sábado, 15 de abril de 2017

923. Homilía de Pascua 2017 en verso



Homilía de Pascua 2017 en verso
Mateo 28,1-10

Texto evangélico

Mt28 1 Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. 2 Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. 3 Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; 4 los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. 5 El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. 6 No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía 7 e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado». 8 Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
         9 De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. 10 Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Hermanos:
Hoy quiero hacer la homilía
en romance castellano,
en la hermosa poesía
que nuestros padres crearon,
con las coplas que el juglar
las recitaba cantando.
Cantar con el alma pura,
bañada de mis pecados,
es la trova enamorada
que al alba del día santo
a Jesús quiero enflecharle
con amor de enamorado.
Es el esposo, lo sé,
que nadie me lo ha enseñado,
que el día de mi bautismo
hace ya ochenta años,
con sus arras me marcó
mi Señor Resucitado.

* * *
Año dos mil diecisiete,
Pascua de mi calendario,
Pascua nueva, Pascua virgen
de Jesús Crucificado.
El misterio de la muerte (en)  
Viernes Santo celebramos;
lo lloraban con amor
las mujeres del Calvario,
y con ellas juntamente
Juan el discípulo amado.
Y la madre de su cuna,
allí le estaba acunando,
en silencio y con ternura,
una en la ofrenda y el llanto.
Y el Hijo de las entrañas
le hizo el supremo regalo:
como mi madre lo has sido
serás madre del Cenáculo:
Mujer, hija de Sión,
Mujer, como a Eva te llamo:
serás Madre de mi Iglesia
con el Espíritu Santo.
Y tú, discípulo Juan,
como discípulo amado,
recíbela cual tesoro,
que ella será tu regazo

La noche cubrió el misterio
y en calma extendió su manto,
todos lloraban en paz,
en un divino remanso,
pensando que amor más grande
era imposible pensarlo.

* * *
Y apenas raya de luz
abría la luz del día,
apenas de lo hondo oscuro
el alba ya amanecía
corriendo en alas de amor
fueron a ver qué veían
Magdalena, siempre fiel,
junto con la otra María.
Y llegaron a la Piedra,
y un ángel estaba encima;
con ser solo mensajero
su rostro resplandecía,
y era su túnica blanca
como la nieve que brilla.
Dios moraba entre los hombres:
era la Teofanía.
Como muertos en batalla,
la muerte junto a él yacía.
Y en los cielos y en la tierra,
Jesús viviente vivía,
enhiesto sobre el pecado,
victorioso en su alegría;
en la fe de los creyentes
mi Jesús resplandecía.
No tengáis miedo, mujeres,
despertad vuestra sonrisa,
y quédese en vuestros ojos
de hoy a la Parusía.
Que vayan a Galilea,
donde empezó la noticia,
id, mensajeras de Dios,
evangelistas de vida,
apóstoles las primeras,
corred con esta misiva:
vive ya resucitado
y la tumba está vacía.

* * *
Y salieron presurosas,
entre el gozo y espanto,
heridas de Dios al pecho,
locas en su juicio sano:
era divina verdad,
todo cuanto era anunciado.
Salieron, y en el camino
Cristo mismo cortó el paso.
¡Shalom!, les dijo en hebreo,
Yo soy…, Yo soy… ¡alegraos!
¿Qué hicieron entonces ellas,
según confiesa el relato?
Como una bomba explosiva
a sus plantas se arrojaron…
No era una bomba de guerra
(horrible la que han llamado
Madre de todas las bombas),
sino de amor consumado,
las dos Marías conmigo,
llevando un frasco en sus manos.
Se arrojaron con ternura,
con caricias lo besaron.
Y aquellas plenas mujeres
que a Jesús así tocaron,
se quedaron para siempre
con el cuerpo perfumado.

* * *
A ustedes que son amigos,
de mi fe conciudadanos,
estoy contando una historia,
que nunca he vendido engaños.

Pero hay un secreto puro
en lo que vengo narrando,
que no se puede contar,
ni siquiera imaginarlo.
Amigo mi más amigo,
esposa de mis abrazos,
que no se puede decir,
sino solo celebrarlo.

* * *
A ti, Jesús, te reclamo,
y en humildad me dirijo,
dime tú, mi Vencedor,
dime tú, amado mío,
dime, tú, revolución,
que es esto que ha sucedido.
Con liturgia o sin liturgia,
si me lo cuentas tú mismo,
yo lo quiero celebrar,
de gozo y amor transido.
Vivir en resurrección,
como en muerte tú has vivido,
como eternamente vives
yo acepto como destino.

Ser Jesús Resucitado
es mi forma de vivirlo
de vivir y no entender
mi Dios en carne, infinito,
mi Dios hermano, mi historia,
en todo hermano escondido.
Vivir para comprender
el mensaje transmitido.
Dios es amor esponsal,
sin ceremonias y ritos,
Dios es perdón y ternura
en todos los extravíos:
Dios es Padre, Dios es Padre,
y por Jesús soy su hijo.
Dios actúa en el Espíritu,
y el Espíritu es un río
de dones y de carismas
que colman nuestro recinto.
Con sencillez de Evangelio,
gritemos, hermanos míos:
¡Somos felices por él,
nuestro Señor Jesucristo:
a ti, Jesús, toda gloria
por los siglos de los siglos! Amén.

Guadalajara, Jalisco, Sábado Santo 2017,
en preparación de la Vigilia pascual.

Fray Rufino María Grández, OFMCap.

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;