viernes, 21 de abril de 2017

931. Sábado de Pascua - Herido por la belleza



Herido por la belleza
(Fruto de Pascua)

El Cardenal Joseph Ratzinger escribió divinamente sobre la Belleza (“Herido por la flecha de la belleza. La cruz y la nueva «estética» de la fe”). “La belleza lastima, pero así es exactamente como impulsa al hombre a su destino supremo. Lo que Platón dice, y más de 1500 años más tarde afirma Cabasilas, no tiene nada que ver con el esteticismo superficial ni con el irracionalismo, con el vuelo hacia la claridad y la importancia de la razón. Por cierto, la belleza es conocimiento, una forma superior de conocimiento, porque alcanza al hombre con toda la grandeza de la verdad. Aquí Cabasilas ha permanecido enteramente griego, dado que él pone el conocimiento al comienzo, cuando dice que «la causa originaria del amor es el conocer, el conocer hace nacer al amor». Prosigue diciendo que ocasionalmente podría el conocimiento ser tan fuerte que ejercería un efecto parecido a un filtro amatorio, pero él no se contenta con hacer esta afirmación en términos generales. Con su característico pensamiento riguroso distingue entre dos clases de conocimiento. El primero es el conocimiento a través de la instrucción, el cual permanece como conocimiento de segunda mano, ya que no proporciona un contacto directo con la realidad misma. El segundo es, en cambio, el conocimiento a través de la experiencia personal, a través de la relación directa con las cosas mismas. «En tanto que no hemos valorado un ser, tampoco amamos al objeto tal como tendría que ser amado».
Ser alcanzado por un destello de la belleza que hiere al hombre es el auténtico conocimiento, es decir, éste se lleva a cabo cuando el hombre es afectado por la realidad misma, «por la presencia personal del mismo Cristo», tal como él dice. Ser subyugado por la belleza de Cristo es un conocimiento más real y más pro-fundo que una mera deducción racional. No podemos desestimar la importancia de la reflexión teológica, del pensamiento teológico exacto y preciso, el cual sigue siendo absolutamente necesario. Pero nos empobrece, y devasta tanto a la fe como a la teología, si despreciamos o rechazamos como ­verdadera forma de conocimiento la conmoción producida por el encuentro del corazón con la belleza. Tenemos que redescubrir esta forma de conocimiento puesto que ello constituye una exigencia apremiante de esta hora”.
La Belleza es el Fruto de la Pascua, Jesús, el mas bello de los hijos de los hombres, que nadie me puede impedir contemplar., para ser reflejo de su belleza.
Por esta “via pulchritudinis” (Pablo VI), quiero caminar por la vida.

Herido por la belleza
y muy herido en el alma,
tan herido que un gemido
era el alma desalada.
Paloma blanca que bate,
respirando nuevas auras,
las alas que al nacimiento
trajo al mundo desplegadas.
En la Cruz estaba hermoso,
si enflechamos la mirada,
al amor que lo tenía
siervo sin figura humana.
Bello desnudo y llagado,
que el amor lo acariciaba,
y las mujeres allí
hacían vela sagrada.
Bello para ser ungido
por María de Betania
con unción de nardo puro
que tenía reservada.
Todo bello en la ignominia,
que el pecado no manchaba,
el más bello de los hombres
en la cruz al mundo alzada.

Y más bello todavía
cuando rompió la mañana,
bello como el Evangelio
que de sus labios manaba.
Como Dios, belleza amante,
bello como la Palabra.
Bello por ser sin pecado
de entrañas inmaculadas,
bello como la Verdad,
que es belleza sustanciada.
Y su hermana Caridad,
del Espíritu engendrada.

Herido por la belleza,
canto belleza anhelada…,
la que impregna el pensamiento
y es belleza revelada,
la belleza de Jesús
que es su belleza de Pascua.

Que no se cure esta herida
hasta ver tu faz amada,
belleza…, flecha que sana
con tu sangre enamorada.
(Amén).

Guadalajara, sábado de Pascua, 22 abril 2017.

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