viernes, 3 de marzo de 2017

898. Domingo I Cuaresma A – Jesús tentado, y los ángeles le servían



Homilía para el Domingo VIII del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 4,1-11

Texto evangélico:
Mt4 1 Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2 Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. 3 El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». 4 Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». 5 Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6 y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». 7 Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». 8 De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, 9 y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». 10 Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». 11 Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Hermanos:
1. Ya ha comenzado la Cuaresma. El Miércoles de Ceniza fue el comienzo. Hoy primer domingo de este tiempo, viene a ser como la inauguración oficial de este tiempo sagrado, que los padres antiguos llamaron “el venerable sacramento de Cuaresma”, como se dice en latín en los textos de hoy.
La Cuaresma tiene su remate en el Triduo Pascual de la muerte y resurrección de Jesús, que abre los cincuenta días de Pascua. Los dos tiempos – Cuaresma y Pascua – forman una unidad irrompible, y están significando todo el proceso de la vida de un cristiano.

2. ¿Qué es la Cuaresma, hermanos? La respuesta la hallamos en el Evangelio de hoy. Es un tiempo sagrado en el que la comunidad cristiana entra conducida por el Espíritu Santo. Si no hay Espíritu Santo no ha Cuaresma. El que va a trabajar es el Espíritu Santo, como fue el Espíritu Santo el que le llevó a Jesús, según recalcan los santos Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas.
Precisa el santo Evangelio que Jesús fue llevado por el Espíritu con una finalidad bien precisa: un combate, que fue coronado con una gloriosa victoria. Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo, es la primera frase; Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían, es la frase final que cierra el relato.
Leído este pasaje después de tantos siglos y al nivel de nuestra cultura, todo esto puede parecer un mito, un “grandioso mito”, que da sustento a todo lo que viene a continuación, la vida y muerte de Jesús. Un mito el Diablo, que viene a ser el Antidiós de la Biblia, un mito los ángeles que sirven a Dios y ahora son servidores de Jesús; en fin, Jesús mismo un mito, en cuanto expulsor de demonios e iniciador de una religión, cuyo fundador terminó con una muerte bien desgraciada.

3. Los autores que escribieron los Evangelios, las comunidades a quienes iban dirigidos, no vacilaron, para dar la imagen de Jesús, en comenzar por dos escenas: el bautismo y el desierto. Las dos forman unidad, y para un estudio a fondo, tenemos que leerlas las dos juntas. El protagonista es uno y el mismo, Jesús, pero el director de los acontecimientos no es él, sino Otro.
En el bautismo aparece la paloma – el Espíritu – y se escucha la voz del Padre: este es mi Hijo amado. También para el lector crítico esto suena a mito sagrado. Jesús entra en la historia como un mito sagrado, y nuestra fe se basa en este mito.
Es un crudo planteamiento que está ahí, que, sea cual sea nuestra cultura religiosa, no podemos saltarnos estas páginas.

4. Y lo primero que se impone a la conciencia de un lector moderno, el más crítico que sea, es que ciertamente Jesús de Nazaret se ha hecho bautizar en el Jordán, y que este mismo Jesús ha ido al desierto. Estamos, pues, ante un hombre real, que ha venido de una oscura aldea, y que se presenta como un buscador de Dios y como un mensajero de Dios.
Estos dos relatos funden, cada uno a su estilo, dos cosas:
- Un suceso que pasó.
- Y un contenido, una interpretación, que de una manera narrativa, nos dicen quién es este misterioso personaje, que tiene discípulos que han sobrevivido a la muerte del Maestro – la comunidad que recoge estos acontecimientos y vivencias – y que nos los entrega para que los compartamos.
Nuestra primera obligación es, ante todo, entender lo que se nos entregar; luego hacer las preguntas que queramos y recibir las respuestas que podamos.
Pasajes que están llenos del misterio pascual de Cristo, llenos de su santa divinidad, llenos de la fe de que Jesús es el vencedor el mal y del demonio, el redentor solidario de toda la humanidad, llenos del convencimiento de que toda la vida pública de Dios, que arranca ahora, es la presencia del Dios de la Alianza que por su Hijo amado nos está salvando.
Y lo que sucede es que, al encontrar a Jesús, me encuentro a mí mismo, y salto de gozo, diciendo: Tú eres el Vencedor de Dios en mí. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella – contra tu Iglesia – ni las puertas del infierno prevalecerán contra mí, porque en lo más íntimo de mi ser, tu eres mi vencedor.
El triunfo de Jesús es mi propio triunfo.

5. A medida que vamos entrando en el conocimiento de Jesús, vamos comprendido mejor cómo se unen humanidad y divinidad, aunque jamás lo comprenderemos, porque se trata de un misterio. Pero sí seremos conscientes, hermanos, de que yo puedo a Jesús histórico desde el esplendor de la Pascua, como aquí sucede.
Moisés estuvo en el monte de Dios con sus cuarenta días y sus cuarenta noches. Jesús estuvo con sus cuarenta días y cuarenta noches. Moisés no luchó contra el demonio del paraíso, porque no fue ese su caso; Jesús de Nazaret luchó contra el demonio del Paraíso, el Antidiós, el Enemigo de la humanidad, el que hizo sucumbir a Adán y Eva, luchó y lo venció para siempre. Lo venció en las tentaciones, que son las tentaciones de toda la humanidad, y definitivamente le dio muerte en la Cruz. El demonio ya no existe como fuerza que nos pueda vencer: es un enemigo derrotado, y el que hoy queremos anunciar.
Otras preguntas, hermanos, las tendríamos que tratar no en una homilía dominical, sino en el aula, en una clase de Teología.

6. Jesús de Nazaret, Jesús de mi fe y de mi vida, tú eres mi victoria. Yo confieso que, cuando soy tentado, tú vences en mí. Gracias. Confío en ti, y por tu misericordia siempre confiaré. Amén.

Guadalajara, Jalisco, Viernes de Cuaresma, 3 de marzo de 2017.

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