Dios, que has otorgado a San Pío de Pietrelcina la gracia de participar de manera especial en la Pasión de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, conformarnos con la muerte de Jesús, para ser partícipes de su resurrección. Por nuestro Señor...
(Véase abajo la oración colecta aprobada para la misa)


HIMNOS PARA LA LITURGIA DE LAS HORAS

Oficio de lectura

(o común para otras horas)

El Padre Pío se definió a sí mismo como "un frate che prega", un fraile que ora. A esta frase aludimos al decir de él  hermano que ama y ora. Pero el Padre Pío llevó por 50 años (1918-1958) las llagas de Cristo y ésta es su verdadera efigie: clavado en Cruz con Cristo. Fue, sobre todo, en la celebración del Santo Sacrificio de la Misa donde él vivió la Pasión del Señor. Por ello glorificamos los dones del Altísimo.
El Padre Pío consumió su vida en el confesonario. A ello apunta la segunda estrofa del himno. Al contemplar a Cristo compasivo, transmite el perdón que Cristo nos da: y entregas absolviendo la gracia del bautismo. El cristiano queda de nuevo santificado por el Santo Jesucristo.
Quien piensa en el Padre Pío piensa en la "Casa Sollievo della Sofferenza". Tú buscas y tú encuentras al Sufrimiento Alivio. Y siempre, detrás del humilde siervo, vemos a Jesús; aquí, detrás de aquel moderno hospital, al Médico divino.
La iglesia donde celebraba misa, la antigua o la nueva, está dedicada a Santa María de las Gracias.  La Madre de las Gracias te guarda a su cobijo. Y él respondía a esta ternura desgranando sin pausa muchos rosarios cada día. Ésta es la fe de los sencillos en la Iglesia.
En la doxología, empezando por Cristo Redentor, nos elevamos al Padre y al Espíritu, que es el Aura del principio. A la santa Trinidad ascienda amor y gloria por siglos infinitos.

1.Humilde padre Pío,
clavado en Cruz con Cristo,
hermano que ama y ora
y ofrece el Sacrificio:
en ti glorificamos
los dones del Altísimo.

2. Tu corazón contempla
al Hijo compasivo,
y entregas absolviendo
la gracia del Bautismo:
por ti decimos gracias
al Santo Jesucristo.

3.  Amigo de dolientes,
que son tus preferidos,
tú buscas y tú encuentras
al Sufrimiento Alivio:
en ti reconocemos
al Médico divino.

4. La Madre de las Gracias
te guarda a su cobijo.
Y tú vas desgranando
sin pausa tus cariños:
en ti la Iglesia siente
la fe de los sencillos.

5. A Cristo Redentor,
que a amar al hombre vino,
al Padre que lo envía
y al Aura del principio
ascienda amor y gloria
por siglos infinitos. Amén.

Laudes


“Un reclinatorio, un altar, un confesonario”, ésta es la vida y carisma del Padre Pío (Alessandro da Ripabottoni).
Para cantar a Cristo Redentor en los Laudes matutinos por su siervo Pío de Pietrelcina, miramos esas manos que un día fueron llagadas ante el crucifijo, orando en el reclinatorio, después de haber celebrado la Eucaristía (20 septiembre 1918), y que se hicieron fuente de gracia absolviendo en el confesonario. Desde entonces las llagas que llevaba por dentro, le acompañaron toda la vida, 50 años, hasta la víspera de su muerte (23 septiembre 1968).
Todo arranca de la Cruz pascual, que ha hundido sus raíces en el fecundo huerto de la Iglesia. Esas llagas son la vida del Padre Pío. Él se sintió llamado a una “grandísima misión”; él, efigie de Jesús Crucificado, fue asociado a la obra redentora de Cristo. Por ello, en ti glorificamos al Amado, que a su misión de amor te abrió la puerta.
El Padre Pío, con su diestra alzada en sacramento, ha dejado fluir el río vivo de la gracia, acogiendo y perdonando.  Recordamos a Jesús que vio a los ángeles celebrando fiesta ante el trono de Dios por un pecador que se convierte.
En la doxología nos atrevemos a llamar a Jesús Sangre de tu Padre, porque el amor infinito del Padre latía en la Sangre del Hijo. Glorificamos a Cristo Redentor, misericordia desbordada de Dios, que con sus llagas gloriosas de Pascua es la vida de la nueva creación.

La Cruz pascual ha hundido sus raíces
en el fecundo huerto de la Iglesia;
con sangre de Jesús está regado
y brotan rojas rosas y azucenas.

Las cinco heridas, fuentes del Espíritu,
nos dicen que Dios ama con sus venas;
metido en esas llagas alguien sufre
y en él se quedan dentro y fuera impresas.

Efigie de Jesús Crucificado,
herido padre Pío, don y ofrenda,
en ti glorificamos al Amado
que a su misión de amor te abrió la puerta.

Un río vivo fluye de tus manos
a quien, buscando a Cristo, a ti se acerca,
y por tu diestra alzada en sacramento
los ángeles de Dios celebran fiesta.

¡Oh buen Jesús, oh Sangre de tu Padre,
en El la gratitud y gloria sea,
a ti, misericordia desbordada,
que en tus gloriosas llagas nos recreas! Amén.

 

Vísperas


En la hora de la tarde brillan los misterios vespertinos: la Eucaristía y la muerte de Jesús. Contemplamos a Jesús muriendo: holocausto en obediencia. La cruz es el altar del mundo. Contemplamos al pecador - a mí - a quien se le abre el Paraíso, al alzarlo Jesús hasta su Cruz y hasta el triunfo de su resurrección.
En esta escena se anuncia ya el futuro.
Ésta es la imagen del Señor en la que debemos encuadrar al Padre Pío al iniciar las Vísperas.
Recordamos en este himno al Padre Pío como víctima de amor - así se había ofrecido al Señor - y recordamos aquellas expresiones suyas que lo definen en su misión de intercesor, unido a Jesús: "Puedo olvidarme de mí mismo, pero no de mis hijos espirituales. Incluso puedo asegurar que, cuando el Señor me llame, yo le diré: Señor, yo me quedo a la puerta del Paraíso; entraré cuando haya entrado mi último hijo".
La hora de la tarde nos está evocando el cielo, pero el cielo que ha alcanzado la cruz de Jesucristo.

El Hijo es holocausto de obediencia
sobre el altar del mundo,
y se abre el Paraíso al pecador,
alzado por tu Cruz hasta tu triunfo.

En esta tarde ungida por tu gracia
se anuncia ya el futuro,
oh Cristo, Sacerdote en el Calvario,
abrázanos a ti cual hijos tuyos.

Tu víctima de amor, tu siervo Pío,
oraba por los suyos;
y estar allí en la puerta te pedía,
en tanto que no viera entrar al último.

Jesús orante, oh toda bendición
y sacrificio augusto,
concédenos ser hostia y alabanza
y con san Pío estar contigo juntos.

Divina Trinidad de cielo y tierra,
presente en nuestro culto,
oh gloria y luz-misterio de la Iglesia,
en ti sea el amor y el gozo sumo. Amén.

NOTA - Estos Himnos no han sido presentados para una aprobación oficial. Los demás textos han de ser controlados con las versiones concedidas para la Orden; véase con detalle en Analecta OFMCap.



MISA DE SAN PÍO DE PIETRELCINA



Antífona de entrada                                    Cf. Dn 3,84.87
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
Santos y humildes de corazón, alabad a Dios.

Oración colecta
Dios omnipotente y eterno,
que, con gracia singular,
concediste al sacerdote san Pío
participar en la cruz de tu Hijo
y, por medio de su ministerio,
has renovado las maravillas de tu misericordia:
concédenos, por su intercesión,
que, unidos constantemente a la pasión de Cristo,
podamos llegar felizmente a la gloria de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo...

Primera lectura
(Cuando se celebra como solemnidad)
La verdadera sabiduría

Lectura de la profecía de Jeremías                          9, 22 23      
Así dice el Señor:
"No se gloríe el sabio de su saber,
no se gloríe el soldado de su valor,
no se gloríe el rico de su riqueza;
quien quiera gloriarse,
que se gloríe de esto:
de conocer y comprender
que soy el Señor,
que en la tierra establece la lealtad,
el derecho y la justicia
 y se complace en ellos".
Palabra de Dios.

Salmo responsorial                            15 1 2a y 5.7 8.11           
V/. Tú eres, Señor, mi heredad.
R/. Tú eres, Señor, mi heredad.

V/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: "Tú eres mi bien".
El Señor es el lote de mi heredad y mi cáliz,
mi suerte está en tu mano. R/.

V/. Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

V/. Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Segunda lectura
Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas              6,14 18
Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.
Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino una criatura nueva.
La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios.
En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.
Palabra de Dios.

Aleluya                                                           Cf. Mt 11,25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla.

Evangelio
Has escondido estas cosas a los sabios
y las has revelado a la gente sencilla

Lectura del santo Evangelio según san Mateo      11, 25 30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
  "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro. descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera".
  Palabra del Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acoge, Señor, los dones que te presentamos
en memoria de san Pío
y haz que, participando en estos santos misterios,
merezcamos obtener los frutos salvíficos de la redención.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio
Seguir a Cristo mediante el sacrificio y la cruz

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno,
Por Cristo nuestro Señor.
Tú has puesto en el corazón de san Pío
el fuego de una tan ardiente caridad hacia Cristo,
que, unido a su pasión,
lo ha seguido con amor perseverando hasta la cruz
y a los hermanos, afligidos por sufrimientos
en el cuerpo y en el alma,
revelase incesantemente la divina misericordia.
Por eso, unidos a la multitud de los Ángeles y de los Santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión                                        Is 61,1 2
El Señor me ha enviado
para dar la buena noticia a los que sufren,
para proclamar el año de gracia del Señor.

Oración después de la comunión
Señor, que nos alimentas con el sagrado banquete,
haz que, siguiendo siempre las huellas de san Pío,
te sirvamos con dedicación plena
y trabajemos con caridad incansable hacia todos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

 
div> ;