jueves, 25 de febrero de 2016 0 comentarios

781. Domingo III Cuaresma C – Jesús nos llama a todos a la conversión


Homilía para el dom. III de Cuaresma, ciclo C
Lc 13,1-9

Texto evangélico:
1 En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. 2 Jesús respondió: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? 3 Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. 4 O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 5 Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
 6 Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. 7 Dijo entonces al viñador: “Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”. 8 Pero el viñador respondió: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, 9 a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».
Hermanos:
1. Algunas veces, cuando leemos la Sagrada Escritura, al escuchar de repente algunos textos, de pronto surge en el corazón una alegría llena de sorpresa como para decir: Parece que este texto está escrito para mí, justo lo que más necesitaba. Gracias, Dios mío.
No sé, hermanos, cuál es la impresión que produce este pasaje que hemos escuchado: un pasaje curioso, por de pronto - ¡cómo comentaba Jesús los sucesos de la vida! – pero un pasaje, al parecer, nada simpático: si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Dos veces repite Jesús esta frase en su comentario, haciéndola quizás el centro del mismo.

2. Volvamos a recordar lo que pasó. Se habla de dos sucesos: un suceso político-religioso, y una desgracia por un accidente natural, en los dos casos hay muertos, en el primer por asesinato, en el segundo, 18 muertos que hay que lamentar por accidente.
El comentario no lo ha iniciado Jesús, sino que lo provoca una conversación que le traen. Pilato ha matado a un grupo de galileos insurrectos. No tenemos detalles. Se supone que eran unos sediciosos religiosos que no admiten la autoridad de Roma, representada por Pilato.
Jesús puede hacer un comentario a favor de los judíos, que a lo mejor es lo que le están pidiendo. “Ese Pilato es un criminal; no hay derecho a ahogar las ideas con la sangre…”
Jesús puede pronunciarse. Jesús es judío y ama a su pueblo, y tiene derecho a sacar afuera sus convicciones. En el huerto, cuando alguien del grupo  intenta defenderlo con una espada que por allí tenían y le lleva la oreja a un criado del Sumo Sacerdote, dice: “Envaina la espada: que todos los que empuñan espada, a espada morirán” (Mt 26,52).

3. Jesús en esta ocasión no tiene un comentario político para condenar la acción de Pilatos. Ni tampoco un comentario religioso sobre esa situación que arrastra Palestina con respecto al Imperio de Roma. Jesús hace un comentario profético, emplazando a los asistentes al juicio de Dios. Las palabras proféticas de Jesús son terribles y tuvieron que caer sobre los oyentes fulminantes, como un rayo del cielo: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.
Aquí Jesús habla de todos y nadie se libra de este veredicto. En otros pasajes Jesús distingue entre personas y personas. Aquí no hay distinción: todos pereceréis. Jesús habla de todos y nos incluye a todos; él es el profeta escatológico de Dios, que viene a despertarnos con el último llamado. Este anuncio está indicando que Jesús se coloca en la hora de Dios, en la última oportunidad que Dios nos ofrece para llevarnos a todos a la salvación.

4. La frase suena muy dura, y, con todo, es una llamada de amor, porque es una llamada de salvación. Todos pereceréis, nos está diciendo, si no aceptáis lo que Dios, mi Padre, está ofreciendo gratuitamente.
Dios nos está pidiendo a todos – sí, a todos, sin exceptuar a nadie – la conversión, el volvernos a Dios, abrirle a él nuestro corazón, y aceptar el amor que nos ofrece en su Hijo.

5. Ahora Jesús, de su propia cuenta, completa el comentario haciéndoles reflexionar sobre un suceso que ha llenado la población de lágrimas y gritos de dolor. Se desplomó un edificio memorial y murieron de golpe 18 personas. ¡castigo de Dios! No, no es un castigo de Dios; es, por el contrario, un aviso amoroso de Dios Padre a todos nosotros: Estamos en la hora oportuna y tenemos al profeta de Dios, que es el mismo Hijo de Dios, ahí delante. 4 O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 5 Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
5. Con este modo de hablar Jesús se define como el último enviado de Dios en esta hora suprema de la historia, pero como enviado misericordioso. Jesús es la prórroga de Dios para alcanzar esa Misericordia que nos salva. La parábola de la higuera cuidada y mimada es justamente para significar eso. Jesús es la oportunidad que el Padre nos ofrece, hoy todavía.
La higuera tenía que haber dado fruto y no ha dado. El amo dice: Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno? Pero el criado que cuida de la viña, que en este caso está representando a Jesús, dice al dueño: “Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar.
¿Hemos pensado, hermanos, que con estas palabras Jesús está haciendo el propio retrato de su vida? ¿Quién es Jesús? Jesús es la paciencia de Dios. Jesús está con nosotros, dispuesto a regalarnos todo para llevarnos a Dios.

6. La parábola de Jesús alcanza su último sentido dramático si yo soy capaz de aplicármela a mí mismo, si yo pienso, como debo pensar: Jesús está dispuesto a olvidar todo mi pasado, mis ingratitudes, mis medianías, mis errores, y me ofrece hoy mismo la conversión, prometiéndome que me va a ayudar y va a hacer todo por mí, para que yo dé los frutos que el Padre espera de mí. Jesús es el amor desbordado de Dios por mí, el amor loco, el amor que no tiene explicación, el puro amor de Dios que el Padre me está regalando. Jesús no me echa en cara mi pasado. Jesús se pone a mis pies para decirme: Conviértete hoy mismo, que tu Padre Dios ha olvidado todos tus pecados y te va a colmar de su Misericordia. Dios es tu vida.
Lo volveremos a ver, hermanos, el domingo con la parábola del hijo pródigo.

7. Jesús, gracias por el amor infinito que has traído a la tierra. Gracias porque me llamas hoy mismo a mi conversión permanente, esta es la palabra que yo quería oír de tus labios para mí. Gracias.

Guadalajara, Jalisco, jueves 25 de febrero de 2016.


Habló la Misericordia
Cántico de comunión para hoy sobre Lucas 13,1-9

Habló la Misericordia
por los labios del Profeta;
el profeta era Jesús,
yo estaba a la escucha atenta.

Y si no os convertís
pereceréis en la prueba;
si no acogéis el amor
el desamor os espera.

Jesús, derroche amoroso,
ilumina mi ceguera,
para entender tu palabra
que yo la recibo entera.

Yo confieso mi pecado
y en él tu suma pureza,
la nada de donde vine
y allí tu inmensa grandeza.

Son mis raíces tu amor,
tu piedad mi subsistencia,
tu mirada me levanta
y tu ternura es mi fuerza.

Tu cruz es mi salvación,
destronada está mi ofensa,
tu sangre me purifica,
tu muerte es mi paz suprema.

Santificado en tu carne,
tu comunión me sustenta,
mi Jesús, yo te confieso,
te adoro con reverencia. Amén.

Guadalajara, III domingo de Cuaresma,

28 febrero 2016.
jueves, 18 de febrero de 2016 1 comentarios

780. Domingo II Cuaresma C – Transfigurado desde el corazón

Homilía para el domingo II de Cuaresma, ciclo C
Lc 9,28b-36


Texto evangélico:
28 Unos ocho días después de estas palabras, tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. 29 Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. 30 De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, 31 que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. 33 Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. 34 Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. 35 Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». 36 Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Hermanos:
 1. Ya hemos comenzado a avanzar por la Cuaresma. Después del Miércoles de Ceniza, que es como un toque de trompeta que nos convoca al arrepentimiento, a la penitencia, vienen las seis etapas del Camino Cuaresmal, que nos llevan hasta la Pascua: seis domingos, seis semanas, la última de ellas la Semana Santa, para pasar a la Pascua del Señor, más importante que la Cuaresma, y más larga, que se compone de siete semanas. Las siete semanas pascuales terminan en Pentecostés.
Cuaresma bajo el signo de que este año celebramos el Año de la Misericordia, para gustar de ese amor de Dios, que es para nosotros amor de compasión y de ternura.
Lo más importante de Cuaresma – decíamos el domingo pasado – es estar con Dios; más importante meditar, contemplar a Dios, que hacer penitencia corporal.

2. Todos los años el primer domingo de Cuaresma es la escena de Jesús en el desierto. Todos los años, en el segundo domingo de Cuaresma es la Transfiguración. El contraste habla de por sí. Jesús va al desierto para estar con el Padre. El fruto de la Cuaresma será la Transfiguración, que ocurrirá en la Pascua. Un cristiano que sale renovado y nuevo en la Pascua. San Lucas, que se ha complacido a lo largo del Evangelio en destacar la oración de Jesús, nos da la razón explícita de por qué en este momento crucial de su vida Jesús sube a la montaña. Nos ha dicho para presentar la escena: “tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar”.
La oración era la respiración de su vida; en esta circunstancia no es solo la respiración, sino que es también la necesidad, para él y sus discípulos, lo mismo que un día los va a elegir para acompañarle en la oración aquella noche de Getsemaní.

3. Jesús no fue al monte – que la tradición ha identificado como Monte Tabor, por ser una montaña alta y de recuerdos sagrados en el Antiguo Testamento – …no fue a transfigurarse, para ser visto por sus discípulos, que esto habría sido una representación y en el fondo, una especie de mentira. Fue sencillamente a orar, y Dios lo transfiguró. Dios, el Padre, permitió que saliera del corazón de Cristo lo que llevaba dentro: la gloria de Dios, la santidad de Dios. San Lucas nos lo ha dicho así: Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.
San Lucas, como también los otros evangelistas, nos ha hecho ver otra cosa que Jesús llevaba dentro: De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, 31 que, apareciendo con gloria.  Pero también san Lucas nos ha dicho de qué conversaban: hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. Hablaban del “éxodo” de Jesús (es la palabra exacta que usa el evangelista), de su Pascua, que iba a cumplirse en Jerusalén; no tenemos por qué suprimirla o sustituir esta palabra por otra.
De manera que en la Transfiguración se ve por fuera lo que ya existía por dentro.
Hermanos, ¿qué pasaría si en nuestra oración hubiera una transfiguración – una “metamorfosis”, que es la palabra griega que usan los Evangelios -  y apareciera fuera lo que está pasando dentro? ¿Se vería nuestro rostro iluminado por la gloria de Dios que nos envuelve? ¿Se verían los personajes celestiales con los que estamos conversando? ¿Se vería acaso la Madre del Señor que nos guarda bajo su manto?
Todo cristiano, por dentro, desde que ha recibido la vestidura bautismal, es un transfigurado por el resplandor de la gloria de Dios.

4. Escribiendo y hablando desde México, yo quisiera en esta homilía evocar esa visita de gracia que acabamos de tener con el paso del Santo Padre, el papa Francisco, del 12 al 17 de febrero, en medio de nosotros. Por estos medios maravillosos de la técnica, si acaso no hemos podido asistir a alguno de los actos programados (yo estuve en Morelia en aquella inmensa congregación en el estadio de seminaristas, sacerdotes, religiosos y religiosas) hemos podido seguirle en la televisión, e incluso copiar sus discursos en nuestros ordenadores.
Empalmando con el Evangelio de hoy, escuchen hermanos, qué decía el Papa al presidente de la nación, en sus primera palabras, que en realidad eran (según el protocolo), un discurso institucional.
“Hoy vengo como misionero de misericordia y paz pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella”. Al final de este breve discurso de Jefe de Estado repetía lo mismo en el Palacio Nacional de una país, oficialmente laico: “Y me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de Guadalupe -le pido que me mire- para que, por su intercesión, el Padre misericordioso nos conceda que estas jornadas y el futuro de esta tierra sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz”.

5. Y vean lo que pasó, hermanoz. Aquella tarde del día primero, el Papa quiso estar a solas con la Virgen, y así se puso en el programa. Después de la Misa al pueblo fiel en la basílica de Guadalupe, el Papa se fue delante del cuadro de la Virgen, para estar. Un compañero, que concelebró en medio de tantos sacerdotes que concelebraron y llevaron la Comunión por la Basílica y la Plaza, me decía: 28 minutos ha estado el Papa rezando ante la Virgen.
Aquella misma mañana había hablado a los Obispos. Meditando sobre este mirar al Señor, a la Virgen, y dejarse mirar por ellos, les decía: “En las miradas de ustedes, el Pueblo mexicano tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes «han visto al Señor» (cf. Jn 20,25), de quienes han estado con Dios. Esto es lo esencial. No pierdan, entonces, tiempo y energías en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas, en los vanos proyectos de carrera, en los vacíos planes de hegemonía, en los infecundos clubs de intereses o de consorterías. No se dejen arrastrar por las murmuraciones y las maledicencias. Introduzcan a sus sacerdotes en esta esa comprensión del sagrado ministerio…”
Y un poquito más bajo en este discurso repetía: “Si nuestra mirada no testimonia haber visto a Jesús, entonces las palabras que recordamos de Él resultan solamente figuras retóricas vacías”.
Las homilías del Papa han sido todas muy sencillas. Aparentemente las puede hacer cualquier párroco, pero se sentía que era la palabra humilde de alguien que en la oración ha visto al Señor.

6. Concluyamos, hermanos, levantando los ojos a Jesús en el monte de la Transfiguración.
Jesús, si tú necesitabas retirarte y estar con el Padre, nosotros igual. Enséñanos a hacer pausas en la vida y orar, como tú orabas: mirando al Padre y abriéndole nuestro corazón. Amén.


Guadalajara, Jalisco, jueves 18 febrero 2016
miércoles, 17 de febrero de 2016 0 comentarios

779. Misericordia (Visita del Papa a México: Al eco de sus palabras)


Misericordia

“Y al decirles estas cosas, recuerdo aquellas palabras de Jesús: “el que esté sin pecado que tire la primera piedra”, y yo me tendría que ir. Al decirles estas cosas no lo hago como quien da cátedra, con el dedo en alto, lo hago desde la experiencia de mis propias heridas, de errores y pecados que el Señor quiso perdonar y reeducar. Lo hago desde la conciencia de que sin su gracia y mi vigilancia podría volver a repetirlos. Hermanos, siempre me pregunto al entrar a una cárcel: ¿Por qué ellos y no yo? Y es un misterio de la misericordia divina; pero esa misericordia divina hoy la estamos celebrando todos mirando hacia delante en esperanza” (Papa Francisco, en el penal del Cereso, Ciudad Juárez, miércoles 17 febrero 2016).

Misericordia es la fuente
que mana adentro, muy dentro,
donde Dios es solo Dios
sin poder menos de serlo.

Misericordia es el rostro
del solo Dios verdadero,
misterio que nos transciende
para hallar nuestro misterio.

No hay pecador en el mundo
que no pueda hacerse bueno,
que la esperanza es de Dios
y solo Dios es su dueño.

Los buenos y malos son
negro error y todo ciego,
que en Jesús, hecho pecado,
fue en su pecado disuelto.

Yo soy hijo del perdón,
que me dijo: "Me arrepiento",
y entonces me hice profeta
y del amor misionero.

Vivir en Misericordia
no es olvido placentero,
Misericordia es la Cruz,
Misericordia es el Huerto.

Misericordia es el alba
para abrir el mundo nuevo,
hermanos en el Espíritu
más hermanos, más sinceros.

Misericordia es la carne
de Jesús, León, Cordero;
es la lucha fragorosa
y al fin es la paz sin precio.

Dichosos dijo Jesús
los “hassidîm” que yo quiero,
los que miran con mis ojos,
apoyados en mi pecho.

Danos lágrimas de amor
tú que lloraste sufriendo,
que esa lágrimas divinas
desde hoy serán mi cielo.

Rufino María Grández
Misionero de la Misericordia


Guadalajara, Jalisco, 17 febrero 2016
martes, 16 de febrero de 2016 0 comentarios

778. Soñé que Morelia ardía (Visita del Papa a México – Al eco de sus palabras)


Soñé que Morelia ardía…

Sigue el estallido de la visita del Papa. Ayer, al atardecer, llegamos a Morelia - patria de José María Morelos -  que los españoles llamaron Nueva Valladolid.
Michoacán, lugar agitado por el narcotráfico y la muerte. Mas ¿qué veíamos en la calle? Barreras y barreras, y fiesta y más fiesta, con inmensa alegría y serenidad. Quizás Morelia iba a tener el día más bello de su historia. Muchas pancartas, con amarillo del Vaticanao daban la bienvenida. MORELIA TE RECIBE CON EL ALMA, y terminando la frase: “llena de paz”.
Morelia – Michoacán – ya no era solo el paraíso de la Mariposa Monarca que con su leve cuerpecito de cinco gramos y amplias alas vuela intrépida miles de kilómetros de Canadá a Michoacán, justamente a Michoacán. Era el milagro de una ciudad y de una tierra que su primer obispo, Tata Vasco de Quiroga, venido de España, evangelizó…
Pero lo que más me impresionó eran aquellas mujercitas, venidas de los pueblos, que había cogido sitio en el borde la acera de la calle, junto a la valla metálica, dispuestas a pasarse, acurrucadas, la noche, y poder ver al Papa, al día siguiente, cuando al mediodía pasara para entrar en la catedral… ¡Dios mío, tanta fe!
Por la mañana nos juntamos seminaristas, religiosos, religiosas, en el estadio Venustiano Carranza. Por la tarde una multitud sin cuento de jóvenes en el nuevo estadio José María Morelos.
El Papa nos habló sencillamente, con unción, a los consagrados; la liturgia cuaresmal de este martes de la II semana cuaresma nos recordaba el “Padrenuestro”.
Nos decía el Papa:

 “Y, en este hacer memoria, no podemos saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez de Quiroga, Carta pastoral, 1554).
Agradezco –paréntesis– al Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta Eucaristía con el báculo de este hombre y el cáliz de él.
Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como «el español que se hizo indio». La realidad que vivían los indios Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación y de la acedia de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta. El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua purhépecha significa: Papá.
Padre, papá, Tata, abba.
Esa es la oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.

Soñé que Morelia ardía…;
no soñé, que yo la vi,
paseando por las calles
de Nueva Valladolid.

Soñe que Morelia hervía…;
no soñé, que me encendí,
al ver la gente en la calle
tendida para dormir.

Soñé que la Catedral
era fuego y polvorín..,
no soñé, que iluminada
era Pascua juvenil.

Y soñé que en el estadio
eran… ¿cuántos?, ¿treinta mil?;
no soñé, que yo era uno
de los que oyeron: “Seguid”.

De oración hablaba el Papa:
orar – decía – y vivir:
se reza como se vive,
vivir: amar, combatir.

Resignación, tentación;
Dios está por descubrir;
yo soy milagro de amor,
proyecto que Él va a cumplir.

Tata Vasco se entregó
al pueblo para servir,
su báculo que alza el Papa
habla, si quieres oír.

Y el cáliz que consagraba
sangre de Getsemaní,
sea el cáliz de mi vida
vertiendo mi amor aquí.

Cual Mariposa Monarca
yo quiero el cielo batir,
mi cuerpecito es pequeño,
mis alas son tu confín.

Yo fui por Dios consagrado,
sin nada que presumir;
yo soy la debilidad,
Jesús, terrible fortín.

Humildemente renuevo
los votos que prometí,
y quiero perseverar
sin borrar el sí que di.

Padre, mi Padre adorado,
que de niño te aprendí,
guárdame bajo tus alas,
que en ti yo quiero morir.


Guadalajara, Jalisco, 16 febrero 2016
domingo, 14 de febrero de 2016 1 comentarios

777. Un beso vale una encíclica (Visita del Papa a México) Al eco de sus palabras

Un beso vale una encíclica


Esta tarde el Papa ha ido, en Ecatepec, al Hospital Infantil Federico Gómez. Una niña con cáncer le ha cantado el Avemaría de Schubert (“A mi me conmovió mucho ;me puse llorar. Hace un mes mi sobrino murió de cáncer en en ese hospital. Reena Cat”).
El Papa habló a los niños y les preguntó si sabían quién era Juan Diego: ¡Que levanten la mano! Y muchos levantaron la mano. Y les dijo lo que la Virgen dijo a Juan Diego. Y el Papa practicó la “cariñoterapia”, de la que había hablado. Saludó como él sabe hacerlo.
Me acordé de las Rimas de Bécquer, de aquella del beso
“Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
qué te diera por un beso!” (Rima XXIII)
El Papa besaba a los niños, y los niños le besaban y abrazaban. Yo le tenía envidia…, y se me revolvían besos y versos por dentro. Y entonces el Ángel de Paz vino a mi encuentro y me susurró una poesía

Un beso vale una encíclica
y yo la puedo escribir,
y el lector que me la lea
es más sabio que un rabí.

Un beso a un niño con cáncer,
eso vale más que mil:
el Concilio Vaticano
y el que luego ha de venir.

Pero si nadie se entera
del beso que yo le di
eso es secreto divino
y Dios se goza sin fin.

Un beso de la enfermera
a este niño pequeñín,
sin pelito en su cabeza,
que es blanca como jazmín

ese besito de a diario
para hacerle sonreír…,
si quieres saber qué vale,
no hay medida de medir.

Ese beso maternal
con los labios sin carmín
- dice Jesús - ese beso…
ese me lo diste a mí.

* * *
Mis ojos se humedecían
viendo dentro lo que vi
al  ver a las enfermeras
del Hospital Infantil.

El Papa resplandecía
que Jesús estaba allí
“cariñoterapia” hacía
a otros y para sí.

Y acaso en el corazón
muy calladito y sutil
pensando y sintiendo estaba
lo de Francisco de Asís.

Que Francisco le dio un beso
a un enfermo pobre y… vil
y fue Francisco curado
de su orgullo y frenesí.

Y acaso también pensaba:
“Dios mío, ¿dónde caí?
Los enfermitos me enseñan
lo más bello que aprendí.

Ternura, ternura a mares
para llorar y reír,
silencio, silencio y paz,
y en silencio compartir.

Gracias, mis niños del alma,
por lo que hoy recibí:
a Jesús Resucitado
en colorines de añil.

Cuando me acueste esta noche
muy a gusto he de dormir:
soñaré en los angelitos
que me habrán de bendecir”.

Rufino María Grández
Misionero de la Misericordia


Guadalajara, Jalisco, domingo 14 febrero 2016
 
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