sábado, 31 de diciembre de 2011 0 comentarios

166. 1 de enero: el Niño, la Madre, la Paz


Los tres ejes espirituales de esta Jornada
 

Hermanos:
1. Día1 de enero, Día de Año Nuevo. Ya ayer noche, quizás al dar las 12, y en todo caso después de la Misa, nos dimos el abrazo de Año Nuevo: ¡Feliz Año Nuevo!, que es la palabra que hoy resuena en todas las homilías.
¡Feliz Año Nuevo!, hermanos, es el deseo y augurio que yo, hermano en la fe, os comparto de todo corazón. Esa felicidad que da Jesús, esa alegría de la que él habló en las palabras de la Cena, es un don celestial que él nos comunica: “y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn 16,22). Vestir hoy una prenda roja como buena suerte en el amor, o amarilla como buena suerte en el dinero, es una superstición. Ni el amor ni el dinero hay que ponerlos en la buena suerte, sino en la gracia de Dios y en nuestra tarea aplicada con humildad, constancia y perseverancia.

2. En los misterios de la Iglesia Año Nuevo es Navidad, octava de Navidad. Y en la liturgia de la Iglesia es Navidad vista desde el corazón de María, Madre y Virgen. De hecho, el título de esta fiesta es éste: Solemnidad de santa María Madre de Dios, como la ha fijado la iglesia después del Concilio.
Y desde el 1 de enero de 1968 el 1 de Enero, por invitación del Papa Pablo VI, es la Jornada Mundial de la Paz.

“Nos dirigimos a todos los hombres de buena voluntad para exhortarlos a celebrar «El Día de la Paz» en todo el mundo, el primer día del año civil, 1 de enero de 1968. Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura”.

Vean hermanos, si no hace falta templar nuestro espíritu con pensamientos de paz: Aquí en México, desde esta ofensiva que se ha emprendido en México en el 2006 en la lucha contra el narcotráfico ya se han producido varias decenas de miles de muertos. En la prensa de estos días se hacían balances. Un dato: 27 presidentes municipales (alcaldes) asesinados en el sexenio; el último, el 2 de noviembre asesinado a pleno día y en plena calle, en La Piedad.
Día de la paz para todos los hombres de buena voluntad.

3. La liturgia del domingo se abre con una bendición, como lo hemos escuchado. Es la bendición que está puesta en labios de Moisés, para que los hijos de Aarón, es decir los sacerdotes del Señor la impartan al pueblo en las grandes ocasiones, contendida en el libro de los Números, en el capítulo 6, 22-27.
Nosotros la solemos llamar la Bendición de san Francisco, porque de su puño y letra la escribió en un pequeño pergamino para entregarla a un hermano muy querido de su corazón, llamado fray León, asediado de graves tentaciones. Es un pequeño pergamino que después de hace casi 800 años todavía se conserva en Asís.
El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor te mire benignamente y tenga misericordia de ti.
El te muestre su rostro y te conceda la paz.
La paz es el conjunto de todos los bienes, en el sentido profundo de la Escritura. La paz verdadera no es la simple ausencia de guerra, sino la plenitud. Es lo más grande y delicado que podemos desear a una familia: la paz del Señor.
En este espíritu hay una oración muy extendida, que la llaman a veces “oración de san Francisco”. En realidad no la escribió él, pero releja muy bien el espíritu evangélico de san Francisco. Recordémosla:

Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.

La Madre Teresa de Calcuta la citó como Oración de san Francisco.

En esta oración se aprecia muy bien cuál es la paz cristiana que anhelamos para nosotros, para nuestras familias y para la sociedad. La verdadera paz tiene que venir del corazón, mejor dicho, de mi corazón. Yo tengo que vencer el orgullo, la ambición, el egoísmo y la comodidad dentro de mí, para ser ungido yo con la paz y para brindar la paz a mis hermanos. Lo demás sería construir desde fuera. Es como si una persona que padece un cáncer se el da un maquillaje, para que su cara sea sonrosada y joven. El mal queda adentra.
Bello propósito del año: Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.


4. Al principio dije cómo hoy es la octava de Navidad, y cómo la Iglesia quiere poner su mirada contemplativa en la Virgen María. Hoy es, por excelencia, la fiesta de la Madre de Dios. En el año hay cuatro solemnidades centrales de la Virgen, que, siguiendo el curso de los tiempos, son éstas:
La inmaculada Concepción (8 diciembre)
Santa María, Madre de Dios (1 de enero)
Anunciación del Señor que se simultáneamente Anunciación a María (25 marzo)
Asunción de María (15 de agosto)

5. La Maternidad de María es una verdad de fe que al definió el Concilio de Éfeso el año 431, sancionando con la suprema autoridad lo que ya vivía la conciencia de los cristianos. San Atanasio, obispo de Alejandría, es uno de los padres luchadores de esta verdad.
María es Madre de Dios no en un sentido sublimado, espiritualizado, sino Madre porque el Verbo de Dios tomó la verdadera carne humana, la “carne de María”, y siendo Hijo de Dios fue igual que nosotros hijo de una mujer. María, al ser la madre de este hombre-Dios, es la Madre de Dios, la Engendradora de Dios, que esto significa el título de Theotókos, que ha traducido el latín no por “Marte Dei”, sino por “sancta Dei Genitrix”, santa Engendradora de Dios.
Y hoy, en el oficio divino, se recuerdan escritos de él. “Por lo tanto, el cuerpo que el Señor asumió de María era un verdadero cuerpo humano, conforme lo atestiguan las Escrituras; verdadero, digo, porque fue un cuerpo igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que todos nosotros hemos nacido de Adán”.

La salvación se operó en la carne de Jesús, en su ser concreto, en su humanidad, y ahí en la carne es donde entra María en esta historia de Dios. María, siendo hermana nuestra, es tomada por la santísima Trinidad para que fecundada por el Espíritu Santo sea Madre de Cristo-Mesías (Christotókos), Madre de Dios (Theotókos). María queda elevada a un rango que ninguna otra criatura lo tiene. María es, por ejemplo, superior a los ángeles de Dios.
Uno pudiera pensar que esto es divinizar a la Virgen. No lo es; pero sí atribuirle a ella unas cualidades y misión y un oficio permanente que ningún otro lo ha tenido.
La liturgia de hoy está llena de alabanzas a María, que nos invitan a una contemplación de amor: “La Madre ha dado a luz al Rey, cuyo nombre es eterno; la que lo ha engendrado tiene al mismo tiempo el gozo de la maternidad, y la gloria de la virginidad: un prodigio tal no se ha visto nunca, ni se verá de nuevo. Aleluya” (Antífona de Laudes).

6. Dulce siempre ese pensamiento de María, Reina de la Paz, Reina de la Paz. Con este pensamiento quiero terminar esta homilía de Año Nuevo. Cuántas veces vemos que debajo o detrás de un rostro risueño hay cruzado un pensamiento siniestro de suicidio, derivado de un desengaño y frustración familiar... Y tantas depresiones que llena los consultorios...
Faltaba la paz dulce, suave, del corazón que supera todas esas situaciones adversas. ¡Reina y Madre de la Paz, danos esa paz firme que tu Hijo nos prometió! Amén.
jueves, 29 de diciembre de 2011 0 comentarios

165. Stille Nacht - Noche de paz


Historia y propuesta

Esta “divina canción”, desde hace muchos años el villancico más famoso del mundo, la compuso un humilde y entonces desconocido sacerdote austriaco, Joseph Mohr, en 1816; y le puso música un maestro de pueblo, Franz Xaver Gruber para la Navidad de 1818 en la iglesia de San Nicolas, en  la que servía, desde hacía un año,  el dicho sacerdote. Y se cantó por primera vez en la Nochebuena de 1818.
Para compenetrarse con el alma de esta canción celestial de Navidad, conozcamos a sus autores; meditemos la letra del piadoso sacerdote, y evoquemos, ante una imagencita del Niño Jesús, de “cabellos rizados”, la Nochebuena en un pueblo de montañas nevadas, Oberndorf bei Salzburg (Oberndorf junto a Salzburgo).
Jospeh Mohr había nacido en Salzburg en 1792; en 1815 fue ordenado sacerdote con dispensa canónica, pues era hijo ilegítimo de Ana Schoiberin y del soldado Franz Mohr, quien, al desertar del ejército, abandonó a la mujer que iba a ser madre de un niño de ambos. Al ser ordenado sacerdote fue destinado a una aldea alpina, Mariapfarr (Parroquia de Santa María) y allí escribió esa “Letra de Navidad” en 1816. El joven sacerdote tenía 24 años; y era músico. Al año siguiente, 1817, fue trasladado a la iglesia de San Nicolás de Oberndorf. Y allí pidió a su buen amigo, Franz Xaver Gruber, maestro de escuela y músico, que pusiera música a esta canción. El maestro era cinco años mayor que él, nacido el 25 de noviembre de 1787. Compuso la partitura musical para la Nochebuena de 1818, a sus 32 años; en años sucesivos hizo algunos arreglos.
“El 24 de diciembre de 1818 Joseph Mohr viajó a la tierra de su amigo, el profesor de música, Franz Gruber, que vivía en un apartamento, encima de la casa-escuela cerca de Arnsddorf. Él enseñó a su amigo el poema y le pidió que compusiera una melodía y un acompañamiento de guitarra para que fuera cantado en la Misa del Gallo (Midnight Mass). Su razón para desear el nuevo villancico es desconocida. Algunos especulan que el órgano no funcionaría; otros creen que el pastor (sacerdote) asistente, al cual le gustaba mucho la música de guitarra, simplemente quería un nuevo villancico para Navidad.
Después de aquella noche, cuando los dos hombres, seguidos por el coro, de pie frente al altar en la iglesia de St. Nicolás, cantaron Stille Nacht! Heiligen Nacht! por primera vez, difícilmente podían imaginar el impacto que su composición tendría en el mundo”
(http://silentnight.web.za/history/spanish.htm).
Hay que ir directamente al texto original de las seis estrofas para dejarse penetrar de lo que el sacerdote de San Nicolás de Oberndorf ha meditado. Veamos, ante todo, la factura o composición literaria del poema. He aquí algunas características, no todas, procedenets del análisis literario del poema:
- Cada estrofa o “stanza” tiene 5 versos.
- El primero en las seis estrofas es igual, a saber: Stille Nacht! Heilige Nacht, particularidad que nuestras traducciones no conservan.
- El verso quinto se repite. La canción no está compuesta con la alternancia de “estribillo” y “estrofas”, la fórmula más usadada en nuestro repertorio de iglesia, pero esta repetición del verso final tiene una gracia muy singular. En realidad, es el reposo contemplativo del alma que canta.
- El primer y el segundo verso en cada estrofa conciertan en la misma vocal, que es “a”; el tercero y cuarto conciertan de modo semejante; el quinto, de la misma cantidad de sílabas, tiene otra terminación y se repite, dando la sensación de un tríptico: tres cadencias con dos versos doblados.
Normalmente se cantan las estrofas primera, segunda y sexta, las tres levemente modificadas en la nueva redacción alemana.
Pero tampoco los cambios son inocentes. Para el pío sacerdote el nombre de JESÚS tenía especial dulzura e importancia. Lo ha puesto como verso final en las estrofas 2ª, 3ª, 4ª y 6ª. En la nueva versión alemana de las tres estrofas citadas se ha sustituido por el nombre de CRISTO (en las estrofas 2ª y 4ª; en la primera no está). ¿Es lo mismo? No es lo mismo decir “Jesús” que decir “Cristo”.
La letra, que de pronto, nos puede parecer muy romántica, es, ante todo, una letra sacada de la meditación personal del misterio; la letra está ungida de piedad. Me impresiona especialmente la estrofa cuarta, que dice:

Stille Nacht! Heilige Nacht!
Wo sich heut alle Macht
Väterlicher Liebe ergoß
Und als Bruder huldvoll umschloß
Jesus die Völker der Welt!
Jesus die Völker der Welt!

Que, traducido en prosa de repente, sería: Noche de paz (noche tranquila), Noche sagrada. En la que hoy se derrama toda la fuerza del amor paterno, y como Hermano bondadoso abraza, Jesús, a los pueblos del mundo. La letra en este caso es profundamente teológica, o, más bien, es profundamente meditativa
Entrando en el alma de este ejemplar sacerdote, que vivió pobre y murió pobre, dejando lo que tenía para obras de caridad, ¿cuál es el espíritu del “Noche de paz”.
- Es una Canción al Niño que, al punto, nos introduce en un aura espiritual.
- Es una canción de amor puro y contemplativa que invita a la admiración, al deliquio, al éxtasis.
- Una canción musicalizada para voz de soprano y solo.

* * *

Ahora permítame el lector narrar otra escena de Navidad, ue permanece indeleble en mi memoria. En septiembre de 1984 yo llegaba a Tierra, en plan de estudioque concluiría con la defensa de una tesis doctoral sobre la muerte de Jesús el 28 de marzo de 1987. La Navidad de 1984 fue mi primera Navidad. Del convento de La Flagelación fuimos la comunidad a celebrar la Navidad en el convento de Belén. Abreviando, las los Maitines y la Misa de medianoche, presidida  por el Patriarca Giacomno Beltritti, me recogí en la gruta santa del Nacimiento para velar toda la noche. Me emocionada ver a un grupito de nuestros hermanos coptos (no católicos) ver con qué devoción oraban en santo recogimiento. Pasadas unas horas bajaron dos gendarmes de la policía israelí bajaron, dieron una vuelta, hicieron una inspección de rutina y, sin quitarse la gorra, gorra, subieron...  ¿Qué era la Navidad para ello? Una creencia de cristianos..., nada más.
En determinado momento tuve un deseo, que no me atrevo a llamarle inspiración. Tome pale y bolígrafo, que traía conmigo, y6 comencé a escribir un “Noche de paz in situ”. A la verdad no me salieron más que las dos primeras estrofas...; estaba muy cansando. Tres días después, el 28, en Jerusalén completé el poema que ahora me atrevo a lanzar en Internte (En diciembre de 1985, apareció en la revista Oración de las Horas. Estos son los versos:

(Oh Luz de Luz, Verbo de Dios,
gozo de la Trinidad!
Hoy es tuyo mi cuerpo mortal
y por siempre Dios Hombre serás.
(Gloria a ti, Creador!
(Gloria a ti, Redentor!

Mi corazón diciendo está:
(Quién es Dios y quién soy yo!
Por mi amor tú naciste en Belén,
por mi amor tú moriste en la Cruz.
)Qué me pides, Jesús?
Héme aquí, tuyo(a) soy.

(Noche feliz! (Noche nupcial!
El Esposo pronto está.
ya ha llegado el abrazo de amor,
ya la esposa su anhelo sació.
(Gloria a ti, oh Beldad,
Rey y Esposo de paz!

(Madre de Dios, en humildad
santa Madre virginal!
(Oh hermosura de tu corazón!
(Oh pobreza que a Dios agradó!
(Gloria a ti, Virgen fiel:
muéstranos a tu Rey!

Noche de paz y redención,
cuando Dios nos da el perdón.
En la cuna comienza a alumbrar
la Pasión y la gloria pascual.
(Oh Locura de amor:
Dios en la Encarnación!

No he de profiar por la calidad de esta letra y la medida rítmica que se acopla a la melodía del original.
Quede ahí, como simple tradición entre las bastante más de 300 versiones de la letra, como la canción más mundial cantada.

* * *

Y escribiendo estas cosas, he aquí que hoy he tenido que concelebrar en un funeral de un cristiano a quien di los santos sacramentos... Y de pronto se me ha ocurrido escribir un “Noche de paz” para... un funeral. Sí, es Navidad y no tenemos por qué deslindar la vivencia de una muerte en el Señor del misterio dela santa Navidad.
Y de mis dedos para una rápida inspiración para celebrar misa funeral de cuerpo presente (pasión y muerte de Jesús) inmersa en la navidad) Y para la ocasión he compuesto estos versos de “Noche de paz”.

En la Misa funeral
de nuestro hermano en Cristo
Don Alfonso Rugerio López.
Navidad, 29 diciembre 2011.

1. Noche de paz. Noche de amor,
dulce noche de perdón.
En la cuna Él nos da su amistad
y alborea la Noche pascual.
¡Oh Jesús, nuestra luz!
¡Oh Jesús, nuestra luz!

2. Noche de paz, consolación
del sufriente corazón.
En la ausencia creemos, Señor,
que Tú eres el Dios del amor:
¡Cúmplase tu querer!
¡Cúmplase tu querer!

3. Cielo feliz, nuestra mansión
que aguardamos, oh mi Dios.
Tú vendrás en el día final
y serás nuestro gozo inmortal.
¡Llénanos de tu amor!
¡Llénanos de tu amor!

4. Noche de paz, serenidad,
fuerte lazo de unidad.
Tú has vencido el pecado y dolor;
danos ojos, Jesús Redentor,
suave paz en tu Cruz,
suave paz en tu Cruz.

Puebla, 29 diciembre 2011.
miércoles, 28 de diciembre de 2011 0 comentarios

164. “La humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva”

En torno a la Navidad,
“la fiesta de las fiestas” (S. Francisco)

(La FIESTA DE LAS FIESTAS). “Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarquía objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por él y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre. La resurrección presupone la encarnación. El Hijo de Dios como niño, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovió profundamente el corazón del Santo de Asís, transformando la fe en amor” (Benedicto XVI, Homilía de Nochebuena de 2011).

Hermanos:

1. Meditemos junto al Verbo Encarnado recién nacido qué significa haber descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Tratemos de ahondar por ese sendero hacia donde nos conduce la frase del Papa en su homilía: “Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva”.
Ciertamente que hay un realismo crítico para adentrarse en cada escena del Evangelio; pero hay un realismo sin más, que este puede definirse así: la historia de la Encarnación. Entonces el pensador se interroga de modo ineludible: Pero ¿cómo podemos hacer una historia de la Encarnación, en el sentido propio y preciso, si el sujeto central y sustentante de todo ello es el mismo Verbo de Dios? ¿Quién tiene el conocimiento directo del Verbo de Dios, que, por su naturaleza, transciende toda experiencia?
Este realismo “crítico” de pronto despluma el Evangelio, si entendemos por Evangelio la narración-reportaje de los hechos y palabras de Jesús... El creyente piadoso (decimos “creyente” y decimos “piadoso”, sin que una cosa anule la otra) recibe un mazazo del que quizás no le sea fácil recuperarse.
En el libro científicamente serio – que refleja, a no dudar, un amor entusiasmado y convencido a Jesús – sobre la “aproximación histórica” a Jesús, de José Antonio Pagola (2007; 80 ejemplares con sucesivas edicioens, ene spera de una refundición), se dice en el primer anexo sobre “el perfil histórico de Jesús”: “Probablemente (Jesús) nació en Nazaret, aunque Mateo y Lucas hablan de Belén por razones teológicas” (p. 471).

2. Claro que el autor no pretende infundirnos una evidencia histórica. Pero... ¿y si fuera crudamente histórico que Jesús, ciudadano del Imperio, naciera en esa mísera circunstancia de un empadronamiento que ciertamente existió...? ¿No sería el primer rasgo de la pobreza de Jesús, que ciertamente fue pobre de nacimiento, nacer fuera de su propia casa...? ¿No explicaría esto, de modo más realista y vívido, ese desarraigo de todo, absolutamente de todo, que Jesús pide a sus discípulos: desarraigo de familia y casa, de propiedades, de lo que se nos pega en el ser como cosa nuestra por ósmosis?
“Yo nací fuera de mi casa –podría decir Jesús... Pobrecita de mi madre, lo que tuvo que sufrir: tener que acudir a la caridad de otras personas para hacer más llevadero el parto y el tiempo que siguió...”
Si Jesús, hipotéticamente, nació en Nazaret..., entonces ¿cómo se sostiene el idilio de Navidad? ¿Será un cuento? Jamás un biblista serio dirá que, en semejante hipótesis, eso es un “cuento”; es un “midrash”, un relato, como tantos del Antiguo Testamento, que pretenden comunicar una verdad real.
Sigue el pensador meditativo: Pero ¿cuál es el verdadero entronque con lo real sustentante? ¿Cuál es la verdadera historia de la Encarnación que allí se esconde...?
Preguntas análogas se lanzan con el episodio de la huida a Egipto. ¿Será crudamente verdad que Jesús niño y su familia hubieron de padecer lo que cientos de miles padecen, el exilio forzoso de su tierra...? Si esto es así, el realismo histórico de la Encarnación, pone a Jesús en el área de la gran pobreza..., aparte de la mística de “De Egipto llamé a mi hijo”, del libro del Éxodo.
En suma, ¿cuál es la verdadera historia de la infancia, que vivida como historia de salvación, operativa en el presente, vivimos y sacramentalmente celebramos los cristianos?
Caemos en el problema que lleva en su seno la teología: ¿Quién es realmente el Jesús de la historia y quién es el Cristo de la fe?
La Iglesia responde: Es el mismo, pero hay que precisar perfiles. Aquí es donde vienen las distancias; donde pasamos al terreno de especialistas..., aunque el Evangelio sea patrimonio de todos los cristianos; donde la devoción puede recibir un “impasse”; y, en suma, donde la opción cristiana fundamental tendrá que reconvertirse de nuevo al Señor. Si la investigación histórica nos paraliza ¡qué difícil que la fe se convierta en amor!
Para la finalidad que escribo no me interesa entrar en la palestra, pero sí apuntalar muy claro, al eco de lo que me sugiere el Papa de ese acceso completamente nuevo a la humanidad de Cristo, que yo puedo pasar a una comunión del todo real y veraz con la humanidad santísima de Jesús, sean cuales sean las oscilaciones de la investigaciones críticas sobre la Infancia de Jesús.

4. La raíz de toda mística – digámoslo respetuosamente y con ánimo de búsqueda – no está en otra cosa, mejor dicho, en otro evento que en el encuentro del puro yo y del puro Dios. Y la novedad absoluta del sentir cristiano es que ese “puro Dios” es Jesús, hijo de la tierra, ciudadano del mundo, individuo de carne y hueso, humanidad latiente abierta al amor, al dolor y a la muerte.
Y ese Jesús, de quien hablamos, ¿será el “puro Jesús”, abierto a cualquier pregunta, asequible a nuestro tacto y oído, a nuestro pálpito del corazón?
Para san Juan, sí:
“Lo que existía desde el principio,
Lo que hemos oído,
Lo que hemos visto con nuestros propios ojos,
Lo que contemplamos y palparon nuestras manos
acerca del Verbo de la vida;
pues la Vida se hizo visible...” (1Jn 1,1).
Así comienza la “historia del Verbo de la Vida”.
Y esto es precisamente el Evangelio, la historia del Verbo de la Vida. Como es el Logos, el Verbum, en cada partícula de su historia humana está todo él; en cada partícula de su humanidad, soporte de toda su historia, está todo él. La historia de Jesús de Nazaret es toda divina, lo cual nos desborda en absoluto...
Para hacer su historia, partimos de estos axiomas:
1) Su historia humana es historia divina.
2) Esa historia humano-divina de Jesús, la única que se nos ha comunicado, es alcanzable por la fe en las vivencias concretas de mi propio yo.
En esto hemos de detenernos: yo puedo intimar con la humanidad santa de Jesús. Y esto no como un entretenimiento de con Jesús, sino como una fuente de amor saciativo, como una llamada al compromiso radical del seguimiento.
Este es el camino que ha seguido Francisco: el contacto con la humanidad de Cristo, que es un contacto personal (no transferible a nadie), y que es de una realidad en la cual se cifra mi presente y mi eternidad.  Mi “todo yo” queda inviscerado en el “yo de Jesús”, para poder entrar en diálogo, en una comunión de preguntas y respuestas.
En este punto de encuentro la escenografía de la Infancia queda tenuemente al lado, en el reverbero del centro. Poco importa que la escena hubiera acontecido así o de otro modo diferente. Los Evangelio nos está entregando lo que realmente vivía la Iglesia en la memoria perenne de Jesús, que nos ha marcado ruta.
Hay que entrar en la humanidad de Jesús hasta perderse en ella. San Ignacio de Loyola, siglos después de san Francisco, ha meditado así el nacimiento: “El primer puncto es ver las personas, es a saber, ver a nuestra Señora y a Joseph y a la ancila y al niño Jesú después de ser nascido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus neccessidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia possible; y después reflectir en mí mismo para sacar algún provecho” (Ejercicios Espirituales, n. 114).
Como si presente me hallase, es la frase esencial. Bien sé que ni estuve ni voy a estar, pues ya pasó. Pero hay una presencia de la santa humanidad de Jesús que traspasa los siglos. Y en ella estoy. En esta perspectiva, lo mismo que hemos puesto el buey y la mula (evocando a Is 1,3, pues nada dice el Evangelio de animales en el sitio aquel, ni de corderos que llevaran los pastores), podemos poner una criadita (una ancila) haciéndole los servicios a María; pues, en el fondo, esa criadita soy.
Concluyamos: “Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva”. E Ignacio de Loyola lo sabe. Es un camino realísimo de acceso a la humanidad de Jesús, al misterio de la Encarnación, a la historia de la Encarnación.
Humildemente y en búsqueda, dixi.

Puebla, 28 diciembre 2011
domingo, 25 de diciembre de 2011 0 comentarios

163. Dulcísima Homilía del Papa en Nochebuena

 Glosa con san Francisco a la Homilía del Papa

Una cosa puede ser dulcísima por dos motivos: porque en sí misma lo es, o porque, aunque no lo fuera, el paladar de quien gusta en tal ocasión está predispuesto a saborear cualquier como dulcísima. En este caso me parece que se juntan y fusionan las dos. Dígalo el lector.

Lo que el Papa ha dicho

...La Navidad es Epifanía: la manifestación de Dios y de su gran luz en un niño que ha nacido para nosotros. Nacido en un establo en Belén, no en los palacios de los reyes. Cuando Francisco de Asís celebró la Navidad en Greccio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensión del misterio de la Navidad. Francisco de Asís llamó a la Navidad «la fiesta de las fiestas» – más que todas las demás solemnidades – y la celebró con «inefable fervor» (2 Celano, 199). Besaba con gran devoción las imágenes del Niño Jesús y balbuceaba palabras de dulzura como hacen los niños, nos dice Tomás de Celano (ibíd.).
Para la Iglesia antigua, la fiesta de las fiestas era la Pascua: en la resurrección, Cristo había abatido las puertas de la muerte y, de este modo, había cambiado radicalmente el mundo: había creado para el hombre un lugar en Dios mismo.
Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarquía objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por él y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre. La resurrección presupone la encarnación. El Hijo de Dios como niño, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovió profundamente el corazón del Santo de Asís, transformando la fe en amor.
«Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: esta frase de san Pablo adquiría así una hondura del todo nueva. En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón.
Todo eso no tiene nada de sensiblería. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jesús, al niño, porque en este ser niño se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor.
(...)
Francisco hacía celebrar la santa Eucaristía sobre el pesebre que estaba entre el buey y la mula (cf. 1 Celano, 85). Posteriormente, sobre este pesebre se construyó un altar para que, allí dónde un tiempo los animales comían paja, los hombres pudieran ahora recibir, para la salvación del alma y del cuerpo, la carne del Cordero inmaculado, Jesucristo, como relata Celano (cf. 1 Celano, 87). En la Noche santa de Greccio, Francisco cantaba personalmente en cuanto diácono con voz sonora el Evangelio de Navidad. Gracias a los espléndidos cantos navideños de los frailes, la celebración parecía toda una explosión de alegría (cf. 1 Celano, 85 y 86).
(...)
Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse.
(...)
Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido. Celebremos así la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo.
Lo que yo he escuchado

1. Navidad, Epifanía
del amor pascual de Dios:
es la fiesta de las fiestas
como Francisco intuyó;
y así debemos vivirla
con inefable fervor.

2.  Que Francisco ha descubierto,
por gracia que se le dio
la humanidad de Jesús
raíz de la salvación,
y a Cristo Resucitado
presente en la Encarnación.

3. No cambió la jerarquía
que fijó la Tradición;
por su modo de creer
que Dios mismo le inspiro,
el Infante de Belén
le enseñó Muerte y Pasión.

4. La pobreza de la Cruz
en Belén se la aprendió;
la ternura de Dios Padre
en un Niño la besó;
la hermosura del Espíritu
en la carne contempló.

5. En las pajas de un pesebre
– buey y mula alrededor –
la Misa de Nochebuena
en Greccio se celebró;
y donde paja comían
comieron al Dios de amor.

6. Y de ternura deshecho
Francisco nos predicó:
sus lágrimas nos hablaban,
ebrio de tanta emoción,
los labios y el paladar
gustaban puro sabor.

7. Aquí se puede tocar,
si tu fe fue conversión,
las manos, la faz divina,
su alma y su corazón;
y colmarles de caricias
a Jesús, tu Salvador.

8. Francisco quedó transido
de excelsa revelación,
y la santa humanidad
fue el altar de su oblación;
vio al Amor roto y mendigo,
por siempre a nuestro favor.

9. Niño pascual de la cuna,
que a nadie infunde temor,
sálvame de todo mal,
tú, mi solo Redentor;
y dame para obsequiarte
amor a morir de amor. Amén

fr. Rufino María Grández
Día de Navidad por la mañana, 25 diciembre 2011
sábado, 24 de diciembre de 2011 0 comentarios

162. La Misa de Nochebuena: Teofanía de Navidad

Admiración, adoración, acción de gracias,
alegría y paz 

Hermanos:

1. El misterio de Navidad del día 25 de diciembre, que está precedido por el Adviento y por la Misa de la Vigilia para quienes deseen celebrarla por la tarde, tiene tres momentos en esa jornada sacratísima:
- la Misa de medianoche
- la Misa de la aurora
- y la Misa del día.
Cada una de las tres con sus textos propios del Antiguo Testamento, de las cartas de los Apóstoles y de los Evangelios.
Los textos sagrados, elaborados en tiempos muy antiguos, que recogen la tradición milenaria de la Iglesia, rezuman santidad, espíritu de admiración, de acción de gracias, de adoración. Todo ello no se puede vivir sino en la verdadera pureza de corazón – la confesión sacramental ha precedido muy espontáneamente a la celebración navideña –,  sin una profunda fe y sin una elevación contemplativa.
Si esto no se diera, las palabras en uso estos días, como alegría, amistad, paz... serán palabras útiles, ciertamente, beneficiosas y hasta oportunas y muy oportunas, pero son palabras incompletas, si no llevan dentro el calado del misterio. Pero el misterio, hermanos, no tiene palabras; o, mejor dicho, las tiene, pero muy comedidas, porque el misterio es “excesivo”, y así el exceso del amor es la vía de empalme.

2. ¿Qué es lo que esta noche acontece? Se abre la misa de medianoche no precisamente con un villancico, sino con una revelación luminosa, llena de gravedad espiritual: “El Señor me ha dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”, frase tomada del salmo (Salmo 2,7). Con ella la Iglesia nos invita a considerar la generación eterna del Hijo.
La Navidad no es simplemente la memoria histórica de lo que pasó al nacer Jesús; este evento recordatorio no sería todavía misterio, “mysterium salutis”. Estas palabras que confiesan la divinidad del Hijo, nos llevan al hontanar del misterio, la generación eterna del Hijo.
San Agustín (354-430), teólogo y pastor, se expresa así, extasiado ante el misterio: “Celebremos con alegría el advenimiento de nuestra salvación y redención. Celebremos el día afortunado en el que quien era el inmenso y eterno día, que procedía del inmenso y eterno día, descendió hasta este día nuestro tan breve v temporal. Este se convirtió para nosotros en justicia, santificación y redención: y así -como dice la Escritura-: El que se gloríe, que se gloríe en el Señor” (Oficio de lectura del día 24).
Son palabras de gran densidad teológica. Desde esa hondura ¡qué bien podemos entender y gozar lo que concluye el santo doctor: “no nos gloriemos en nosotros mismos, sino en Dios. Por eso se ha dicho: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza. ¿Pues qué gracia de Dios pudo brillar más intensamente para nosotros que ésta: teniendo un Hijo unigénito, hacerlo hijo del hombre, para, a su vez, hacer al hijo del hombre hijo de Dios? Busca méritos, busca justicia, busca motivos; y a ver si encuentras algo que no sea gracia” (en el mismo lugar).

3. Las palabras de la Escritura suenan solemnísimas cuando escuchamos al profeta:
"Que un niño nos ha nacido,
un hijo se nos hadado;
lleva a hombros el principado,
y es su nombre:
Maravilla de Consejero,
Dios fuerte
Padre de eternidad,
Príncipe de la paz...
El celo del Señor del universo lo realizará" (Is 9,5.6).
Son títulos que exceden la misión de un Rey; pero es la misión del Rey Mesías, si el Mesías es, efectivamente, Hijo de Dios.
Esto se ha realizado en Jesucristo, y Pablo escribe así a su discípulo Tito y a toda la Iglesia:
“Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae salvación para todos los hombres ..., aguardando la dicha que esperamos y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo”. (Tt 2,11.13).

4. Desde esta visión sublime contemplamos el Evangelio del día, la escena de Belén, narrada por el evangelista san Lucas, es decir, el nacimiento en la carne de Jesús Resucitado. ¿Qué es exactamente la escena de Belén, tal como la ha narrado san Lucas, testigo de la tradición cristiana y del culto que se ha dado a Cristo en las Comunidades, ya desde la primera hora?
Esa escena es una Teofanía, esto es, una aparición gloriosa de Dios en el mundo, en medio de los hombres. Abarcando con una mirada las Teofanías de Dios en las santas Escrituras, podemos enumerarlas:
- La primera y principal, la matriz de todas las demás, la Teofanía de la Resurrección de Jesucristo en los cuatro Evangelios.
- La segunda, unida a la primera, es la Teofanía de Pentecostés, narrada en los hechos de los Apóstoles.
- La tercera, la Teofanía del Nacimiento de Jesús, narrada por san Lucas.
- La cuarta, la principal Teofanía del Antiguo Testamento Testamento, que es la aparición de Dios en el Sinaí a su siervo Moisés; ya prefigurada en la Teofanía de la zarza ardiente, cuando a Moisés se le revela el nombre divino.
- La quinta, el conjunto de las Teofanías patriarcales a Abraham, Isaac y Jacob.
- La sexta, la Teofanía a los profetas (Isaías, Jeremías), ya prefiguradas en las Teofanía de anuncio a los Jueces, salvadores de Israel, como cuando se anuncia el nacimiento de Sansón.
Esa son las apariciones de Dios.

5. La Teofanía del nacimiento de Cristo es del todo singular. Había sido precedida por el anuncio del Ángel a María. En esa ocasión el Ángel no vino revestido de la gloria pascual; ahora sí: “Se les presentó un ángel del Señor; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor” (Lc 2,9).
El ángel sel Señor les comunica la revelación del misterio: “Os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,10-12).
Y ahora la Teofanía se convierte en una explosión de alegría celestial, una alegría litúrgica que quiere unir cielo y tierra, y que quiere ser la alegría de la asamblea litúrgica esta noche. “De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo. Y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (vv. 13-14).
El acontecimiento del nacimiento de Jesús, a quien ya ahora mismo el Evangelio lo llama “el Señor”, que vale tanto como Hijo de Dios es un acontecimiento celestial por antonomasia.  Antes de que los pastores lleguen a donde estaban María y José y el Niño acostado en un pesebre, los ángeles estaban celebrando la fiesta en el cielo. Era la fiesta de la Gloria de Dios, que querían que se convirtieran en la tierra en fiesta de paz para los hombres de buena voluntad.
Hermanos, esta es la Navidad de Dios, Navidad de adoración, de acción de gracias, de contemplación.
Navidad de alegría en cielo y universo. Navidad de paz en la tierra. ¡Feliz Navidad!
Amén.

Puebla de los Ángeles, 24 diciembre 2011.

Invitamos al lector a los numerosos himnos de Navidad que hemos consignado en mercaba.org, en la sección Navidad.
 
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