martes, 31 de mayo de 2016 0 comentarios

818. La Virgen María en el corazón de la Iglesia

LA VIRGEN MARÍA EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA
Retiro espiritual o meditación al coronar el mes de mayo

Homenaje a la Virgen María en la fiesta de la Visitación de la santísima Virgen María de 2016. Nos remitimos a los anteriormente escribimos en este blog, hoy hace tres años: 405. Visitación de María - La Madre de Dios, primera evangelizadora del mundo (31 de mayo de 2016)

María: sorpresa, desconcierto, fascinación, fe

1. En la vida cristiana el nombre de María y todo lo asociado a ella es un hecho lleno de sorpresas siempre por descubrir.
Los Evangelios son parcos. Con todo, no hay otra mariología que la que nos entregan los Evangelio, servidos por la fe de la Iglesia, es decir, los creyentes. Estoe s verdad de tal modo que bien podemos decir que la vía de acceso a la Virgen María es la “vida evangélica”.
El fenómeno mariano nos desborda:
- Innumerables imágenes.
- Innumerables advocaciones y devociones.
- Innumerables vivencias personales, donde destaca: “Las glorias de María” (1750), de San Alfonso María de Ligorio, y el “Tratado de la a verdadera devoción a la Santísima Virgen María”, de San Luis María Grignon de Montfort, obra escrita en 1712, sepultada “en las tinieblas y el silencio de un cofre” (VD 114), y descubierta el 29 de abril de 1842. (Se publicó en 1843, 127 años después de haber muerto su autor. La espiritualidad de S. Juan Pablo II, con el lema del “Totus tuus”, está muy enraizada en este libro).
- Desde hace siglos innumerables apariciones (contadas son las que han sido reconocidas por la Iglesia). Y las apariciones llevan sus mensajes. Centrados en al conversión y la escatología.

2. Nada extraño que en un panorama de este género, un maestro de garantía, haya podido escribir este párrafo:
“En el año 1975 se organizó y llevó a cabo en un teatro de Sao Paulo (Brasil) como preparación para Navidad, un ciclo de conferencias marianas durante tres días, que estuvieron a mi cargo.
Ya he descrito más arriba la historia íntimamente dramática de mi relación con María. He explicado que aquella mujer aureolada y endiosada que nos presentaban en las clases de mariología no me convencía, porque la encontraba irreal y poco humana. He puntualizado también mi íntima contrariedad, en los primeros años de sacerdocio, al tener que proclamar afirmaciones con las que no estaba de acuerdo; y de qué manera, bastantes años después, Dios me concedió la gracia de encontrarme con María a través del prisma de la espiritualidad de los anawim.
Al terminar el ciclo de conferencias marianas de Sao Paulo, las Hermanas Paulinas de la ciudad se ofrecieron a editar inmediatamente las charlas, tal como yo las había pronunciado, les respondí que esperaran un poco para ampliar el material hasta transformarlo en un libro cabal sobre María. Y así se hizo.
En los primeros meses del año 1976 se editó simultáneamente en varios países El silencio de María. También este libro supera ampliamente el centenar de ediciones en siete idiomas” (Padre Ignacio Larrañaga, El silencio de María).
Obviamente también estas palabras podrían ser perfiladas con un análisis crítico, pero no es el caso.

3. Hemos de tener en cuenta que el Concilio representa una cima sagrada para sedimentar una tradición milenaria y poner las cosas en su punto. Nunca un Concilio en la Iglesia se había expresado con un documento unitario de tal extensión. Se trata del capítulo final, apítulo VIII, de las Constitución de la Iglesia, Lumen Gentium (aprobada el 21 de noviembre de 1964). “La santísima Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia”.
Al Concilio siguieron estos documentos, todos ellos de primera categoría para orientar la verdadera devoción y culto a la Virgen María:
- Pablo VI, Exhortación apostólica “Marialis cultus, para la recta ordenación y desarrollo del culto a la santísima Virgen maría” (2 febrero 1974).
- Juan Pablo II, Misas de la Virgen María: I. Misal. II. Leccionario. “El Sumo Pontífice Juan Pablo II, con su Autoridad Apostólica, aprobó y mandó publicar estas Misas de la Virgen María, que pueden considerarse como un apéndice del Misal Romano” (Congregación para el Culto Divino, 15 agosto 1986).
- Juan Pablo II, encíclica “Redemptoris Mater. Sobre la bienaventurada Virgen María
en la vida de la Iglesia peregrina” (25 marzo 1987).

4. Las características de este fenómeno que se ha dado en la Iglesia católica nos lleva a ciertas consideraciones en una visión panorámica del fenómeno:
1)    Desde el reconocimiento de María como “Mater Dei”, Theotókos (exactamente Deipara, Dei Génetrix el Concilio de Éfeso (431) que es la versión correcta de “Madre de Cristo”, Christotókos, ha desatado en el seno de la Iglesia un “marianismo” de una exuberancia total. Pero nótese que el Concilio no inventa el título: existía en el pueblo cristiano, pues la oración “Bajo tu amparo” (Sub tuum praesidium, redactata primero en griego, daba a María el título de Theotókos, lo mismo que “siempre virgen”.
2)    Se trata de un fenómeno del “sensus fidei”, en el cual el pueblo cristiano lleva el protagonista, “sensus fidei” que adopta la Iglesia.
3)    Es evidente el peligro de “inflación”, sustituyendo a Cristo por María…, que sería efecto de una sensibilidad pietista exacerbada; pero es claro, que la hondura insondable del misterio mariano, siempre fecunda, ha sido entregada a los sencillos y espirituales, y esto es un tesoro la que la Iglesia santa, guiada por el Espíritu, no puede renunciar. La posición de María en el misterio cristiano es siempre “subordinada” a Cristo, nunca “paralela”. De Cristo recibe lo que ella es y lo que entrega a la Iglesia. Un ejemplo: Si decimos que Cristo es el “Redentor”, y añadimos que María es “Corredentora”, esto solo puede tener sentido interpretado como “Asociada” al Redentor, en “comunión” con el Redentor, por voluntad del Redentor.
4)    Las dificultades de discernimiento en ocasiones son sumas, como actualmente ocurre con el sorprendente fenómeno de Medjugorje, centro de muchos millones de peregrinos, centro de Eucaristía y de Reconciliación. “Este viernes 17 de enero (de 2014), el Papa Francisco tendrá sobre su mesa de trabajo el informe final de la Comisión de Investigación para las supuestas apariciones de la Virgen en Medjugorje. Será el resultado de casi cuatro años de trabajo por un equipo formado por teólogos, médicos, psicólogos, mariólogos y líderes de la Iglesia bosnia y croata, encabezados por el cardenal Camillo Ruini, quien en marzo de 2010 recibió el encargo de Benedicto XVI de crear un equipo de trabajo para aclarar los sucesos del pequeño pueblo de Bosnia y Herzegovina, en el que según seis de sus habitantes, la Virgen María se aparece desde 1981, dando una serie de mensajes con diferentes destinatarios: los propios videntes; la parroquia de Medjugorje; la Iglesia; y la Humanidad” (Informe de ACI). Hasta el momento la Santa Sede no ha dado un veredicto definitivo de tipo “teológico” y “pastoral”, simplemente deja que actúe el pueblo de Dios. Las declaraciones del cardenal Secretario de estado (Mons. Tarsicio Bertone) en 1991 fueron estas, que siguen válidas: "Mientras continúa la investigación, están permitidas las peregrinaciones privadas a Medjugorje y que los fieles cuenten con acompañamiento pastoral. Todos los peregrinos católicos pueden acudir a Medjugorje, lugar de culto mariano en el que es posible expresarse a través de todas las formas de devoción".



La “vía evangélica”: el camino de María en el corazón de la Iglesia hasta llegar a mí

Ya de entrada en nuestra reflexión percibimos que María está ahí. Está ahí como obra del Espíritu Santo. Yo puedo manipular el hecho como efecto de mi “habilidad interpretativa”, pero negarlo iría contra la fe.
De la presencia de María en la Iglesia hablar la encíclica “Redemptoris Mater” más de diez veces. Y nada extraño, porque el Concilio reconoce esta presencia y la expresa así con palabra autorizada: “La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador” (Lumen Gentium, 62).
El Concilio habla de una “experiencia”, experiencia que es “experiencia continua”. Para que haya experiencia real, es necesario que una “realidad existente” (María) se haga presente en “otra realidad existente”, las cuales dos realidades tienen que ser verdaderas e individuales. La Virgen es alguien individual como personal y yo soy alguien individual como persona. En el encuentro de persona con persona está al experiencia.

Podríamos a trazar, a modo de hipótesis, el camino que ha recorrido la Iglesia en su camino.

Primer momento. El primer texto mariano escrito del Nuevo Testamento posiblemente sea la afirmación grandiosa de san Pablo en Gal 4,4-5: “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial”.
En torno al año 57 se escribe la Carta a los Gálatas, antes que la de los Romanos. Aquí encontramos un pronunciamiento teológico sobre la Encarnación del “Hijo”: la Mujer y la Ley. El Hijo, que es Jesús, hijo de Dios, es enviado al mundo de Mujer y bajo el régimen de la Ley, para dar la adopción filial justamente a los que estaban bajo el régimen de la Ley. Jesús, Hijo de Dios, es “verus Homo” precisamente porque es nacido de Mujer. No se menciona el Varón, porque tampoco lo exigía la frase; pero quizás esta ausencia comience a ser significativa.
Con el Concilio Vaticano II nos quedamos atónitos cuando reflexionamos: Pero el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación la aceptación de la Madre predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido adornada por Dios con los dones dignos de un oficio tan grande. Por lo que nada tiene de extraño que entre los Santos Padres prevaleciera la costumbre de llamar a la Madre de Dios totalmente santa e inmune de toda mancha de pecado, como plasmada y hecha una nueva criatura por el Espíritu Santo [176]. Enriquecida desde el primer instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el ángel de la Anunciación como «llena de gracia» (cf. Lc 1, 28), a la vez que ella responde al mensajero celestial: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38)” (Lumen Gentium, 56).
¿Cómo es posible que la Encarnación quede vinculada al consentimiento de una mujer, de una criatura, que de sí, por ser criatura, es voluble? La Mujer, y específicamente María, queda “esencialmente” vinculada por los siglos al misterio de Dios con nosotros.

Segundo momento. La tradición sinóptica sobre la Madre de Jesús en la vida pública de Jesús. Hay tres escenas:
- ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
- Los hermanos de Jesús
- Bendito el vientre que te crió.

Primera escena: Mc 3,31-35. Paralelos: Mt 12,46-50; Lc 8,19-21.
31 Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 32 La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». 33 Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». 34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35 El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Segunda escena: Los hermanos de Jesús: Mc 6,1-6. Paralelos: Mt 13,53-58; Lc 4,16-30
1 Saliendo de allí se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? 3 ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.

Tercera escena: Elogio a la madre de Jesús: Lc 11,27-28
27 Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». 28 Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

No entramos en la exégesis detallada. Simplemente decimos que en sso primitivos textos de nuestra fe María pertenece al reino de Dios como discípula. María, como los demás llamados al Reino, no tiene otro camino sino el camino de la fe. María acepta el misterio desde la humildad, desde la obediencia de la fe. No hay ni puede haber otra ruta.
El nacimiento de Jesús, todos y cada uno de los pasos de la vida, la muerte y resurrección y ascensión el hijo, lo mismo que al venida del Espíritu Santo son para la Virgen María “mysteria fidei”, exactamente igual que para Jesús fueron misterios de obediencia al Padre, en oblación y plena confianza al Padre. Jesús murió en obedeincia.

Tercer momento: El Evangelio de la infancia de Mateo y Lucas. Teología de la virginidad y de la divina maternidad.
Es patente que el género de redacción de la Infancia de Jesús, de los llamamos Evangelliod e la Infancia (Mt 1-2 y Lc 1-2), es diverso que el estilo usado en el resto de estos primeros documentos de nuestra fe. Por lo que respecta al misterio de María, la Iglesia llega en estos textos una alta maduración de su fe, que abre el camino para seguir avanzando. ¿Quién es María? No se pretende dar un “anecdotario” de lo que pasó, sino confesar la fe de lo que cree la Iglesia, de lo que forja su identidad. La respuesta a la pregunta formulada es esta:
1)    María es la desembocadura de las promesas y profecía de la Alianza. La Escritura se realiza en ella.
2)    María es “toda de Jesús” y “toda para Jesús”; este, y no otro, es su perfil.
3)    María es la “Virgen” por el Espíritu Santo.
4)    María es la “Madre” por el Espíritu Santo.
La Iglesia, ya en sus primeros decenios de su existencia, alcanza estas verdades como dogmas cristológicos, antes que marianos. María es virgen, no por decisión personal, sino como morada del Hijo de Dios, que es hijo suyo, totalmente suyo.
Las “dudas de José” en Mateo – creemos – hay que interpretarlas en este contexto teológicos en que está escrito el Evangelio. Las dudas de José, de quien el Evangelio no dice una palabra, hay que interpretarlas, sin que obste el análisis verbal, en tal estilo: “José, es cierto lo que estás pensando: que aquí actúa el Misterio de Dios y tú debes retirarte; pero no te retires, acepta a María como esposa, porque tú ha sido asociado al misterio…”. El texto evangélico dice: “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1,20). Y da la razón última: “Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”» (vv. 22-23).
En Lucas encontramos la expresión de “Madre de mi Señor”. “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” (Lc 1,43). María, a esta altura de la Iglesia, es la Madre del Kýrios, y el Kyrios, en este contexto, es el Kyrios de dignidad divina. María, nueva Arca de la alianza (Foederis Arca) lleva al Señor en sus entrañas y a su llegada a casa de Zacarías da saltos de alegría el hijo que Israel lleva en sus entrañas, como “cuando Israel salió de Egipto” acompañado del Arca.

Cuarto momento: El Evangelio de Juan. Teología de la Hora y de la maternidad espiritual de María con la comunidad de los discípulos de Jesús.
La Iglesia avanza en la meditación total del misterio de Jesús. Yen Juan nos encontramos en las mismas alturas teológicas de la contemplación del misterio de María.
- María en Caná hace presente la Hora de Jesús. Y la Hora de Jesús no es otra hora que al hora pascual, el Misterio íntegro del Hijo a nosotros comunicado.
- María en la Cruz es constituida Madre del discípulo a quien Jesús quería. María es constituida Madre de la comunidad. La escena no es una escena pietista, de piedad familia, la solicitud del hijo que provee pro el futuro de su madre, lo cual iría en contra de todo el estilo dogmático y simbólico del cuarto Evangelio. Todo propicia para pensar que el sentido verbal “literal e inmediato” del texto juaneo es para conferir a María, Mujer (nueva Eva), la solicitud maternal por la comunidad de discípulos, que viene de la muerte de Jesús en la cruz, y la acogida de María en al comunidad como Madre. “Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»” (Jn 19,26-27).

La Madre del Señor en el ámbito de mi propia vida personal

María avanza en el curso de la historia. Nadie puede “controlar” el fenómeno de lo que acontece, aunque, como explicamos, la sabiduría en el Espíritu que se nos ha dado debe discernir. Que nunca sea el hecho de María un fenómeno “a se”, sino siempre referencia: con Cristo y con la Iglesia.
Y situados en ese ámbito de fe, sí que tiene pleno sentido el individualizar el hecho de la Virgen en mi vida, lo que formulamos en este apartado como “La Madre del Señor en el ámbito de mi propia vida personal”. Acaso tenga su expresión plástica en un cuadro de la Virgen en mi cuarto de trabajo…, en una sencilla imagen de ella en mi escritorio…
He aquí algunos pensamientos conclusivos.

1. Ser conscientes de que ha habido santos que han sido llevados por el camino de la devoción mariana, pero no absolutizar estas vivencias que han tenido otros. Entre nosotros, hermanos menores capuchinos, es admirable el caso de san Lorenzo de Brindis, doctor de la Iglesia. “Las peculiares características de su espiritualidad, típicamente franciscana y cristocéntrica, fueron el culto a la Eucaristía y la devoción a la Virgen. La santa Misa, celebrada con un fervor incontenible, y ardientes invocaciones, se prolongaba normalmente durante una, dos o tres horas y, por un indulto de Pablo V, hasta ocho, diez y doce horas. Atribuía a la Virgen María todo don y toda gracia, y no escatimaba esfuerzos para difundir su devoción” (Vincenzo Criscuolo, en Sulle orme dei santi, Roma 2000, p. 158). De san Lorenzo de Brindis véase: Marial (BAC 645). Madrid 2004. 692 pp.
2. No podemos absolutizar devociones, como diciendo: “Si no rezas el rosario, no eres devoto de la Virgen”. El Beato Pablo VI, recomendaba altamente el rosario y el Ángelus, pero decía: “Después de la celebración de la Liturgia de las Horas —cumbre a la que puede llegar la oración doméstica—, no cabe duda de que el Rosario a la Santísima Virgen debe ser considerado como una de las más excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana está invitada a rezar” (Marialis cultus, 54). ¿Hemos pensado alguna vez que sería más aconsejable rezar en familia las Vísperas que el Rosario…?
3. He de resituar mi ser entero ante el misterio de la fe y ver qué lugar ha de ocupar la Virgen María: con qué sentido objetivo sitúo las fiestas de la Virgen en el curso de la celebración cristiana.
4. Al final, hay algo personal e intransferible, y es descubrir cuál es el lugar de María en mi vida… El Espíritu del Señor tiene la palabra…, y yo la docilidad. Véase del hermano marista Basilio Rueda Guzmán (1924-1996), cuya causa de beatificación está introducida en esta diócesis de Guadalajara, Jalisco. “Un nuevo espacio para María”, Circular del 8 de septiembre de 1976 Serie meditativa 01 cepam H. Basilio Rueda Guzmán, “Un nuevo."— Transcripción de la presentación: (Internet: http://slideplayer.es/user/6614438/)

Guadalajara, Jalisco, 31 de mayo de 2016.

NOTA PERSONAL (publicitaria o no publicitaria…, en todo caso salida del corazón). El autor tiene en prensa (Ediciones San Pablo, México…) una obra titulada: La Madre de mi Señor. Himnario de la Virgen María, algo más de 90 himnos compuestos para las celebraciones de la Virgen María

jueves, 26 de mayo de 2016 0 comentarios

817. Corpus Christi 2016 - La Eucaristía, corazón de la vida cristiana


 Homilía en el Domingo de la celebración de la
Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor
Lc 9,11-17


Texto evangélico
11Jesús los acogía, les hablaba del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación. 12 El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado». 13 Él les contestó: «Dadles vosotros de comer».
Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente». 14 Porque eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: «Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno». 15 Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos. 16 Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. 17 Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.

Hermanos:
1. Corpus Christi, o más exactamente Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor, fiesta que corresponde al jueves que sigue al Domingo de la Santísima Trinidad, y que en España, desde hace ya bastantes años, se celebra el domingo sucesivo, por razones de orden laboral.
Una fiesta, por una parte superflua, porque lo que celebramos en Corpus Christi ya lo celebramos el día de Jueves Santo; por otra parte, fiesta de alto significado, como fruto del amor. El amor es una fiesta, y el amor inventa fiestas. Quien entiende de amor lo sabe perfectamente, porque el amor, desde que el hombre es hombre, se comporta así. El amor es creativo, es generoso, es inventivo… “Pon amor donde no hay amor, y sacarás amor”, escribió san Juan de la Cruz en los “Dichos de amor y luz”.
2. La fiesta de Corpus Christi es como un ramo de flores que se da a Jesús sacramentado, en la iglesia y paseado por las calles.
- Pues mejor sería tomar ese dinero y dárselo a los pobres (las flores son caras y terminan en la basura), que demasiados pobres tenemos… y ahora desplazados y emigrantes. Es otra forma de pensar, y, como sabéis, ya lo dijo Judas cuando la enamorada de Betanía, “María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume” (Jn 12,3).
La fiesta de Corpus Christi nació hace 750 años en una diócesis de Bélgica y pronto se difundió en la Iglesia. Santo Tomás de Aquino compuso una secuencia famosa, Lauda Sion Salvatorem, que son unos versos latinos cadenciosos, que hoy solemos decirlos en nuestras iglesias traducidos rítmicamente al castellano.
Fue, pues, un invento de amor, feliz invento que ha atravesado siete siglos y medio.

3. ¿Qué es la Eucaristía, hermanos? Un profesor de dogmática responde: Es el conjunto de todos los bienes; así lo afirma el Concilio. En la Eucaristía, que es el Misterio Pascual de Cristo hasta su vuelta, están todos los bienes dados a la Iglesia. Así es, en efecto, El último sacramento que recibe el cristiano antes de dejar este mundo y afrontar el paso a la eternidad, es la Eucaristía; no es la Unción de los enfermos.
Uno que está atento a las oraciones de la liturgia puede decir: La Eucaristía es el aperitivo del Banquete celestial. Así lo expresa la oración de después de la comunión de hoy. En este manjar que recibimos en la tierra pregustamos lo que ha de ser la dulzura del banquete eterno. Allí, en el banquete eterno, nos saciaremos de la misma divinidad del Hijo de Dios. No desaprovechemos la ocasión, porque la divinidad de Jesús está íntegra en el pan y el vino consagrados.

4. Uno que estudia y explica la Escritura, puede decir: La Eucaristía es ni más ni menos que el Evangelio que acabamos de escuchar. Fijémonos atentamente: Hay cinco palabras en este relato, que son las que ha tomado la Iglesia para formar con ellas el relato de la institución de la Eucaristía, a saber:
- tomó los cinco panes
- alzó los ojos al cielo
- pronunció la bendición
- los partió
- los dio.
Cada vez que celebramos al Eucaristía se reaviva el signo portentoso de la multiplicación de los panes.
Jesús, rememorando las gestas sagradas de la antigua alianza, da al pueblo peregrino el pan de Dios. Este pueblo de Dios inmenso, ordenado en grupos de cincuenta como un ejército en campaña, recibe el alimento de Dios que Jesús da. La Iglesia toda es alimentada por el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Es la fiesta dominical de cada semana, el banquete escatológico que se nos prepara. Toda la comunidad cristiana que acude a la celebración eucarística y toda la comunidad cristiana que se alimenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Sería incomprensible que en una boda de trescientos invitados treinta compartieran los alimentos, los manjares y vinos generosos, y los demás estuvieran solo de charla. La Eucaristía dominical es la fiesta del Señor que se abre a todos los participantes, los cuales han entrado en la sala de banquete con el vestido espiritual que corresponde.
Dice el santo Evangelio – el cual tiene un gran carga simbólica –que fueron cinco mil los varones que participaron; otro evangelista añade, “sin contar las mujeres y los niños”.
La Eucaristía dominical es, por excelencia, la fiesta primordial de los cristianos.

5. Hoy somos particularmente sensible a la fibra social de la Eucaristía que es un misterio a compartir. Dadles vosotros de comer, dice el texto sagrado. Cuántos pastores hoy, al leer el texto bíblico, habrán subrayado precisamente este aspecto. En su homilía de hoy decía el Papa:
“Ante una multitud cansada y hambrienta, Jesús dice a sus discípulos: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). En realidad, Jesús es el que bendice y parte los panes, con el fin de satisfacer a todas esas personas, pero los cinco panes y los dos peces fueron aportados por los discípulos, y Jesús quería precisamente esto: que, en lugar de despedir a la multitud, ofrecieran lo poco que tenían. Hay además otro gesto: los trozos de pan, partidos por las manos sagradas y venerables del Señor, pasan a las pobres manos de los discípulos para que los distribuyan a la gente. También esto es «hacer» con Jesús, es «dar de comer» con él. Es evidente que este milagro no va destinado sólo a saciar el hambre de un día, sino que es un signo de lo que Cristo está dispuesto a hacer para la salvación de toda la humanidad ofreciendo su carne y su sangre (cf. Jn 6,48-58). Y, sin embargo, hay que pasar siempre a través de esos dos pequeños gestos: ofrecer los pocos panes y peces que tenemos; recibir de manos de Jesús el pan partido y distribuirlo a todos”.

6. ¿Qué es la Eucaristía, hermanos? Para responder no vamos a dar otra nueva lección… Porque la pregunta, de un modo vital, me la puedo hacer directamente a mí: ¿Qué es la Eucaristía para mí? ¿Voy a la celebración y comulgo todos los domingos, con el corazón dispuesto y anhelante? ¿Cómo quisiera que fuera la Eucaristía final de mi vida, antes de ´pasar a la eternidad, como un abrazo de amor infinito del Dios que me ha amado y me va a recibir ahora para siempre? ¡Cómo quisiera esta Eucaristía rodeado de mis seres queridos que me aman de verdad proporcionándome esta última celebración en unión con ellos.

7. Señor Jesús, que dejaste la Eucaristía como memorial de tu vida entera, gracias por el don infinito de tu amor. Concédeme que de la Eucaristía de esta tierra pase a la comunión de la eternidad. Amén.


Guadalajara, Corpus Christi, 26 mayo 2016
viernes, 20 de mayo de 2016 0 comentarios

816. Domingo de la Santísima Trinidad 2016 – Gloria y amor de Dios Uno y Trino


Homilía en el Domingo de la Santísima Trinidad
Jn 16,12-15

En la Casa de Oración Padre Pío de los hermanos menores capuchinos
en San Juan Tlale, estado de Puebla, junto a San Martín Texmelucan

Texto evangélico
12 Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; 13 cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. 14 Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará.

Hermanos:
1. Con Pentecostés cerramos las fiestas pascuales y estamos en el tiempo llamado “Tiempo ordinario”, llamado así no porque sea un tiempo de segunda categoría – todo tiempo es tiempo de Dios y donde está Dios está la plenitud – sino porque en este tiempo vamos ahondando en la totalidad del misterio cristiano, siguiendo los Evangelios, o acaso celebrando una fiesta de nuestra devoción. (En otros tiempos “específicos” del año – Adviento y Navidad, Cuaresma y Pascua – sin perder el panorama total del Misterio centramos nuestra atención en la Encarnación y la Parusía, en la  Cruz y en la Resurrección).
El domingo que sigue a Pentecostés es un domingo que invita a los cristianos a hacerse una pregunta: ¿Quién es Dios? La respuesta es. Dios, plenitud de amor, es la Trinidad. Con el auxilio de Dios vamos a meditar, a contemplar, a gozarnos en el misterio de nuestra fe que, ya de niños, aprendimos en el catecismo.

2. El acontecimiento supremo de la vida para todo ser humano es el haberse encontrado con Dios, con el Dios vivo y verdadero, con el Dios viviente, no con el Dios fruto del más sublime pensamiento. Dios es  vida, Dios es persona, Dios es el que me creó, y para ello, el que me pensó desde toda la eternidad. Dios es el sentido de mi vida y el sentido último de mi existencia. Dios es mi pasado, mi presente, mi futuro. Ese es el Dios viviente.
Y si esto es así, encontrarse con Dios es encontrarse con la religión del amor, con el diálogo con Dios, con la oración a Dios ejercitada de mil formas diferentes.
Si ese Dios me falta, mi vida estará llena de muchas cosas, que me ocupan y me dan una cierta felicidad, pero en el fondo mi vida estará vacía, porque al final, tendré que afrontar la muerte y tras la muerte el destino eterno.

3. Todos los seres humanos, todos, absolutamente todos, necesitamos encontrarnos con Dios, si anhelamos una vida con dirección y felicidad. Ahora bien, las estadísticas nos dicen que muchos no creen en Dios, como si Dios fuera un sinsentido, o acaso un estorbo en su vida, una amenaza de su felicidad, y por eso lo rechazan. Otros – y estos son muchos y muchísimos – se dicen agnósticos. Sea lo que sea de Dios, no podemos conocerlo – dicen – y por eso, prescinden de él.

4. Ante este planteamiento, cuando los cristianos decimos Trinidad, ¿qué decimos?
Decimos, ante todo, que Dios se ha revelado, y que, por lo tanto, no es el hallazgo de un descubrimiento humano, sino el don de alguien que ha salido a nuestro encuentro.
Decimos, por lo tanto, que Dios ha venido a encontrarnos, y lo ha hecho progresivamente, hasta descubrirnos enteramente su faz en su Hijo amado Jesucristo.
Decimos, finalmente, que en Jesús se  nos ha descubierto el misterio de la Trinidad, no antes. Dios estaba presente como misterio divino integral, como Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero el hombre no lo había podio percibir en esta plenitud.

5. El texto evangélico de hoy, que recoge palabras de Jesús en la Cena, es una de estas manifestaciones del misterio que brotan del corazón de Jesús. “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”. Ya tenemos a Jesús y al Espíritu. El Espíritu ha acompañado a Jesús en todo momento de su vida, desde su concepción hasta su resurrección a los cielos. Pero en este mismo pasaje Jesús habla de su Padre: Todo lo que tiene el Padre es mío. Ya tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu.
Ya dijimos, hace dos domingos, al hablar de la Ascensión y de las palabras de despedida de Jesús, que él nos revela un Dios con el cual, por la condescendencia divina que ha tenido con nosotros, nos invita a una relación familiar. Estábamos evidentemente en el misterio santísimo de la Trinidad.
Todo esto nos abre un panorama infinito para entender nuestra religión
- como la historia de Dios con nosotros,
- historia real y cotidiana,
- historia de amor y de llamada a la felicidad.
La Santísima Trinidad es nuestra felicidad. El Dios infinito que se vuelca hacia nosotros y nos eleva consigo hasta su propio seno.

6. Seguramente que alguna vez hemos dicho y explicado en qué consiste la verdadera experiencia de Dios. La experiencia de Dios es ese trance en el que uno percibe que Dios es el infinitamente grande y majestuoso, ante el cual el ser humano queda anonadado, como con el deseo de desaparecer y volver a la nada; y al mismo tiempo Dios es la infinita cercanía y ternura, lo más mío de mí mismo.  Esa concordancia de dos cosas opuestas ese es Dios en el hombre; por lo cual la llegada de Dios a nosotros  nos produce simultáneamente el respeto a la Majestad divina y la atracción irresistible, llena de dulzura, a su intimidad.
Este es el Dios de la Sagrada Escritura, el Dios que ha ido tejiendo una historia de amor desde el paraíso, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de Moisés, el Dios de los profetas, el Dios de Jesús.
Jesús quiso darle el toque definitivo, y al llamar a Dios Padre, y enseñarnos a rezar al Padre, quiso que la paternidad divina, con lo que esto supone de confianza, fuese la nota predominante de Dios para nosotros, criaturas de la Santísima Trinidad.

7. Dulce misterio de amor de la Trinidad, misterio para creer, para adorar, para perderse en él, alabando al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo,  misterio divino de nuestra fe, que llena el corazón de infinita paz.
Cada vez que hacemos la señal de la cruz, signando con la mano la frente, el pecho, y el hombro en sus dos extremos, estamos honrando con devoción el misterio divino de nuestra fe. Sea bendito en el cielo y en la tierra el misterio infinito de Dios uno y trino.
¡Señor Jesús!, que de tus labios hemos recibido esta revelación celestial, haz que en la tierra nos llenemos de supremo gozo y que por toda la eternidad vivamos y cantemos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

Jueves de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, 19 mayo 2016.

viernes, 13 de mayo de 2016 0 comentarios

815. Domingo de Pentecostés 2016 – El Espíritu de Dios, huracán de Dios, intimidad de Dios.


 Homilía en el Domingo de Pentecostés
Jn 14c 24,15-16. 23-26


Texto evangélico
15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. 16 Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros
23 El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. 25 Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, 26 pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.


Hermanos:
1. Estamos en Pentecostés, la gran solemnidad que corona la Pascua del Señor. Ante las palabras de Jesús, nuestros corazones se llenan de sentimientos de gozo de fortaleza, de paz, de consuelo…, de todos los dones del Espíritu Santo. El Espíritu de amor vino sobre aquella pequeña Iglesia reunida en el Cenáculo, la llenó de sus dones y comenzó la Iglesia su camino en este mundo, y aquí nos encontramos bajo esa fuerza, bajo esa alegría, que trajo Pentecostés y que dura hasta el final de los siglos.

2. ¿Celebramos hoy la Fiesta del Espíritu Santo? No es exactamente eso; no es correcta la pregunta. No hay en la Iglesia una fiesta dedicada al Padre, otra dedicada al Hijo, otra dedicada al Espíritu Santo.
Desde siempre nos ha explicado la Teología, cuando Dios actúa no puede actuar en solitario. Donde está el Padre está el Hijo y está el Espíritu. La obra de Dios de cara al mundo, es siempre una obra en unidad, en armonía, en comunión del Infinito Misterio.

3. La Resurrección de Jesús es la obra soberana de Dios. Allí estaba el Padre, allí estaba el Espíritu Santo.
Para hablar del Espíritu, bueno es comenzar de aquella tronada del Cenáculo a los cincuenta días de la Pascua. Jesús, el muerto ignominiosamente por la envidia de las autoridades judías, no era un fracasado, sino que ahora, de pronto, surgía una comunidad impetuosa que revolvió la ciudad de Jerusalén, precisamente en aquella ocasión en que la capital estaba llena de extranjeros. “cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengu” (Hech 2,11).
El mundo recobraba aquella unidad rota en Babel. Ese fue el milagro estruendoso del Espíritu, al inicio de la Iglesia, que echaba a andar sin ningún poder humano, pobre, absolutamente pobre, pero toda la potencia de Dios Creador y Redentor.
¿Quién es el Espíritu?, nos preguntamos, y una primera respuesta la encontramos en esta escena de Jerusalén, que nunca se había conocido.

4. Pero podemos seguir preguntándonos: ¿Quién es el Espíritu? , y escuchar otras respuestas, que llenan nuestro corazón de vivencias nunca antes conocidas. En este caso acudimos a Jesús mismo, y tomamos de sus labios las palabras. Jesús habla del Espíritu interior que tiene su morada en nosotros.
En esa zona última de mi persona, en la que nadie puede entrar si yo no le doy la llave, va a morar Dios. Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros.
Lo llevamos dentro, no se aparta de nosotros. Es una presencia de alta sensibilidad, y a lo mejor hace falta unos oídos de alta fidelidad, para hacer la conexión.
Esta imagen de la morada interior la aplica Jesús al Padre y a él mismo. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él, ha dicho el Señor en este pasaje de la Cena que estamos comentando. Es una cosa insospechada, que por nosotros jamás nos habríamos atrevido a imaginarla.
Dios tiene su trono en el cielo, o en los cielos de los cielos, y es servido por miríadas de seres celestiales. Él es el creador, el rector de la historia, el dueño del universo.
Pero, ¡atención, hermanos!: No menos cierto que esto es lo que anuncia el Evangelio: Dios tiene su sede en el corazón humano: allí se revela, allí actúa, allí está operando de continuo.
El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
Esta frase es importantísima, porque nos está diciendo que desde la cátedra del corazón el Espíritu está gobernando la Iglesia.

5. San Francisco dejó escrito en la Regla que los hermanos sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación (Regla de San Francisco, cap. X). Por eso, el hermano menor debe dejarse gobernar en todo momento por este suave oleaje del Espíritu, que está actuando. San Francisco nos exhorta, pues, a vivir en oración constante, en un trato amoroso con el Señor que nos lleve a afrontar toda nuestra vida con sencillez y grandeza.

6. Si tenemos esto presente, nos seguimos preguntando: ¿Quién es, pues, realmente el Espíritu de Dios?
El Espíritu de Dios es Dios mismo que quiere poner el sello divino en todas las cosas, que quiere divinizar el mundo en todos sus perfiles. Si pudiésemos hablar de las cosas divinas como hablamos de las humanas, diríamos:
El Espíritu de Dios es el remate de Dios, la perfección final de Dios, la ultimidad de Dios.
El Espíritu de Dios es la belleza de Dios, aquello – o mejor Aquel – por el cual Dios es Dios, el infinito.
El Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, es el toque final de Dios.
El Espíritu de Dios es el dinamismo de Dios que llega a nuestro alcance.
El Espíritu de Dios son los siete dones del Espíritu Santo, que según Isaías, reposarán sobre el Mesías. El Espíritu de Dios son los doce frutos de la presencia y las transformaciones que opera Dios, según dice San Pablo…
El Espíritu de Dios es lo Infinito hecho finito a mi medida, sin dejar de ser lo que es.
El Espíritu de Dios es lo que hace posible que el pan sea Cuerpo de Cristo y el vino Sangre de Cristo.
El Espíritu de Dios es lo que hizo posible la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de una mujer de esta tierra, haciéndola virgen.
En fin, ese mismo Espíritu que ahora hace posible que yo piense, que yo escriba, que yo pronuncie estas cosas.
El Espíritu de Dios nos penetra, nos envuelve, nos transformo; Él es el alma de todas las virtudes, lo más bello del fututo que anhelamos.
Humildemente… el Espíritu de Dios es Dios mismo que nos abraza.

6. Permitan que concluya estas reflexiones expresando los mismos sentimientos en versos con un poema de oración para la liturgia.

Se sacie el alma toda de lo bello,
y goce a lo infinito a Dios amando,
que sepa que es el signo de la Pascua,
presencia del Espíritu donado.

Que toda fuerza sea en mis entrañas
y rompa toda luz iluminando,
un río manantial de pura vida
ahí está el Espíritu abrasando.

Que irrumpa toda vida en plenitud
y sea toda paz quieto remanso,
el santo y dulce Espíritu me habita,
pues Dios es Dios amando y consolando.

Ultimidad de Dios, infinitud,
mi Dios concreto adentro navegando:
mi Dios amor, Espíritu fecundo,
mi Dios a quien adoro y beso y canto.

Me quedo en este Dios de intimidades,
presente y porvenir en quien me hallo:
mi Dios Pentecostés y santo Espíritu,
festín de amor y gozo regalado.

De Dios eres el Beso, a ti la gloria,
de Dios la unión, estrecho y firme lazo:
amor de todo amor, pureza ardiente,
a ti la adoración, oh todo Santo. Amén.


Guadalajara, Jalisco, viernes 13 de mayo de 2016.
 
div> ;