sábado, 30 de junio de 2012 2 comentarios

258. La mujer que tocó el manto de Jesús



Homilía sobre el domingo XIII, ciclo B
Mc 5, 21-43
     

Texto del santo Evangelio (sección)

(…) Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en esto toda su fortuna pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: “Con solo tocarle el manto, curaré”. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente, y preguntaba: “¿Quién me ha tocado el manto?”. Los discípulos  le contestaron: “¿Ves como te apretuja la gente y preguntas: ¿Quién me ha tocado?” El seguía mirando alrededor para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pie y le confesó toda la verdad. Él le dice: “¡Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad” (vv. 25-349.

Hermanos:
1. Hay en los tres Evangelios Sinópticos un pasaje muy singular, que presenta la liturgia de este domingo: dos milagros enlazados en la secuencia de un mismo episodio. Jairo, jefe de la sinagoga tiene una niña de 12 años que está a punto de morir,  pide a Jesús que, por piedad, haga algo. Y, de camino, una mujer con una enfermedad muy delicada, llega hasta Jesús.
Vamos a concentrar nuestra reflexión en la escena de la Hemorroísa. Se trata de una de esas escenas de “Jesús y la mujer”, cada una de las cuales representa la revelación del Evangelio: Jesús tiende su mano a la mujer, que por su condición de mujer tanto ha sufrido en historia de la humanidad. Ya más allá del episodio concreto, nosotros vemos una actitud, un estilo de Jesús, que es la revelación de su misión en el mundo.
2. Recordemos cuáles son esas escenas de encuentro directo, en persona, de Jesús con la mujer:
- Jesús y la samaritana (cf. Jn 4, 1-39),
- Jesús y la mujer siro-fenicia que  tenía una hija enferma, y que dijo a Jesús que también los peros comen debajo de la mesas las migajas que tiran los niños (cf. Mc 7, 24-30),
- Jesús y la viuda de Naím cuando sacaban a enterrar a su único hijo (Lc 7,11-17),
- Jesús y la pecadora perdonada en casa de Simón (cf. Lc 7, 36-50),
- Jesús y la mujer tullida que llevaba 18 años encorvada y Jesús la cura en día de sábado, en la sinagoga (Lc 13,10-17),
- Jesús y la unción de María de Betania en casa de Lázaro y las dos hermanas, Marte y María, unos días antes de su muerte (Jn 12,1-8).

3. Nos preguntamos, ante todo, quién es esta mujer a quien con palabra inusual llamamos “La Hemorroísa” (utilizando una palabra que atl cual se encuentra en el texto original de san Mateo). Hemorroísa es la mujer que padece unos flujos de sangre que alteran su ciclo menstrual femenino. Se trata de una enfermedad, de la cual el Evangelio que hemos leído nos informa con tres detalles concretos:
- que llevaba 12 años con este problema,
- que había gastado toda su fortuna de médico en médico.
- y que, en lugar de mejorar, iba empeorando.
Si una mujer nos explicara el Evangelio, con su propia sensibilidad femenina nos daría a conocer situaciones muy sensibles que se presenta a la paciente y que nosotros no podemos advertir.
Al hablar de estos asuntos, el lector judío, observante de la Ley, sabe que esta mujer se halla en una situación de “impureza ritual”.  Recordemos algunos pasajes del Libro del Levítico, que es el libro de la santidad y de la pureza ritual: “La mujer que tiene flujo, el flujo de sangre de su cuerpo, permanecerá en su impureza por espacio de siete días. Y quien la toque será impuro hasta la tarde. Todo aquello sobre lo que se acueste durante su impureza quedará impuro; y todo aquello sobre lo que se siente  quedará impuro” (Lv 15,19-20). Después que esta situación se normalice debe permanecer siete días, luego quedará pura y deberá presentarse al sacerdote.
Esto quiere decir que esta mujer se encuentra en estado permanente de impureza ritual, ajena al culto de Israel, que representa la comunión con Dios. Es como una hija de Dios apartada de su Padre. Esta situación es lo grave de esta mujer.

4. Pero esta sencilla mujer del pueblo intuye y comprende, por la pura gracia de Dios, que con solo tocar el vestido de Jesús, quedará sanada, y podrá entrar en la plena comunión con Dios. Ni siquiera hace falta tocar el cuerpo de Jesús – sus manos, sus pies, su rostro -; ni siquiera hace falta que me imponga las manos sobre mi cabeza:  Con solo tocarle el manto, curaré, así ha pensado, y llena de fe, haciéndose sitio, a empujones, en medio de la gente, alcanza a Jesús, y toca el manto del Señor: la orla del manto, detallan san Mateo y san Lucas.
¿Y qué sucede? Una corriente espiritual se desprende del cuerpo de Jesús, como si fuese físicamente una descarga eléctrica, y penetra en el cuerpo de la mujer. La mujer, milagrosamente, ha quedado sana.

(Hay un detalle en san Mateo y san Lucas cuando dicen que lo que toca la mujer es la orla, el fleco o la fimbria del manto de Jesús. Esto corresponde a lo que estaba mandado en la Ley de Moisés: “Yahveh dijo a Moisés:  "Habla a los israelitas y diles que ellos y sus descendientes se hagan flecos en los bordes de sus vestidos, y pongan en el fleco de sus vestidos un hilo de púrpura violeta. (…) Así os acordaréis de todos mis mandamientos y los cumpliréis, y seréis hombres consagrados a vuestro Dios” (Nm 15,37-38. 40; Ver también Dt 22,12). Este detalle del vestido (al menos del vestido festivo, suponemos) debía recordar a los hijos de Israel que eran un pueblo consagrado al Señor, un pueblo sacerdotal, en todo momento dispuesto para el culto de Dios. Jesús, en su vestimenta, se atuvo a este precepto, al mismo tiempo que criticó, en la censura a los escribas y fariseos la vanidad que de ahí se derivaba (Mt 23,5).

5. La escena halla su punto culminante cuando Jesús le dice: “Hija, tu fe te ha salvado”(Mc 5,34).
¡Qué hermoso es sentir de labios de Jesús la palabra “Hija”! Es una palabra de afecto, de ternura, de vinculación a su corazón. Esta mujer es ciertamente discípula de Jesús, y discípula elegida, porque ha sido confirmada por la prueba de la fe. Discípula eminente, que nos está enseñando a nosotros el verdadero camino del encuentro y del discipulado.
La fe es la familiaridad con Cristo; la fe es la verdadera relación de amor; la fe es la verdadera vida de nuestra existencia. Y tan lejos y tan cerca estamos de la fe ella como nosotros. Como la fe supera nuestros esfuerzos y raciocinios, confesamos humildemente que la fe es la gracia que nos salva. Al salvarnos, también nos sana. La sanación del alma o la sanación del cuerpo, ambas caen fuera de nuestros poderes, y son obra de la omnipotencia de Dios.
6. Ahora demos el último paso en nuestra contemplación de la escena evangélica, y digamos que la verdad, la realidad de lo que estamos escuchando se verifica en los sacramentos. Los sacramentos de la Iglesia nos adentran en la fuente de nuestra salvación, que es Cristo, y son sacramentos de fe. Si tocamos a Jesús con fe, quedamos salvados.
El Catecismo de la Iglesia Católica tiene cuatro partes: Lo que hemos de creer (el Credo); los que hemos de celebrar (la Eucaristía y los sacramentos); lo que hemos de practicar (los mandamientos); y lo que hemos de orar (la oración cristiana y el Padrenuestro). A cada una de estas partes antecede una imagen ilustrativa. Para abrir el tratado de los sacramentos, la imagen que se ha tomado es una imagen de Jesús y la hemorroísa, tomada de las catacumbas romanas, un fresco pintado probablemente al comienzo del siglo IV. Allí están los dos solos: Jesús y la hemorroísa.
Por los sacramentos, hermanos, nosotros accedemos a la santa humanidad de Cristo glorificado; y la puerta es la fe.
Lo estamos celebrando ahora mismo. Si tenemos fe, como la de aquella mujer, que de tantos años arrastraba esta enfermedad, en la cual había gastado sus dineros, si tenemos fe, llegamos hasta Jesús, y allí se produce la unión y la intimidad: Hijo mío, hija mía, tu fe te ha salvado. Amén.

Puebla, viernes 29 junio 2012


LA HEMORROÍSA

I
¿Quién ha tocado mi manto?
¿Quién me ha tocado?

Divinidad me salía
al sentir ese contacto,
aunque era solo la fimbria
en el vuelo de mi manto.
¿Quién suavemente me ha herido
de los pies a mi costado?


II
¿Quién ha tocado mi manto?
¿Quién me ha tocado?

¿Quién, cuando todos me oprimen,
sin herirme me ha llagado,
con las yemas de sus dedos
como mujer me ha tocado?
Y su toque era caricia
como un beso delicado.

III
¿Quién ha tocado mi manto?
¿Quién me ha tocado?

Señalada una entre todos
ésa sí me ha derrotado,
que el amor es vencedor
y la fe es un venablo.
Y ante la fe de los pobres
yo me doy por entregado.

IV
¿Quién ha tocado mi manto?
¿Quién me ha tocado

Mujer, mujer muy doliente,
yo te he visto y te he mirado,
y toda mi intimidad
a ocultas te la he mostrado.
Yo te he tocado, mi Dios,
y te seguiré tocando.

V
¿Quién ha tocado mi manto?
¿Quién me ha tocado?

Yo te he tocado, Señor,
carne de Dios encarnado,
y, al tocarte y adorarte,
tú que amas, me has amado.
Heme aquí, la hemorroísa:
¡eres tú quien me ha salvado!

Puebla, 28 de junio de 2009
miércoles, 27 de junio de 2012 2 comentarios

257. Por un joven sacerdote: Don Pedro Azuar de Mercabá


Carta de felicitación por sus 60 años
de Sacerdote
     

Puebla de los Ángeles (México), a 27 de junio de 2012

Querido y admirado amigo: Paz y Bien.
Es nuestro saludo franciscano – antes, casi como un protocolo de nuestras cartas – y ¡qué bien cae del cielo en esta ocasión para darte un abrazo de enhorabuena por tus 60 años sacerdotales! La paz impregne el cuerpo y el alma, y la Bondad – el Bien – llene tu mirada y tus palabras.
Del corazón me sale lo que quiero decir, y bien sabes que el corazón rige los destinos de la tierra, y el corazón es la brújula de la verdad.
Te escribo esta carta, y quisiera que me leyeran tú… y los jóvenes.



1. Ocurre que pasado mañana es la solemnidad de San Pedro y San Pablo, y en  día de tal resplandor recibiste la unción sacerdotal- Fiesta de san Pedro, que  nos invita a elevar los ojos a Roma y contemplar al sucesor de Pedro. Este sucesor es un santo anciano, Benedicto, con la mente traspasada de luz y el corazón lleno de firmeza y ternura.
En esta ocasión es bueno pensar en él, signo de la unidad de la Iglesia. Ubi Petrus, ibi Ecclesia: Donde está Pedro, allí está la Iglesia. Pero muy gozoso se vería el Pontífice, pastor de pastores, si a sus oídos llegara que hoy mi atención va hacia un humilde sacerdote español, murciano, y por más señas de Jumilla, cuyo nombre noble es Don Pedro Azuar de Mercabá. Así lo digo, porque te has apegado a la Carroza Divina – Mercabá – y la luz que ella despide hermosea tu vida.
Hallándome meses atrás en España, tras dos años de ausencia, tuve el placer de viajar a Murcia, sin otro cometido, querido Internauta, que darte un abrazo de felicitación y agradecimiento por la humildemente grande obra de Mercabá. Las continuas tarjetas de felicitación que van al Buzón del lector dicen a las claras qué obra preciosa estás haciendo en estos años frágiles de tu ancianidad.

2. Sí, mañana hace 60 años recibiste la imposición de manos y la unción sagrada. Y entonces mismo consagraste el Cuerpo y la Sangre de Cristo con el Obispo que te transmitió el sacerdocio de Jesús. Luego, al día siguiente subiste al altar, diciendo, con el salmista: Introibo ad altare Dei: ad Deum qui laetificat iuventutem meam. Me acercaré al altar de Dios, a Dios que alegra mi juventud. Un sacerdote veinteañero lo dice vibrante, posesionado de su juventud. Desde nuestra cima, Pedro, (los recuerdos de mi ordenación miran 52 abriles, pues fue el 2 de abril de 1960), más cercanos del fin que del principio, esa juventud que se invoca en el altar es cierta: juventud en profundidad, juventud en altura, juventud en anhelo.
¿Quién sino un joven puede emprender la obra titánica en que tú te has metido? Jubilación…, jubilación…, ¿para ti, empedernido trabajador…, ave nocturna?

3. Para escribir con más fundamento, con más conocimiento de causa, lo que voy diciendo, quise saber algo de algún colaborador o colaboradora que Mercabá tiene por la geografía global, y escribí a Connie Yáñez (México), rogándole que me contara algo de tu “vida, virtudes y milagros”. Un pequeño milagro sería muy interesante como adorno de tu virtud...
Pero la Sra. Connie, hermana en Cristo (que como yo no sabía si era señora o señorita o religiosa… y le dije “de todas maneras, hermana en Cristo”, y le gustó)… pues la Sra. Connie, que, por lo visto es Teóloga, me respondió:
“Sus milagros de P. Pedro... son el resultado tan maravilloso de su BIBLIOTECA CATÓLICA DIGITAL, que como ya le he comentado, le ha dedicado mucho tiempo, recolectando libros, digitalizando la información, aprendiendo el lenguaje de la computadora para crear y manejar la página, (que eso nada más, es ya algo genial).
Además este grupo de AMIGOS - MERCABA. Que logró unificar América con España, y crear lazos de grandes amistades.  Y hacer el mundo un poco más pequeño”.
Por todo esto, Hermano Pedro, felicidades, porque Dios está contigo, porque tus ojos se han clavado en el Resucitado para ser Misionero Global desde tu casa y el ordenador. Y porque la Virgen de la Fuensanta (a quien en mi breve estancia en Murcia no pude menos de visitar) se ha encariñado contigo.
Debemos decir a nuestros jóvenes, a nuestros Seminaristas, a nuestros Novicios… que mirando el rostro de Jesús, uno, pese a todos los pesares, es feliz.

4. Para ser buen sacerdote – yo les diré a los jóvenes – hay que mirar a ciertas personas mayores, sacerdotes de nuestras diócesis, y ver en ellos:
- laboriosidad
- gratuidad
- disponibilidad.
Yo lo he visto en ti, con tu frágil corazón, y humildemente lo pido al Señor para mí.
Me impresionó la gratuidad. Lo que percibes de la diócesis, que es de deber y justicia de la Comunidad eclesial, no es para ti: es para Mercabá…, para que puedas brindar gratis la fantástica Biblioteca Digital especialmente a Seminaristas y agentes de Pastoral en América [atina, como explicas en el portal de la web: “Es un servicio que se presta gratuitamente a misioneros, sacerdotes, diáconos, religiosas, seminaristas y catequistas”.  Ya dijo Jesús, en una palabra que nos recuerda Pablo: “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hch 20,35),

5. Pero todo esto que voy diciendo, al eco de tu corazón y del mío, tiene un secreto. Yo sé que para entrar en Internet tú tienes un portal, que es el mejor portal: el Portal del Sagrario.
"Nunca había hecho tanta oración como ahora..." ¡Qué ejemplo me diste, que quiero aprender! El tiempo Dios lo regala, y el Párroco nos brinda la llave de una capillita silenciosa.
Claro que más adentro de toda imagen social del sacerdote, que nosotros queramos admirar o promocionar, está el misterio mismo de Cristo, el Hijo, al que somos asociados. Cualquier tipo de Teología será siempre balbuciente. El cristiano es un configurado con Cristo: nos perdemos a lo infinito.  El don del sacerdocio, el don o carisma de la consagración religiosa no es un "más" sobre el TODO bautismal; pero considerado el sacerdocio como "gracia", incluso antes que como "servicio", como configuración antes que como misión (cosas en sí mismas inseparables), ahí estamos Jesús y yo, en una presencia de vida, para decir en la verdad del ser: Gracias, Dios mío, Padre mío, infinitamente gracias; acéptame, por el Espíritu, en la oblación de tu Hijo. ¡A Ti todo honor y gloria por los siglos de los siglos!
Con D. Pedro Azuar, Murcia 29 marzo 2012

6. Querido Pedro, Sacerdote del Señor, recibe el cariño – del que me hago espontáneo portavoz – de Número total de páginas vistas hasta el momento 6.652.484” (ayer 1283).
Pude ver que tu corazón está más allá de las vistas y visitas que puedan acaecer.   
El Señor sea tu delicia y te dé lo que pide tu corazón. Amén.
Santo sacerdocio. Muchas alegrías y un abrazo

viernes, 22 de junio de 2012 1 comentarios

256. (Domingo 12) – Natividad de San Juan Bautista


Hermanos:

1. H0y es domingo 12 del tiempo ordinario del año, ciclo B, y coincide ser 24 de junio: Hoy es san Juan Bautista. Exactamente hoy es la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista. Y en este caso, y de modo extraordinario, la fiesta de Juan el Bautista se sobrepone al Domingo, cosa que de pronto nos sorprende.
Dice el Concilio en la constitución sobre la Sagrada Liturgia: “el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo. No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean de veras de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico” (Sacrosanctum Concilium, 106).
El principio de que el domingo no puede ser suplantado por ninguna fiesta se mantiene taxativamente en Adviento y Navidad, en Cuaresma y Pascua. Si en esos tiempos ocurre una gran solemnidad como la Inmaculada, san José, la Anunciación, no se suprimen, pero se trasladan fuera del domingo.
En el tiempo ordinario, como es el tiempo en que estamos, la norma queda suavizada, y en casos especiales como hoy, la fiesta del santo queda en relieve, en primer plano, conscientes de que en la misa, sea cual sea el motivo del misal, siempre celebramos el misterio pascual de Cristo.
Valgan estas palabras introductorias como sencilla catequesis para apreciar la importancia del Domingo, que nos une al misterio pascual de Cristo.
2. Muy importante tiene que ser, pues, San Juan Bautista. Ya en los tiempos remotos de san Agustín (que murió el año 430), cuando él predicada a sus fieles, la fiesta de san Juan Bautista era una fiesta “tradicional”. Y les hablaba de esta maneta: “La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él” (lectura del oficio divino del día).
Con el mismo respeto de este santo doctor de la Iglesia ante la Palabra de Dios queremos pasar a los textos del día para saber con exactitud qué celebramos, y dejar que nuestro corazón vibre al contacto de estas realidades.
Miren, hermanos, no celebramos propiamente las virtudes de este santo, aquella valentía, por ejemplo, para enfrentarse como profeta al tetrarca Herodes y decirle: “No te es lícito vivir con la mujer de tu hermano”, lo que le costó la cabeza, profeta del temple de Elías.
No celebramos la austeridad de Juan el Bautista, que vivió en el desierto, con aquella túnica y aquellos alimentos…, escenas que recordamos en Adviento.
Lo que celebramos es el misterio del Señor que se muestra en el nacimiento del santo Precursor.

3. Y hay dos mensajes que resaltan en esta contemplación que hace la Iglesia:
- uno es la historia de salvación que Dios lleva a cabo con su pueblo y con todos los hombres, que, al fin, todos son hijos suyos, llevando los acontecimientos por el rumbo que Él quiere;
- otro aspecto es la alegría de la salvación que produjo este nacimiento, una alegría que no se ha terminado en la Iglesia, y que la pedimos como gracia  muy especial de esta fiesta.
Literalmente la oración del día dice así:
“Oh Dios, que suscitaste a san Juan Bautista, para preparar a Cristo, el Señor, un pueblo bien dispuesto (perfectam plebem),
concede a tus pueblos la gracia de los gozos espirituales (da populis tuis spiritualium gratiam gaudiorum),
y dirige las mentes de todos tus fieles por los caminos de la salvación y de la paz”.

4. Estamos hablando tanto del misterio de Jesús como de Juan, su precursor. Cuando el ángel anunció a María, le dijo que su prima Isabel estaba de seis meses, la que llamaban estéril, porque para Dios no hay nada imposible. María corrió a la montaña. En cuanto la criatura oyó el saludo de María, saltó de gozo en el vientre de la madre. Y estuvo con su prima tres meses – refiere san Lucas – acompañándoles, pues, en todo el final del embarazo.
Hoy el Evangelio evoca la escena del nacimiento y lo que siguió a este momento feliz.
“A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron los vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella” (Lc 1,57).
Ya lo había anunciado el Ángel a Zacarías: “Tu mujer Isabel te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Juan. (Juan significa Gracia de Dios). Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento” (Lc 1,13-14).
El pueblo cristiano en sus costumbres tradicionales ha expresado esta alegría con las hogueras en la noche de san Juan. Así lo hacían en mi tierra, como en tantas partes, y es un recuerdo de mi infancia.

5. Sigamos recordando el episodio evangélico, lleno de colorido y belleza. “A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: ¡No! Se va a llamar Juan. Y le dijeron: Ninguno de tus parientes se llama así. Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Y todos quedaron maravillados” (vv. 59-63).

6. La alegría de aquel nacimiento de Juan culminó en la bendición y la alabanza. Al padre, hasta entonces mudo, se le soltó la lengua “y empezó a hablar bendiciendo a Dios”. Y luego “se llenó del Espíritu Santo y profetizó diciendo: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo…”
Es el canto del “Benedictus” que todos los días lo reza la Iglesia por la mañana para dar gracia a Dios por el don de la Encarnación. La alabanza, que es el fruto espontáneo del amor, debe llenar nuestra vida.
Juan nacía como precursor de la gracia de Dios, en el misterio de la Encarnación. Por eso Juan es grande, mas no por sí mismo, sino por la misión que Dios le ha asignado. Dios lo había escogido para esa gran misión de ser el último mensajero del Mesías, el que lo indicó con el dedo. He ahí el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo.
Por esta razón hoy en las lecturas de la misa escuchamos un cántico venerable del libro de Isaías, que no se refiere en directo a Juan, sino a Jesús – el segundo cántico del Siervo de Yahveh –, pero que la Iglesia lo aplica al Precursor: “El Señor me escogió desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano…” (Is 49,1-2).
7. Hermanos, estas son las maravillas de Dios que nosotros contemplamos para admirar, dar gracias y llenar el corazón de alegría, porque Dios nos regala sus divinos misterios. Tiempo oportuno vendrá en que uno saque las consecuencias y aplicaciones morales para su vida.
Pero el nacimiento de una criatura no es la ocasión para planificar el futuro y tomar graves decisiones. Es el momento para felicitarse, llenarse de gozo, y ver que la mano de Dios hace de la vida providencia y amor, gozo y poesía.
Dios está en medio de nosotros, y lo ha de estar siempre, porque así se ha comprometido al encarnarse su hijo Jesucristo.

“Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo…
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados…
Y termina el Cántico de Zacarías:
“Nos visitará el Sol que nace de lo alto…
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”.

Hermanos, alegrémonos y demos gracias. Amén.

Puebla, 22 junio 2012.
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255. Esencias de santa Clara – 12 (fin) Historia y emblema


Cartas de un hermano menor
a una hermana clarisa capuchina
en torno a santa Clara y su Forma de vida (2007),
reeditadas hoy (2012) con motivo de los 800 años
del comienzo de la vida evangélica de Clara (Assisi, 1212)

NOTA. A SUGERENCIA DE UN EXPERTO, PRÓXIMAMENTE ESTAS 12 ENTREGAS DE "ESENCIAS DE SANTA CLARA" SERÁN ELIMINADAS DE ESTE LUGAR Y SERÁN SUBIDAS A OTRO SITIO EN UN ARCHIVO "WORD".

Carta 12
Clara: Historia y emblema


Mi querida Lidia:
Hoy es santa Clara.
Y escribo desde Puebla, mi nueva fraternidad. También aquí, cerca de la catedral de esta noble ciudad (Puebla de los Angeles, cuyo plano trazaron los ángeles...) hay un convento de Clarisas-Capuchinas, donde guardan un Divino Niño, el “Niño Cieguecito”.
Hoy es santa Clara y de par de mañana el corazón vuela, lleno de nostalgia, de anhelo, de una bandada de pensamientos que cruzan por el cielo de mi corazón. Clara, inseparable de Francisco, remueve lo más puro que uno lleva dentro, una vez que esta vocación que uno llama carisma franciscano.
Yo he tratado de poner a tono mi alma, para que este día fuera un día de gracia, de luz y de paz. O, si quieres, fuera un día de belleza. Al final de esta carta te obsequiará con un poema de oración. Lo compuse el día de la Porciúncula, pensado en el día de hoy, en espera de que alguien pudiera levarlo con una música. Poesía y música se alzan y ondean en la liturgia como dos alas de la misma alondra.
Clara tiene una imagen en el corazón de quienes caminamos por la senda franciscana. Y siempre será una imagen traspasada de belleza, porque Clara  es bella. Tengo aquí delante la estampa-recordatorio de aquel día, 25 de septiembre de 2004, cuando el ministro general de los Menores, el Hno. José Rodríguez Carballo, rodeado de los capuchinos  y de numerosa familia franciscana (puede verse en Internet) bendijo la talla de Santa Clara, esculpida para el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, mundialmente conocido por su arquitecto, el genial Antoni Gaudí, de quien se ha introducido la causa de beatificación. Mírala: la imagen transpira blancura y pureza; es esta
La imagen, espigada y esbelta, de cerca de cuatro metros es obra de una mujer: Montserrat García. Es de travertino romano, y fue colocada en el primer pináculo, cerca de la fachada del Nacimiento, a 30 metros del suelo.
Quedó, pues, santa Clara en la Sagrada Familia (más de dos millones y medio de visitantes el año pasado), como memoria de los 750 años de su tránsito y de la aprobación de su Forma de Vida.
¿Quién es santa Clara?, me vuelvo a preguntar en esta mañana serena, teniendo en mis manos el libro, que semeja un latido del corazón, de los Escritos de santa Clara.
Te lo preguntas tú, amada Lidia.
Me lo estoy preguntando yo.


Y mi respuesta

Con los ojos cerrados, tratando de leer en el corazón, donde se juntan Dios y los historiadores, y donde yo leo diariamente, respondo:
Clara es historia.
Clara es emblema.

Pero... la historia de Clara ¿la conocemos? ¿No funcionamos, más bien, con tópicos espiritualizados?    
Manselli (+) y Bártoli, ambos seglares, llegan a conclusiones muy avanzadas con respecto a esa pobreza social, de marginación, de “desclasamiento”, de donde han arrancado Francisco y lo mismo Clara.
Recordemos lo que dice Marco Bartoli, después que Francisco (no un Obispo, no un sacerdote) “tonsuró” a la joven Clara aquella noche de Ramos: “San Pablo de las Abadesas era un gran monasterio con rentas y posesiones en toda la región; la vida regulaba allí en función de una comunidad de monjas, todas de cuna noble, que se dedicaban a la oración; bajo ellas estaban, bien distintos bien distintos por hábito, servicio y decoro social, los siervos y las siervas que atendían al sustento material de la comunidad y estaban ligados al monasterio con diversos vínculos como siervos, conversos, colonos, etc.
Cuando Clara se presentó a las puertas del monasterio, pidió ser acogida, no como monja, tal como su condición social se lo habría permitido, sino como sierva, como su nueva condición social se lo requería. No tenía ya una dote que consignare n el monasterio, como se acostumbraba: su dote la había enajenado y se presentaba pobre para vivir como sirvienta” (Marco Bartoli, Clara de Asís. Col. Hermano Francisco, Aránzazu 1989, pp. 89-90. La edición original de 1989, Chiara d’Assisi, está publicada por el Instituto Histórico de la Orden).
Cuando tiempo después, con un grupito de hermanas, Clara inicia en San Damián el mismo proyecto de Francisco: una fraternidad sobre la base de una pobreza revelada, que es manantial de vida nueva.
Esa “novitas” ¿dónde estaba?
La vida, con el uso, se desgasta, de va deteriorando poco a poco.. Tenemos teología para recuperar las esencias. Pero la teología sola no basta. La teología - es decir el pensamiento humano sobre las cosas divinas - sacraliza todo... Por ejemplo, lo que son meras formas coyunturales de ejercer la autoridad (así, la precedencia, los títulos...) queda sacralizado, pues a todo se le puede dar un sentido espiritual y místico...
Clara será toda la vida pobre, toda la vida sierva, será la última de sus hermanas... Habrá de admitir, por las leyes en uso, palabras que evocan formas que no son las más congruentes para su simplicidad, como, por ejemplo, las palabras “monasterio” y “abadesa”. Y Clara, la hermana ministra, que ese sería el título, será llamada Abadesa...
Si hablamos de pobreza..., las cosas quedan límpidas desde el principio. Una mujer con dote ¡no pueden entrar en la fraternidad! Para entregarse a Jesús, hay que partir de cero. Tiene que haber vendido todo y haberlo dado a los pobres, siempre, absolutamente siempre (si tiene algún bien). Sólo después de que “distribuya sus bienes a los pobres” (RCl II,11), la aspirante podrá traspasar las puertas de la fraternidad.
Esto es historia, y si no comprendemos con crudo realismo esta historia no podemos avanzar para entender el ideal que ha fascinado a esta mujer.
Y en aquellos comienzos, ¿qué podía ver aquella mujer? Su futuro era únicamente Dios. Humanamente todo era tan incierto. Nunca debemos olvidar que los datos de la vida de Clara los hemos recuperado nosotros únicamente cuando la joven que comienza no es aquella joven arriesgada cuyo empeño no sabemos dónde va a terminar, sino la gloriosa santa Clara, fundadora de las Clarisas.
     
* * *
En la fiesta de santa Clara ha caído en mis manos un artículo de una mujer, que he leído con fruición como regalo espiritual de este día: Catherine M. Mooney, ¿Imitación de Cristo o imitación de María? Clara de Asís y sus intérpretes (en inglés) (Philadelphia, Universidad de Pennsylvania, 1999).
“Sus intérpretes” se refiere a los primeros biógrafos, cómo sutilmente “reinterpretan” los datos para acomodarlos a la imagen que interesa dar, según la evolución de la Orden.
Y, aparte del tema central, un punto ha pulsado mi atención por pensamientos desarrollados en cartas anteriores.

Mi querida Lidia, en páginas abundantes hemos hablado de cómo la unión espiritual que Clara ha pensado con respecto a los hermanos, muy concretamente a Francisco, debía ser estrechísima. Así lo ha visto ella; no así las autoridades de muchos decenios... La reserva frente a las clarisas ha sido un dato que ha acompañado la historia...
Ya esta aguda historiadora muestra con suficiente evidencia qué distinto cariz toma la Vita II de Celano (1244) comparada, en este punto, con la Vita I (1228). ¡Qué cautelas, para que los hermanos no se lleven a engaño! Son detalles que el no experto, el no historiador, no los aprecia, pero que son reales, están ahí y algo están diciendo. De hecho es cautelosa incomunicación ha sido un dato de nuestra historia.
¿Y por qué? Porque la mujer - según los libros santos - es, por de pronto, un peligro... Y ya lo sabe el refrán castellano: “Entre santa y santo, pared de cal y canto...”
Reserva para comenzar, que es lo más seguro... ¿Y porqué no, para comenzar, delicada acogida, sabiendo que la mujer tiene dentro un tesoro espiritual - muy delicado, muy frágil, sí por cierto - que puede ser para mí manantial de vida...?
Temas que exigen una exposición muy pura y elevada...
Pero volvamos a la base de los pensamientos de esta carta que rondan mi corazón en la fiesta de santa Clara. ¡Saber exactamente su historia! Saber su historia, encuadrada en la mentalidad del tiempo en que vivió. Y saber exactamente cómo nos la han contado, trayendo el agua al molino que servía la molienda a los lectores... Esta lealtad científica es muy necesaria, para deshacer a Clara de tópicos, que por muy repetidos que sean, no nos dan la “vera effigies”.
Yo comprendo muy bien que el candor y la pureza de las clarisas haya enamorado a Princesas para dotar espléndidamente a monasterios que se construían. Pero esos “Reales Monasterios” - pues el título pasa a los conventos de las Hermanas Pobres - no son precisamente la “vera effigies” que anhela el que se siente iluminado por el ideal de aquella mujer evangélica.


Emblema

Queremos recuperar la historia como arranque del ideal. La historia no es un afán erudito, sino un deseo de verdad. Por eso, la historia es la base del ideal.
El ideal surge de una nostalgia.
Yo puedo decirte, mi querida Lidia, con humilde lealtad, que esta nostalgia la llevo dentro desde el Noviciado y nunca se ha extinguido.
Me verías ahora en una celda bien guarnecida de libros: por ejemplo, buenas ediciones de las Fuentes Franciscanas... y ediciones críticas de la Biblia, y comentarios exegéticos... (que si no los tengo en mi cuarto, no los encuentro en otro lugar de casa..., pues no hay propiamente “biblioteca”, como en otro tiempo las había en las “casas de estudio”), pero créeme - y contigo sé que no tengo que porfiar - que quiero ser pobre..., siquiera la pobreza sea en este caso la plena disponibilidad de estos libros para todo hermano que los necesite...
¿Cuál es, pues, el emblema de Clara para nosotros, para ti, para mí...?
Yo siempre he pensado que tengo una palabra válida que comunicar a mis hermanas clarisas, clarisas capuchinas, en el caso...


Fiesta de Santa Clara 2007

De esencias del Evangelio

Si hoy en la Iglesia, desde hace varios decenios, estamos viviendo una Edad de Oro en los Estudios clarianos, queda todavía una palabra por decir. ¿Cuál? Acaso la mía...
La Iglesia nos ha lanzado a la “fidelidad creativa”. Ser fiel no significa repetir lo que ya se hizo, sino hacer algo nuevo desde la inspiración de donde se hizo lo que se hizo. Y este es el desafío de la vida clariana hoy en la Iglesia.
Las esencias evangélicas de santa Clara están en el primer capítulo de su Forma vitae (Clara no habla de Regla, sino de una Forma o Manera de vida..., que queda abierta); en el capítulo primero - repetimos - y en el capítulo sexto, en el que cita a Francisco. Tres referencias, un “sagrado trío” resumen el meollo de la vida de Clara: ser pobre, ser hermana, ser de Francisco. ¿Tendremos valor?
Este himno - o esta cantinela juglaresca, o esta rima - quiere lanzarnos a ello. Con la gracia de Dios, lancémonos. Clara, “mujer nueva” (ministros generales en un centenario); Clara “nueva vida”, Clara “lluvia y río”.
Quiéralo el Señor en su misericordia.

1. De esencias del Evangelio
fue tu vida, lluvia y río,
Clara de Asís en la Iglesia
nuestra guía y desafío.

2. Oh Clara, nueva palabra,
voz de Dios sin vocerío,
enséñanos la labor
de nuestro libre albedrío.

3. Porque el amor es sorpresa,
nueva forma, nuevo brío,
y el esposo está a la espera
de oír lo que nunca ha oído.

4. Cumpliste tú tu belleza
con aquel primer plantío,
y el jardín de San Damián
quiere nuevo sembradío.

5. Es Hoy en el mundo amado,
es Hoy con bello rocío;
Jesús, muriendo de amor,
de amor busca señorío.

6. Una pobreza muy pura
una hermandad sin hastío,
y beber de san Francisco,
tal fue tu sagrado trío.

7. Clara, evangélica y bella,
refresco de nuestro estío,
eres amor, cuerpo y alma,
colmado el vaso vacío.

8. Eres hoy nuestro futuro,
el estreno que yo ansío
y esa humilde profecía
que señala nuestro envío.

9. Dulce madre, mi familia,
en la cual feliz sonrío,
que tu velo virginal
sea siempre mi atavío.

10. A Jesús, el más hermoso,
amor hasta el desvarío:
¡oh amor de todo amor,
de amadores el Navío! Amén.

Puebla, fiesta de Santa Clara 2012

De corazón y unidos en el amor de Jesús, un abrazo
 
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